Yo estoy a la puerta

Inspirado en su meditación asidua de la vida de Cristo, un misionero de Madagascar ya fallecido escribió tiempo atrás el poema oración que les pondré hoy en el blog. El autor tomará el punto de vista del mismo Jesús que expresó con frecuencia su pena ante la multitud abandonada.

– “Lo que harán por esos pequeños, conmigo lo harán. Serán benditos si fueron compasivos”. El Señor conoció de cerca nuestra indolencia, aseguró sentirse identificado con quien quedó malherido, y también con quien tuvo misericordia.

Jesús de Nazaret nos está invitando a mirar hoy con sus ojos la pobreza y el dolor de muchas personas, algunas vemos cada día en nuestras plazas y nuestra pantallas, rostros tristes y doloridos, interpelantes, víctimas de pobrezas y violencias.

– “Miren que yo estoy a la puerta y llamo, si oyeran mi voz y me abren, entraré y cenaremos juntos”, Apocalipsis c.3.

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«El Dios que conozco
permanece a la sombra de mi casa.
Cada día pide un poco de arroz,
más aún, una mirada de cariño, un rostro acogedor.

El Dios que conozco nació en un pesebre
y murió en un leño.
Y desde una cierta mañana de Pascua,
va de acá para allá por el mundo,
se confunde entre la muchedumbre anónima,
entre los olvidados, los rechazados,
y nueve de cada diez veces no es reconocido.

El Dios que conozco no tiene poder.
Me dice que tiene hambre, que tiene sed, que está desnudo,
que es extranjero, que está preso.
Creí entender su voz el otro día:

‘Estoy siempre con vosotros, nunca os he abandonado.
No me dejéis morir de hambre,
no me dejéis una noche más sin techo, sin calor.
No me dejéis en tanta aflicción.
Llamo a la puerta, pero nadie me responde.
Hace frío, estoy solo, nadie viene en mi ayuda’.

El Dios que yo conozco se llama Jesucristo,
permanece a la sombra de mi casa.»

Jacques Couture ~ 1986

– “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o te vimos forastero y te recibimos? . . Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de mis hermanos, me lo hicieron a mí”, san Mateo c.25.

Orar con Nicodemo #2

La primera generación cristiana pensó en el retorno casi inmediato de Jesús el Señor resucitado, lleno de vida. No fue así. Poco a poco, sus seguidores debieron disponerse para una larga espera. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? . . Vean nuevos papeles de oración de Nicodemo, fariseo y luego discípulo, que fue de noche a interesarse por Jesús de Nazaret. Lo veremos todavía en la noche compartiendo la incertidumbre y desolación de los discípulos más cercanos al Señor. A pesar del testimonio del resucitado y de otros testigos, las dudas continúan. La fragilidad de la razón y la dureza de corazón no fueron superadas. Urge abrir puertas y ventanas del corazón y de la propia casa. Los discípulos pasadas las semanas desearán alcanzar ya un nuevo modo de verlo todo, levantando el vuelo al viento del Espíritu divino, mas sin perder de vista la vida nuestra de cada día… Deberán atreverse a lo imposible. Nicodemo ya anciano nacerá hombre nuevo, valiente y decidido. Así oró esta vez el discípulo de la última hora.

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¡PAZ A USTEDES!

«Como fue escrito: “Al llegar la noche del día primero de la semana, los discípulos se reunieron con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y saludó diciendo: ¡PAZ a ustedes!”. Pasados los días y las semanas, en otra noche cerrada, yo mismo Nicodemo supliqué así a Jesús resucitado: Entra tú, Señor, aunque encuentres cerrada la puerta, entra sin llamar y danos tu paz. Despierta con tu palabra resucitadora PAZ, nuestra esperanza adormecida y temblorosa. Señor, muchos te seguimos dispuestos a todo, en los trabajos que tú nos pidas, pero nos vemos cansados, sin fuerzas y con miedo, nos hallarás todavía atemorizados, encerrados en nosotros mismos, en nuestros templos y en nuestras casas. El Reino de Dios no llega, mas Tú nos dices: ¡No teman, ábranse al mundo! Tus discípulos más valientes sintieron temor: miedo al ridículo y a la ineficacia, miedo al rechazo y el juicio, miedo incluso a la cárcel y la muerte. Tú nos lo anunciaste “el mundo los odiará”. Muchos sin embargo, enviados por ti en este tiempo difícil, optaron por abrir sus corazones, abriéndose al mundo, anunciando tu evangelio a la gente. Nada pudo detener ya su camino ni su tarea, ni la amenaza de suplicio ni la muerte. Hombres libres, fuertes, amando sin fronteras, entregados en ayuda de gente desvalida, siguiendo Señor tu ejemplo. ¡Varones y mujeres fuertes, vengan en nuestra ayuda! Entra tú, Señor, si encuentras cerrada la puerta, entra sin llamar y danos tu paz. Despierta con tu palabra resucitadora PAZ nuestra esperanza adormecida y temblorosa. Tú nos dices: ¡No teman, ábranse al mundo! Es la Buena Noticia ¡Cristo vive! Seguirte a ti, Señor, resulta arriesgado. Pero cómo dejarte, cómo desandar todo un camino de amistad y de fe contigo y con otras gentes, a dónde iremos si te dejamos. Muchas personas confían en ti y también en nosotros, no les defraudaremos. Te queremos, Señor, amigo nuestro. Aleja de nosotros toda inquietud, sabemos que tú estarás siempre con nosotros, a nuestro lado, dulce compañía en este camino nuestro de cada día, sabemos que tú vives nueva vida para siempre. Comparte con nosotros Señor tu misma vida, tu alegría, tu Espíritu Santo, tu amor divino. Tu Reino llegará y nuestra suerte cambiará, ¡Varones y mujeres fuertes, vengan en nuestra ayuda! Entra tú, Señor, aunque encuentres cerradas mis puertas, entra sin llamar y dame tu paz. Despierta con tu palabra resucitadora PAZ nuestra esperanza adormecida y temblorosa. Adiós, Señor, hasta otro día.»

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Orar con Nicodemo #1

– Por la Pascua pasada quise recuperar viejos papeles del personaje evangélico que fue uno mismo hace ya mucho, que brotaron de una espiritualidad de la confidencia. Los deseos de Nicodemo serán los mismos, las expresiones fueron otras, la amistad permanecerá para siempre. Eso es la oración, un diálogo de amistad. Para la ocasión tomaré el estilo apretado, todo seguido sin puntos y aparte. Verán hoy que el buen discípulo, aun cobarde o negador, encontrará siempre al Maestro bien dispuesto al abrazo. Así lo contó esta vez Nicodemo, un discípulo de la última hora.

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EL PERDÓN DE PEDRO

«Antes de los sucesos hablé con Pedro y Juan. Les pareció imposible conseguir que te echaras atrás, aunque tu vida corriera peligro. Te conocían bien, Señor, supieron tu determinación de mostrar a todos que la injusticia mata a los inocentes, que el PADRE quiso explicar así el gran amor que nos tiene, no ahorrando la vida de su propio hijo querido. A mí me pareció excesivo tanto sufrimiento y tanto amor. Quedamos después muy asombrados y también asustados por todo cuanto ocurrió. Todavía me parece oír las palabras dichas desde la cruz: ‘¡No saben lo que hacen, Padre, perdónalos, ellos no saben!’. Siempre disculpando, allá mismo, a tus propios verdugos y a los crucificados contigo, como tú. Ellos fueron sin duda tus primeros rescatados. Tras la muerte y tu resurrección, PEDRO va siempre inquieto buscándote, queriendo saber dónde estás, qué piensas, qué quieres, cómo hacer para agradarte. Él quiso recordar tus mismas palabras y en ocasiones no pudo. Su pecado y tu perdón le cambiaron la vida y su manera de ser, ahora más humilde, comprensivo y bondadoso con todos. Se sintió a veces muy inseguro, en la orilla y en la barca. Si hubo mala racha en el trabajo, lo atribuyó a su propio pecado, ‘Es por mí, yo negué al Maestro, fui un cobarde, fue mi culpa, lo traicioné’. Mas tú, Señor, no quieres la culpa oscura sino la gracia luminosa; tú no quieres el abismo del resentimiento sino el abrazo de la paz y la fiesta del perdón. Tu amor y tu gracia rehabilitaron a Pedro, como a muchas personas. Perdona hoy también mi falta de fe y sana la herida de mi cobardía en seguirte. Todos nos parecemos un poco a Pedro, muertos de miedo nos cuesta ahora responder por ti, mas al tú mirarnos recobraremos la vida y la palabra. Una mirada tuya, JESÚS, bastará para sanarme. Tú quisiste, Señor, que Pedro sintiera muy de cerca tu misericordia y tu perdón. Recordaré sus mismas palabras repetidas entre sollozos aquel día junto al lago: ‘Señor, tú sabes cuánto te quiero’. Pensando yo la escena de su curación, te diré también ahora en verdad, de corazón: Jesús, amigo, tú sabes que Nicodemo también te quiere. Si inconstante y poco consecuente, yo me comprometo a no dejarte nunca, aunque costase. Vigilaré por no caer en la desconfianza ni la cobardía. Ten piedad de mí, Señor, y de nosotros todos tan frágiles y temerosos, solo pobres pecadores, mas por ti enamorados. Adiós, Señor, hasta otro día.»

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(Verán más capítulos más adelante y en “Cómo orar”, de Nicodemo M.)

La presencia

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«Por mi parte, les prometo que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo», san Mateo c.28

Pisando todavía terreno de ausencias y de muerte, llegó la ocasión de levantar la vista y traer al blog algún canto o poema de aire sencillo y piadoso, testimonio de la Pascua, paso de la muerte a la vida, celebrando la resurrección. Será nuestro modo de evocar la discreta presencia y el trabajo incesante de Jesús de Nazaret. En efecto, para el creyente Jesús es el Señor, que abraza y engrandece sin límites todo espacio y tiempo; él puso punto y final a las sombras de tanto dolor y llanto, él esperanza y promesa, llamarada de amor que brillará para siempre.

¡Qué alegre es tu presencia,
Señor resucitado,
cuando la fe te encuentra
porque te fue buscando!

La fe es la Magdalena
que te busca entre llantos.

Mi aleluya hoy se eleva
y vuela de mis labios,
tejiendo con sus vuelos
tapiz de alegres salmos.
Tu paz y tu alegría
-Señor resucitado-
ponen alas y ritmo 
a mi fe y a mi canto.

JL Mtez González

«Sin haberlo visto, lo aman, y sin contemplarlo todavía, creen en él, y se alegran con gozo indecible y radiante, alcanzando así la meta de su fe: la salvación personal», I san Pedro c.1

= = = =

Me hablaron de una oda A la Ascensión, un poema de Fray Luis de León. Recordarán que este fraile fue preso de la Inquisición española por traducir al castellano el libro de amor de la Biblia “El Cantar de los cantares”. Aquí tienen los versos de Fray Luis cargados de nostalgias e incertidumbre, de cariño e interrogantes, por la ausencia de Jesús a los ojos de sus amados discípulos:

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto,
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los agora tristes y afligidos,
¡a tus pechos criados,
de Ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura
¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube envidiosa
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Quiero verte | El ciego del camino

vela_india-bl«Al salir Jesús de Jericó, el ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
– Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús le dijo:
– ¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
– Maestro, que pueda ver.
Al momento recobró la vista y lo seguía por el camino», s Marcos c.10.

Para algunos será la mejor oración: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Es oración humilde y confiada, insistente, como el publicano que reconoció en la puerta del templo su pecado, y esperó ser recibido.

:: No veo, no creo, no conozco… Muchos en el evangelio confesaron su necesidad y su ceguera, siguieron las huellas de la luz y soñaron con un nuevo día: ver, conocer, ser amigo y seguidor de Jesús de Nazaret. Será la fe del evangelio, “Quiero verte, Señor”.

El ciego del camino dejó todo, su puesto en el camino y su lamento, dejó su manto, y casi a ciegas caminó junto a Jesús contento, copiando su vida y su palabra, su compasión. Será otro Jesús, en otros lugares y para otras gentes, irá donde Jesús no llegó a pasar, “para consolar a los abatidos, abrir los ojos de los ciegos y soltar las cadenas de los encarcelados”.

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:: Recordaron la liturgia de su propio Bautismo y de la Pascua, impresa en algunos presentes, memoria y canto a la vez:

“Él nos libró de nuestra ceguera, nos devolvió la confianza en nosotros mismos y nos puso en camino. Así como cuentan de aquel mendigo ciego que en las puertas de Jericó oyó pasar a Jesús de camino y al oir que le hablaba, enloqueció de alegría, pareció olvidar su ceguera, y puso ya todo su empeño en sólo amar y seguir al Nazareno.”

EL CIEGO DEL CAMINO

Seguir tus huellas
como ciego curado en el camino
sin manto ni sandalias
cantando por valles y colinas,
sin monedas ni pan ni vino
solo contigo
al calor de tu figura amiga
que sientes y adivinas.

:: ¿Cómo resumir esta experiencia de fe y de seguimiento?

«Los enfermos y abandonados buscando cobijo se acercaban a él y él a ellos. El encuentro se convertía en una fiesta íntima que permanecía después imborrable. ¿Qué creen que es la fe sino un vivir enamorada de esa primera llama encendida y de su rescoldo nunca del todo apagado? La huella del primer encuentro nos acompañará en la búsqueda, nos guía entre cañadas oscuras, madurando y dando buen fruto… El amor primero celosamente guardado, lo fue todo: fiesta, luz, melodía y hoguera.»

(Vean en “María Magdalena #10”)

Pascua para todos

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Hola, amigos. Por la pasada fiesta de la Pascua un colega nuestro hizo llegar al blog su apuesta de resurrección para todos. A ver qué les parece.

«Yo resucito, nos dice el Señor, si ellos resucitan.
Yo soy el enfermo, el pobre prisionero, el anciano olvidado, el niño hambriento.
Soy también la mujer maltratada y la prostituida, tan llenas de sufrimiento…
Soy el parado que ve cómo se le apaga la esperanza.
Hoy soy todos los que marchan de su país, muertos de hambre y de miedo, buscando poder vivir, buscando la ‘dignidad’ del trabajo y del ‘ganarse el pan’.
Yo soy el que sufre sin nadie que le comprenda.
Espero resucitar. Tengo que resucitar.
Pero les necesito. Yo resucitaré, si ellos resucitan.
Solo así será buena la Pascua… ¡Buena Pascua!»

– El Señor nos necesita. Estamos empeñados en vivir el presente en solidaridad, inquietos por un futuro mejor, más fraterno ya y para siempre.
– Conocerán la foto que les puse. El Papa Francisco está siendo el maestro bueno que nos reeduca a todos en la misericordia. Un Jueves santo en la prisión romana.
– Viéndonos a veces tan ciegos e insensibles, rezaremos así:

«Tú eres la luz, luz que te entregas;
tú ciegas los ojos del soberbio
y curas al pobre su ceguera.
Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta.»

El silencio de Jesús

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Les hago llegar estas impresiones. En las fiestas ya pasadas de la Pascua y Semana santa, leyendo juntos la Pasión de San Mateo, rechinaron en nuestro interior esas piezas que parece no ajustan en el engranaje de la vida de Jesús de Nazaret:

: ¿Por qué no huyó ante la muerte inminente? “Después del beso de Judas, Jesús le dijo: Amigo, lo que vas a hacer, hazlo pronto”.
: ¿Por qué no se defendió con la fuerza? “Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y cortó una oreja al criado; Jesús le dijo: Guarda tu espada en su lugar”.
: ¿Por qué no se defendió ante Caifás? “El sumo sacerdote preguntó a Jesús: ¿Qué es esto que están diciendo contra ti? Pero Jesús se quedó callado”.
: ¿Por qué no se defendió ante Pilato? “Los jefes y los ancianos acusaron, Jesús no respondió. Pilato le preguntó: ¿No oyes lo que dicen contra ti? Pero Jesús guardó silencio”.

El silencio de Jesús, su actitud paciente frente a la burla, todavía hoy nos escandaliza. Con razón él dijo: “Todos perderán su fe en mí esta noche… Los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron”.

Mejor será no escandalizarnos de la Pasión del Señor, ni de tanto dolor injusto como hay en nuestro mundo. Ojalá pudiéramos con fe mirar y decir, como el romano testigo de la tragedia, “Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios”.

– ¿No será el silencio de Jesús su modo de disculpar tanta ofensa? ¿Será el silencio su más íntima oración, la palabra elocuente que nos salva? El silencio de Jesús de Nazaret fue entrega y perdón, misterio de amor.

La Pascua de Cristo

“TRAS LA MUERTE, LA VIDA TAMBIÉN FLORECE”

+ ¿Cómo definir en su justa medida la pobreza de un país tan pobre como HAITI? ¿Con qué palabras detallar el llanto de quien lo ha perdido todo? ¿Con qué frase atrapar la sed que cuartea los labios, el hambre que enjuta los cuerpos, la insalubridad que parasita estómagos, el desespero que ensombrece miradas?

Hay tanto sepulcro a nuestro alrededor, tanta muerte y desánimo, que cuesta creer en el triunfo de la VIDA. Hay tantas vendas que nos atan, que no es fácil salir de los sepulcros y caminar con Esperanza y Paz, la Paz de Cristo.

JESUCRISTO vive, su Vida y su Luz son definitivas, inagotables, comunicativas. Es la fe del creyente. El desánimo sólo paraliza y el miedo enmudece. Pasado lo peor, los discípul@s aseguran que es posible, es la Pascua cristiana.

+ Es probable que NICODEMO se encontrara con Jesús en su propia casa, cansados ya los dos y apesadumbrados, mas todo cambió con su presencia.

– La paz contigo, gracias por tus desvelos valientes y tus aromas generosas, cariñosas, tus consuelos allá en la cruz y cada día, en la roca profunda y oscura de la muerte.
– Lo reconoció porque partió el pan; para Nicodemo todo cambió, cantó y resucitó, fue posible nacer de nuevo.

+ Así describió Letitia M.H. su experiencia y la de su grupo en HAITI, semanas después de la catástrofe: “En la montaña de la tristeza, una cruz tomaba forma entre las manos de los artistas cubanos y los niños. Dos maderas cruzadas llenas de flores, palomas y colores… Al triste compás de un blues de la trompeta de Yasek M. muchos llegaron hasta la fosa común de tantos cuerpos sin vida. Allí donde antes reinaba una cruz negra, se yergue ahora otra repleta de colores. Pareciera entonces que sobre la muerte, la vida también florece”.

Haiti, entre llantos y rezos

Con esas palabras encabezó un medio de comunicación para explicar la noche de Puerto Príncipe, ‘una noche pasada entre llantos y rezos’, una noche bien larga y oscura.

:: A pesar de todo es necesario seguir creyendo, creer más que nunca en Dios Padre y en nosotros mismos, que podemos hacer las cosas mejor; quiero creer en la verdad de tantos detalles y caricias de estos días por salvar y ayudar a las víctimas del terremoto.

El cristiano sabe que la cruz y la muerte solo son la penúltima palabra, el amor y la vida permanecen, ¡Creo, Señor, pero aumenta tú mi pobre fe!

:: De corazón es lo que creo, siguiendo las huellas de Jesús de Nazaret en su pasión por el mundo. Mi súplica será como un murmullo ‘entre llantos y rezos’, adivinando entre lamentos su misma llamada, ‘Ven, sígueme’.

– ¿Por qué, Señor, por qué? ¿Dónde estás que no te veo?
– ¡Sálvanos, Señor, que nos hundimos!

:: Esta es mi oración desde el blog, en la oscura noche del mundo, creyendo sin ver, a tientas pero en camino con otros, con Él, buen samaritano siempre:

– Quiero amarte presente en mis hermanos, verte y servirte en los desamparados, sanar tus heridas en los afligidos.
– Pido recibir de ti y comunicar tu misma vida, esperanza sin fin, amor sin límites.
– Creo, Señor, pero aumenta mi fe; no te veo, no te oigo, pero te creo; te adoro escondido, te amo oculto, pero presente.

:: Diremos al fin un canto de victoria, con versos del obispo brasileño Dom Pedro Casaldáliga dedicados a Jesucristo.

“Mi fuerza y mi fracaso eres tú
Mi herencia y mi pobreza
Tú mi justicia, Jesús.
Mi guerra y mi paz.
¡Mi libre libertad!
Mi muerte y mi vida, tú.
Palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños,
¡cruz de mi cruz!
Causa de mi amargura,
perdón de mi egoísmo,
crimen de mi proceso,
juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza, ¡tú!
Mi tierra prometida eres tú…
La pascua de mi pascua,
nuestra gloria por siempre,
Señor Jesús.”

* Imagen: Vía Crucis africano, XIII Estación, Jesús en brazos de su madre.

Bendición de Pascua

Campanario 2:: Para este tiempo de luna llena y primavera, una bendición en la alborada de la vida nueva, en las primeras luces de esta Pascua que comparte ya algo de lo mucho que esperamos.

Que esta oración de Sabine Naegel nos recuerde tanto de bueno por sembrar y de humanidad por cosechar. Pascua es nueva humanidad, resurrección, estreno de luz y de vida, todavía en los comienzos.

– Bendice, Señor, mis MANOS para que sean delicadas y sepan tomar sin jamás aprisionar.
– Bendice mis OJOS, que vean la necesidad y no olviden nunca lo que a nadie deslumbra.
– Bendice, Señor, mis OIDOS para que sepan oír tu voz y perciban el grito de los afligidos, las voces que llaman, aunque turben mi comodidad.
– Señor, bendice mi BOCA para que dé testimonio de Ti y no diga nada que hiera o destruya, que sólo pronuncie palabras que alivian, que consiga despertar sonrisas.
– Bendice mi CORAZON, templo vivo de tu espíritu, que sepa dar calor y refugio, que sea generoso en perdonar y comprender.
– Dios mío, que puedas disponer de mí con TODO lo que soy, con todo lo que tengo; que mi vida sea de verdad como el pan y el vino, buenos para darse, agradables al compartir.

:: Algo así debieron suplicar a Jesús de Nazaret aquellos discípulos que caminaron desanimados hacia Emaús, mas luego regresaron alegres.

“Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, le rogaron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista.”