El Dios en el que creo

– Si yo escucho, Dios me habla.
Si yo me abro, él no se cierra.
Si yo me confío, él me acoge.
Si yo me entrego, él me sostiene.
Si yo me hundo, él me levanta.

Me pareció útil resumir unos testimonios del teólogo José Antonio Pagola, agradecimiento por su ayuda para profundizar la fe. Nuestra fe quisiera ser la misma fe de Jesús de Nazaret, nuestro dios su dios, y nuestra esperanza la suya.

Trinidad, Moscu, s xviii

Trinidad | Moscow | s xviii

Jesús invitó a vivir la vida como un regalo, el amor como misterio último de todo. No sentirme perdido en la existencia en manos del destino. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.
Los Evangelios animan a no desentendernos de los demás. Que hagamos una vida más digna y más dichosa para todos, para los más necesitados. Fue bueno creer en un Dios que me pregunta qué hago por mis hermanos.
El mal y la injusticia, la muerte, no tienen en el Evangelio la última palabra. Todo lo que aquí no pudo ser, los mejores deseos, alcanzarán en Dios su plenitud. Me ayudará vivir y esperar mi muerte con esta confianza.
Cada uno de nosotros decidirá cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. Me hace bien vivir mi vida sintiéndome acogido y salvado por el Dios que Jesús reveló.

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-Vean web de J.A.Pagola.
-Podrán releer nuestra entrada “La fe de Cristo”.

Creer en el cielo

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– No me resigno a que Dios sea para siempre un Dios oculto del que no podamos conocer jamás su mirada, su ternura y sus abrazos. No me puedo hacer a la idea de no encontrarme nunca con Jesús.

Por la pasada fiesta de los Santos y los difuntos pude leer en el teólogo José A. Pagola su fe en la vida eterna, su apuesta sincera por la vida. Una luz que alumbra en la espera, un océano de amor y de esperanza. Una invitación a vivir con la puerta abierta y el corazón despierto, recibiendo al que llega y nos abraza, aunque esté tardando.

:: Creer en el cielo es para mí resistirme a aceptar que nuestra vida sea solo un paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándome en Jesús, presiento que Dios está llevando hacia su plenitud nuestro deseo de vida, de justicia y de paz, un deseo de la creación y de la humanidad.

:: Creer en el cielo es para mí rebelarme a que hombres, mujeres y niños, que conocieron en esta vida miseria, hambre y sufrimientos, queden enterrados para siempre en el olvido. Confiando en Jesús, creo en una vida donde ya no habrá pobreza ni más llanto, la verdadera patria.

:: Creer en el cielo es para mí acercarme con esperanza a personas enfermos crónicos, personas hundidas en la depresión y la angustia, cansadas de vivir y luchar. Siguiendo a Jesús, creo que un día conocerán lo que es vivir con paz y salud, “Ven, entra ya en el gozo de tu Señor”.

Creo, M. Luther King

Les ofrezco esta vez un bello texto de Martin Luther King, buen creyente, pastor bueno que fue consecuente hasta el final. Serán sus principales convicciones, necesarias también en nuestro tiempo, tiempo de violencias y enfrentamientos que pensábamos superados, una violencia tan inútil y destructiva como siempre.

Estas líneas fueron como su ‘credo’, lo que sustentó en verdad la esperanza de Luther King, fuerte en medio de tantas contrariedades. No estará permitido desanimar, siempre luchar, mas solo con las armas de la palabra y de la verdad.

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” Hoy, en medio de la noche del mundo, en la esperanza de la Buena Nueva, afirmo con audacia mi fe en el porvenir de la Humanidad.

– Me niego a creer que las actuales circunstancias incapaciten a las personas para hacer una Tierra mejor.

– Me niego a compartir la opinión de quienes pretenden que el hombre esté cautivo de las noches sin estrellas, del racismo, de la opresión, de la guerra.

– Me niego a creer que nunca podrá llegar a ser realidad la aurora luminosa de la Paz y la fraternidad.

– Me atrevo a creer que la verdad y el amor sin condiciones tendrán efectivamente la última palabra, pues la vida -aunque provisionalmente derrotada- es siempre más fuerte que la muerte.

ch_martin-luther-king-2-638[1]– Creo firmemente que aun en medio de las bombas que estallan y los cañones que truenan, permanece la esperanza de un mañana luminoso.

– Me atrevo a creer que un día todos los habitantes de la Tierra tendrán su alimento para la vida del cuerpo, educación y cultura para la salud de su espíritu, igualdad y libertad para la vida de sus corazones.

– Creo igualmente que un día toda la humanidad reconocerá en Dios la fuente del amor, que la bondad será algún día la Ley, que el lobo y el cordero reposarán juntos, y nadie tendrá motivos para tener miedo. Creo firmemente que obtendremos la victoria. ”

* Palabras entresacadas del discurso que Martin Luther King pronunció en la recepción del Premio Nobel de la Paz de 1964; cuatro años más tarde será asesinado en Memphis, Tennessee. Es un canto a la esperanza para todo hombre que cree en la fuerza liberadora del amor. Vean aquí su Discurso íntegro.

– Otro pacifista, monseñor Helder Camara, obispo de Recife (+1999), valiente defensor de los derechos humanos, dijo en una ocasión : “Existen minorías que saben muy bien que la violencia no es la buena respuesta a la violencia; que si respondemos a la violencia con más violencia, el mundo caerá en una espiral de violencias”.

Creer hoy

Algunas encuestas bajan el número de personas que confiesan tener religión. Cómo sabrá el creyente qué piensa Dios de los que confiesan no tener fe ni practicar religión.

Con la ayuda de mi amigo teólogo les presentaré una serie de cuestiones dirigidas a Dios, a nosotros, a las Iglesias. Si no nos hacemos preguntas en estos temas viviremos con el pensamiento dormido o acomplejado.

Surgió el debate leyendo en un grupo el imperativo de Jesús de Nazaret a sus seguidores: “¡Vayan al mundo entero y proclamen a todos el Evangelio!”. Jesús pudo sentirse agobiado por el ambiente cerrado y ensimismado de la religión de su tiempo, e invitó a salir, a abrir puertas y ventanas para respirar la vida y los problemas de la gente.

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– ¿Cómo hacer presente en nuestros días la Buena Noticia de Jesús?
– ¿Favorecemos con nuestras formas la entrada de Dios en nuestra cultura?
– ¿Cómo cambiar nuestro modo de pensar, expresar y celebrar la fe?
– ¿No seremos un freno para que el Evangelio entre en la cultura de hoy?
– ¿Convendrá entender la fe en Dios como la entendió y vivió Jesús?
– ¿Vivirán sus discípulos la fe apostando por la bondad, la tolerancia y la solidaridad, respetando otras creencias y prácticas?

«El cristianismo se encuentra hoy en medio de una ‘fuerte tempestad’, y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a ‘la otra orilla’. La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante» (J.A. Pagola).

(Vean también nuestro post “El Dios de Jesús”)

Creer es bueno

Les pondré esta nueva comunicación sobre la fe, tomando algunas notas de testimonios y lecturas recientes, también del propio sentir.

Deseo expresar y sumar ‘razones para creer’, respetando otro parecer. Estos temas tan trascendentales no se resuelven con precisión matemática, solo el vivir de uno y el corazón comprenden algunas razones.

vitral1999¿En qué Dios crees tú? ¿La fe te ayuda a vivir? ¿Tiene ventajas creer?

– Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer.
– En el Dios anunciado por Jesús de Nazaret la gente encontraba algo ‘nuevo’ y ‘bueno’.
– Es bueno no sentirme perdido en la existencia, ni en manos del destino o el azar.
– Es bueno tener a Alguien a quien agradecer la vida.
– Me ayuda creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos.
– Es bueno creer que el mal, la injusticia y la muerte no tendrán la última palabra.

También a mí el vivir y esperar mi muerte con esta confianza me hace bien: que nuestros más sinceros y mejores deseos alcanzarán un día en Dios su plenitud. Me importa recorrer la vida sintiéndome acogido y salvado por el Dios de Jesús. Es una opción por la luz y el sentido, que anima a vivir y pacifica.

-Leer el testimonio del Papa Francisco.

Creo en la resurrección

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Días atrás celebramos los santos y los difuntos de todos nosotros, nuestros seres más queridos que no hemos vuelto a ver. En las circunstancias de ahora como en otras, cuando parece reinar solo oscuridad y tristeza, el discípulo de Jesucristo también tiene dificultad para ver, nota temblar su voz y su mirada y aparecer la duda. Estos pocos versos de un himno litúrgico quisieran despertar la memoria y disolver toda neblina en la mañana, la limpia luz primera levantará el ánimo ahora retraído. La razón de ser de mi esperanza es Cristo resucitado, nuestro Señor del alba. Creer es también despertar y esperar.

El alba de oro crece
y anda ya próximo el Señor;
el sol, con lanza luminosa,
rompe la noche y abre el día.

¡Puro milagro de la aurora!
Cristo de pie sobre la muerte,
y el sol gritando la noticia.

Guárdanos tú, Señor del alba,
hijos de luz resucitados;
ser pura transparencia
bajo la luz recién amanecida.

Quiero creer, el Papa Francisco

lit_capilla 4Este fue el Credo de juventud del Padre Jorge Bergoglio, ahora el Papa Francisco, que ofrezco aquí resumido. Él lo escribió a sus 30 años, pocos días antes de hacerse sacerdote. Su fe en Dios será a la vez una apuesta entrañable por la vida y la bondad:

: Quiero creer en Dios Padre, que me ama como un hijo, y en Jesús, el Señor, que infundió su Espíritu en mi vida para hacerme sonreír y llevarme así al reino eterno de vida.
: Creo en mi historia, que fue traspasada por la mirada de amor de Dios y me salió al encuentro para invitarme a seguirlo.
: Creo que los demás son buenos, y que debo amarlos sin temor.
: Creo en la muerte cotidiana, quemante, a la que huyo, pero que me sonríe invitándome a aceptarla.
: Creo en la paciencia de Dios, acogedora, buena como una noche de verano.
: Espero la sorpresa de cada día en la que se manifestará el amor, la fuerza, la traición y el pecado, que me acompañarán hasta el encuentro definitivo con ese rostro maravilloso que quiero conocer y amar.

Él mismo contó que esa profesión de fe fue escrita en momentos de gran intensidad espiritual, y que hoy la volvería a firmar.

( Ver en “El Jesuita”, de Rubin-Ambrogetti, B. Aires, 2010 )

Creer en el buen amor, siempre

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Recibí días atrás esta pequeña historia que les pongo aquí, sin saber si es ya conocida. En verdad que es desconcertante, hace pensar. Uno no sabe bien qué decir, solo comprender. Cierto que el amor tiene varias caras, mas el de verdad se mantiene firme, a toda prueba, no falla nunca ni guarda nada para sí. Reconforta creer en el buen amor, siempre.

«Había una chica que odiaba por ser ciega. Odiaba a todos, excepto a su novio amoroso. Él siempre estaba allí para ella. Un día ella le dijo a su novio: ‘Si solo pudiera ver el mundo, me casaría contigo.’ Un día, alguien donó un par de ojos para ella.
– Cuando por fin retiraron el vendaje de sus ojos, fue capaz de verlo todo, incluyendo a su novio. Él le preguntó: ‘¿Ahora que ya puedes ver el mundo, ¿quieres casarte conmigo?’ La niña miró a su novio y vio que era ciego. La apariencia de sus párpados cerrados la impresionó. Ella no se lo esperaba así. La idea de mirarlo el resto de su vida así la llevó a negarse a casarse con él.
– Su novio la dejó en lágrimas y días más tarde escribió una nota a ella diciendo: ‘Cuida bien de tus ojos, mi amor, porque antes de ser tuyos, fueron míos’».

La fe de la Biblia

¿Cómo es la fe en la Biblia?
¿Cómo resumir su contenido?
¿Qué es tener fe?

A . En la tradición de la antigua ALIANZA:

– Creer significa tener fe en el Dios de Abraham y de Moisés, fue su apoyo y defensa.
– Aceptar la tradición de los grandes creyentes, cumplir la parte del pacto.
– Tener fe equivale a FIDELIDAD a la Alianza, no adorar otros dioses y cumplir los mandamientos.

“Él nos rescató y nos libró de la esclavitud.”
“Él es la roca que nos salva, es nuestro escudo y protección.”
“Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

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B . En los EVANGELIOS, es la nueva Alianza:

– Tener fe será creer en JESUCRISTO, que entregó su vida y vive eternamente.
– Tener fe es seguirle, amar como él nos ama, y tomar su camino de MISERICORDIA.
– Será entrar en el Reino de Dios, ser discípulo y hacer discípulos.

“Creen en Dios, crean también en mí.”
“Señor, nosotros ya creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.”
“No entrará en el Reino de Dios el que me diga ¡Señor, Señor!, sino el que escuche mis palabras y las ponga por obra.”

La fe de la Biblia tendrá pues diferentes colores y matices, según personas y momentos. La fe será llamada de Dios y encuentro, respuesta personal o fidelidad sostenida. En ocasiones solo búsqueda y oscuridad, más tarde será confianza plena o entrega sin condiciones…

C . La oración de San Francisco de Asís, pidiendo la fe:

«¡Glorioso Señor Jesucristo! Tú que eres la luz del mundo, ilumina las tinieblas de mi corazón, y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento para cumplir tu santo mandamiento».

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* Imagen: El buen samaritano (fragmento), Marko Rupnik. “¿Quién es mi prójimo, Señor? El que lo trató con misericordia”, san Lucas c.10.

-Vean la entrada “Qué es creer”.

Creer en algo, creer en alguien

Dicen los expertos que la fe no consiste en creer en algo, sino en creer en Alguien. No será lo más importante saberse un Credo, ni aceptar ciegamente un conjunto de doctrinas.

Lo decisivo como cristianos será el encuentro personal con Jesucristo, el único que puede responder en verdad a nuestras preguntas y deseos más profundos.

– Simone Weil escribió: «Donde falta el deseo de encontrarse con Dios, allí no hay creyentes, sino pobres caricaturas de personas que se dirigen a Dios por miedo o por interés».

El hombre moderno, escarmentado de dogmas, ideologías y sistemas caducos, quizás está dispuesto todavía a creer en personas que lo ayuden a vivir, dando un sentido más pleno a su existencia.

– ¿Cómo responder hoy a las preguntas que Jesús hizo a los dicípulos en el Evangelio?
– ¿Quién dice la gente que soy yo? Y ustedes, ¿quién dicen que soy?

Leo que el filósofo y poeta andalusí Ibn Arabi, en 1200 escribió: “Aquel que ha quedado atrapado por esa enfermedad que se llama Jesús, no puede ya curarse”. ¿Cuántos cristianos podrían reconocer en su experiencia personal la verdad de estas palabras?

(Pueden leer también “Las preguntas de Cristo”)