Bendición de Pascua

Campanario 2:: Para este tiempo de luna llena y primavera, una bendición en la alborada de la vida nueva, en las primeras luces de esta Pascua que comparte ya algo de lo mucho que esperamos.

Que esta oración de Sabine Naegel nos recuerde tanto de bueno por sembrar y de humanidad por cosechar. Pascua es nueva humanidad, resurrección, estreno de luz y de vida, todavía en los comienzos.

– Bendice, Señor, mis MANOS para que sean delicadas y sepan tomar sin jamás aprisionar.
– Bendice mis OJOS, que vean la necesidad y no olviden nunca lo que a nadie deslumbra.
– Bendice, Señor, mis OIDOS para que sepan oír tu voz y perciban el grito de los afligidos, las voces que llaman, aunque turben mi comodidad.
– Señor, bendice mi BOCA para que dé testimonio de Ti y no diga nada que hiera o destruya, que sólo pronuncie palabras que alivian, que consiga despertar sonrisas.
– Bendice mi CORAZON, templo vivo de tu espíritu, que sepa dar calor y refugio, que sea generoso en perdonar y comprender.
– Dios mío, que puedas disponer de mí con TODO lo que soy, con todo lo que tengo; que mi vida sea de verdad como el pan y el vino, buenos para darse, agradables al compartir.

:: Algo así debieron suplicar a Jesús de Nazaret aquellos discípulos que caminaron desanimados hacia Emaús, mas luego regresaron alegres.

“Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, le rogaron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista.”

La pasión de Cristo

“UN SOLDADO LE ABRIÓ EL COSTADO CON LA LANZA”

– ¿Cómo podemos los seres humanos llegar a causar tanto dolor y sufrimiento en nuestros semejantes? ¿Cómo puede el odio aliado con el poder producir tanta destrucción y muerte?
– ¿Qué decir de las prisiones secretas, de la tortura y el desprecio de la vida del prisionero o del indefenso? ¿Qué utilidad redentora pudo tener tanta injusticia y dolor?

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1 . La Pasión de Cristo fue pasión de dolor por la gran crueldad, mas también pasión de amor por el gran amor que comunicó. Quedó de manifiesto que el odio y la envidia hieren y matan. Solo el amor y la compasión salvan de la muerte y resucitan.

La Pasión de Cristo reveló que Dios tiene corazón, que el Padre está cerca del abandonado y maltratado, que llegará pronto para limpiar su rostro y librarlo de la muerte, para restaurar su dignidad.

2 . Algunos oyeron a Cristo rezar desde la cruz un murmullo con versos de salmos:

– Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
– Te invoco de día y no respondes, de noche sin descanso, no hay nadie para socorrerme.
– No despreció la miseria del pobre, no le ocultó su rostro, cuando pidió auxilio lo escuchó.
– En tus manos encomiendo mi espíritu. Ten compasión de mí, mi vida está en tus manos.

3 . La Pasión de Cristo duró toda su vida, cuando conoció el dolor o la ausencia de sus seres queridos, cuando vio llorar a los niños o penar a las madres, cuando oyó a lo lejos el lamento del leproso y el grito del hambriento.

Sus entrañas se conmovieron con frecuencia por el sufrimiento de sus semejantes, su corazón sangraba y sus labios callaban, sus ojos lloraban por la muerte de sus amigos, ante la mujer amenazada o el enfermo incurable.

4 . La Pasión de Cristo continúa ahora en tantas personas maltratadas, excluidas o humilladas, en la pobreza y muerte indignas, en injustas condenas, en las ideas perseguidas.

La Pasión prosigue también en la fidelidad del amor solidario, en el perdón ofrecido, en la compasión sin condiciones, en el buen samaritano de cada día y de cada hora, en los via crucis sin fin de pueblos y barrios del mundo.

«Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.»

(Via crucis VI, Gerardo Diego)

* Imagen: Icono de la Santa Faz o “Acheropita”, s.xvi, presentación del rostro de Cristo, la imagen desfigurada restablecida en su original dignidad y belleza.