«El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos» (Efesios c.1)
+ En la Fiesta de Todos los Santos y de nuestros difuntos. La santidad será vivir la pasión de amor por Cristo y por el Reino de Dios, Reino de paz, justicia y fraternidad, ‘sean santos, sean perfectos, sean misericordiosos’ . . .
¡Celebraremos la Vida!
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«Marc Vilarassau (1968) ha viscut estimant, esperant, creient. Ha estimat molt i ha estat molt estimat. Aquesta és una possible síntesi de la vida d’aquest jesuïta jove que ha mort a Sant Cugat del Vallès. Feia tres anys que fou diagnosticat càncer de pulmó» (La Vanguardia, 17/10/2013)
Me llegó la reseña y testimonio del compañero fallecido, sus sueños de paz y de vida eterna, no buscando los primeros puestos, acompañando y ayudando, fue y será el sentido de su misma vida. Verán uno de sus últimos escritos que resumiré.
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– En la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe,
por los siglos de los siglos. Amén.
YO EN LA PUERTA, ESPERANDO
«Hoy he soñado que me moría. Venía una multitud de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, y se me llevaban de un tirón.
– ¿Hacia dónde nos dirigimos?
– ¿No te has enterado? Estamos invitados a la mesa del Reino de Dios
– Me apunto, no tengo nada mejor que hacer.
Y llegamos a las puertas del Reino de Dios, y un angel de espaldas anchas, en un tono dulce, pero inapelable:
– Nombre, por favor
– Marc Vilarassau para servir a Dios y a usted
– Si, haga el favor de esperar aquí
Toda la gente pasando, y yo solo esperando, y tú lo flipas, ¿no?
Y en estas veo a Juan Antonio que se une:
– ¿Qué tal? ¿Cómo va la vida?
– ¿Qué te voy a contar?
– ¿Quién te ha invitado? Con la que le diste a la coca y a la mala vida, qué suerte, ¿no?
– ¿Qué quieres que te diga? Me han llamado y aquí estoy
Y el ángel de la puerta al ver a Juan Antonio le da un abrazo, y lo hace pasar.
Y yo, en la puerta, esperando.
Tras un niño negro con una cicatriz en el rostro, reconozco al señor Andrés. Pasó su vida en el banco que había delante de casa, en el barrio de Collblanc. Le bajé mantas en invierno y las meaba todas. En dos temporadas se recuperó, pero más tarde unos niños lo encontraron muerto. Lo metieron en la fosa común.
– Yo, gritando: Señor Andrés, ¿se acuerda de mí? Él me ve de lejos, se le ilumina el rostro, pero el ángel lo hace pasar.
– Nos vemos dentro, luego hablamos
Y yo, en la puerta, esperando.
De repente, unas risas familiares, la Niña Julia:
– Padrecito, ¿espera a alguien parado en la puerta? Venga para dentro
– No, señora, que el padrecito espera todavía un poquito
– Bueeeno, no se preocupe, yo me adelanto a prepararle unos tamalitos y unos frijoles. ¿Mis hijos, lo que se dice hijos? Cinco, pero cinco más son recogidos. Padrecito, donde comen cinco comen diez
– No me extraña que entres tan rápido, y se me escapan unas lágrimas
Y yo, que empiezo a entender, sigo esperando.
Y tantos y tantas que van pasando, como una riada, y todos, cuando me ven:
– ¿Qué haces tú aquí, parado?
– Hagan el favor de circular que el banquete está a punto de comenzar
– Escuche, buen hombre, déjelo pasar, al Marc, que nos hacía unas homilías estupendas
– Mira, aquí no estamos para sermones, aquí venimos a comer y a reír
Y yo sigo esperando, pero no pasa nada, créanme.
Y todos los abrazos que ahora no nos podemos dar reviven en mí desde dentro, como aquello que no me dejó nunca a pesar de las distancias y los silencios, como la promesa de una plenitud que no podíamos retener con las manos. Y aunque la puerta es tan estrecha y el ángel tan inapelable, me digo, la sala debe ser muy espaciosa. Y yo, que tengo muchas ganas de entrar y al principio me daba rabia, ya no tengo prisa. Suerte que aquí se entra de uno en uno. Yo cada vez más extrañamente feliz, ¿verdad que me entienden?
Y finalmente Dios mismo se asoma, y hace como quien mira, cuando ya no queda nadie fuera, ni siquiera el ángel de espaldas anchas, sólo yo en la puerta con cara de pescado hervido, y yo, que es la primera vez que lo veo, me resulta familiar: tiene la nariz de Juan Antonio, las orejas del señor Andrés, las manos de la Niña Julia…
– El, como sorprendido al verme: Ay, Marc, casi me olvido de ti
– Mira que es picaro
– Has tenido suerte, todos tus amigos me hicieron la misma pregunta, y por eso, aunque sea en los postres, tienes derecho a pasar a la mesa de mi Reino
– Yo, sollozando: ¿Cuál es esa pregunta, Señor?
– Todos me preguntaron: Señor ¿cómo es que Marc está en la puerta, esperando?»
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«El Señor es la meta de nuestro camino. El resucitado garantiza nuestra llegada, conduciéndonos a casa, donde somos esperados, amados y salvados» (Francisco)
+ Padre nuestro misericordioso, al celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos por esta multitud de intercesores la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón.
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Ven amado mío – el Evangelio desde Sión
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–Vean sobre el tema la oración: «Qué es morir, Cardenal J.H.Newman»
–En comentario himno litúrgico en la fiesta de Todos los Santos.
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31/10/2026 .- El ébola causa ya 5.000 muertos y 10.000 casos, mientras el mundo mira para otro lado. La primera víctima mortal de Kenia recorrió enferma 2.000 kilómetros y tres países sin que nadie le detectara la infección. La expansión del virus se vio favorecida por la desconfianza, los conflictos armados y la debilidad del sistema sanitario de los paises.
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