Mi credo

    «Bendito sea Dios Padre, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo, nos hizo nacer de nuevo a una esperanza viva» (1Pedro c.1)

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‘Mi credo’ será mis convicciones, lo que me ayuda a vivir con lucidez y confianza, será la fe recibida, pues soy cristiano. Me lo sugirió una conferencia sobre la vida y la muerte, síntesis de creencias orientales y occidentales. Al final importará saber ‘cuál es tu credo’.

    – Al preparar esta entrada, por la fiesta de los santos y los difuntos, me inspiró y recordé aquel Credo joven que escribió parece el Papa Francisco cuando seminarista, que verán en comentario.

¿Qué puede significar decir ‘yo creo’? Lo que fundamenta mi vida y mis expectativas, iluminando oscuridades y dando certezas indispensables. La fe es también relación y mutua entrega con mi dios, con tu dios.

Miren la Fe con la Esperanza y el Amor, las tres caminan juntas y son inseparables, si falla una está la otra, se apoyarán mutuamente.

    «Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de las tres es el amor» (1Corintios c.13)

    . . Unos muchachos ante un barco grande que parte lento, que llevó sus ilusiones y decepciones, su pasado con su futuro incierto.
    . . A pesar de todo, esperan su retorno pues tienen fe en sí mismos, en su pueblo malherido, y su gran amor al buen Dios Padre de todos.

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Fui añadiendo puntos para ‘Mi Credo’, sin cuidar un orden lógico ni de preferencia. En la propia vida vamos creyendo y cambiando, atravesamos corrientes con pies desnudos, apoyados en pocas y firmes verdades.

    «Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Romanos c.10)

1 = Creo en el AMOR, amor amante y amor amado, que recibes y entregas a Dios creador, como tu mismo respirar, el amor que cuida de uno y de los demás, de la vida y la naturaleza, el buen amor.

    . . Si no tengo amor, nada soy. El amor que viene de Dios es paciente, no guarda rencor, disculpa siempre.. El buen amor no falla nunca.

2 = Creo en la VIDA, esta vida tan amenazada, en su diversidad y belleza, en el cielo y la tierra, los mares y bosques, que tienen su origen en el corazón y las manos de un Dios que es todo amor.

    . . Yo vine al mundo para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

3 = Creo en DIOS, vida y amor sin límites, supremo Alfarero que modela y abraza el universo y comparte su vida, su bondad y belleza. No es un dios solitario y lejano, es comunión de personas y Dios con nosotros.

    . . A la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

4 = Creo en la PAZ, verdadera, integral, honda, armonía interior y con la naturaleza, reconciliación consigo y con las otras personas, entre los pueblos y con la Divina Presencia, ‘Mi paz con ustedes’.

    . . Serán colaboradores en la misión de reconciliar todas las cosas en Cristo.

5 = Creo en la IGLESIA, grande, universal, de todos, pues es santa, aunque pecadora, la esposa amada de Jesucristo, fraternidad y humanidad nueva. No es el Reino de Dios, está a su servicio, sus puertas siempre abiertas.

    . . Confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.

6 = Creo en el ESPÍRITU, santo, bueno, que nos inspira y pacifica, alma de mi alma, que habita en nosotros. Vigilen al ‘espíritu malo’ que acecha, aparta del bien y desanima, aleja de Dios.

    . . Les infundiré mi espíritu, y haré que caminen según mis preceptos y cumplan mis mandatos.

7 = Creo en JESUCRISTO, mi Señor y mi amigo, pues soy su discípulo y servidor, el Hijo de Dios hecho hombre que iluminó la tierra con su vida y su palabra, manantial de compasión, pues su corazón permanece abierto. Él es todo para mí.

    . . Nadie vendrá a mí, si no lo trae el Padre que me envió… El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por todos.


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8 = Creo en las PERSONAS, buenas, amables, generosas. A veces en oculto, pero creo en el amor de Dios sembrado en nuestros corazones al nacer, luego con tropiezos, pero al fin la bondad triunfará.

    . . Que Dios los encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.. La paciencia de Dios es nuestra salvación.

9 = Creo en la DIGNIDAD, igual, del hombre y la mujer, la grandeza del niño y de la anciana, los que viven cerca o vienen de lejos. Dignidad es llamada al respeto y al cuidado, hijos de Dios, hermanos todos.

    . . Ama a Dios nuestro Padre con toda tu alma, y al prójimo tu hermano como a ti mismo, más que a ti mismo.

10 = Creo en la VIDA ETERNA, en la resurrección, fue la vida de Dios comunicada a Jesús y a todos nosotros, su misma vida sin fin, y así al tomar ahora el Pan de Vida, su promesa de alimento imperecedero.

    . . Despiértame, Señor, cada mañana, hasta que aprenda a amanecer, Dios mío, en la gran luz de la misericordia.

11 = Creo en la VERDAD que es Jesucristo, su persona, su mensaje, la verdad que nos hace libres. El punto inicial de cuanto existe fue el amor, y vislumbro que el punto final será el amor, el amor de verdad.

    . . Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que crea en mí vivirá siempre.

12 = Creo en la MISERICORDIA, el amor concreto, verdadero, compasivo, que no pasa de largo y se detiene, ‘es el Señor’, que cuida al que necesitó ayuda y compañía, ‘conmigo lo hiciste’.

    . . Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

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Oración final a nuestra Señora del Camino, la Virgen madre nuestra, la gran creyente. María nos acompaña en nuestro caminar y nuestros cansancios, ella alienta nuestra fe y esperanza con amor de madre.

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(a) En comentario un himno liturgico para el atardecer (Visperas) ‘Qué ves en la noche, dinos centinela’, cantando la Resurrección de Cristo.

También en comentario el ‘Credo’ juvenil del Papa Francisco.

(b) Puedan servir tal vez estas pocas líneas de ‘Mi credo’ como testimonio, testamento, despedida y agradecimiento.

    – ‘En la hora de mi muerte llámame, y ponme junto a ti, para que con tus santos te alabe por siempre. Amén’

(c) En este enlace la reciente Encíclica del Papa Francisco, sobre el amor y sobre el Corazón de Cristo: «Encíclica Dilexit nos».

(d) En comentario una reflexión. Somos templo de Dios, el Espíritu Santo habita en nosotros, soplo creador, renovado en el Bautismo y la Confirmación, deberemos pues reflejar en nuestra vida, en nuestro rostro, la gloria de Dios.

3 pensamientos en “Mi credo

    • ¿Qué ves en la noche,
      dinos centinela?

      Dios como un almendro
      con la flor despierta;
      Dios que nunca duerme
      busca quien no duerma,
      y entre las diez vírgenes
      sólo hay cinco en vela.

      Gallos vigilantes
      que la noche alertan.
      Quien negó tres veces
      otras tres confiesa,
      y pregona el llanto
      lo que el miedo niega.

      Muerto le bajaban
      a la tumba nueva.
      Nunca tan adentro
      tuvo al sol la tierra.
      Daba el monte gritos,
      piedra contra piedra.

      Vi los cielos nuevos
      y la tierra nueva.
      Cristo entre los vivos,
      y la muerte muerta.
      Dios en las criaturas,
      ¡y eran todas buenas!

      –Jose Luis Blanco Vega

  1. SOMOS TEMPLO DE DIOS

    Cada uno de nosotros, en Jesús resucitado, es «templo de Dios», porque el Espíritu mismo habita en cada uno de nosotros (1 Cor 3,16). Ser conscientes de ello nos lleva, por un lado, a alabar al Señor; pero, por otro lado, nos lleva a decir, a veces de forma desproporcionada: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa…» (Mt 8,8), olvidando que Él ya está en nosotros, y que nos acoge y nos ama no por cómo quisiéramos ser, sino por cómo somos, aquí, ahora. Son las cosas con las que nos distraemos en nuestro interior las que hacen borroso el Rostro del Señor. Cuando aprendamos a mantener nuestra mirada fija en Jesús, Autor y perfeccionador de nuestra fe, de nuestra amistad con Él (cfr. Hb 12,1-4), nuestro rostro brillará con la luz que brota de un corazón «unificado». El equilibrio requerido no es el trabajo de un momento, sino el resultado de toda una vida, de un continuo reentrar en nosotros mismos dirigiéndonos directamente al “aposento del Rey» (cfr. Castillo interior, Santa Teresa de Ávila).

  2. Como les anuncié, pondré aquí esta sencilla confesión de fe del Papa Francisco, escrita en su juventud, previa a su ordenación sacerdotal, su inspiradora apuesta por la vida y la bondad:

      «QUIERO CREER en Dios Padre que me ama como un hijo, y en Jesús el Señor que infundió su Espíritu en mi vida para hacerme sonreír y llevarme así al reino eterno de vida.
      .. CREO en mi historia, traspasada por la mirada de amor de Dios que me salió al encuentro para invitarme a seguirlo.
      .. CREO que los demás son buenos, y que debo amarlos sin temor.
      .. CREO en la muerte cotidiana, quemante, a la que huyo, pero que me sonríe invitándome a aceptarla.
      .. CREO en la paciencia de Dios, acogedora, buena como una noche de verano.
      .. ESPERO la sorpresa de cada día en la que se manifestará el amor y la fuerza, la traición y el pecado, que me acompañarán hasta el encuentro definitivo con ese rostro maravilloso que quiero conocer y amar»

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