Las manos atadas de Cristo

Fue un tema de espiritualidad para la fe y un tema de arte para la contemplación. Sugerido por alguien que invitó al auditorio a considerar el interior de Cristo al verlo así cruelmente tratado como un malhechor, habiendo pasado su vida en hacer el bien.

Un Cristo que en Semana santa veremos pasar por nuestras calles, malherido y maniatado, en los tronos del desfile.

Jesús de Nazaret trabajó con sus manos de carpintero hasta los treinta años, fue al Jordán y Juan lo bautizó.
Al final de su vida, en su condena, fue hecho preso y sus manos atadas, más tarde crucificadas.
También imaginamos a Cristo orando al Padre, juntas sus manos, temblorosas, suplicantes.
Privado de libertad, cesará su tarea humanitaria de bendecir y curar.

– Extendió la mano y tocó al leproso, ¡queda limpio!
– Tomó de la mano a la niña muerta, ella se puso en pie.
– Jesús metió sus dedos en los oídos y tocó la lengua del sordomudo.
– Jesús tomó de la mano al ciego, le aplicó las manos y lo curó.
– Él tomó los cinco panes y los peces, los bendijo y los repartió.
– Jesús extendió la mano y sacó a Pedro del agua.
– Le acercaron unos niños para que les impusiera las manos.
– Los guardias de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.
– Les enseñó las manos y el costado, los discípulos se alegraron.
– Levantando las manos, los bendijo y se alejó de ellos.

# Sin duda quedaron a la espera de percibir también la caricia sanadora de las manos del Señor. Será buena ocasión para recordar a sus seguidores la misión que traerá de redimir y humanizar.

-El Padre me envió para liberar a los prisioneros, que los ciegos recuperen la vista y para dar de comer al hambriento, consolar a los tristes y dar cobijo a los sin techo. (Cf. s Lucas c.4)

# Les pondré aquí estos versos de Miguel de Unamuno, reconociendo bien los hechos evangélicos:

«Tus manos, las que abrieron a los ciegos
los ojos, los oídos a los sordos;
las que a la hija de Jairo levantaron;
las que en toque de amor como una brisa
de los niños las sueltas cabelleras
acariciaron; las que repartieron
en tu cena nupcial al despedirte
tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
que manan sangre. Cae sobre los ojos
de los que ven; cae sobre los oídos
de los que oyen; sobre los cabellos
de los niños también. Y llueve sangre
de las manos del Cristo taladradas
a tierra que fue manos pedigüeñas
antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
que les devuelva pordiosera vida.
¡Y con ellas apuñas sendos clavos
manejando los remos de tu cruz!»

Las manos, El Cristo de Velázquez, III,20.

# Palabras de un preso ante el Cristo que lo visita y acompaña, lava sus pies y consuela: “Soy un preso y Jesús de Nazaret camina conmigo. Desde el prendimiento en el huerto de los Olivos hasta que muere en la cruz, mi maestro fue un preso. Es lo que leo y creo».

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-Imagen: Ecce Homo, Jan Provost, c.1490. «Pilato mandó azotar a Jesús, lo sacó fuera y les dijo: Aquí tienen al hombre. Todos gritaron: ¡A la cruz!».

-Podrán leer reunidas varias entradas del tema «El Rostro de Cristo».

Un pensamiento en “Las manos atadas de Cristo

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