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«Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos .. Cuando oren, dirán: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino» (s.Lucas c.11)
. . La interioridad buscada como alternativa al bombardeo de información, imágenes y ruido que nuestra cultura y sociedad generan
. . Ayúdanos, Señor, a gustar de las cosas internamente, a crecer en interioridad y confianza, moldea nuestro interior a tu imagen.
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Los diversos estadios o etapas de la oración, un camino progresivo de unión con Dios, recuerdan los diversos modos de orar: oración vocal, meditación, oración afectiva, contemplación.
Verán unas indicaciones prácticas para examinar la oración, la relación personal. El Dios judeo /cristiano es comunicativo, desea acompañar y conversar, darse a conocer y escuchar.
Estadios de oración .-
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= El primero consiste en hablar a Dios : suele ser la oración de petición, pedir ayuda, consuelo, favores, intercesión por personas o situaciones, aumento de fe .. ‘Padre nuestro’
= El segundo es hablar con Dios : incluye expresar a Dios nuestros sentimientos más personales, las emociones, quejas, frustraciones y esperanzas .. ‘Perdona nuestras ofensas’
= El tercero será escuchar, escuchar a Dios : modo más contemplativo de notar lo que ocurre; atento a las mociones y llamadas del Espíritu durante la oración .. ‘Hágase tu voluntad’
= El modo final será estar con Dios : esto es lo más parecido a una oración de amistad y quietud, de presencia y silencio .. ‘Santificado sea tu Nombre’
Hay modos diferentes de orar, según nos vaya bien a cada uno en cada momento. Importa tomar conciencia de que Dios nos busca y espera allá donde estamos, en lo cotidiano de la vida o en el propio tiempo de oración y silencio.
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Cf. Mark Thibodeaux, Recrear el Examen ignaciano, 2020
–Verán en nuestra entrada «Padre nuestro, las peticiones»
–En comentarios un poema de B.González Buelta, la oración desde el personal enamoramiento y la deseada presencia.
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Ven Amado Mío – El Evangelio desde Sión
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Nada que pedirte
Hoy no tengo
nada que pedirte,
ni te traigo
ninguna queja.
Yo sólo busco
un encuentro
desde lo infinito
que late en mí.
¡Pobre de mi
si atase
tu respuesta
a mi pregunta
tan medida,
o a mi lamento
tan herido!
¡Pobre de mí
si ya supiese
la respuesta!
Tal vez
sólo encontraría
para mi sed,
mi propia agua
reciclada,
el eco
de mi monótono
decirme,
mi pasado
humedecido
por el sudor
o por el llanto.
Te necesito
más allá
de lo que sé
o de lo que digo
de mí mismo.
¡Hoy descubro
ya presente,
en el amor
con que me atraes,
la pasión
con que me buscas!
–Benjamín González Buelta, S.J.
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