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¿Qué viste de camino
María en la mañana?
A mi Señor glorioso
la tumba abandonada,
los ángeles testigos
sudarios y mortaja
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
# Tiempo de la Pascua cristiana. Tomaremos los relatos de los evangelistas, que no hablarán de testigos de la resurrección, sino de testigos de Jesús de Nazaret resucitado. Personas y grupos concretos que dieron testimonio, vieron y escucharon al Cristo que fue crucificado y ahora resucitado, que aparece y desaparece, y lo sintieron cercano.
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«San Pablo les dijo en Antioquía de Pisidia: Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Durante muchos días se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo» (Hechos Apóstoles c.13)
Así lo contaron sus seguidores y lo contrastaron entre ellos, sin ánimo de engañarse ni de publicarlo, más bien al principio con temor, pues fueron seguidores de un malhechor crucificado . . Fue la máxima pena para extranjeros contrarios a Roma, el Imperio dominador de provincias lejanas con violencia, sin respetar vidas, culturas ni religiones.
# Cartas de san Pablo y teólogos de todos los tiempos nos dirán que si Jesucristo no resucitó nuestra fe no tiene consistencia, será solo un recuerdo piadoso y una moral amable de una gran persona. Algunos textos de los Evangelios fueron transmisores, más que de verdades históricas, comunicadores de testimonios y experiencias compartidas de personas y grupos conocidos. Sus vidas hablarán más que las palabras.
# El evangelista San Juan, el discípulo amado, se retiró con María la madre de Jesús y estuvo hasta el final junto a la cruz, fue desterrado y murió parece como el más longevo de los Apóstoles. Este discípulo pudo contrastar su experiencia con el testimonio de otros y otras seguidoras que huyeron de la persecución judía y romana.
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«El primer día de la semana antes de salir el sol, María Magdalena fue al sepulcro y vio la piedra quitada. Fue corriendo a decírselo a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús tanto quería y les dijo: Se llevaron del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo pusieron»
Magdalena buscó sin saber qué encontrará. Una de las primeras tradiciones contrarias fue el robo del cuerpo. Más tarde María impaciente hablará con Jesús y será la primera en verlo, jardinero camino del Padre. La mujer llevará la Buena noticia a Pedro y Juan, creyentes en Jesús resucitado, cada uno a su tiempo y a su manera.
# El Evangelio de San Marcos parece que fue el primero escrito en torno a los años 45-50 con testimonios sencillos, nada fantasiosos. Será modelo para otros relatos. Una tradición afirmará que el primer evangelio recogió el testimonio palestino de los primeros apóstoles, Pedro, Santiago y Juan.
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«María Magdalena y María madre de José vieron dónde lo ponían. Pasado el sábado compraron perfumes para ir a embalsamarlo. Muy de madrugada fueron al sepulcro y vieron la losa removida. Entraron y vieron un joven sentado que les dijo: No se asusten, buscan a Jesús Nazareno, resucitó y no está aquí. Vayan a Galilea, allá lo verán»
Pareciera que solo el cielo, los ángeles, fue testigo de la resurrección del Señor. Las mujeres fueron protagonistas, pero no buscan un resucitado sino un cadáver para embalsamar. Más tarde será el mismo Jesús el que se haga el encontradizo en el camino. Se les invitará a ir a Galilea, y desde allí al mundo entero, Galilea sin fronteras.
# Los Evangelios de San Mateo y San Lucas interesan porque vinculan estrechamente resurrección y misión: «Anuncien la Buena Noticia a todo el mundo, a todas las gentes». La buena noticia es el triunfo del Amor sobre el odio, la Vida venció a la muerte. Un anuncio más con hechos que con palabras: perdonen los pecados, lleven paz y consuelo, curen las heridas.
- «Los once discípulos fueron a Galilea. Jesús se acercó y les dijo: Hagan discípulos míos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra lo que yo les mandé. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo»
Aquí se prioriza el trabajo, la misión, la extensión del Reino, la praxis del Evangelio, una Buena noticia de misericordia y reconciliación. En San Mateo, tampoco en San Juan, no se hablará de la Ascensión . . Jesús el Señor quedó con ellos, con nosotros, animando sus celebraciones, sus tareas por el Reino, y sobre todo presente en el enfermo, en el preso, y en la Fracción del Pan de Vida, entregado sin fin por todos.
# Será el Reino de Dios en marcha, consecuencia final de la Encarnación y la Redención, que culminaron en la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios es la Nueva Humanidad ya restaurada y en camino, el sueño de Dios Padre, Hijo y Espíritu . . El Dios amor, Señor de todos los pueblos, culturas y religiones, que respetará lo particular y diverso, amando siempre y sirviendo, como nos explicó Jesús.
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+ Señor Dios nuestro, que nos abriste las puertas de la vida por medio de tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos su resurrección, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la paz. Amen.
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–Podrán bajar aquí si lo desean «María Magdalena y Jesús de Nazaret. Recuerdos y confesiones», ebook, pdf, 88 pg.
–En comentario un texto de San Antonio de Padua (+1231), razones por las que Jesús resucitado quiso mostrar sus llagas a los discípulos incrédulos.
–Si tienen ocasión de ver, es interesante la película «Risen», Resucitado, de Kevin Reynolds, 2016.
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You Raise Me Up – Josh Groban – Secret Garden
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Cuando estoy deprimido
y mi alma está cansada,
cuando los problemas vienen
y mi corazón está agobiado,
me quedo quieto y espero
en silencio hasta que llegas
y te sientas conmigo.
Tú me levantas,
para que pueda pararme
sobre las montañas,
para caminar sobre mares tormentosos.
Soy fuerte,
cuando estoy sobre tus hombros.
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* «You Raise Me Up» es una célebre canción compuesta por el dúo noruego-irlandés Secret Garden (Rolf Løvland y Brendan Graham) en 2001. Originalmente instrumental, parece que Løvland la compuso tras la muerte de su madre, dedicándola a su memoria. La letra aborda la superación, encontrar fuerza e inspiración en momentos de desesperación, gracias al apoyo de un ser querido, sea humano o divino.
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«Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona». Hay cuatro razones por las que el Señor enseña a los apóstoles su costado, sus manos y sus pies. Primero para dar pruebas de que verdaderamente había resucitado, y así quitar de nosotros toda duda. En segundo lugar para que «la paloma», es decir, la Iglesia o el alma fiel, ponga su nido en sus llagas, como «en las grietas de la roca» (Cantares c.2), y encuentre en ellas protección contra el gavilán que la acecha. En tercer lugar para dejar impresas en nuestros corazones, como unas insignias, las marcas de la Pasión. En cuarto lugar para prevenirnos y pedirnos que tengamos compasión de él y no le traspasemos de nuevo con los clavos de nuestros pecados»
–San Antonio de Padua (+1231) – Sermones para el domingo.
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