El pan de Cristo, la comunion

Hoy es domingo. Todos los años, en casi todos los rincones de la tierra, muchos grupos de niños y jóvenes, también de gente adulta y madura, se encaminan a las Iglesias y comunidades. Allá dicen muy convencidos: yo preparo mi comunión, o bien el domingo yo podré ir a la Iglesia y tomaré la comunión. Todo eso en serio, o sea, con fe y todo respeto, con mucho cariño.

– ¿A qué se refiere el niño o la persona mayor? ¿Es gente capaz o engañada? Esa costumbre y esa creencia ¿de dónde vienen? ¿qué sentido tienen? ¿Qué pienso yo de todo esto y cómo lo explicaré a otras personas que no saben y me preguntan?

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1 ) Una sencilla tradición, que se remonta al mismo Jesús de Nazaret y a los testigos de la Pasión, dice que en una cena de la pascua judía, Jesús se despidió de sus discípulos antes de morir en cruz, que tomó el pan bendito y el vino que había sobre la mesa, lo repartió y les aseguró que debían así tomar su cuerpo y sangre, que creyeran en sus palabras, que él estaba entregando todo por ellos, de ese modo, entonces y para siempre.

– “Tomen y coman todos de él, porque este pan es mi cuerpo, este vino es mi sangre que se entrega por ustedes y por todos.”

¿Quién pudo dudar entonces de sus palabras y de su poder para hacer lo que decía? ¿Cómo desconfiar de su intención limpia de dar todo por todos ellos y por otros muchos?

– “Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida; el que come mi carne y bebe mi sangre no morirá para siempre.”

2 ) La comunión con el “pan de vida” dará fortaleza, será también comunión de personas e intereses, en momentos de gloria y en tiempos duros. Los discípul@s mantuvieron viva esa tradición, que no es leyenda, sino un hecho bien documentado y muy temprano en el tiempo, la llamada “fracción del pan”, un nuevo estilo de vida desde el compartir.

¿Cómo fue esto posible? ¿Cómo sigue siendo posible aún hoy en nuestros días? No está tan claro, tiene mucho de misterio y de apuesta de la fe.

El ejemplo de toda una vida, memorial de su entrega,
el compromiso de hacer lo mismo, algo que obliga.
Que yo no guarde para mí lo que tengo y soy,
los amigos y también los enemigos,
los buscadores y los solidarios, los que creen en algo,
los que pasan hambre o están desamparados,
que para todos sólo importe amar de verdad,
vivir por dar vida propia a alguien y muchos más,
por una razón que dé sentido a vivir y hasta morir.

* “La Última cena”, 1562, fragmento, Juan de Juanes.

Un pensamiento en “El pan de Cristo, la comunion

  1. Pingback: Adoro te devote, la comunión de los niños | n i c o d e m o

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