Apocalipsis, el final

La liturgia y su lectura bíblica nos ofreció semanas atrás el texto que me pareció entonces especialmente hermoso y sugerente. “Apocalipsis” significa ‘revelación’, sacar a la luz lo que permaneció oculto, las expectativas y el final de todo. Alguien descifró el enigma y lo contó.

Fue el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, para dar a conocer el sentido de todo lo que fue y el panorama figurado de lo que será. En imágenes y claroscuros, como en sueños, en prosa o poesía, que atrae y a la vez cuestiona.

– ¿El final de una etapa? ¿Cambios en la Vida? ¿Una Luz que ilumina, la niebla se disipa? ¿El fin último, el atardecer de la vida, de la propia vida? ¿Y después? ¿Amanecerá de nuevo?

L’Angélus | 1859 | Jean F. Millet

El mensaje del libro será más de confianza que de temor, de esperanza de Vida más que de muerte. Un final de acordes solemnes, una apuesta firme por la Vida y por la Luz. La actitud orante será la mejor del que espera confiado, aun sin saber el día ni la hora. Algo así sugirió Millet en su bello “Angelus”.

« El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río de agua viva, brillante como el cristal, saliendo del trono de Dios y del Cordero.
.. A mitad de la ciudad, a ambos lados del río, creció un árbol de la Vida.. Allí no habrá ya nada maldito. En la ciudad el trono de Dios y el del Cordero, sus servidores le prestarán servicio, verán al Señor cara a cara y llevarán su nombre en la frente.
.. Ya no habrá más noche ni necesitarán luz de lámpara ni del sol; el Señor Dios irradiará Luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos. El Señor Dios envió su ángel para mostrar lo que tiene que pasar muy pronto. Estoy para llegar. »

* Apocalipsis, c.22.