La fragilidad de Jesús

” Yo, el Señor, te llamé y te formé, te hice alianza de un pueblo y luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión, liberar a los que habitan las tinieblas “, Isaias c.42.

El Dios que presentaron los evangelios quiso en Jesús de Nazaret compartir nuestra fragilidad, la debilidad corporal y espiritual. Se interesó en conocer el pecado y sus efectos, quiso tratar a la pecadora y los pecadores. Jesús reaccionó ante la fragilidad y el pecado solidarizando, curando y perdonando.

Por gustar, ¡oh, Impasible!, la pena
quisiste penar,
te faltaba el dolor que enajena
para más gozar.
Y probaste el sufrir y sufriste
vil muerte en la cruz,
y al espejo del hombre te viste
bajo nueva luz.

–Miguel de Unamuno, salmo III

: Trató de cerca a mendigos, enfermos incurables, prostitutas, endemoniados, moribundos, “Si están agobiados vengan a mí y hallarán respiro”.
: Hablaron del cansancio de Jesús, la pena del corazón y el llanto de sus ojos, dormido en la barca, con miedo ante la muerte, sediento junto al pozo y en la cruz.
: Jesús vivió el abandono y la traición, notó el pecado de egoísmo y vanidad en sus discípulos, en la gente religiosa de su tiempo.
: Amenazado de muerte desde su infancia, fue injustamente tratado y más tarde torturado, muriendo como el más infame y despreciable, él perdonó y disculpó siempre.

– “ Será actual la palabra de Jesús antes de morir “Tengo sed”. Desde la garganta reseca su grito nos sigue estremeciendo. La sed de un hombre torturado y el ansia infinita de Dios muriendo y amando. Sed de paz, de justicia, de fraternidad ”, P Arrupe.

JESÚS maestro y señor quiso acercarse a la realidad humana más desagradable. No se montó un mundo aparte ni vivió alejado, no volvió el rostro ni la mirada ante la lepra o la muerte. Miró cara a cara con amor, tocó sin temor y sanó cuanto pudo. “No vine por los justos ni los sanos, sino por ustedes enfermos y pecadores”.

Estos versos pudieran ser nuestra oración con Jesús al PADRE en la fragilidad compartida, fortalecida al fin por su resurrección, por la victoria de su gran amor y fortaleza…

En mi miedo, tu seguridad
En mi duda, tu aliento
En mi egoísmo, tu amor
En mi rencor, tu misericordia
En mi ‘yo’, tu ‘nosotros’
En mi rendición, tu perseverancia
En mi silencio, tu voz
En mi ansiedad, tu pobreza
En mi tempestad, tu calma
En mi abandono, tu insistencia
En mi dolor, tu alivio
En mi debilidad, tu fuerza.

JM Rodríguez Olaizola

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ORACIÓN por internos del Centro Penitenciario “Due Palazzi” de Padua (Italia), al comienzo del VIA CRUCIS de este Viernes Santo que será presidido por el Papa. Este año 2020 por la pandemia discurrirá por la Plaza san Pedro, otros años en el Coliseo romano:

Oh Dios, Padre todopoderoso, que en tu Hijo Jesucristo asumiste las llagas y los sufrimientos de la humanidad, hoy tengo la valentía de suplicarte, como el ladrón arrepentido: ¡Acuérdate de mí!.
· Estoy aquí, solo ante Ti, en la oscuridad de esta cárcel, pobre, desnudo, hambriento y despreciado, y te pido que derrames sobre mis heridas el aceite del perdón y del consuelo y el vino de una fraternidad que reconforta el corazón. Sáname con tu gracia y enséñame a esperar en la desesperación.
· Señor mío y Dios mío, yo creo, ayúdame en mi incredulidad. Padre misericordioso, sigue confiando en mí, dándome siempre una nueva oportunidad, abrazándome en tu amor infinito. Con tu ayuda y el don del Espíritu Santo, yo también seré capaz de reconocerte y de servirte en mis hermanos. Amén.”

(Encontrarán aquí en pdf el VIA CRUCIS 2020, los textos, comentarios y oraciones)

Pasión de Cristo, confórtame

– “CRISTO padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para seguir sus huellas. Cuando lo insultaron no insultó, en su pasión no amenazó; al contrario, se puso en manos del que juzga rectamente. Cargado con nuestros pecados, subió a la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos curaron”, 1ª carta de san Pedro c.2.

Para estos días que vienen de Pasión y Semana santa, tiempo de Via crucis y Procesiones, les ofreceré una reflexión de santo Tomás de Aquino, gran teólogo medieval. No serán líneas de elucubración, sino sentimientos para la meditación y el provecho personal: encontrar en Jesucristo un remedio y un ejemplo para imitar.

” ¿Qué necesidad había de que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Se resumirá en dos puntos: necesidad de remedio por nuestros pecados, necesidad de ejemplo para nuestra vida.
+ Si buscas un ejemplo de caridad, nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
+ Si buscas la paciencia, Cristo sufrió paciente, no devolvió el insulto; como cordero al matadero, no abrió la boca.
+ Si buscas un ejemplo de humildad, mira al Crucificado, Dios quiso ser juzgado por Pilato, golpeado, desnudo, coronado de espinas.
+ Si buscas un ejemplo de obediencia, Él será obediente al Padre hasta la muerte, Hágase lo que tú quieras. ”

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* Conferencia sobre el CREDO, Tommaso d’Aquino, fraile dominico italiano, 1225-1274, guía principal del pensamiento católico. Doctor de la Iglesia desde 1567.

-Imagen: Bradi Barth, Él llevó su cruz.

-Si lo desean podrán también escuchar esta conocida oración, “ALMA de CRISTO; Pasión de Cristo”, o en versión latina en modo gregoriano ‘ANIMA CHRISTI’.

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.

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Del poeta castellano LOPE de VEGA (1562-1635), quisiera por las fechas recordar este conocido soneto, una íntima oración que verán llena de compromiso y afecto del poeta al Cristo crucificado:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado dese leño
en que tiendes los brazos poderosos:
.. vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
.. Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres;
.. espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

El hombre y Dios / Blas de Otero

– ” Había un hombre rico que vestía ropa finísima y comía regiamente todos los días. Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas “, san Lucas c.16.

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Estos días estaremos celebrando la Cuaresma, Semana santa y Pasión, un tiempo largo de auditoría interna, para el autoexamen necesario y la evaluación, buscando la mejora evangélica, la misericordia, la mayor sinceridad.

Con ocasión de la parábola evangélica del rico y el pobre Lázaro, alguien llegó con unos versos de Blas de Otero que verán aquí. Un canto desgarrado, súplica necesaria de quien se sintió en verdad perdido pero confiado, en la cruz identificado. El poema fue testimonio de fe y denuncia del vacío y el dolor, lamento de humanidad malherida y desconsolada. Vean.

” Salva al hombre, Señor, en esta hora
horrorosa, de trágico destino;
no sabe adónde va, de dónde vino
tanto dolor, que en sauce roto llora.
.. Ponlo de pie, Señor, clava tu aurora
en su costado, y sepa que es divino
despojo, polvo errante en el camino,
mas que tu luz lo inmortaliza y dora.
.. Mira, Señor, que tanto llanto, arriba,
en pleamar, oleando a la deriva,
amenaza cubrirnos con la Nada.
.. ¡Ponnos, Señor, encima de la muerte!
¡Agiganta, sostén nuestra mirada
para que aprenda, desde ahora, a verte! ”

Reflexión:
• Si levantamos los ojos hasta el rostro de Jesús crucificado, contemplaremos el amor de Dios sin fin, maltratado, entregado hasta la muerte por nosotros.
• Si miramos bien, descubriremos en ese rostro el de tantos otros crucificados de nuestro mundo reclamando ayuda, nuestro amor solidario y compasivo.

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– Recordarán que Blas de Otero (+1979), buen representante de la poesía social española, tras una época de grandes inquietudes personales y muchos temores, encontró por un tiempo en la religión el apoyo y la estabilidad necesarias para vivir, también en la amistad y en el arte. 

Reconciliación


:: Reconciliación, perdón, curación
… Una ocasión para superar distancias y enfrentamientos. No tanto por escapar del conflicto, entre personas o entre pueblos, sino para vencerlo pacíficamente, sin herir ni tocar heridas, poniendo freno a revolver en un pasado ya agotado.

-Reconciliar será escuchar, comprender, abrazar, pacificar, disculpar.
-Camino ágil hacia un lugar común de encuentro, donde estar a gusto los dos y sin recelos.
-El otro camino será de pedir cuentas, de juicio y condena, de humillación y venganza.
-Sabemos el mandato de reconciliación generosa, prioritaria, que marcó el Evangelio de Jesucristo:

“Si al presentar tu ofrenda recuerdas que tu hermano tiene queja de ti, deja la ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda”, s Mateo c.5.

:: ¿Justicia humana? ¿Justicia divina?
La justicia divina respetará la humana, mas la superó al activar un ‘amor que disculpa siempre’, apuntando al juicio último donde la misericordia será lo definitivo.

-“En Cristo quiso Dios reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”, Carta a Colosenses c.1.

-“La omnipotencia de Dios no es la de la fuerza, sino la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida”, recordó el Papa Francisco en su reciente visita a Egipto.

:: Resonarán con fuerza las palabras de Jesús de Nazaret en el evangelio:

– Yo no vine para juzgar y condenar, sino para salvar.
– No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán condenados.
– Amen a sus enemigos, rueguen por los que les quieren mal.
– Sean misericordiosos, como su padre dios es misericordioso.
– Si no perdonan de corazón, tampoco el Padre los perdonará.

:: ¿Cómo explicar la decisión divina de hacerse hombre? Al ver tantas personas en guerra y abandono, en sufrimiento e infierno, un mundo muy deteriorado, necesitado de reparación: ¡Hagamos redención! ¡Hagamos reconciliación!

No vendrá para hacer justicia buscando culpables, sino para reparar el daño y abrir a todos las puertas de la casa común. Pondrá amor donde hubiera odio, dará vida donde vea muerte, traerá misericordia donde encuentre rechazo, aceite y vino para curar nuestras heridas.

Jesús de Nazaret por encargo divino, con su comunidad de discípul@s, abrirá para muchos todavía hoy un futuro de esperanza, solo amenazado por la dureza del corazón, por los prejuicios y privilegios de unos pocos.

:: Para terminar quise ponerles aquí unos versos del llamado “Canto del siervo”, del profeta Isaías c.53. El Siervo de Dios, el mismo Dios, un elegido, el propio Jesús de Nazaret, se ofrecerá solidario y compasivo hasta el extremo, como tantos y tantas que siendo inocentes cargaron sobre sí y aliviaron el sufrimiento de otros. Un misterio de amor.

.. “Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él.
.. Sin embargo, fueron nuestras dolencias y dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos castigado y humillado, y eran nuestras faltas por las que era destruido. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.”

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-Imagen: MVC, Perú.
-Podrán retomar la experiencia del Pródigo en nuestra entrada “El hombre y Dios”.

Miradas al Cristo, la pasión

# Les pondré por estas fechas un soneto de Pasión para acompañar con afecto y sentimiento su devoción, en el ir y venir de cofradías e imágenes de Semana santa. Una invitación a mirar, decir y contemplar, con el corazón en la mano y la sincera impotencia, con el propio pecado, mas el deseo verdadero de no querer defraudar al amor ofrecido.

A JESÚS CRUCIFICADO

” Delante de la cruz, los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando
y sin ellos quererlo estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.
.. Y estos labios que dicen mis desvíos
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos querer estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
.. Y así con la mirada en vos prendida
y así con la palabra prisionera,
como a la carne a vuestra cruz asida,
.. quédeseme, Señor, el alma entera
así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así cuando queráis me muera.”

(Rafael Schez Mazas)

# Recordaré también un poema /oración, medieval y anónimo, que podrán aquí escuchar, “Alma de Cristo”, o bien cantado en su original latino:

# Fue frecuente en otro tiempo su rezo al final de las Misas. Parece que los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola lo pudieron divulgar:

– Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
– Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
– Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti,
Para que con tus santos te alabe,
Por los siglos de los siglos.

Ejercicios, al Cristo crucificado

– Les ofreceré hoy un nuevo texto de los Ejercicios espirituales, aunque el tema no fuera mucho con el tiempo.

Cuando existe un deseo de cambio y de renovación, uno buscará modelos y razones para cambiar. Eso mismo le ocurrió al santo de Loyola que malherido se propuso imitar al Cristo de los caminos, sobrecogido por el Cristo contemplado en la cruz.

Su búsqueda la expresó en el libro “Ejercicios” con este que él llama Coloquio, en realidad una reflexión consigo mismo a la vista de lo que puso ante sí, el Cristo crucificado. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? No le pareció razonable quedar impasible . .

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DIÁLOGO ANTE CRISTO EN CRUZ

«Imaginando a Christo nuestro Señor delante y puesto en cruz,
considerar que siendo el Creador vino a hacerse hombre,
y de vida eterna a muerte temporal,
y así a morir por mis pecados.

Otro tanto, mirando a mí mismo,
ver lo que he hecho por Christo,
lo que hago por Christo,
lo que debo hacer por Christo;
viéndolo así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere.»

– Lo que de verdad mueve a las personas, ojalá también al mundo, será el amor, el mucho amor recibido que buscas corresponder, dando algo a cambio, pobre amor pero sincero. El soliloquio ignaciano contiene bellos sentimientos espirituales:

: La admiración, fue y será el comienzo de muchos pensamientos y decisiones locas, es el porqué que abre búsquedas, cuestiona y vincula a admiradores y seguidores.
: La adoración, acompaña al admirador, él mismo se hace don, entrega total, a la vista del don de la persona que admira, todo le parecerá poco para mostrar su amor al que le parece adorable.

S Ignacio | Manresa

: El seguimiento, será la decisión más lógica y probable, consecuencia de lo anterior, se promete el amante no abandonarlo nunca y quedar pendiente de la palabra, el gesto y la vida toda del amado.
: El abandono, que deja a un lado la propia voluntad y modo de ver, para ponerse él mismo y sus cosas en las manos del que ama, confiando mucho, buscando en todo solo complacer y servirle.
: La correspondencia, estará en el origen, la razón de ser de sus decisiones, el empeño en mostrar amor a quien mucho debe, su respuesta, pareciéndole poco lo que puede dar de quien tiene tanto, la vida, la vida sobrenatural y todo lo demás.

Jesús de Nazaret pidió al discípulo: “Carga cada día con tu cruz, y sígueme”.
San Pablo dirá: “Si estamos crucificados con Cristo, resucitaremos con él”.

El conocido soneto anónimo “No me mueve mi Dios”, describió una reacción posible, al igual que estos versos en él inspirados:

TÚ ME MUEVES, SEÑOR

No me mueve mi Dios para quererte.

Una sentida oración
recorre los siglos en busca de autor,
siguiendo la mirada de Cristo
delante y puesto en cruz.

Tú me mueves, Señor.

Conmovido ante tanto dolor
confiesa tu admiración y tu amor.

Cómo corresponder,
te preguntas qué hacer
ante tanto amor, qué decir.

Mi silencio es reverencia,
mis palabras solo obediencia.

Tú me mueves, Señor.

El silencio de Jesús

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Les hago llegar estas impresiones. En las fiestas ya pasadas de la Pascua y Semana santa, leyendo juntos la Pasión de San Mateo, rechinaron en nuestro interior esas piezas que parece no ajustan en el engranaje de la vida de Jesús de Nazaret:

: ¿Por qué no huyó ante la muerte inminente? “Después del beso de Judas, Jesús le dijo: Amigo, lo que vas a hacer, hazlo pronto”.
: ¿Por qué no se defendió con la fuerza? “Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y cortó una oreja al criado; Jesús le dijo: Guarda tu espada en su lugar”.
: ¿Por qué no se defendió ante Caifás? “El sumo sacerdote preguntó a Jesús: ¿Qué es esto que están diciendo contra ti? Pero Jesús se quedó callado”.
: ¿Por qué no se defendió ante Pilato? “Los jefes y los ancianos acusaron, Jesús no respondió. Pilato le preguntó: ¿No oyes lo que dicen contra ti? Pero Jesús guardó silencio”.

El silencio de Jesús, su actitud paciente frente a la burla, todavía hoy nos escandaliza. Con razón él dijo: “Todos perderán su fe en mí esta noche… Los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron”.

Mejor será no escandalizarnos de la Pasión del Señor, ni de tanto dolor injusto como hay en nuestro mundo. Ojalá pudiéramos con fe mirar y decir, como el romano testigo de la tragedia, “Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios”.

– ¿No será el silencio de Jesús su modo de disculpar tanta ofensa? ¿Será el silencio su más íntima oración, la palabra elocuente que nos salva? El silencio de Jesús de Nazaret fue entrega y perdón, misterio de amor.

Las manos atadas de Cristo

EcceHomo_Jan Provost (Mons, 1465 – Brujas, 1529)bEs un tema de espiritualidad para la fe, pero también un tema de arte para la sensibilidad y la contemplación. Fue sugerido por un sabio teólogo que invitó al auditorio a contemplar el interior de Cristo al verlo así tan cruelmente maniatado como si fuera un malhechor, no habiendo pasado su vida sino en hacer el bien. Un Cristo que en Semana santa paseará por nuestras calles y veremos malherido en los tronos del desfile.

– Jesús de Nazaret trabajó con sus manos de carpintero hasta los treinta años que marchó al río Jordán donde Juan bautizaba.
– Al final de su vida, antes del juicio y condena, fue hecho preso y sus manos atadas, más tarde crucificadas.
– También imaginamos a Cristo orando al Padre, juntas sus manos, temblorosas y suplicantes.
– Privado de libertad, interrumpirá su tarea humanitaria de bendecir, curar y hacer el bien.

“Extendió la mano y tocó al leproso, ¡queda limpio!”
“Tomó de la mano a la niña muerta, ella se puso en pie.”
“Jesús metió sus dedos en los oídos y tocó la lengua del sordomudo.”
“Jesús tomó de la mano al ciego, le aplicó las manos y lo curó.”
“Él tomó los cinco panes y los dos peces, los bendijo y los repartió.”
“Jesús extendió la mano y sacó a Pedro del agua.”
“Le acercaron unos niños para que les impusiera las manos.”
“Jesús tomó una copa, y tomó un pan, dio gracias, lo partió y se lo dio.”
“Los guardias de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.”
“Les enseñó las manos y el costado, los discípulos se alegraron.”
“Levantando las manos, los bendijo y se alejó de ellos.”

Sin duda quedaron los lectores a la espera de percibir también ellos la caricia sanadora de las manos del Señor. Será buena ocasión para recordar a sus seguidores la misión que traerá, contada por él mismo:

«He venido para sacar a los presos de las cárceles,
para que los ciegos recuperen la vista
y dar de comer al hambriento,
para consolar a los tristes y dar cobijo a los sin techo»

Permitirán que les ponga aquí estos enigmáticos versos de Miguel de Unamuno que reconocerán pronto por los hechos evangélicos mencionados:

«Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz!»

* Las manos, El Cristo de Velázquez, III,20

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-Imagen: Ecce Homo, Jan Provost, c.1490. “Pilato mandó azotar a Jesús, lo sacó fuera y les dijo: Aquí tienen al hombre. Todos gritaron: ¡A la cruz!”.

-Vean también nuestra entrada MANOS DE DIOS.

-Podrán leer más en “El Rostro de Cristo”, pdf, ebook de Nicodemo Martin.

Pasión en verso

# Tiempo de cruces y pesares, ahora además para muchos. En la pena importa hablar a solas con la cruz y el crucificado, reconocer la propia impotencia para ‘desclavar’ y quitar cruces. Viene al recuerdo la copla de Antonio Machado que cantará Joan Manel Serrat:

«Dijo una voz popular:
¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?»

# Para los días que vienen ofrece aquí su poema doloroso Juan M. Llopis, interpelación y súplica. Por ese Cristo, esos cristos, que estos días y cada día pasan por nuestro lado.

«Los soldados se juegan a los dados
tu túnica sagrada
y desean tu muerte, confiando
poder marcharse a casa.

Ellos no te conocen.
De Ti no saben nada.

Un año, dos mil años esperando
la mano amiga, que quiera desclavarte,
y arranque del madero el duro clavo,
para cargar tu carga y aliviarte.

Unos no te conocen.
Otros no hacemos nada.

Conozco, señor, tu sufrimiento,
quiero coger tu cruz ensangrentada
y aligerarte, con mis manos, de su peso.
Mas pasas por mi lado y… no hago nada.»

( Ver nuestro post “Tiempo de pasión” )

Tiempo de Pasión ~ soneto

Para estos días ya próximos de Semana Santa y Pasión, pondré aqui el “Soneto a Cristo crucificado”, poesía religiosa española del siglo XVI, de autor desconocido. Sugiero imaginarlo sin embargo como formando parte de la colección de “Rimas sacras” de Lope de Vega.

Autor y lector rezan con el poema una sentida oración mirando a Cristo delante y puesto en cruz, conmovidos ante tanto dolor y confesando su admiración, preguntándose cómo corresponder, qué hacer a cambio de tanto amor.

Así sucederá estos días cuando el trono que lleva a Cristo al Calvario detenga en nuestras calles su paso y su mirada.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
.. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
.. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
.. No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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* Imagen: “Crucifixión”, fragmento, Fra Angélico (1387-1455). El rostro de Cristo que mira entre apenado y complacido a quienes permanecen fieles al pie de la cruz.
* Vean “Soneto a Cristo crucificado”, cantado por Ximena Gray.