Amigos de Dios | David

También el rey David fue amigo de Dios a pesar de sus fallos. Fue pastor y rey, abusó de su poder y de la confianza divina, pero reconoció su culpa y arrepentido suplicó el perdón.

El Dios de la Alianza le reprochó su conducta ingrata, despótica, pero siempre lo recibió en la casa y abrazó como buen padre a su hijo perdido y encontrado. La amistad de Dios nunca falla, una fidelidad probada, eterna alianza, espera nuestra respuesta.

Rembrandt, El regreso del hijo pródigo, 1636

Recordarán que el evangelio habló de un hijo pródigo y de su buen padre. El mismo Jesús, llamado hijo de David, recibió a pecadores y comió con ellos, animando a recuperarse, ‘No peques más’. Una historia interminable de paciencia y misericordia.

# Esta fue la oración del Hijo pródigo, cuando arruinado y avergonzado pensó regresar a la casa del Padre:

– Volveré donde mi padre y le hablaré.
Padre, he pecado contra Dios y contra ti
ya no merezco ser llamado hijo tuyo,
trátame como a uno de tus asalariados.
Se levantó y fue donde su padre.

# Esta será la oración de David, el ‘Miserere’, buscando el perdón, no perder la amistad de Dios:

Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad,
purifícame de mi pecado.
.. Lávame y quedaré más blanco que la nieve,
renueva en mi interior un espíritu firme.
.. No me retires tu espíritu santo,
lléname de gozo en tu presencia.

[Textos: san Lucas c.15; salmo 51; II Samuel c.11]

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Por su lucha interior y su agitada fidelidad, vino a la memoria el texto de Don Miguel de Unamuno que dejó escrito en su tumba de Salamanca, dice así:

“Méteme, Padre Eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar”

(De su salmo III. Unamuno falleció en Salamanca el 31 diciembre de 1936)

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La figura de David, músico y poeta, fue evocada en el lindo poema y canción “Aleluya” de Leonard Cohen (+2016) :

– He oído decir que había un acorde secreto
que tocaba David y que agradaba al Señor
Hice lo mejor que pude, no fue mucho
– Incluso cuando todo se derrumbe
permaneceré frente al Señor de la Música
y no pronunciaré más que el Aleluya.

Leonard Cohen compuso en 1984 el “Hallelujah”, aludiendo al rey David para hablar de la felicidad y el dolor, las luces y sombras por las que hubo de pasar.

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