Jesucristo, quién eres

«Si tus labios confiesan que Jesús es Señor, si crees de corazón que Dios lo resucitó de la muerte, entonces te salvarás» (Romanos c.10).

JESÚS de Nazaret vio que la gente lo seguía sin saber mucho, notó un interés y una necesidad. Él quiso darse a conocer. En varias ocasiones preguntó: ¿Qué piensan de mí? ¿Quién dice la gente que soy yo?

– Un PROFETA, para decirnos qué quiere Dios.
– Un MESÍAS, para resolver los problemas y darnos la libertad.

Algo así pensaron los dos de EMAÚS que marcharon decepcionados. En nuestro tiempo los entendidos notaron indiferencia y desinterés por la religión, y críticas a los creyentes.

‘Dios y la religión, me resulta teórico y lejano’… su camino personal.
‘No me dice nada, no cuento con él’… sin su presencia cercana.
‘Demasiado exigente, me complicará la vida’… sin su aporte de luz.
‘Ocupado en lo concreto de cada día’… sin su fuerza para vivir.

* Christus Pantokrat. Grecia_1600.
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-Otros preguntaron: ¿Eres tú el que vendrá o esperamos a otro?
-Algunos se dijeron: ¿Quién eres tú, CRISTO, para mí?

JESUCRISTO será hoy un desconocido para mucha gente, pero en otros estará brotando un interés por conocerlo y por la FE, buscando una luz para el camino. Desde este blog nos propusimos ayudar.

«No es la fe una mera adhesión del intelecto a un principio abstracto, sino un acto de abandono y de entrega cordial de la voluntad, una serena confianza» (Miguel de Unamuno).
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Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino.

–Antonio Alcalde

Amigos de Dios, David

También el rey David fue amigo de Dios, a pesar de sus fallos. Fue pastor y rey, abusó de su poder y de la confianza divina, pero reconoció su culpa y suplicó el perdón.

El Dios de la Alianza le reprochó su conducta ingrata, su pecado, pero lo recibió y abrazó como buen padre. La amistad de Dios nunca falla, su fidelidad dura por siempre, eterna alianza.

Rembrandt, El regreso del hijo pródigo

El evangelio hablará de un hijo pródigo y de su buen padre. El mismo Jesús recibió a pecadores y comió con ellos, animando a recuperarse: «No peques más». Una historia interminable de paciencia y misericordia.

# Esta fue la oración del Hijo pródigo que arruinado y avergonzado pensó regresar a la casa del Padre:

– Volveré donde mi padre y le hablaré.
Padre, he pecado contra Dios y contra ti
ya no merezco ser llamado hijo tuyo,
trátame como a uno de tus asalariados.
Se levantó y fue donde su padre.

# Esta será la oración de David, el ‘Miserere’, no queriendo perder la amistad de Dios:

Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad,
purifícame de mi pecado.
.. Lávame y quedaré más blanco que la nieve,
renueva en mi interior un espíritu firme.
.. No me retires tu espíritu santo,
lléname de gozo en tu presencia.

[Textos: san Lucas c.15; salmo 51; 2 Samuel c.11]

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Por su lucha interior y su agitada fidelidad, recordé el texto de Miguel de Unamuno que dejó escrito en su tumba de Salamanca:

«Méteme, Padre Eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar»

(De su salmo III. Unamuno falleció en Salamanca el 31 diciembre 1936)

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La figura de David, músico y poeta, fue evocada en el lindo poema y canción ‘Aleluya’ de Leonard Cohen compuesta en 1984, alusión a su felicidad y dolor, las luces y sombras que hubo también de pasar:

– He oído decir que había un acorde secreto
que tocaba David y que agradaba al Señor
Hice lo mejor que pude, no fue mucho
– Incluso cuando todo se derrumbe
permaneceré frente al Señor de la Música
y no pronunciaré más que el Aleluya.

La fragilidad de Jesús

– Te llamé para abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión, liberar a los que habitan las tinieblas.
– Y el Verbo de Dios se hizo carne, se hizo fragilidad.

El Dios que presentaron los profetas y evangelios quiso compartir nuestra fragilidad. Jesús de Nazaret conoció los efectos del pecado, y ante la debilidad fue solidario animando, curando y perdonando.

Por gustar, ¡oh, Impasible!, la pena
quisiste penar,
te faltaba el dolor que enajena
para más gozar.
Y probaste el sufrir y sufriste
vil muerte en la cruz,
y al espejo del hombre te viste
bajo nueva luz.

–Miguel de Unamuno, salmo III

: Trató de cerca enfermos incurables, pecadores y endemoniados.
: El cansancio y el llanto de Jesús, sediento junto al pozo y en la cruz.
: Jesús vivió el abandono y la traición, el egoísmo y vanidad de los suyos.
: Amenazado de muerte y torturado, como el más infame y despreciable.

– “Será actual la palabra de Jesús antes de morir ¡Tengo sed! Su grito sigue estremeciendo. La sed de un hombre maltratado, ansia infinita de Dios muriendo y amando. Sed de paz, de justicia, de fraternidad.” (P Arrupe)

Jesús, Maestro y Señor, quiso acercarse a la realidad humana más desagradable. No se montó un mundo aparte. Miró cara a cara con amor, tocó sin temor y sanó cuanto pudo.

– Vengan a mí si están agobiados, encontrarán un respiro.
– No vine por los justos ni los sanos, sino por los enfermos y pecadores
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Estos versos de oración con Jesús, fragilidad compartida, fortalecida al fin por la resurrección, victoria de su gran amor.

En mi miedo, tu seguridad
En mi duda, tu aliento
En mi egoísmo, tu amor
En mi rencor, tu misericordia
En mi ‘yo’, tu ‘nosotros’
En mi rendición, tu perseverancia
En mi silencio, tu voz
En mi ansiedad, tu pobreza
En mi tempestad, tu calma
En mi abandono, tu insistencia
En mi dolor, tu alivio
En mi debilidad, tu fuerza.

JM Rodríguez Olaizola

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ORACIÓN escrita por internos del Centro Penitenciario “Due Palazzi” de Padua (Italia), rezada al comienzo del VIA CRUCIS del Viernes Santo 2020, presidido por el Papa en la plaza san Pedro:

+ Oh Dios, Padre todopoderoso, que en tu Hijo Jesucristo asumiste las llagas y los sufrimientos de la humanidad, hoy tengo la valentía de suplicarte, como el ladrón arrepentido: ¡Acuérdate de mí!.
+ Estoy aquí, solo ante Ti, en la oscuridad de esta cárcel, pobre, desnudo, hambriento y despreciado, y te pido que derrames sobre mis heridas el aceite del perdón y del consuelo y el vino de una fraternidad que reconforta el corazón. Sáname con tu gracia y enséñame a esperar en la desesperación.
+ Señor mío y Dios mío, yo creo, ayúdame en mi incredulidad. Padre misericordioso, sigue confiando en mí, dándome siempre una nueva oportunidad, abrazándome en tu amor infinito. Con tu ayuda y el don del Espíritu Santo, yo también seré capaz de reconocerte y de servirte en mis hermanos. Amén.

(Encontrarán completo el VIA CRUCIS 2020, textos, comentarios y oraciones)

La esperanza / preguntas

Recogí unas preguntas que verán en forma de poesía. Una confesión de inquietudes en el final de la vida, de amistad sincera entre el alma y Jesús, la fe ante el encuentro con el Señor del alma. Él será fuente de vida sin fin para cuantos creyeron en él, los que en sus manos pusieron todo, su vida y su misma muerte.

Tanta confianza y amor no quedarán defraudados. Será nuestra fe, nuestra luz, fue nuestra segura amistad. El poema quedó en anónimo, será así poesía de todas y de todos, nos pertenece, nos expresa y acompaña.

¿Quién me cerrará los ojos
en la tarde de mi vida,
y poderlos abrir en el amanecer de Dios?
¿Quién me indicará el camino
sino tú, Jesús?

¿Quién transformará mi cuerpo
en cuerpo de luz,
arrancado de todo morir?
¿Quién me vestirá de blanco
en el umbral de la fiesta?
¿Quién me ínvitará a las bodas?

Tú, que has marcado mi frente
con el sello de la alianza,
y me has llamado con un nombre nuevo.
Eres tú, Jesús, que me has cubierto con tu ternura,
tú que me acercas al Padre;
eres tú, Jesús, que colmarás mi esperanza.

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– Unas líneas del evangelio de san Juan confirmarán la promesa, llenando de contenido la esperanza: ‘En verdad el que cree en mí tendrá vida eterna… Aquí tienen el pan bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre’, c.6.

Miguel de Unamuno mandó preparar su lápida dos semanas antes de morir. En su tumba de Salamanca estos versos de su Salmo III: “Metedme, Padre Eterno, en tu pecho, / misterioso hogar, / dormiré allí, pues vengo deshecho / del duro bregar”.

* Imagen: Atardecer, Dubrovnik, Croacia.

Las manos de la pascua

«Al atardecer los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: la Paz con ustedes. Y les mostró las manos y el costado», san Juan c.20.

‘Al tercer día resucitó’, dirá el Credo cristiano. El canto de pascua con sus versos invitará a poner la mirada en las manos del crucificado: «Miren las señales de los clavos en mis manos; soy yo, no teman».

Este poema fue como una confesión mutua de fe y amistad, sin que la cruz interrumpa la relación, ni el aparente fracaso limite la urgente tarea que espera a sus discípulos y seguidoras.

«Y en esto entró Jesús, se puso en medio,
Soy yo, dijo a los suyos, vean mis manos;
serán siempre señal para creer,
la verdad del Señor resucitado.

Las manos de la Pascua lucirán
las joyas de la sangre y de los clavos,
alianzas de amistad inigualable,
quilates de un amor que se ha entregado.

Esas manos pascuales lucharán
para dar libertad a los esclavos,
proteger a los débiles, caídos,
construir la ciudad de los hermanos.

Oh Señor de las manos traspasadas,
Señor del dolor resucitado,
pon tus manos heridas en las mías,
que te cure del dolor en otras manos.»

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Les pondré aquí de nuevo los enigmáticos versos ‘Las manos’ de Miguel de Unamuno, en su contemplación del Cristo compasivo y crucificado pintado por Diego Velázquez (+1660):

Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz!

–El Cristo de Velázquez, III,20

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  • Dibujo, Rostro de Cristo, fragmento, K. Argüello)

Los niños, el reino de Dios

«Jesús dijo: Dejen que los niños se acerquen a mí. Si no reciben el reino de Dios como un niño, no entrarán en él», san Mateo c.19.

¿En qué puede un niño ser ejemplo a imitar por nosotros? ¿Acaso podremos ‘nacer de nuevo’?

·· El niño es alegre y soñador, crédulo de historias fantásticas
·· Con muchas preguntas, algunas de difícil respuesta
·· El niño se ve dependiente, necesitado, frágil e inseguro
·· Vive mal la soledad, el rechazo y la oscuridad
·· El niño adora e imita a sus padres, a sus ídolos y héroes
·· Gusta el cariño y las buenas palabras, teme castigos y abandonos
·· Todo lo espera de los que ama, disfruta con regalos y sorpresas.

Será verdad. Para creer en Dios como padre bueno y en Jesucristo como señor y amigo nuestro, para creer en el cielo y en el triunfo del amor, habremos de recuperar el niño frágil y soñador que llevamos dentro.

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= Conocerán unos versos de Miguel de Unamuno que fueron súplica por una infancia espiritual, buscando al fin encontrar a Dios. Parece que cuando D. Miguel murió, alguien encontró cerca esta oración:

«Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
y yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.»

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= Imagen: El principito, Antoine de Saint-Exupéry: «Algunos hombres ven las cosas como son y dicen: ¿Por qué? Yo sueño con cosas que nunca fueron y digo, ¿Por qué no?».

Libros amigos

– Muchos libros tendrás leídos y ya casi olvidados, de ellos algunos te gustaron y volviste a leer o en parte. De otros guardaste un buen recuerdo y dejaron un poso, con el paso del tiempo imperceptible pero cierto.

‘Libros amigos’ quiso ser otra cosa. Es posible que retrate al que tuvo la idea. Si pasaste largas ausencias, si debiste emigrar por necesidad, o en tus traslados por el trabajo, si no fue posible ni necesario mover tu pequeña biblioteca; en ese caso deberás hacer el ejercicio de escoger cuatro o cinco, hasta diez, de entre tus libros. Si ya hiciste la experiencia, comprenderás.

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Los inseparables. De esos pocos no querrás alejarte sin llevarlos contigo, los querrás tener cerca, no precisan visa ni permiso de vuelo ni de trabajo. No siempre sabrás explicar el porqué ni el cómo llegaron a convertirse en tus libros amigos. Poco importa.

– Alguno vendrá conmigo. No necesariamente para leer, solo como compañía, amigos que en silencio podré ver, tal vez oler y hasta tocar. Su valor es el de la buena amistad, es escasa y ocupa poco lugar, está cerca aunque por un tiempo te alejes. Son tus viejos amigos. ¿Los tienes localizados? ¿Sabes el motivo? ¿Te ayudó a reconocerte? Yo te pondré algo aquí, por ejemplo:

• Juan Ramón Jiménez, Segunda Antología.
• Benjamín Glez Buelta, La transparencia del barro.
• Olivier Clément, L’Autre soleil.
• Miguel de Unamuno, El Cristo de Velázquez.
• H.Urs von Balthasar, Solo el amor es digno de fe.
• André Gide, Ainsi soit-il.

Dios en una cruz

Me impresionó leer este título en un escrito sobre Semana santa: «Qué hace Dios en una cruz». Con esta ocasión les pondré unas reflexiones sobre el tema, revisión de un modo de entender la fe.

– Que nuestro beso de estos días al Cristo en cruz nos lleve a mirar bien a quienes cerca o lejos, viven su propia cruz de abandono y sufrimiento.

:: Algunos testigos se burlaron: «¡Bájate de la cruz!». La respuesta de Jesús fue el silencio, cargado de amor y de pena.

:: Cuesta creer en un Dios crucificado. El pecado, la falta de amor, matan. La cruz ilumina el ser verdadero de Dios: es amor, es salvación.

:: El Dios crucificado orientará nuestra mirada al que padece dolor y desamparo, tantas víctimas de la violencia y la injusticia.

:: Él hará todo por sacarnos de los oscuros sepulcros del mal, cargando de esperanza la fe de los discípulos, llenando de luz el duro trabajo.

Unos versos de Miguel de Unamuno, desde la noche oscura del alma:

«Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo,
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!»

El Cristo de Velázquez, I. 4

* Imagen: Fra Angélico, Cristo crucificado, 1442.

Ejercicios -4 / los deseos

DEMANDAR A DIOS N. SEÑOR LO QUE YO QUIERO Y DESEO

# ¿A dónde me llevará este tiempo de oración, soledad y silencio? Los deseos hechos oración marcarán el itinerario de los Ejercicios espirituales del santo de Loyola. Proyectos, ilusiones y propias carencias precisarán alianzas y complicidades para alcanzar lo que quiero y deseo.

Hoy les ofreceré finalmente las peticiones principales del libro espiritual. Al repetir lo que busco, daré valor a lo que pido y crecerá en mí el deseo, con la necesaria ayuda divina, reconociendo mi impotencia.

LO QUE YO QUIERO Y DESEO…

: Pediré el CONOCIMIENTO interno de mis pecados y el desorden de mis operaciones, que me enmiende y ordene.
: Que no sea sordo a SU LLAMADO, mas presto y diligente en cumplir su voluntad.
: El CONOCIMIENTO interno del Señor, que por mí se hizo hombre, para más amarlo y seguirlo.
: Pedir CONOCIMIENTO de los engaños del mal espíritu, y la vida verdadera del Rey eterno, gracia para imitarlo.
: Pediré CONOCIMIENTO interno de tanto bien recibido, así pueda en todo amar y servir a su Divina Majestad.

# El conocimiento será lucidez, resumen de súplicas, conocimiento no superficial que favorezca el ejercicio correcto de la propia libertad. Saber lo que yo quiero y deseo, qué quiere Dios, y querer lo mismo.

Será la sabiduría del bien y del mal perdida en su divina simplicidad. Pediremos recuperarla tras haberla malversado allá en el origen, también ahora, engañados con malas artes, junto al árbol de la vida.

# Terminando el repaso de textos de los Ejercicios ignacianos, unos versos de Miguel de Unamuno, gran buscador de Dios, donde suplicó humildad, sencillez en el desear, la infancia espiritual (!). Parece que cuando Unamuno murió, encontraron cerca esta oración:

«Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
y yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.»

Su oración nos recordó los sentimientos del pequeño salmo 130, el abandono confiado en los brazos de Dios:

– Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas;
yo acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

# Finalmente san Ignacio expresó así al final de su libro el deseo que más importa:

«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis; a Vos Señor lo torno; todo es vuestro disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta.»

Aquí podrán escuchar esta oración, música e imágenes de Isa Sola rjm, misionera en Haití.


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Verán otros temas de Ejercicios en «Meditaciones», pdf.

Las manos atadas de Cristo

Fue un tema de espiritualidad para la fe y un tema de arte para la contemplación. Sugerido por alguien que invitó al auditorio a considerar el interior de Cristo al verlo así cruelmente tratado como un malhechor, habiendo pasado su vida en hacer el bien.

Un Cristo que en Semana santa veremos pasar por nuestras calles, malherido y maniatado, en los tronos del desfile.

Jesús de Nazaret trabajó con sus manos de carpintero hasta los treinta años, fue al Jordán y Juan lo bautizó.
Al final de su vida, en su condena, fue hecho preso y sus manos atadas, más tarde crucificadas.
También imaginamos a Cristo orando al Padre, juntas sus manos, temblorosas, suplicantes.
Privado de libertad, cesará su tarea humanitaria de bendecir y curar.

– Extendió la mano y tocó al leproso, ¡queda limpio!
– Tomó de la mano a la niña muerta, ella se puso en pie.
– Jesús metió sus dedos en los oídos y tocó la lengua del sordomudo.
– Jesús tomó de la mano al ciego, le aplicó las manos y lo curó.
– Él tomó los cinco panes y los peces, los bendijo y los repartió.
– Jesús extendió la mano y sacó a Pedro del agua.
– Le acercaron unos niños para que les impusiera las manos.
– Los guardias de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.
– Les enseñó las manos y el costado, los discípulos se alegraron.
– Levantando las manos, los bendijo y se alejó de ellos.

# Sin duda quedaron a la espera de percibir también la caricia sanadora de las manos del Señor. Será buena ocasión para recordar a sus seguidores la misión que traerá de redimir y humanizar.

-El Padre me envió para liberar a los prisioneros, que los ciegos recuperen la vista y para dar de comer al hambriento, consolar a los tristes y dar cobijo a los sin techo. (Cf. s Lucas c.4)

# Les pondré aquí estos versos de Miguel de Unamuno, reconociendo bien los hechos evangélicos:

«Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz!»

Las manos, El Cristo de Velázquez, III,20.

# Palabras de un preso ante el Cristo que lo visita y acompaña, lava sus pies y consuela: “Soy un preso y Jesús de Nazaret camina conmigo. Desde el prendimiento en el huerto de los Olivos hasta que muere en la cruz, mi maestro fue un preso. Es lo que leo y creo».

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-Imagen: Ecce Homo, Jan Provost, c.1490. «Pilato mandó azotar a Jesús, lo sacó fuera y les dijo: Aquí tienen al hombre. Todos gritaron: ¡A la cruz!».

-Podrán leer más temas sobre Jesucristo en «El Rostro de Cristo», pdf.