Gestos de Jesús

Se trató del buen hacer de JESÚS DE NAZARET que con su sola palabra o su mirada, con sus manos benditas, puso en camino, curó, repuso la alegría de cuantos confiaron en él.. Ahora prosigue la tarea con sus muchos amig@s y seguidores.

“No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos”. Veremos algunos gestos de Jesús que fueron curación y salvación, recuperación del cuerpo y también del alma, personas con sufrimiento y gran desconsuelo. Él mismo dirá: “Vengan a mí, yo los aliviaré”. También nosotros esperamos pacientes su bendición y caricia, una vez más.

+ Jesús tomó de la mano a la suegra de Simón, la levantó, y se le quitó la fiebre. 
+ Jesús amenazó al demonio: Calla y sal de ese hombre. El demonio lo tiró al suelo y salió.
+ Jesús sintió compasión por el leproso, lo tocó, y al instante se le quitó la lepra.
+ Jesús dormía en la barca, despertó, y dijo al mar: Cállate, cálmate. El viento se apaciguó.
+ Una mujer se acercó a Jesús y le tocó el manto: Si toco solo su ropa, sanaré.
+ Entró donde estaba la niña, la tomó de la mano y dijo: Niña, levántate.
+ Tomó los panes, dió gracias, los partió y dió a sus discípulos para que los repartieran.
+ Jesús puso sus dedos en los oídos del sordomudo, le tocó la lengua diciendo: Ábrete.
+ El espíritu malo sacudió al niño, Jesús lo tomó de la mano y lo ayudó a levantar.

SEÑOR, amigo de los pobres y de los atribulados, pondré mi vida en tus manos. Confiaré en ti en la salud y en la enfermedad, en la tristeza y la alegría, en la noche oscura y a la luz del día. Pongo en tus manos mi cuerpo y mi espíritu, mis sentidos, mis heridas, en tus manos de padre y amigo. Que yo aprenda a descubrir tu presencia y tu caricia sanadora en toda circunstancia, en la soledad y la enfermedad, en la vida y en la muerte. Déjame ahora seguirte, Señor, en tareas de ayuda y consolación, que yo pueda siempre en todo amar y servir.

(Sobre el tema verán también en nuestra entrada “Los milagros de Cristo”)

Las manos de la pascua

“Al atardecer los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: la paz con ustedes. Y les mostró las manos y el costado”, san Juan c.20.

“Al tercer día resucitó”, dirá sencillamente el credo cristiano más antiguo. El canto de pascua que hoy les traigo llamó mi atención, invitación a mirar bien lo que Cristo resucitado mostró a sus discípulos, sus manos de crucificado, “Miren las señales de los clavos en mis manos.. Soy yo, no teman”.

– Les ofreceré esto por mi aniversario, amig@s y seguidores. Largo y lindo poema /oración que encontré, que no olvidó los detalles, será como una densa confesión mutua de fe y amistad; la invitación a seguir adelante sin que la cruz tan dura interrumpa la relación, ni el aparente fracaso limite la urgente tarea que espera a sus seguidores y seguidoras. Vean.

” Y en esto entró Jesús, se puso en medio,
Soy yo, dijo a los suyos, vean mis manos;
serán siempre señal para creer,
la verdad del Señor resucitado.

Las manos de la Pascua lucirán
las joyas de la sangre y de los clavos,
alianzas de amistad inigualable,
quilates de un amor que se ha entregado.

Esas manos pascuales lucharán
para dar libertad a los esclavos,
proteger a los débiles, caídos,
construir la ciudad de los hermanos.

Manos amistosas, siempre unidas,
que nunca serán puños armados,
no amenazarán altivas y violentas,
amigas de la paz y del diálogo.

Oh Señor de las manos traspasadas,
Señor del dolor resucitado,
pon tus manos heridas en las mías,
que te cure del dolor en otras manos. “

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# Permitirán que les ponga aquí de nuevo por gusto estos enigmáticos versos “Las manos”, de Miguel de Unamuno, su contemplación del Crucificado de Diego de Velázquez:

« Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz! ».

– El Cristo de Velázquez, III,20 –

(Imagen: Rostro de Cristo, fragmento, K. Argüello)

Manos amigas

– Alguien que te quiere bien pensó poner en versos algunos párrafos de tu entrada “Las manos de Dios”, diálogo entre la criatura y su creador. Que pueda servir de recuerdo y testimonio de amistad, también como canto y rezo del corazón al divino señor.

MANOS AMIGAS

«Manos de alfarero
trabajan mi arcilla tierna
acariciando dan forma y belleza,
fragilidad y pobreza.
Me dejaré hacer a su imagen,
trabajador incansable
haciéndome suyo.

Manos de padre
dan la mano y acompañan,
mi vida en sus manos.
Él me levanta y abraza
me recibe en la casa,
me lleva de su mano
a la mesa que prepara.

Manos que abrazan mi indigencia y mi pecado,
padre y madre que reconforta.

Manos de pastor guían mis pasos
por un camino llano,
él va conmigo, nada temo.
Si me pierdo me toma en su brazo,
cura mis heridas;
si cansado
me acaricia y consuela.

Él me anima a seguir el camino y vigila mis pasos,
dejándome libre.

Manos de viñador,
que cuidan su viña y mi vida,
que esperan los frutos.
Él riega la tierra con el sudor de su frente
y su agua buena;
su mano podará lo reseco, limpiará lo que estorba.
Con él, sarmiento en la vid, correrá por mis venas
su misma vida.

Manos amigas
estrechan las nuestras,
acarician y sanan.
Manos heridas que sufren y rezan
deseos y menosprecio.
Manos que tiemblan y hablan,
en silencio.»

cenefa-r

– Añadiré la súplica confiada, en unos días de oración en la montaña: “Haz Señor que sienta tu amor en la mañana y me acompañe todo el día; alarga tus manos y aprieta, entre las tuyas, mis pobres manos”.

Las manos de Dios

Traigo unos pensamientos que escuché y me gustaron, por si les ayudan a entender mejor a Dios, de quien la Biblia hablará con imágenes de la vida, por la relación entre el artista y su obra. Sabiendo tan poco como sabemos de Él, cómo adivinar lo que siente mirando sus manos, o al ver su hacer imaginar su propio querer.

rodin-ManosEl Dios de Jesús de Nazaret solo quiere la vida y el bien nuestro. Jesús así lo manifestó, y sus discípulos continuaron su trabajo de bendecir y curar, de perdonar. Al final, si hacemos las cosas bien, nosotros mismos seremos las manos de Dios.

Manos amigas, sus manos que estrechan las nuestras, manos trabajadoras que acarician y sanan, manos heridas y enclavadas, manos que rezan y salvan. Así como dicen que el rostro refleja el alma, las manos expresan su necesidad y deseos, el cariño interior como también el menosprecio o el odio. Las manos hablan en silencio. Estas cuatro imágenes puedan bastar para caer en la cuenta y reconocer.

Manos de alfarero, que trabajan mi arcilla tierna y acariciando le dan forma y belleza, tanta como fragilidad y pobreza. Me dejaré hacer a imagen suya, a imagen de Jesucristo, al que deberé parecerme. Trabajador incansable siempre haciéndome suyo.

Manos de padre, que da la mano y acompaña, mi vida en sus manos, él me levanta y abraza, me recibe en la casa y lleva de su mano hasta la mesa preparada. Manos que abrazan mi indigencia y mi pecado, amor dichoso de padre y de madre que conforta.

Manos de pastor, que guían por un camino llano, nada temo porque él va conmigo. Si me pierdo me toma en sus brazos y cura mis heridas; si cansado y agobiado, él me acaricia y consuela, me anima a seguir el camino. Él vigila mis pasos, dejándome libre.

Manos de viñador, que cuidan su viña y mi vida, que esperan los frutos, riega la tierra con el sudor de su frente y su agua buena, sus manos podarán lo reseco, limpiarán lo que estorba. Con él, sarmiento unido a la vid, correrá por mis venas su misma vida.

– Para final pondré la oración de Charles de Foucauld (+1916), escrita parece al meditar de Jesús su oración difícil en Getsemaní, su confianza y abandono total en las manos de Dios:

«Padre mío,
me abandono en Tí,
pongo mi vida en tus manos,
te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque Te amo, y es para mí
una necesidad de amor el darme,
sin límite, con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.»

Tal ve sea cierto, según me dijeron, este dicho tan prometedor: ‘Quien pone todo en las manos de Dios, verá la mano de Dios en todo’.

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* Imagen: La Cathédrale, 1908, Auguste Rodin (+1917). “Tallada en la piedra, La Cathédrale reúne en una misma obra dos manos derechas, que pertenecen a dos figuras distintas. Se ha titulado ‘L’Arche d’alliance’ antes de adoptar el título de Cathédrale, que se le dio cuando se publicaron Cathédrales de France por Rodin en 1914. El espacio interior que se desprende de la composición permite ver una correspondencia con la arquitectura gótica.”, cfr. Musée Rodin.

-Textos del Pastor y del Viñador: Salmos 23 y 80.
-Vean también el poema “Manos amigas”.

Las manos atadas de Cristo

EcceHomo_Jan Provost (Mons, 1465 – Brujas, 1529)bEs un tema de espiritualidad para la fe, pero también un tema de arte para la sensibilidad y la contemplación. Fue sugerido por un sabio teólogo que invitó al auditorio a contemplar el interior de Cristo al verlo así tan cruelmente maniatado como si fuera un malhechor, no habiendo pasado su vida sino en hacer el bien. Un Cristo que en Semana santa paseará por nuestras calles y veremos malherido en los tronos del desfile.

– Jesús de Nazaret trabajó con sus manos de carpintero hasta los treinta años, y marchó en dirección al río Jordán donde Juan bautizaba.
– Al final de su vida, antes del juicio y condena, será hecho preso y sus manos atadas, más tarde crucificadas.
– También imaginamos a Cristo orando al Padre, juntas sus manos, temblorosas y suplicantes.
– Privado de libertad, interrumpirá su tarea humanitaria de bendecir, curar y hacer el bien.

“Extendió la mano y tocó al leproso, ¡queda limpio!”
“Tomó de la mano a la niña muerta, ella se puso en pie.”
“Jesús metió sus dedos en los oídos y tocó la lengua del sordomudo.”
“Jesús tomó de la mano al ciego, le aplicó las manos y lo curó.”
“Él tomó los cinco panes y los dos peces, los bendijo y los repartió.”
“Jesús extendió la mano y sacó a Pedro del agua.”
“Le acercaron unos niños para que les impusiera las manos.”
“Jesús tomó una copa, y tomó un pan, dio gracias, lo partió y se lo dio.”
“Los guardias de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.”
“Les enseñó las manos y el costado, los discípulos se alegraron.”
“Levantando las manos, los bendijo y se alejó de ellos.”

Sin duda quedaron los lectores a la espera de percibir también ellos la caricia sanadora de las manos del Señor. Será buena ocasión para recordar a sus seguidores la misión que trae, contada por él mismo:

«He venido para sacar a los presos de las cárceles,
para que los ciegos recuperen la vista
y dar de comer al hambriento,
para consolar a los tristes y dar cobijo a los sin techo»

Permitirán que les ponga aquí por propio gusto y devoción, estos enigmáticos versos de Miguel de Unamuno que reconocerán pronto por los hechos evangélicos mencionados:

«Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz!»

Las manos, El Cristo de Velázquez, III,20.

* Imagen: Ecce Homo, Jan Provost, c.1490. “Pilato mandó azotar a Jesús, lo sacó fuera y les dijo: Aquí tienen al hombre. Todos gritaron: ¡A la cruz!”.

(Vean también el post “Las manos de Dios” )