La fe y la razón, conocer a Dios

En días pasados se celebró la fiesta de San Anselmo de Canterbury (1033-1109), filósofo medieval católico, estudiado todavía hoy con interés en las Universidades por sus argumentos para mostrar que Dios existe, o al menos su idea.

San Anselmo quiso defender la capacidad de la razón humana para captar la lógica de la divinidad: creer que pueda existir, afirmar o negar que exista, explicar quién es ese Dios al que unos aceptan y otros rechazan.

– ¿El dios encontrado o malogrado por el esfuerzo de la razón, tendrá algo que ver con el dios que se manifiesta en las diferentes religiones, o en la experiencia de las personas?

La filosofía buscó desentrañar su objeto por el conocimiento racional. En la experiencia religiosa oriental se llegará al conocimiento por la relación personal y la mutua entrega. Eso mismo dirá Juan evangelista, el discípulo amado: “Quien dice que conoce a Dios y no ama, miente. Sólo el que ama conoce a Dios, porque él es amor”.

– ¿Será verdad, como dicen, que ‘la percepción amorosa genera formas de conocimiento inaccesibles para quienes no aman’? ¿Las razones del corazón que la pura razón desconoce?

Anselmo de Canterbury, como su maestro San Agustín, escudriñaron incansables el ser y el existir del ser supremo, buscando entablar con él una difícil relación y comunicación:

«Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío;
no conozco tu rostro.
Enséñame a buscarte
y muéstrate a quien te busca,
porque no puedo ir en tu busca,
a menos que Tú me enseñes,
y no puedo encontrarte
si Tú no te manifiestas.
Deseando te buscaré,
te desearé buscando,
amando te hallaré,
y encontrándote te amaré».

Así presentó el tema en la actualidad, el dilema entre la fe y el amor para el conocimiento, el teólogo J.A. Pagola:

– “El problema decisivo de la fe no consiste en «afirmar que Dios existe», sino en «amar a Dios» y amarlo de todo corazón y sobre todas las cosas. Dicho de otra manera, Dios no es una hipótesis teórica que hay que demostrar con argumentos hasta concluir que existe o no. Dios es un Misterio que se puede atisbar o sospechar y, una vez sospechado, amar o rechazar.”

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-Imagen: Icono s.xviii, Trinidad del Nuevo testamento, Moscú.
-Leer también nuestra entrada “Qué es creer”

La Pascua de Cristo

“TRAS LA MUERTE, LA VIDA TAMBIÉN FLORECE”

+ ¿Cómo definir en su justa medida la pobreza de un país tan pobre como HAITI? ¿Con qué palabras detallar el llanto de quien lo ha perdido todo? ¿Con qué frase atrapar la sed que cuartea los labios, el hambre que enjuta los cuerpos, la insalubridad que parasita estómagos, el desespero que ensombrece miradas?

Hay tanto sepulcro a nuestro alrededor, tanta muerte y desánimo, que cuesta creer en el triunfo de la VIDA. Hay tantas vendas que nos atan, que no es fácil salir de los sepulcros y caminar con Esperanza y Paz, la Paz de Cristo.

JESUCRISTO vive, su Vida y su Luz son definitivas, inagotables, comunicativas. Es la fe del creyente. El desánimo sólo paraliza y el miedo enmudece. Pasado lo peor, los discípul@s aseguran que es posible, es la Pascua cristiana.

+ Es probable que NICODEMO se encontrara con Jesús en su propia casa, cansados ya los dos y apesadumbrados, mas todo cambió con su presencia.

– La paz contigo, gracias por tus desvelos valientes y tus aromas generosas, cariñosas, tus consuelos allá en la cruz y cada día, en la roca profunda y oscura de la muerte.
– Lo reconoció porque partió el pan; para Nicodemo todo cambió, cantó y resucitó, fue posible nacer de nuevo.

+ Así describió Letitia M.H. su experiencia y la de su grupo en HAITI, semanas después de la catástrofe: “En la montaña de la tristeza, una cruz tomaba forma entre las manos de los artistas cubanos y los niños. Dos maderas cruzadas llenas de flores, palomas y colores… Al triste compás de un blues de la trompeta de Yasek M. muchos llegaron hasta la fosa común de tantos cuerpos sin vida. Allí donde antes reinaba una cruz negra, se yergue ahora otra repleta de colores. Pareciera entonces que sobre la muerte, la vida también florece”.