La presencia

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«Por mi parte, les prometo que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo», san Mateo c.28

Pisando todavía terreno de ausencias y de muerte, llegó la ocasión de levantar la vista y traer al blog algún canto o poema de aire sencillo y piadoso, testimonio de la Pascua, paso de la muerte a la vida, celebrando la resurrección. Será nuestro modo de evocar la discreta presencia y el trabajo incesante de Jesús de Nazaret. En efecto, para el creyente Jesús es el Señor, que abraza y engrandece sin límites todo espacio y tiempo; él puso punto y final a las sombras de tanto dolor y llanto, él esperanza y promesa, llamarada de amor que brillará para siempre.

¡Qué alegre es tu presencia,
Señor resucitado,
cuando la fe te encuentra
porque te fue buscando!

La fe es la Magdalena
que te busca entre llantos.

Mi aleluya hoy se eleva
y vuela de mis labios,
tejiendo con sus vuelos
tapiz de alegres salmos.
Tu paz y tu alegría
-Señor resucitado-
ponen alas y ritmo 
a mi fe y a mi canto.

JL Mtez González

«Sin haberlo visto, lo aman, y sin contemplarlo todavía, creen en él, y se alegran con gozo indecible y radiante, alcanzando así la meta de su fe: la salvación personal», I san Pedro c.1

= = = =

Me hablaron de una oda A la Ascensión, un poema de Fray Luis de León. Recordarán que este fraile fue preso de la Inquisición española por traducir al castellano el libro de amor de la Biblia “El Cantar de los cantares”. Aquí tienen los versos de Fray Luis cargados de nostalgias e incertidumbre, de cariño e interrogantes, por la ausencia de Jesús a los ojos de sus amados discípulos:

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto,
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los agora tristes y afligidos,
¡a tus pechos criados,
de Ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura
¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube envidiosa
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Quiero verte | El ciego del camino

vela_india-bl«Al salir Jesús de Jericó, el ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
– Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús le dijo:
– ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
– Maestro, que pueda ver.
Al momento recobró la vista y lo seguía por el camino», s Marcos c.10.

Para algunos será la mejor oración: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Es oración humilde y confiada, insistente, como el publicano que reconoció en la puerta del templo su pecado, y esperó ser recibido.

:: No veo, no creo, no conozco… Muchos en el evangelio confesaron su necesidad y su ceguera, siguieron las huellas de la luz y soñaron con un nuevo día: ver, conocer, ser amigo y seguidor de Jesús de Nazaret. Será la fe del evangelio, “Quiero verte, Señor”.

El ciego del camino dejó todo, su puesto en el camino y su lamento, dejó su manto, y casi a ciegas caminó junto a Jesús contento, copiando su vida y su palabra, su compasión. Será otro Jesús, en otros lugares y para otras gentes, irá donde Jesús no llegó a pasar, “para consolar a los abatidos, abrir los ojos de los ciegos y soltar las cadenas de los encarcelados”.

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:: Recordaron la liturgia de su propio Bautismo y de la Pascua, impresa en algunos presentes, memoria y canto a la vez:

“Él nos libró de nuestra ceguera, nos devolvió la confianza en nosotros mismos y nos puso en camino. Así como cuentan de aquel mendigo ciego que en las puertas de Jericó oyó pasar a Jesús de camino y al oir que le hablaba, enloqueció de alegría, pareció olvidar su ceguera, y puso ya todo su empeño en sólo amar y seguir al Nazareno.”

EL CIEGO DEL CAMINO

Seguir tus huellas
como ciego curado en el camino
sin manto ni sandalias
cantando por valles y colinas,
sin monedas ni pan ni vino
solo contigo
al calor de tu figura amiga
que sientes y adivinas.

:: ¿Cómo resumir esta experiencia de fe y de seguimiento?

«Los enfermos y abandonados buscando cobijo se acercaban a él y él a ellos. El encuentro se convertía en una fiesta íntima que permanecía después imborrable. ¿Qué creen que es la fe sino un vivir enamorada de esa primera llama encendida y de su rescoldo nunca del todo apagado? La huella del primer encuentro nos acompañará en la búsqueda, nos guía entre cañadas oscuras, madurando y dando buen fruto… El amor primero celosamente guardado, lo fue todo: fiesta, luz, melodía y hoguera.»

(Vean en “María Magdalena #10”)

Cardenal Martini, aire nuevo

«La edad y la enfermedad me envían una clara señal de que es hora de apartarse de las cosas de la Tierra para prepararme a la próxima llegada del Reino. Que el mismo Jesús pueda dar respuesta a sus interrogantes más profundos.»

velas_litPor estas fechas de santos y difuntos, hoy en recuerdo del cardenal Carlo Maria Martini, muerto el pasado 31 de agosto a los 85 años. Él simbolizó para millones de católicos la esperanza en una Iglesia más abierta, más solidaria, más fiel al Evangelio, un aire nuevo.

Los que conocieron y trataron últimamente al Cardenal cuentan que traslucía una serenidad que sólo da el convencimiento de saberse siempre en manos de Dios. Descanse en paz.

Estas que pongo aquí serán parte de sus últimas palabras publicadas sobre la religión de nuestro tiempo, siempre en búsqueda de algo distinto, más cálido y convincente.

«A propósito de la imagen de las brasas que se esconden debajo de la ceniza, veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza sobre las brasas que a menudo me invade una sensación de impotencia. ¿Cómo liberar la brasa de la ceniza para que pueda reavivar la llama del amor? Ante todo tenemos que buscar esas brasas. ¿Dónde están esas personas llenas de generosidad como el buen samaritano? ¿O que tienen tanta fe como el centurión romano? ¿Que son entusiastas y valientes como Juan Bautista? ¿O que se atreven con la novedad como San Pablo? ¿Que son fieles hasta el final como María Magdalena? Hombres y mujeres de nuestro tiempo que estén cerca de los pobres y rodeados de jóvenes, que experimenten cosas nuevas. Necesitamos confrontarnos con personas que queman para que el espíritu pueda difundirse por todas partes.»

* En ‘Corriere della Sera’, 01/09/2012.
* Ver también ‘Preguntas a Dios‘.

Historia de una flor, a la Magdalena

Cuentan que María Magdalena fue la primera en reconocer a Jesús resucitado en el huerto junto al sepulcro, la primera en hablarle y contarlo luego a los demás discípulos, también a Nicodemo. Muchas flores de aquel jardín fueron testigos del acontecimiento, como el rocío mañanero y la brisa suave, en ese bendito “día primero de la semana”.

– La delicada “Historia de una flor” que traigo al blog ‘nicodemo’ y dedico a la Magdalena, es un lindo relato que escribió mi amiga Dened Casañas, una experiencia de amistad y felicidad, testigo de tanta luz y belleza.

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«Apenas nacía el alba cuando ella ya estaba allí. Yo disfrutaba de ese baño fresco de rocío que la noche bondadosamente me había regalado. La joven lloraba desconsoladamente, sólo de vez en cuando levantaba la mirada hacia el sepulcro vacío. Sentí pena por ella, mas no podía ayudarla, a fin de cuentas yo soy tan solo una flor en este huerto y nada entiendo de los conflictos humanos. Era tanta su aflicción que ni siquiera se percató de mi presencia. Mi corazón de flor me decía que esta no era una mañana cualquiera y no sé por qué pero ese presentimiento me hacía extrañamente feliz.

No sé cuánto tiempo había pasado cuando de pronto apareció Él. Yo no lo conocía, pero recuerdo que una brisa me había traído un día noticias de un tal Jesús de Nazaret y en ese instante tuve la certeza de tenerle delante, como nunca imaginé que lo tendría. La joven continuaba allí, cuando se percató de su llegada lo confundió con mi jardinero, entonces muy turbada le preguntó: ‘Señor, si tú te lo has llevado dime dónde lo has puesto’. El la miró con la misma ternura con que lo hace el jardinero en la mañana cuando descubre que ha nacido una nueva flor; mas aun conociéndonos a cada una, a ninguna ha llamado nunca por su nombre. Él la llamó ‘¡María!’, a ella se le encendió la mirada y también el corazón; prendida entonces de su cuello lo llamó: ‘¡Señor!’.

mifl_magdaPor un momento soñé que realizara en mí algún milagro, que me tornara más bella quizás, pero recordé que una vez él dijo que ni el mismo Salomón en todo su esplendor se vistió como una de nosotras.

Es corta la vida de una flor, por eso antes de perder el último de mis pétalos decidí contarles mi historia. Probablemente muchos la conozcan, mas no estuvieron allí para ver el sepulcro vacío, el llanto de la Magdalena. Nadie estuvo para sentir el aroma de la hierba mojada, la brisa que acarició el cuerpo del Señor resucitado; tampoco para escuchar la música de sus palabras. Por eso creo que Él me ha concedido un milagro, el milagro de vivir y morir junto a su sepulcro vacío.»

– Compartir esta historia fue para mí una satisfacción; quiso ser homenaje a la vida, al discípulo fiel y valiente, a tantas personas buenas que iluminaron con su fe sencilla y alegre muchos rincones oscuros de nuestra tierra, como en aquella primera mañana.

“Es corta la vida de una flor”, Dened Casañas falleció meses atrás en su querida Cuba, sin duda rodeada de sus muchos amigos y su familia. Entregó agradecida su último pétalo al Señor. Descanse en Paz a la espera de la resurrección.

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* Imagen: Fra Angelico, Noli me tangere, 1441, Florencia.

(Leer más en el blog sobre “María Magdalena”)

María Magdalena, índice

Corresponde ya escribir aquí el índice o resumen de capítulos y títulos de los 19 relatos que componen “MARÍA MAGDALENA”. Fueron publicados en ‘nicodemoblog.com’ a lo largo de los últimos meses desde octubre 2007. El índice facilitará la mirada de conjunto, su lectura y la búsqueda de temas o capítulos. Disfrútenlos. Gracias.

I. FRESCOS RECUERDOS

1.- ¿Quién es Jesús?
2.- Jóvenes discípulos
3.- Mi alma en sombras
4.- Frescos recuerdos
5.- Cansado y sediento
6.- Él vive y reina

II. EN CASA DE LEVÍ

7.- Mi fe inmadura
8.- Esperando su regreso
9.- Crecí en Magdala
10.- Rescoldo encendido
11.- La luz del profeta
12.- Nuevos seguidores
13.- En casa de Leví

III. CERCA DEL CRUCIFICADO

14.- Un amor nuevo
15.- Una mañana de sol en Galilea
16.- Me miró sonriente
17.- Cerca del crucificado
18.- Entre la luz y las sombras
19.- ¿Dónde está Jesús?

( Ver el conjunto de los relatos en “María Magdalena”, de Nicodemo M.)

¿Quién fue Jesús de Nazaret?

La crisis de Dios, de las religiones e Iglesias, no ha logrado acallar el interés de los buscadores por la figura de JESÚS, el fundador del cristianismo.

Nacido en Nazaret, una pequeña aldea de las montañas de la Baja Galilea, para unos fue un ‘campesino judío’, para otros un ‘judío marginal’. Dos mil años después de su nacimiento la gente continúa preguntándose todavía por la identidad del Nazareno a quien siguen más de dos mil millones de personas.

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Estas preguntas de Jesús a los discípulos continúan abiertas: “Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo? . . Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”, san Lucas c.9.

De él hablará con respeto todo el mundo, cristianos de las distintas Iglesias, creyentes de las más variadas religiones, no creyentes, y hasta los más encarnizados enemigos del cristianismo, como Nietzsche, que sentía una especial predilección por Jesús, a quien llama ‘el buen mensajero’.

Así resumo a continuación algunas propuestas, inspiradas en el libro “Jesús. Aproximación histórica”, del teólogo José A. Pagola:

1 . Jesús es un MAESTRO de vida que nada tiene que ver con los intérpretes de la ley que trabajaban al servicio de la jerarquía sacerdotal del Templo. Él es un maestro ‘heterodoxo’ que pone en cuestión la religión convencional. “Cuando oren no sean como los hipócritas, que oran para que la gente los vea”.

2 . Es un SABIO que enseña con una autoridad que emana de su testimonio y autenticidad de vida, que no absolutiza la tradición sino que con frecuencia la corrige. “Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna” .

3 . Predica y promueve el REINO de DIOS, como un proyecto de justicia y de compasión para los excluidos del sistema político y religioso. “Bienaventurados los pobres porque el reino de Dios les pertenece”.

4 . Crea un movimiento IGUALITARIO de hombres y mujeres en una sociedad patriarcal. María Magdalena ocupará un lugar especial en su corazón y en el grupo de discípul@s. “Vengan a mí todos los que se encuentran cansados y agobiados, yo los aliviaré”.

5 . La actividad pública de Jesús resulta CONFLICTIVA, provoca recelo en el poder romano. Las autoridades religiosas lo condenan a morir en cruz por haber denunciado el sistema vigente y solidarizarse con los últimos: pecadores, publicanos, prostitutas, enfermos y mendigos. “He venido para anunciar la buena noticia a los pobres y la libertad a los presos”.

6 . Tras un momento de desconcierto, los discípulos proclaman a los cuatro vientos que el Crucificado está vivo. Dios le ha dado la razón, le ha hecho justicia y lo ha resucitado. Tras su muerte se abre un camino a la ESPERANZA. “Yo soy el camino, la verdad y la vida… No teman, yo he vencido al mundo”.

De otro lugar en el blog pensé ponerles aquí unos sentidos versos que dedicó a JESUCRISTO el ya retirado obispo de Brasil y valiente profeta don Pedro Casaldáliga:

“Mi fuerza y mi fracaso, eres tú.
Mi herencia y pobreza, eres tú.
Tú, mi justicia, Jesús,
mi guerra y mi paz,
mi libre libertad.
Mi muerte y mi vida, tú.
Palabras de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mi sueños,
cruz de mi cruz, tú.
Perdón de mis pecados,
juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza,
mi tierra prometida,
tú, Jesús.”

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-Imagen: Cristo bendiciendo, mosaico bizantino, s XIII, Santa Sofía, Estambul. El Rostro de Cristo, Maestro y Señor, que expresa sabiduría y bondad.
-Nombre de Jesús, IHS, anagrama, 3 primeras letras griegas mayúsculas del nombre, IHSOYS.

-Lean más en “El Rostro de Cristo”, de Nicodemo M.

María Magdalena #19

Final de “MARIA MAGDALENA”. Esta colección de relatos termina aquí, con la pregunta que se hacen los discípulos sobre el paradero final del Maestro de Nazaret, ‘¿Dónde está Jesús?’. Ellos, que viven aún entre la luz y las sombras, quieren expresar así su propia incredulidad e incomprensión, pero también la gran afición que tomaron a su persona y al significado de su mensaje. La continuidad de las propuestas de Jesús estará asegurada por la fidelidad y las obras de sus seguidores más que por sus palabras; su misma vida será luz encendida por siempre, “Noche no habrá más, ni necesitarán luz de lámpara ni del sol, porque el señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos”

“MARIA MAGDALENA”

19.- ¿DÓNDE ESTÁ JESÚS?

Los discípulos mayores regresaron con prisa a la ciudad y así todos los demás tras ellos, por grupos y sin hablar apenas nada. Algunos comentaron que, aun temiendo por sus vidas, debían viajar al anochecer del día siguiente a Jerusalen. Otros marcharon de aquel lugar separándose del grupo por el momento. Nuevas dudas y temores reaparecieron en muchos, preguntando con inquietud:

– ‘¿Dónde está Jesús? ¿Cuándo volverá?’
– ‘¿A dónde iremos? ¿Le volveremos a ver?
– ‘¿Qué diremos si nos preguntan por el cuerpo?’

+ Vivíamos entre la nueva luz y las viejas sombras, en ese crepúsculo de incertidumbres que pronto tocará a su fin. En verdad los que habíamos presenciado la crueldad de lo ocurrido con Jesús pocas semanas antes, quisimos olvidar pero no fue posible. Yo sentí que mi alma entera temblaba todavía al recordar, cuando le veía así doliente aún y ensangrentado.

Ocurrió que días después le vimos de nuevo en Galilea, oímos su voz y comimos con él, y nos pareció soñar. Sólo el silencio pudo guardar el secreto de este misterio divino, escondido en nuestros pobres corazones, tan difícil de entender y de creer. Comentaron que debíamos dar a conocer esta buena noticia, pero la verdad es que no supimos qué hacer ni qué decir.

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+ El primer día de la semana siguiente a su partida nos reunimos en una aldea próxima a Caná, en la casa de unos amigos del maestro Jesús. Todos supimos que allí nos esperaba nuestro señor, que debíamos ir sin que nadie nos llamara. Pedro y Juan nos hablaron de su último encuentro y conversación con Jesús Galileo, confesaron su fe en él con mucha seguridad y nos animaron a seguir.

Repartimos el pan como Jesús nos había enseñado. Ese día yo misma preparé de madrugada en la hoguera los panes que Pedro bendijo y repartió entre todos. Lo mismo hicimos con el vino y los peces que otros discípulos pusieron sobre la mesa.

– “Tomen, es mi cuerpo para ustedes”

Eran sus propias palabras. En el momento del recuerdo hicimos como si nada hubiera cambiado, sabiendo bien que ya todo será diferente. Cantamos y danzamos largo rato mirando hacia el horizonte y con los ojos humedecidos, abrazados unos a otros en silencio, creyendo adivinar lo que cada uno escuchaba en su interior.

Yo soy pan de vida
tu vida entera
pan para el desierto
vida verdadera.
Pan que resucita
pan del cielo
en la vida en la muerte
yo soy tu pan de vida.

Vivimos en aquellos momentos varias bienaventuranzas a la vez y nuestra dicha fue completa. Nuestras dudas y preguntas enmudecieron por unos instantes.

– ‘Qué bien estamos aquí’
– ‘Quédate con nosotros, señor’

+ Hicimos esto mismo las semanas siguientes mientras nos fue posible, hasta que llegó el acoso a que nos sometieron las autoridades religiosas. En estos encuentros celebramos la paz y la luz que nuestro señor Jesús Galileo nos comunicó, también recordamos su misma vida y su mensaje. La memoria y la comunión nos animaron a continuar el camino y a vislumbrar un mundo diferente que él llamaba reino de Dios.

Esos primeros tiempos sentimos en nuestras reuniones la felicidad de la nueva vida y que las viejas sombras de la muerte y del mal permanecerían, porque vivimos todavía un tiempo mezcla de dicha y tristeza, de luz y de sombras, de vida y de muerte.

“No teman, saben que yo he vencido ese mundo de mentira, de falta de amor y de violencia”
“El dolor y la muerte están derrotados para siempre, no pasen miedo. Créanme, yo soy señor de vivos y muertos, ahora y por la eternidad que viene”

+ Sentí desde entonces como un hermanamiento extraño entre felicidad, amor y sufrimiento, como si en eso mismo consistiera la vida recién entregada, así por el tiempo y los años en adelante hasta que él vuelva.

Contentos cuando les acosen
expulsados y despreciados por mi causa,
felices cuando crean y esperen
vencida toda tristeza toda derrota,
descansen en la casa del reino en sus estancias,
gusten mi abrazo amigo abrazo del padre.

* ‘La Cena de Emaús’, Rembrandt H. (1606-1669). Unos discípulos regresan a su casa de Emaús muy decepcionados por los acontecimientos. Reunidos en la mesa con el compañero de camino, creen reconocer a Jesús resucitado cuando partió el pan al anochecer y ellos lo tomaron. Los rostros, el pan y la mesa, la habitación, todo quedará iluminado y transfigurado por su repentina presencia.

(Ver anteriores capítulos más atrás, y en “María Magdalena”, de Nicodemo M.)

María Magdalena #18

Entre los recuerdos de la Magdalena están los encuentros y las conversaciones amistosas entre Jesús ya resucitado y sus discípulos. Ellos no salen de su asombro, junto a todos los presentes, en la misteriosa cita de Galilea. Tras las últimas recomendaciones ocurre el relato de la escena final de Jesús en el teatro de este mundo, su misteriosa ‘ascensión a los cielos’, alejándose de la vista de los discípulos por el camino del sol poniente, dejando a todos sorprendidos y en una pasajera oscuridad, “ustedes son la luz de este mundo, una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse”.

“MARIA MAGDALENA”

18.- ENTRE LA LUZ Y LAS SOMBRAS

+ En este relato regresaré a Galilea en aquella luminosa mañana, cuando Jesús nos recordó estas palabras que todos pudimos oír:

– Sigan conmigo, que yo seguiré siempre con ustedes.
– Serán mis amigos, si hacen lo que les he encomendado.

Su mensaje se trasmitía a través de los diferentes círculos de amigos y discípulos. El joven discípulo amado y Juan Marcos, el hijo pequeño de Simón, nos contaron sus conversaciones con el maestro las semanas siguientes en nuestra asamblea.

Esa mañana los discípulos no oyeron del maestro de Galilea un mensaje nuevo. Notaron la preocupación de Jesús por el desconcierto y la poca fe en sus seguidores. En los rostros de unos veía desánimo y extrañeza, en otros temor e incertidumbre.

– Maestro, a dónde iremos si tú nos dejas. Quédate con nosotros.
– Mira que el día se aleja y está llegando la noche.
– No teman, yo estaré con ustedes siempre, cada día, cada atardecer.

+ Jesús comunicó a todos los presentes que no debieran vivir preocupados por él, que la vida suya estaba ahora en las manos del Padre. Nos encomendó que cuidáramos los unos de los otros como él había cuidado de cada uno.

El nos buscó y curó nuestras heridas, confió en nosotros y nos dio su amistad. El contó con nosotros para realizar sus planes, en su trabajo pidió nuestra ayuda. Nosotros debíamos continuar y hacer el bien a todos cada día de nuestra vida.

El maestro Jesús nos suplicó que siguiéramos unidos, prometió que el consuelo y la salvación irán extendiéndose por todos los pueblos y regiones, también por otras naciones y hasta en tierras lejanas y desconocidas.

Nos pidió un esfuerzo y nos aseguró su ayuda, “será necesario vencer cada día el peor enemigo, el egoísmo y la inmisericordia”. Sólo así el nuevo árbol del Reino que él plantó con tanto sudor y trabajo, crecerá y dará fruto sin cesar en los campos del mundo.

En memoria mía
haz tú lo mismo
mi amigo,
si ves malestar
acaricia y sana,
pon amistad
donde hay soledad,
si notas desaliento
mi paz y alegría,
amigo mío,
haz tú lo mismo
en memoria mía.

Nuestro señor Jesús nos invitó para realizar su proyecto, sin dejar fuera a nadie que deseara entrar en él. Unos discípulos comentaron:

– El maestro dice que todos notarán dentro de sí una fuerza de amor y un espíritu nuevo, una fe grande y una fortaleza para vivir su mensaje y llevarlo a otros.
– Todos juntos darán mucho fruto, nos dice el maestro, él recuperó la vida para comunicarla a todos en abundancia.

+ Poco más tarde, llegado el atardecer, Jesús de Nazaret se incorporó y se alejó de nuestra vista caminando hacia donde el sol resplandeciente se ocultará. Llevó consigo a Pedro, a Juan y a otros dos jóvenes discípulos. Todos lo recordamos así de camino conversando tranquilamente con ellos como en otras ocasiones.

Pasado un largo rato regresaron solos los discípulos, sin mirar siquiera hacia atrás. Nosotros, deslumbrados por la última luz del día, no percibimos bien el momento de su retorno, aunque a Jesús no le volvimos a ver. Cada uno de los testigos nos habló con estas o parecidas palabras, diciendo con insistencia:

– El maestro va de regreso a la casa del padre.
– Volverá pronto.
– No teman, él nos quiere y no nos abandonará del todo.
– Nosotros vámonos ya porque anochece.

A Jesús nadie más le vio otra vez de la misma manera como aquel día ni las semanas siguientes ni nunca más tampoco.

¿Amado mío dónde te escondiste
dejándonos tan sin aliento?
¿A dónde dirige tus huellas
tan imprevista huida?
¿Volverá a nacer el día
si tu claro semblante ya no vemos?

Espera paciente
que voy a ti con prisa,
me guía el resplandor de tus pisadas
buscando cada noche
en cada sombra tu figura.

* En una escena de “La Pasión de Cristo” (Mel Gibson, 2003), entre luces y sombras, Jesús conversa con Juan el joven discípulo, ante la atenta mirada de Pedro y del espectador.

María Magdalena #17

María Magdalena nos acerca a escenas y personajes de la Pasión de Cristo en Jerusalén, su rechazo y muerte: “La luz vino al mundo y todos prefirieron la oscuridad a la luz”. Ella desea destacar que entre Jesús y sus discípulos creció una amistad y una fidelidad mutuas a toda prueba, como pudo comprobarse en los momentos más difíciles. Sus más incondicionales seguidores nunca abandonarán del todo al Maestro, a pesar de las apariencias, dando la cara y exponiendo su vida por él.

“MARIA MAGDALENA”

17.- CERCA DEL CRUCIFICADO

+ Unos vecinos de Jericó y de otras aldeas cercanas a Jerusalén estaban este día con nosotros, incluso en los círculos más próximos al gran maestro. Subieron hasta Galilea buscando al maestro y para acompañarnos en nuestra pena y espera. Eran los que no olvidaron y creyeron viendo su cuerpo y su rostro ensangrentados, los discípulos de Jesús de la última hora, los que oyeron su voz y sus palabras al pie de la cruz.

Me refiero a aquellos mismos que fijaron atentamente la mirada en el corazón del Nazareno tan abierto que solo amaba y perdonaba, deslumbrados en verdad por ese manantial de salvación; son los que allí mismo al pie reconocieron sin temor que el hombre clavado en aquella cruz, Jesús de Nazaret, era hijo de Dios.

Alguno de los viajeros fue guardia de la milicia del gobernador romano, otros del cuerpo vigilante en lugares de tortura y ejecuciones. Nadie sabía con seguridad quiénes de ellos creyeron y confesaron que Jesús era el Justo de Dios. Era pronto para manifestar abiertamente la gran iluminación recibida en aquellas horas tan oscuras.

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+ Esta mañana al amanecer encontré a José de Arimatea cerca de Jesús, uno de los amigos de nuestro señor que conocí en Jerusalén junto a la cruz. El era de gran altura y fortaleza, creímos soñar viéndole como un ángel por su figura y juventud, un príncipe por sus ricas y luminosas vestiduras.

Parece que aún le vea en aquel atardecer de tinieblas, contorsionado y largo rato encaramado al madero, con aquel cuerpo tan llagado pegado al suyo, desclavando con gran cuidado sus manos santas, abrazado sin temor al ajusticiado, entornando los ojos abatidos del gran maestro mientras acariciaba con amor su rostro ya apagado. Yo misma al pie de la cruz contemplaba y asentía, mientras la dolorosa madre con los brazos abiertos hacia el cielo esperaba.

En pie
abrazados junto a la cruz abrazando
el madero, sus llagas y sus pies custodiando
los amigos en pie
allí clavados amando
en sangre purificados perdonados perdonando.

Este joven rico y valiente discípulo será conocido entre nosotros como José el de la cruz. Todos sentíamos por él un gran aprecio y veneración, yo especialmente. Se contó que el de Arimatea había conocido a Jesús un día en el camino ofreciéndose como discípulo, pero que atemorizado en aquel entonces por los riesgos y la exigencia del mensaje, no le siguió aún abiertamente.

Aseguraron haberles visto conversar con cierta frecuencia. Entre discípulo anónimo y maestro galileo debió crecer una inolvidable amistad, desconocida para muchos, bien visible para todos aquel día junto a la cruz.

Cuentan que José fue uno de los primeros en conocer la gran noticia, recibiendo al maestro recién transfigurado en su propia casa de Arimatea. Sin duda nuestro señor quiso consolar y corresponder tanto desvelo junto a la cruz y en el sepulcro.

+ También quiero contarles lo que ocurrió en Jerusalén con Simón, el joven campesino de Cirene, que fue obligado por los guardias a llevar la cruz con Jesús, ayudando al Galileo a caminar con una carga tan pesada.

M.Rupnik | VCrucis, Cireneo

Este hombre bueno no pudo recuperarse ya del impacto tan fuerte que allí sufrió. Yo mismo fui testigo de lo que digo. Después de su obligado trabajo, Simón no consintió en dejar solo a Jesús sin ayuda y compañía. Debió ser empujado a retirarse amenazado por la milicia, que quiso golpearle también a él si no desapareciera.

El joven Cireneo sintió muy dentro de sí la mirada amiga del maestro agradecido, fue tan grande el estremecimiento que padeció al presenciar tanto tormento, que en adelante le vieron como trastornado. Pocos años más tarde enfermó agonizando él mismo entre súplicas, sollozos y pesadillas. Según cuentan murió en paz abrazado con todas sus fuerzas a unos pequeños maderos en forma de cruz que encargaron hacer para ver de consolarle.

Parece cierto por lo que sé que una de las hermanas del de Cirene, la que cuidó de él y acompañó en su enfermedad y agonía, se unió pronto a las mujeres que servían en el grupo de creyentes de Jerusalén. En su nuevo oficio se ocupaba de consolar a los enfermos y los atormentados, también de acompañar a los sentenciados a muerte y los ajusticiados.

+ Imagen: “Descendimiento de la Cruz”, de Peter P. Rubens (1577-1640). El grupo de discípulos, lleno de fuerza y piedad, hombres y mujeres cargados de dolor y de afecto, desclavan y retiran de la cruz el cuerpo ya muerto del Cristo. Vemos al discípulo amado y a Nicodemo, al de Arimatea y la Magdalena, que reciben el cuerpo junto a la madre de Jesús y la hermana de su madre.
– Y también: Via crucis, Marko Rupnik, “Detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”, san Lucas c.23.

Traeré aquí unos versos de Dened Casañas, buena amiga fallecida meses atrás en La Habana. Descanse en Paz. Sus versos bien pudieran expresar los sentimientos y la oración de María Magdalena junto a la cruz.

Hoy quiero ser la cruz que abraza tu cuerpo
o abrazada por ti llegar a ser trono de salvación.
Hoy quiero ser la gota de sangre que de tu costado sale
y mañana ser el vino que a todos alimente en la comunión.
Hoy quiero ser el agua que brota de tu costado
y dar de beber a todo el que tenga sed de ti.
Hoy quiero ser el suspiro en la cruz
para mañana ser tu primera palabra.
Hoy quiero ser el perfume que embalsame tu cuerpo,
para ser la fragancia que despierte contigo
el día de la resurrección
.

María Magdalena #16

María Magdalena, enamorada y creyente, no llegará a ser testigo creíble de la resurrección para sus contemporáneos, en tanto su propia manera de entender la persona y la misión de Jesús no entre en crisis. Dejando atrás su propio interés y consuelo, Magdalena será una mujer nueva, apóstol y testigo privilegiado para muchos creyentes de su tiempo. Se dice que ‘la percepción amorosa genera formas de conocimiento inaccesibles para quienes no aman’, y también ‘lo que les digo en la oscuridad díganlo a plena luz, lo que oyen al oído predíquenlo desde las terrazas’.

“MARIA MAGDALENA”

16.- ME MIRÓ SONRIENTE

— Todavía he de hacerles por mi parte una confesión. Ocurrió aquella mañana soleada en Galilea al servir la jarra con el vino a los presentes, me hallé de pronto ante el mismo Jesús allí recostado. Quise llevarle primero el agua para lavar sus manos y más tarde acercarle el vino hasta sus labios, cuando allí me detuve, acaricié y besé con cariño las manos del nazareno.

El maestro Jesús me dejó hacer, me miró sonriente y me llamó por mi nombre, al tiempo que me dirigió un suave reproche, una vez más:

– ‘Déjame ahora, he de ir a nuestro padre’
– ‘La carne es débil y comprende mal. El espíritu está fuerte y nos lo dará a entender pronto’
– ‘Les quiero, volveré más tarde y me quedaré con ustedes para siempre’

Mis propios labios acercándose a su bendita carne en aquel momento sólo querían expresar mi estrecha comunión con él, también mi dolor y mi contento, mi deseo de no perderle más.

De repente algo ocurrió en mi interior. Su rostro verdadero pareció desvanecerse ante mis ojos y por un instante le contemplé desfigurado aún y malherido, recién descolgado del madero, entre los brazos y rodillas de su bendita madre dolorosa.

Confusa y avergonzada regresé con lágrimas al lugar donde me encontraba. Algunos notaron lo ocurrido, pero esta vez no comentaron ni me reprocharon nada porque comprendían.

¿Qué había sucedido? ¿Mis prisas e impaciencias por verle y abrazarle? Más que creer, yo sólo amaba, creía porque amaba, mas buscando sólo mi bien. Aprendí que mi fe deberá purificarse, pasará por noches oscuras de soledad y de muerte.

— Jesús continuó ese día un tiempo allí recostado, alternando su mirada entre el cielo y la tierra, conversando pausadamente con sus más próximos. Quiso animarles para que no abandonaran el camino, que siguieran juntos unas semanas más. A algunos los llamó para que se acercaran y él habló personalmente con cada uno.

Quedó claro que Jesús era de todos y para todos, que teníamos un lugar propio y privilegiado en el corazón grande de nuestro señor Galileo.

El día fue avanzando, finalmente fuimos numerosos los recostados en círculos alrededor de Jesús como en tantas otras ocasiones. Yo misma, acompañada por Leví Mateo y por otros discípulos, conversé y serví a ratos el vino entre los invitados, sintiendo en mí una gran alegría y claridad por su presencia.

Así nos quería Jesús, en pequeños grupos con la gente entremezclada, hombres y mujeres, niños, servidores y servidos, conocidos y desconocidos, pequeños y grandes, judíos y galileos, de los valles y de las montañas, discípulos y gente recién llegada, todos unidos cerca de él, compartiendo la vida, el pan y la palabra.

— Recuerdo que la más pequeña de las hermanas de María de Nazaret se encontraba allí esa mañana con nosotros. Una hija suya aún muy niña quedó huérfana meses después y yo la recibí en mi casa. En mi huida y exilio atravesamos arroyos y colinas hasta llegar a esta región más al norte donde nos refugiamos.

Las dos vivimos juntas muchos inviernos, hasta que ella ya joven mujer formó familia. Como una hija mía muy querida, su juventud me recordó la mía tan desgraciada, pero su ánimo y su alegría evocan la nueva vida que Jesús prometió, ofrecida ya a todos sin cesar.

Aquella mañana de sol en Galilea pudimos ver gentes de Judea que se acercaron al grupo buscando a Jesús. Algunas madres vinieron hasta nosotros con sus hijos más pequeños en brazos o enfermos en camillas. Con ellos fueron llegando también inválidos, leprosos y mendigos de la región. Llenos de esperanza hicieron largas jornadas de camino, porque se había extendido esta buena noticia: que nuestro señor Jesús de Nazaret está curando y resucitando en los alrededores del gran lago de Galilea.

* Imagen: “Noli me tangere”, A. Correggio (1489-1534). Dice el 4º evangelio que María Magdalena al oir su propio nombre reconoció a Jesús que le dijo “suéltame, aún he de subir al Padre”. El discípulo deberá comprender que todo ha cambiado desde la muerte y a partir de la resurrección, que todo será diferente después de la ascensión de Jesús a la derecha del Padre.