El miedo

Un apunte sobre amores y temores. Detrás de cualquier miedo fundamental dicen que estuvo siempre la muerte como amenaza, y también la ausencia de amor, la soledad o la enfermedad, el miedo al abandono y al fracaso, el miedo a la libertad.

– Leí no hace mucho que nuestro corazón como un pozo pudo guardar fondos de amargura y rencor, de traición y de culpa que enturbiaron sus aguas . . Desearíamos que algunas cosas no hubieran ocurrido.

¿Cómo purificar el fondo del ser, que yo lo sienta limpio y transparente? ¿Cómo restaurar, reconstruir nuestra propia vida? ¿Cómo reconciliarnos con nuestra historia? ¿Qué hacer? Desenmascarar, destripar bien las entrañas y oscuros recovecos de nuestros temores, engrandecidos a veces sin razón, pues son irracionales. Por ejemplo:

• Imaginamos al otro como una amenaza para nuestro bienestar, o ante los extraños, nos refugiamos en nuestra madriguera, desconfiamos.
• Nos dan inseguridad y temor los que piensan distinto o creen diferente. Un error de principio, una ocasión perdida para ampliar horizontes.

Alguno de estos miedos robaron nuestra paz y felicidad, porque el miedo paraliza y encierra . . Si procedo al modo egoísta, no tendré verdadera felicidad; si comparto generoso lo que soy y tengo, llegará la alegría y pasará el temor.

Palabras evangélicas para la confianza:

• No teman, yo he vencido al mundo, el príncipe de tinieblas no podrá destruirlos.
• Solo teman a quienes pueden dañar el alma, su espíritu personal.
• Al irme les dejo mi paz, diferente a la del mundo. No se angustien ni tengan miedo.

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