El bien y la verdad

Escuché leer en una celebración el sencillo texto que hoy les traigo, lleno de deseos de cambio. Señala otro camino posible, el camino del bien y de la verdad. Encontrarán un parecido con la oración “Instrumentos de paz”, que gustaron como atribuída a san Francisco de Asís.

“Jesús maestro y amigo,
concédeme la gracia de amar en lugar de odiar;
de reír en lugar de llorar;
de crear en lugar de destruir;
ser constante en lugar de abandonar;
de alabar en lugar de criticar
y de curar en lugar de herir;
concédeme Señor la gracia de dar y no retener;
de apreciar en lugar de reprochar;
actuar en lugar de aplazar;
de crecer en lugar de consumirme
y de vivir en lugar de morir”.

: El texto contiene sin duda dificultades y empeños personales de cada uno.
: Temas de evangelio que fueron deseos de Jesús de Nazaret, más tarde serán del discípulo imitando al maestro.
: ‘Estén vigilantes y oren para no caer en la tentación’, dijo.
: Y también: ‘Vivan alerta, pues no saben cuándo vendrá el Hijo del hombre’.

Cada cual podrá añadir súplicas sobre sus propios puntos débiles . . Recordarán entonces la táctica del mal espíritu, en los Ejercicios espirituales: “El enemigo de natura humana mira nuestras virtudes, y por donde nos halla más flacos y más necesitados, por allí nos ataca y procura derrotar”, n. 327.

Yo estoy a la puerta

Inspirado en su meditación asidua de la vida de Cristo, un misionero de Madagascar ya fallecido escribió tiempo atrás el poema oración que les pondré hoy en el blog. El autor tomará el punto de vista del mismo Jesús que expresó con frecuencia su pena ante la multitud abandonada.

– “Lo que harán por esos pequeños, conmigo lo harán. Serán benditos si fueron compasivos”. El Señor conoció de cerca nuestra indolencia, aseguró sentirse identificado con quien quedó malherido, y también con quien tuvo misericordia.

Jesús de Nazaret nos está invitando a mirar hoy con sus ojos la pobreza y el dolor de muchas personas, algunas vemos cada día en nuestras plazas y nuestra pantallas, rostros tristes y doloridos, interpelantes, víctimas de pobrezas y violencias.

– “Miren que yo estoy a la puerta y llamo, si oyeran mi voz y me abren, entraré y cenaremos juntos”, Apocalipsis c.3.

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«El Dios que conozco
permanece a la sombra de mi casa.
Cada día pide un poco de arroz,
más aún, una mirada de cariño, un rostro acogedor.

El Dios que conozco nació en un pesebre
y murió en un leño.
Y desde una cierta mañana de Pascua,
va de acá para allá por el mundo,
se confunde entre la muchedumbre anónima,
entre los olvidados, los rechazados,
y nueve de cada diez veces no es reconocido.

El Dios que conozco no tiene poder.
Me dice que tiene hambre, que tiene sed, que está desnudo,
que es extranjero, que está preso.
Creí entender su voz el otro día:

‘Estoy siempre con vosotros, nunca os he abandonado.
No me dejéis morir de hambre,
no me dejéis una noche más sin techo, sin calor.
No me dejéis en tanta aflicción.
Llamo a la puerta, pero nadie me responde.
Hace frío, estoy solo, nadie viene en mi ayuda’.

El Dios que yo conozco se llama Jesucristo,
permanece a la sombra de mi casa.»

Jacques Couture ~ 1986

– “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o te vimos forastero y te recibimos? . . Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de mis hermanos, me lo hicieron a mí”, san Mateo c.25.

Inicio de curso

Me pasaron una sencilla oración que yo mismo completé, y ahora comparto en el blog como otras veces. Fue escrita para el inicio del curso, será útil también para el comienzo de una actividad, en cuanto asome una inseguridad, si se busca ayuda y precisa confiar.

Deberemos confiar no solo en nosotros mismos, sino en la gente cercana, también en Dios si soy creyente y quiero compartir con Él mis tareas e inquietudes, las de cada día y las más excepcionales; le ofreceré un lugar, invitándole a participar, buscando su colaboración, porque juntos queremos ‘trabajar en su viña’ . .

Si nuestros deseos fueron firmes y nuestras peticiones sinceras, diremos la necesidad de ayuda, pero también la confianza, nuestra alegría y amistad, escapando así de la soledad; desearemos lo bueno y lo mejor para todos, para el grupo y para el trabajo, por los amig@s, quienes estamos de corazón empeñados en lo mismo.

Para iniciar el curso

¡Acompáñanos, Señor,
guíanos por el camino justo!

Al comenzar este curso, Señor,
nuestros corazones quieren llegar hasta ti
en busca de tu presencia y tu mirada.

Da respuesta a nuestras preguntas,
ayúdanos en nuestras inquietudes,
en ti confiamos.

Ponemos en tus manos
nuestros miedos e ilusiones,
también ponemos la pureza
y sinceridad de nuestra búsqueda.

¡Guíanos, Señor, tú que eres bueno!

Que nuestra boca sea este curso
expresión de nuestro interior;
que nuestras palabras vengan
de lo hondo y sean verdaderas.

¡Señor, que podamos ver todo con limpio corazón!

Abrimos ante ti los proyectos
y planes de este nuevo día,
del nuevo curso.

Te ofrecemos lo que somos y tenemos;
anímanos en la dificultad,
para que seamos fieles colaborando
y constantes en el proyecto.

¡Acompáñanos siempre, Señor,
bendícenos, y guíanos por el camino justo!

Elegir bien ~ Dos espíritus

# Algunos sintieron curiosidad por saber más del tema, al leer aquí mismo días atrás:

“¿Cómo saber si estoy siguiendo los pasos del mal espíritu? Por el rastro que deja, por sus efectos en mí. A diferencia del espíritu bueno, el maligno deja impaciencia y tristeza, distancia de Dios y mucho amor propio, cerrazón y oscuridad en el alma, orgullo y autoengaño” (‘Liberación del mal’).

El punto de partida fue la contrariedad sentida en el interior de cada uno, como en un combate espiritual. Será poco decir que fue ‘la voz de la conciencia’, o una inquietud por heridas o culpas pasadas.

Escoger entre un camino de bondad y libertad y otro de egoísmo y servidumbre, ese será el problema. La persona que se vió a sí misma como dividida, rota e indecisa. Al creyente no le bastará la explicación de la psicología.

San Pablo trató el tema como un conflicto personal, un dilema sin resolver:

“No entiendo mis propios actos: no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. No soy yo quien obra el mal, sino el pecado que habita en mí. El hombre interior se siente de acuerdo con la Ley de Dios, pero otra ley lucha contra la ley de mi espíritu, y me hace esclavo”, a los Romanos c.7.

# Para que la libertad tome bien sus decisiones, el libro “Ejercicios” de Ignacio de Loyola aportó unas ayudas para discernir o distinguir la acción de los dos espíritus.

A la búsqueda de conocer mejor la voluntad de Dios y de ponerla en práctica, tomaré nota de las diversas consecuencias para mi vida, y de la huella que uno y otro espíritu dejaron en mí:

Esp° del BIEN . . | . . Esp° del MAL

– alegría . . . . . . . . . tristeza
– paz . . . . . . . . . . . inquietud
– fe . . . . . . . . . . . oscuridad
– esperanza . . . . . . . desaliento
– apertura . . . . . . . cerrazón
– amor . . . . . . . . . distancia
– ánimo . . . . . . . . . desánimo
– confianza . . . . . . . . . temor
– humildad . . . . . . . . . soberbia
– entrega . . . . . . . . . repliegue
– acogida . . . . . . . . . exclusión
– reunión . . . . . . . . . dispersión
– vida . . . . . . . . . . . muerte

En la oración más conocida de Jesús de Nazaret, la última petición reflejó bien su propia experiencia: “Padre nuestro . . No permitas que caigamos en la tentación, y líbranos del Maligno”.

[Imagen: H. Matisse, Blue nude, 1952]

# Terminaré ahora el tema con estos versos que fueron también canto. La palabra que de lejos llegó al corazón a veces para herir, también para curar y salvar:

«Hay palabras que hieren o matan,
hay palabras que ahogan y arañan.
Palabras vacías, palabras gastadas,
palabras que hielan, palabras que cansan.

Y palabras serenas, palabras que calman,
palabras que llenan de noche callada.
Palabras que crean, palabras que sanan,
palabras tan tiernas, palabras que salvan.

Y el silencio donde curo tanta palabra.
Y el silencio donde busco Tu Palabra.»

[Al-Haraca, Palabras de vida]

La humildad

LLegarán textos, poemas, oraciones . . Compartir en internet causa satisfacción. Como aquel muchacho que vió muliplicarse al infinito sus cinco panes compartidos, llenando de alegría al Maestro, los discípulos y a la gente con hambre. Una bendición y un mar de sonrisas.

Rafael Merry del Val -Londres 1865, Roma 1930- ilustre ministro secretario de Estado del Papa Pío X, retirado de la vida pública compuso una ‘Letanía de la humildad’ que recitaba cada día después de la misa.

:: Qué es la humildad, para qué sirve. Santa Teresa de Ávila lo expresó así: “Dios es verdad, y la humildad es andar en verdad”. En el humilde hallaré verdad y libertad; en el soberbio mentira y tiranía. Entre tantas voces y certezas, el humilde se siente inseguro pero sereno.

“Si permanecen en mi palabra, serán en verdad discípulos míos, conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”, san Juan c.8.

Ecce homo | Honoré Daumier, 1852

:: Se dice que la humildad verdadera será madre de otras virtudes: facilita la acogida, la ayuda desinteresada, el servicio. ‘Dios es humilde’ escribió alguien, y el mismo Jesús de Nazaret se autodefinió como “manso y humilde de corazón”. Fue fácil imaginarlo así.

Y nosotros, ¿qué valor damos a esta pequeña virtud? ¿qué utilidad le vemos? Conocer y tratar una persona humilde dicen que será una gran suerte . . Resumiré pues y rezaré la vieja letanía de monseñor Merry del Val:

«Jesús manso y humilde de corazón:

-Del deseo de ser estimado, líbrame Jesús
-Del deseo de ser alabado . . .
-Del deseo de ser aplaudido
-Del deseo de quedar bien
-Del deseo de ser preferido a otros.

-Del temor de ser humillado, líbrame Jesús
-Del temor de ser despreciado . . .
-Del temor de ser olvidado
-Del temor de ser juzgado.

-Que otros sean más estimados que yo, dame la gracia de desearlo
-Que otros sean alabados y de mí no hagan caso . . .
-Que otros sean preferidos a mí en todo
-Que los demás sean más santos que yo, con tal que yo sea todo lo santo que pueda.»

:: Recordarán también este texto del evangelio, una oración muy propia de Jesús de Nazaret, dando a conocer las preferencias de Dios:

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado los secretos del Reino a los sabios y entendidos y se los has dado a conocer a la gente sencilla”, san Lucas c.10.

Aparecieron pronto en la primera comunidad cristiana los aires de superioridad, las tentaciones de soberbia y las envidias. Así lo dió a entender un texto de san Pablo que puso como ejemplo a Jesucristo humilde servidor:

“Si me hacen el favor, no hagan nada por rivalidad o vanagloria. Que cada uno tenga la humildad de creer que los otros son mejores que él mismo. No busquen sus propios intereses. Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, hecho siervo”, a los Filipenses c.2.

Adiós, Vicente


“Qué hermosos en los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena noticia, que anuncia la liberación, que dice a Sión: ¡Ya reina tu Dios!”, Isaías c.52.

Pasados los días, pensé reproducir aquí aquella entrada de septiembre de 2009 con la oración suya “Dime tu nombre”, en memoria de nuestro amigo Vicente Marqués. Descansó ya con Jesucristo, fue su seguidor fiel en trabajos y fatigas, también ahora sin duda seguirá sus pasos en la gloria. Gracias, Vicente, contamos contigo.

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cto_por-Georges-Rouault

16 septiembre, 2009

“Oración a Jesucristo, dime tu nombre”

. . Así habló a su amigo Jesucristo mi amigo Vicente. Me gustó la súplica, con su permiso quise ponerla aquí y prestarla a más gente. Unos y otros soñaron que él los escucha y a todos comprende, le rezarán así:

“Quiero conocerte como tú eres.
Dime, Jesús, tu nombre verdadero.
No he de buscarte, tú me buscas, tú no estás lejos.
Tú tan grande y tan conmigo, tan Dios y tan humano.

Tú, mi alegría, mi ansia sin descanso,
mi llaga más íntima, mi destino inevitable y deseado,
mi meta y fundamento;
mi fe y mi confianza; mi fuerza, mi roca,
mi refugio y mi defensa;
mi verdad también, la clave de mi historia.

Tú mi norma única y mi ley, el aire que respiro;
la luz con la que mis ojos ven el mundo y su grandeza;
el corazón con el que amo el mundo y su miseria.

Dime tu nombre verdadero, ser de mi ser,
para que yo se lo diga
a los que buscan y no saben qué;
a los que sienten la muerte en el corazón mismo de la vida y piden prodigios, demostraciones;
a los que te arrinconan, pieza de museo
o ilustre personaje histórico;
a los que te reducen a una idea.
Quiero conocerte como tú eres, Jesucristo,
dime tu nombre.”

* Imagen: Santo Rostro, 1946, Georges Rouault. El Rostro de Cristo quiere manifestar su amistad y simpatía para cuant@s lo admiran y siguen.

Liberación del mal

En la página católica aleteia.org pude leer una oración que recoge la preocupación de algunas personas, viéndose atemorizadas por el poder del mal y del maligno sobre su vida. A veces costó creer en el bien y la bondad.

La oración será un gesto de fe, de relación con el Señor bueno y fuerte. Él desea que nos sintamos libres y no esclavos de nada ni de nadie, que vivamos en la confianza y el amor, no en el temor. Deseo que les ayude si lo precisan.

A los discípulos encerrados por el miedo, Jesús les dará aliento y fuerza divina para perdonar, echar demonios y sanar todo mal. Les enseñó a pedir cada día “no caer en tentación y verse libres del maligno”.

# Oración de liberación por los males que nos atormentan:

Supliquemos a Dios que vivamos libres de los males corporales y espirituales. Señor, eres grande, eres Dios, eres Padre. Líbranos del maligno que nos amenaza y esclaviza.
.. De la angustia y la tristeza, líbranos, Señor.
.. De los pensamientos de agresión y de muerte, líbranos, Señor.
.. De los pensamientos de suicidio y de violencia, líbranos, Señor.
.. De la división de la familia, de toda amistad que nos aparta del bien, líbranos, Señor.
.. De todas las formas de maleficio y de cualquier mal oculto, líbranos, Señor.
Señor, que dijiste “Les dejo la paz, les doy mi paz”, concédenos por intercesión de María virgen y de los santos, la liberación de toda maldad y maldición, la gracia de gozar siempre de tu paz.

# ¿Cómo saber si estoy siguiendo los pasos del mal espíritu? Por el rastro que deja, por sus efectos en mí. A diferencia del espíritu bueno, el maligno deja impaciencia y tristeza, distancia de Dios y mucho amor propio, cerrazón y oscuridad en el alma, orgullo y autoengaño.

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho”, Génesis c.3.

# Recuerden ahora el llamado ‘Padre nuestro’ de Nicodemo que dice así:

«Padre nuestro, padre de todos, padre del cielo, tú quieres sólo nuestro bien; cúmplase tu voluntad, tus mejores deseos, tu reino; que todos te conozcan, te quieran y bendigan.
-Que de la casa no me aleje ni me pierda; sálvame señor, no dejes que de tu bondad dude ni desconfíe, que no caiga en la red del tentador.
-Da a todos cada día su alimento, que perdonemos siempre como tú nos perdonas; de la noche del mal líbranos y de la muerte en sombras, danos de tu vida cada día y de tu aliento».

Orar con Nicodemo #6

De nuevo podrán leer aquí unos papeles de oración de Nicodemo, el discípulo de última hora que de noche se interesó por Jesús de Nazaret. Esta vez recordando y celebrando la Ascensión del Señor, Nicodemo rezó en su nueva comunidad. Sintiéndose unido al resto de los creyentes, pedirá con insistencia ‘Quédate con nosotros’. Fue cierto, Jesús dejó el lugar de Dios para hacerse hombre y siervo de todos; ahora tras su muerte y resurrección se le confiesa “sentado a la derecha del Padre”, su nueva situación, su señorío y relación privilegiada con Dios nuestro Padre. Desplazamiento que no es alejamiento, sino presencia y trabajo de fondo por nosotros y con nosotros.

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Los discípulos pudieron quedar mirando al cielo, pero son invitados a mirar a la tierra, mirar al futuro y salir en misión. En esa cita misteriosa de Galilea, la principal tras la resurrección, imaginaremos con el grupo de los apóstoles a otros muchos, a José de Arimatea, a la Magdalena, a María de Nazaret y Nicodemo, a los amigos de Emaús. En la montaña de Galilea vieron a Jesús resucitado resplandeciente por su bondad y belleza, mas al punto de ocultarse, como el sol, deslumbrando la última vez. Así oró Nicodemo esta vez, adivinando ya un amanecer:

QUÉDATE CON NOSOTROS, PORQUE OSCURECE

«Inspirado en aquellos discípulos temerosos de la noche pero ávidos de tu presencia, quiero rezar contigo por todos los pueblos de donde llega a nosotros la presencia de mucha tiniebla de muerte y violencia, pueblos lejanos con gran necesidad todavía hoy de evangelio. Yo pediré con fe: Quédate con nosotros, SEÑOR, acompáñanos porque no siempre supimos comprender y reconocerte. Quédate con nosotros, Jesús amigo, porque nos rodean densas sombras que nos impiden ver bien. Tú eres la Luz, en nuestros corazones se insinúa la desesperanza. Cuesta reconocerte en el pan partido y en el hermano de cerca, resulta difícil amar al enemigo como tú nos mandaste. Cansados del camino, sabemos que tú nos reconfortarás. Deberemos ser testigos de la vida resucitada, nueva vida, amanecer de una humanidad nueva. Quédate con nosotros, Señor, cuando surge la niebla de la duda o el peso del cansancio; cuando la fe se oscurece y cuesta adivinar el horizonte. Tú nos explicarás paciente también ahora el sentido de cuanto sucede. g-artur-24Quédate en nuestras comunidades, sostenlas en sus dificultades, dales consuelo en su cruz y penalidades, en su fatiga de cada día. Fortalece nuestra natural debilidad, engrandece nuestra humillación. Tú que eres la VIDA, quédate en nuestros hogares, que se ame y respete siempre con generosidad la vida de todos. Quédate, Señor, con nosotros presente entre los más vulnerables, en los más pobres y los enfermos incurables, entre los emigrantes y refugiados, en las mujeres maltratadas y en los ancianos abandonados, en los que perdieron la esperanza. Quédate, Señor, con nuestros niños y nuestros jóvenes, bendícelos con tu luz, ellos serán la esperanza del Reino para el mundo. Fortalece en todos nosotros la fe en ti. Queremos ser ahora tus amigos y discípulos incondicionales. Con la experiencia de encontrarte en nuestro camino y en el partir el pan, seremos gracias a tí misioneros valientes, testigos que anuncian la buena noticia con obras y de verdad. Tú eres la Buena noticia, ¡Jesús vive, es el Señor, él será nuestra paz y alegría para siempre! Tú nos llamas de nuevo y nos envías. Gracias. Adiós, Señor, hasta otro día.»

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Luz

Pensé ofrecerles por el aniversario esta pequeña entrada, sincera, agradeciendo mucho su amistad.

+ Junto a la mesa dispuesta para la ofrenda de velas en una Iglesia, descubrí la sencilla oración que hoy les pondré aquí. Confío les guste, que resuma bien alguno de nuestros mejores deseos, que se cumplan, que sirva así de oración y bendición para todos los que la lean. Gracias.

“SEÑOR,
que esta lámpara que enciendo sea:
LUZ
con la que ilumines mis dificultades;
FUEGO
que queme todos mis egoísmos;
LLAMA
que me enseñe a amar y servir.

SEÑOR,
hoy no tengo tiempo para más,
pero te dejo algo de mí mismo
en este símbolo.
Ayúdame a prolongar mi oración,
a lo largo de mi vida.”

+ Por mi parte les recordaré algunos versos del Salmo n.27, un canto de plena confianza:

– El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
– Él me protegerá en su tienda
el día del peligro,
me esconderá en lo escondido de su morada;
no temeré, levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca.

* En la ocasión vino a la memoria un antiguo post “Eres todo”.

Miradas al Cristo, la pasión

= Les puse aquí por estas fechas un soneto de Pasión para acompañar con afecto y sentimiento su devoción, en el ir y venir de cofradías e imágenes de Semana santa. Una invitación a mirar, decir y contemplar, con el corazón en la mano y la sincera impotencia, con el propio pecado, mas el deseo verdadero de no querer defraudar al amor ofrecido.

A JESÚS CRUCIFICADO

Delante de la cruz, los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando
y sin ellos quererlo estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis desvíos
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos querer estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
Y así con la mirada en vos prendida
y así con la palabra prisionera,
como a la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera
así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así cuando queráis me muera.

(R Schez Mazas)

= Recordaré asimismo este poema /oración, medieval y anónimo, que podrán también escuchar, “Alma de Cristo”, o cantado en su original latino:


= Fue frecuente su rezo al final de las Misas, parece que los Ejercicios ignacianos lo divulgaron:

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti,
Para que con tus santos te alabe,
Por los siglos de los siglos.