La oración a examen

“.. Es ante Dios un acto de presencia,
un sentirme a su lado satisfecho,
un arrostrar sin pena la inclemencia
de la vida al abrigo de su techo.
Estoy contigo y tú conmigo estás,
y esto me basta.”

Fue uno de los temas más recurrentes en el blog, la ORACIÓN. Como antes en el Amor y la Paz, buscaremos también los NOMBRES de la oración, su modo de hacer, su vivir en cada uno, las tareas del espíritu. En toda cultura y religión que cultivó la interioridad aparecerá el tema de orar, desde el centro del ser hacia la divinidad, y viceversa.

Oración variada como la vida misma: oración de silencio y meditación, o de pobreza y súplica, oración de alabanza, oración afectiva de abandono, en gozo o desespero, orar en noche oscura o en claridad, en prosa sencilla o elevada poesía. Modos de contenido diverso, entremezclados. “Orar es hablar con Dios Padre desde el corazón” (Francisco).

– “Cuando oren, dirán: Padre nuestro..”
– “Te doy gracias, Señor de cielo y tierra..”
– “Que pase este cáliz.. ¡Padre, hágase tu voluntad!

Verán algunos rasgos que ayuden a entender mejor y examinar nuestra oración. JESÚS de Nazaret fue para los discípulos/as un maestro de oración, por su confianza y acción de gracias, su entrega y constancia, “Quédense aquí y recen conmigo”. Orar será como…

¤ AMAR, abrazar y recibir el abrazo divino del padre, sentir y expresar el mutuo afecto, una relación sincera de pertenencia y fidelidad, una fe que enamora.

¤ VIVIR, orar será la respiración del alma, el aliento personal al encuentro del aliento divino, su espíritu con el mío, unión de ánimos aún limitado pero vital y necesario.

¤ BUSCAR, el deseo de ver su rostro, de conocer su voluntad y agradarle en todo, incesante actitud y tarea del fiel servidor, del buen hijo.. Y buscaré caminos de regreso a la casa.

¤ DIALOGAR, será conversar, escucha y silencio, diálogo de amistad. La palabra se hace carne y entrará en la morada interior si abro la puerta, para compartir penas y alegrías.

– Recordarán este consejo: ‘Necesitaremos un lugar en nuestro interior donde no haya ruidos, donde nos pueda hablar la voz del Espíritu de Dios. Convertirnos nosotros mismos en silencio, un espacio abierto que la Palabra de Dios pueda llenar’.

La oración, el trato frecuente, cambiará poco a poco mi modo de ver y actuar; nos hará más parecidos a aquel con quien tratamos, si somos habituales. La escucha, el amor recibido, me llevará a hacer ajustes evangélicos en mi vida, configurar mi vida con la de Cristo, afinidad de intereses y sentimientos. Como Jesús fue transparencia del ser del Padre, ‘quien me ve a mí ve al padre’, así nosotros deberemos serlo de Jesús.

* Fue conocida esta antigua invocación popular: “Jesús, manso y humilde de corazón, haced mi corazón semejante al vuestro”.

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