+ Nueve meses antes de la Navidad fiesta de la Anunciación a María, la fiesta de la Encarnación. Dios quiso venir y pidió colaboración, y ella le dijo: ‘Sí, cuenta conmigo’. También nosotros queremos colaborar.
María será para los primeros cristianos modelo del nuevo camino propuesto por Jesus, modelo de bienaventuranza y maestra de evangelio, desde el corazón y el silencio. La tradición hablará de la ‘Bienaventurada Virgen María’.
«Las bienaventuranzas en el centro de la predicación de Jesús, con ellas recoge las promesas al pueblo elegido y las perfecciona, ordenándolas al Reino de los cielos.
. . Dibujan el rostro de Jesucristo y la vocación cristiana asociada a su Pasión y Resurrección; iluminan actitudes del cristiano, sostienen la esperanza en la tribulacion y anuncian recompensas.. En primer lugar en la vida de la Virgen María y de los santos» (cf. Catecismo IC)
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BIENAVENTURADOS, FELICES . . .
# Los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Maria puso su vida por completo en las manos del Dios de la Alianza. Su tesoro tras la Anunciación será su hijo Jesucristo, el Reino de los cielos en casa, y ella a su servicio.
# Los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. María modelo de humildad y amabilidad, contenta con lo que es y lo que tiene. Su mayor riqueza será hacer la voluntad de Dios, amar y servir. ‘Cielo nuevo y tierra nueva’ fundadas en la bondad.
# Los que lloran, porque ellos serán consolados. María manifestará así su compasión con los que sufren, los enfermos, los desamparados. Se puede llorar de alegría en Belén, también de pena al ver al Hijo crucificado por amor, esperando la consolación.
# Los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. María ve gente que sufre violencia, que pasa hambre, tirados en la puerta del templo, sin nadie. Tal vez acompañando a Jesús, ayudará en lo que pueda, consolando o repartiendo los panes.
# Los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. María, madre de misericordia, atenta a las necesidades de Isabel, de Jesús y de José, de sus amigos recién casados. Testigo en su propia vida de la gran misericordia divina, en ‘el Verbo hecho carne’.
# Los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. María solo buscó complacer, hacer la voluntad de Dios, no la propia suya. Oyó la voz de Dios y vio a Dios con nosotros, en sus brazos. Alabanza y adoración, abrazo y acción de gracias.
# Los que buscan la paz, porque ellos se llamarán hijos de Dios. María Reina de la Paz, nos trajo al Príncipe de la Paz, Jesús, que vino a salvar, a curar heridas, a perdonar. Con María trabajaremos para tender puentes, acoger, ayudar, con las armas del amor y la verdad.
# Los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. María, mujer fiel, Reina de los Apóstoles, que acompaña y consuela a las valientes seguidoras y discípulos de Jesús que entregan su vida cada día por el Reino de Dios, como pan bendito partido y repartido.
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+ SEÑOR, yo quiero vivir tus bienaventuranzas, fuente de felicidad. Dame hambre de justicia. Quiero parecerme a ti en la mansedumbre y la misericordia. Que yo sea trabajador de paz. Enséñame la limpieza de corazón, no buscando mi propia gloria, solo amarte y servirte a ti, Señor, y a mis hermanos. Amén +
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–Evangelio de san Mateo c.5
–Imagen: Virgen de la ternura, fragmento, E.Domingo
–En comentario resumiré unas notas del Obispo Benavent sobre la disponibilidad de la Virgen María.
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Dijiste Sí – La Anunciación – Luispo
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* «La vida, un don inviolable», es el lema de la Jornada por la Vida, por la Familia y la Defensa de la Vida, que la Iglesia celebra el 25 de marzo, la Anunciación del Señor. «Que nuestros jóvenes puedan formar una familia abierta a la vida, y que ninguna mujer tenga que recurrir al aborto por sentirse sola o sin recursos».
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«La docilidad a la voluntad de Dios se refleja en el relato de la Anunciación. María le dice al Ángel: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra” (Lc c.1).
Si meditamos estas palabras, podemos pensar que su entrega a Dios se caracteriza por tres rasgos:
– Fue una entrega incondicional. En el corazón del hombre hay una tendenci a poner condiciones a la voluntad de Dios… Que Dios se adapte a nuestros deseos, ponemos condiciones a Dios. María no pone ninguna condición.
– Se dio plenamente, sin reservas. En ese momento culminante María le entrega a Dios la totalidad de su persona y de su vida. En nosotros hay siempre una tendencia a quedarnos algo para nosotros.
– Fue un sí para siempre. A partir de ese momento, olvidándose de lo que queda atrás se lanza hacia lo que está por delante confiando y apoyándose en Dios. Se entregó al Señor y aceptó todas las consecuencias».
† Enrique Benavent Vidal, Arzobispo de Valencia, España.
–Cf. Aleluya – 7/12/2025