Vives ya en la estación del tiempo rezagado:
lo has llamado el otoño de las rosas.
Aspíralas y enciéndete. Y escucha
cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.
–F. Brines, ‘El otoño de las rosas’, 1987
:: En este año 2010 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana fue entregado al escritor y académico español Francisco Brines (1932) por el conjunto de su obra.
El jurado calificó a Brines de «Gran poeta metafísico, cuya obra nos enseña a vivir y está marcada por el paso del tiempo».
Con su presencia bondadosa y recogida, Francisco Brines acumulará sin mucho ruido los más importantes galardones literarios.
– Mi homenaje y amistad. La poesía tuya eres tú mismo, Paco Brines, que compartes de puntillas tu universo interior con el nuestro.
– El arte está en el interior del artista, por su propia relación con todos los seres, una relación honda y duradera. Es el poeta fiel.
:: El tiempo recorre su alma invitándola a cantar la vida de siempre. La temporalidad en él es mensaje y arte, canción de amor y lamento.
El deseo del poeta verdadero será que el sentir de él sea de todos, que su palabra y sentimientos adornen la fría desnudez de nuestro mundo, haciéndose infinito con nosotros.
CUANDO YO AUN SOY LA VIDA
«La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.
¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.»
–Aún no, 1971
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(1) Imagen: Arlequín sentado en un café, 1923. A Pablo Picasso le gustaba representarse a sí mismo como un arlequín, figura circense de colores, siempre cambiante.
(2) Francisco Brines, Premio Cervantes 2020, falleció el 20 de mayo 2021, 89 años, último representante de la generación del 50. Descanse en paz.
+ Tengo ante mí unos pensamientos atribuidos al escritor Paulo Coelho (Río de Janeiro, 1947). En la medida que las palabras y el sentimiento suenan sinceros, los traigo aquí al blog ‘nicodemo’.
Es la sabiduría espiritual del instante que pasa, que viene y va. El autor de «El Alquimista» reflexiona para nosotros sobre el tiempo y sus posibilidades.
«Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia»
Puede parecer un abstracto, mas en lo concreto es verdad, caeré en la cuenta:
– Mi vida corre y corre, siempre cambiando, mi libertad permanece.
– Una pausa en el momento oportuno, podrá dar sentido y mayor coherencia a mi vida.
– Vivo y muero, mas para qué y hasta cuándo.
+ Un tono así, inquisitivo y melancólico, es frecuente en la literatura. Por ejemplo en Jorge Manrique (1440-1479), estas conocidas ‘Coplas’, pensamientos por la muerte de su padre.
«Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.
Allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir»
(En comentario verán las Coplas de Jorge Manrique completas)
+ El tema nos llevará a la sabiduría de la Biblia presente en el libro del «Eclesiastés»: “Hay un tiempo para cada cosa bajo el sol… Un tiempo para reír, un tiempo para llorar»
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El autor del texto «Eclesiastés» fue un sabio de Israel que en el siglo III antes de Cristo puso sus reflexiones en boca de un predicador, un ‘eclesiastés’. El tono de este libro bíblico es sombrío y pesimista, reflexivo.
# Como en debate interior, un creyente desengañado descubrió la caducidad de la vida y la aparente inutilidad de todo. Esta convicción repetirá a lo largo del libro:
– ¡Vanidad, pura vanidad, nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?
Los placeres, la riqueza, la gloria, solo dejan vacío y desencanto. Mejor será gozar con moderación los bienes que Dios pone a nuestro alcance. Si cuentas con la muerte, pensarás diferente.
– Una generación se va y la otra viene, la tierra permanece. El sol sale y se pone, el viento dará vueltas, todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena. Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡Nada nuevo bajo el sol!
# Mis opciones diversas ante situaciones:
Podré escoger el camino del bien o del mal, de la vida o de la muerte. Tengo un tiempo para vivir, no me dejaré llevar. Si sé lo que quiero, podré elegir bien.
– Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar, un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse, un tiempo para callar y un tiempo para hablar, un tiempo para el amor y un tiempo para el odio, un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz.
# Al fin el autor que se dice creyente, descubrirá para qué vivir. Ante el temor a perderse, deberá recuperar el sentido de su existencia: ¡Acuérdate de tu creador, honra a Dios y guarda sus mandamientos, que es el todo del hombre!
En los Evangelios Jesús de Nazaret propuso ir más allá, y abrirá un camino para la esperanza y la generosidad, un camino de libertad:
– Si uno quiere guardar su vida para sí, la perderá. El que la pierda por mí, la encontrará. (s Mateo c.16)
El Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, habló en mi Calendario. En el mes de marzo me recordó este pensamiento:
«Solo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser».
:: Cuando en años pasados el escritor colombiano enfermó de gravedad, se publicó una «Carta de despedida» presuntamente suya, más tarde desmentida, comenzando con estas enigmáticas palabras:
«Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida”.
:: El escritor deseó navegar a la búsqueda del tiempo perdido. Allá propuso con sabiduría cambios aconsejando no esperar más, que haga ahora mismo lo que al final de mi vida quisiera haber hecho de bueno.
. . Darás valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
. . El mañana no le está asegurado a nadie; hoy pudiera ser la última vez que veas a los que amas.
. . Por eso no esperes más, lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, ocupado para concederles un último deseo.
. . Demuestra a tus amigos y seres queridos cuánto te importan.
. . Di lo que sientes y haz lo que piensas. Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y la sabiduría para expresarlos.
:: En la ceremonia del Nobel, García Márquez vistió una guayabera de lino blanco, en la mano una rosa amarilla, símbolo de Colombia. Su Discurso de agradecimiento fue un canto de amor, «La soledad de América Latina». Terminó su discurso formulando este bello sueño:
“El deseo de una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
¡Glorioso Señor Jesucristo! Tú que eres la luz del mundo,
ilumina las tinieblas de mi corazón,
dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento para cumplir tu santo mandamiento.
(Francisco de Asís)
• La vela encendida, cirio pascual, presentó el triunfo sobre la oscuridad y la muerte, LUZ de esperanza que acompañará al cristiano.
• Muchos en países del sur, en oscuros descampados sin agua ni alimentos, mundo cruel e inhumano. Aun así celebremos la VIDA.
• ¡Ustedes serán luz para el mundo, no escondan su luz, alumbren!
Recitaré estos versos al Cristo en el aniversario de mi bautismo, la bendita agua y la candela encendida, bautismo de LUZ y de VIDA, memorial de gentes muy queridas:
Eres el Agua que mana del cielo y empapa la tierra en sequía los mares y ríos tranquilos, agua que da vida eterno Jordán nueva vida.
Eres la Luz que ilumina estrellas, el sol y la luna calienta la llama y alumbra, luz en las noches oscuras vida que renuevas mi vida.
Homenaje y alabanza por el ser que soy y somos, espíritu y carne, mitad tierra mitad cielo, lo humano y lo divino emparentados, a veces enfrentados, al fin reconciliados.
«Desde que mi voluntad
está a la vuestra rendida,
conozco yo la medida
de la mejor libertad.
Venid, Señor, y tomad
las riendas de mi albedrío;
de vuestra mano me fío
y a vuestra mano me entrego,
que es poco lo que me niego
si yo soy vuestro y vos mío.»
–J.L. Blanco Vega
Súplicas pidiendoque la LUZ venza las tinieblas y el AMOR sane los corazones:
Señor Dios, LUZ divina que deseas alumbrar a todos, ilumina nuestro espíritu con tu claridad, para que nuestros pensamientos sean dignos de ti, y aprendamos a amarte de todo corazón.
Que tu Espíritu santo encienda en nosotros una LUZ interior suave pero firme, que quite las sombras de la duda y limpie la tiniebla del desamor, que nos ilumine cuando en verdad no sabemos qué hacer.
Vean esta pequeña colección de ‘Oraciones’, alabanza, súplicas, confianza.
Estoy presentando en este blog unos relatos que ideé para rehabilitar el buen nombre de María Magdalena y de Jesús de Nazaret. Con un mínimo de ficción, María Magdalena, desterrada y ya muy anciana, hace público su testimonio personal sobre el maestro de Nazaret. Más allá de sus sentimientos y nostalgias, el mensaje mismo de Jesús, sus propuestas de nueva religión, la oferta de nuevo camino. Como veremos en este nuevo episodio, sus discípulos y la misma Magdalena no quisieran abandonar nunca al Galileo, ni en situaciones de crisis y peligro.
«MARIA MAGDALENA»
5.- CANSADO Y SEDIENTO
+ Estos jóvenes discípulos al visitarme, contribuyeron los que más a mantener frescos algunos detalles del maestro, aparentemente insignificantes aunque para mí entrañables. Detalles no imaginados pero sí con el paso del tiempo recordados, soñando sin cesar y sin malicia por mi propia locura de amor y más tarde por mi fe ciega en aquel hombre.
Lo ocurrido en aquel entonces viviendo el Nazareno me parecía ahora más lleno de vida que nunca. Con la distancia de tantas Pascuas transcurridas, aquellos antiguos sucesos crecían sin cesar de tamaño y los vivíamos de nuevo en la casa mientras ardía nuestro corazón por el ambiente de búsqueda amorosa. No sólo recuerdos sino presencias, miradas y palabras entre Galileo nuestro señor y los discípulos que creen en él. Por eso entre nosotros escuchábamos y repetíamos una y otra vez sus preguntas y las nuestras:
– ¿A quién buscan?
– ¿Eres tú el que ha de venir?
– Vengan a mí, el Reino de Dios llegará pronto
– Vayan también ustedes a trabajar a mi viña
– ¿Quieres curarte?
– Maestro, señor, quiero verte y seguirte siempre
– Ven conmigo que soy la verdad y el camino
– Señor ¿dónde vives?
– Nuestro padre ya les quiere como a mí, no teman
– Anuncien estas buenas noticias a todas las personas
– ¿Quieren marcharse de mi lado y dejarme para siempre?
– Yo nunca les dejaré solos
– Manténganse siempre alerta, no se echen atrás en tiempos duros
– ¿A dónde vas ahora, señor?
– Confien en mí, vengan a mí, yo les mostraré el camino
– Ámense unos a otros, y amen a los que no les aman.
+ Recordaré un día de verano al atardecer, el mismo Jesús cansado y sediento esperando en el patio de la casa junto al viejo pozo. Se dirigió a mí diciendo con voz cálida y apagada:
– María, quería verte, tengo sed ¿puedes darme un poco de agua de tu pozo?
Sorprendida al verle y escuchar la súplica, le di a beber de mi jarra agua fresca recién pozada:
– Me alegro que estés aquí conmigo, me verás triste y perdida, porque la paz se ha alejado de mí, también yo te necesito ¿me darás a gustar, señor, tu amistad? ¿recuperaré la paz y la alegría?
Como era un día muy caluroso, nuestro señor Galileo quedó pronto dormido en la sombra junto al pozo sin apenas decir más. Yo mirando de cerca cantaba.
Siento la caricia de tu mano
el calor de tu mirada
que sana y reconforta
en el caer de la tarde
quédate hoy conmigo
abrazo de paz infinito
que acaba la luz y anochece.
+ Al día siguiente sus discípulos asustados llegaron en su búsqueda recién amanecido, le hablaron con preocupación y se alejaron con él a toda prisa.
– Las autoridades del Templo te buscan y te acusan de menospreciar su autoridad, de creerte un profeta y un mesías, tú ¿qué dices?
– Ustedes ¿qué piensan de mí? ¿quién dicen que soy? ¿Desean marchar de mi lado?
– Peligra nuestra vida, pero no te dejaremos.
– Sean valientes, recorramos juntos el sendero estrecho y escarpado que lleva a la luz, la verdad y el amor. No me dejen.
– Tú eres nuestro señor, el Cristo de Dios.
Sus seguidores más incondicionales lo aman, lo siguen y adoran como su rey y señor. Así ocurre con los grandes maestros y profetas, cuánto más tratándose de nuestro adorable y buen maestro Jesús Galileo. Tan grande era nuestra locura por él y por su mensaje, que estábamos dispuestos a entregar nuestra vida entera, hasta morir con él si fuera necesario.
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* En la imagen «Cristo y la Samaritana», Bernardo Strozzi (1581-1644). Encuentro y conversación junto al pozo, que sacia la sed de ambos de conocerse mejor y el deseo de ayudarse en sus dificultades. El resultado de ese primer acercamiento será una relación de amistad para siempre.
Una composición similar expresó el poeta español Gerardo Diego (1896-1987) en estos versos:
Apoya en mí la cabeza,
si tienes sueño.
Apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
muertos de sueño.
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Encontrarnos con Jesucristo también ahora nos cambia e ilumina. Escuchen si gustan esta melodía, llena de afecto y buenos deseos, ‘Encontrarme contigo’, grupo evangélico Satelite, México, 2012.
Las habladurías sobre la Magdalena, su relación afectiva con Jesús de Nazaret y con algún otro de los discípulos, debieron existir «discretamente» desde los primeros tiempos. En este segundo relato aparece gente joven, sin prejuicios, que quiere conocer mejor y averiguar por su cuenta.
Jóvenes simpatizantes que no conocieron directamente al Maestro. Ellos buscarán testigos directos, quieren saber y María Magdalena se ofrecerá a explicarles. Ella será su instructora de palabra y también por escrito.
«MARIA MAGDALENA»
2.- JOVENES DISCÍPULOS
— Los jóvenes que acudían con cierta frecuencia a mi casa querían preguntar algunos detalles sobre Jesús para conocerlo mejor. Querían mostrarme también su limpio interés por la persona del gran maestro desaparecido, como alguno de ellos lo llamaba.
Sus deseos parecían sinceros, pero tal vez se equivocaban al sospechar que como mujer debía tener muchos secretos guardados sobre el nazareno. Por las preguntas que me hacían veía que deseaban entrar en los rasgos más personales y menos conocidos del maestro Galileo.
En previsión de que esos recuerdos míos pudieran desaparecer de mi vacilante memoria, no sólo querían oírme sino que me preguntaban si les permitía o si yo misma podía escribir lo que había visto y oído, anotando fielmente mi experiencia y mis reflexiones sobre el personaje.
Estos jóvenes quisieron convencerme, me aseguraban que otros escribieron transmitiendo noticias, hechos y palabras del gran maestro. Me explicaban con todo detalle que esos escritos iban extendiéndose rápidamente entre los seguidores, dándose a conocer también en mercados y sinagogas por ciudades y comarcas hasta lejanas provincias.
— Me sorprendió y también me asustó esa súplica y urgencia para que yo les contara o incluso pusiera en letras escritas mis recuerdos personales. Probablemente temían que en cualquier momento el sonido de mi voz y la luz de mi rostro se apagasen para siempre. También yo misma lo presentía, pero sin temor.
Ellos me argumentaban que les parecía siempre iluminador lo que les contaba, que al oírme hablar sobre aquel hombre sentían como si él mismo en persona se les acercara y les hablase. Lo notaban muy vivo en mis palabras, en el tono y en la mirada que las acompañaba y nos acariciaba. Que veían mis ojos iluminados y todo mi rostro transfigurado al evocarle junto a nosotros por el recuerdo. Tenían muchas preguntas que querían hacerme.
– ¿Qué opinaba la gente sobre Jesús? ¿Verdad que algunos lo consideraban como un antiguo profeta que había vuelto a la vida?
– Todos dijeron que amaste con locura al maestro Jesús, que te vieron hundida en un pozo muy oscuro y profundo cuando él murió en cruz, que te costó mucho superar tanta dolor.
– ¿Por qué crees que los discípulos no comprendieron lo ocurrido contigo? ¿Por qué te reprocharon tanto tiempo esa relación afectiva tan privilegiada con el maestro?
— Quedó claro que estos jóvenes sospechaban, así lo confesaron, lo mucho que el Nazareno significó y también ahora significa para mí, aunque sin acertar ellos a entender el alcance ni la trascendencia de estos hechos. Al decírmelo yo misma me ruborizaba y durante unos segundos callé confundida ocultándome de sus miradas. Me defendí así de sus comentarios y súplicas que a veces pensé maliciosos.
Les dije que difícilmente mis sentimientos personales más íntimos podían contarse ni mucho menos ponerse por escrito. Que correspondía hacerlo a gentes mejor informadas que yo, con más grande autoridad y capacidad. En verdad no acabé yo de entender muy bien por qué su insistencia, sin duda creo ahora que bien intencionada, pero yo crecí de natural desconfiada y retraída. En un momento dado debí suplicarles por favor:
– ¿Respetarán mis silencios y mi propia intimidad?’
Con los años que pasaron y van pesando cada día más sobre mis frágiles espaldas, viendo acercarse mucho el final de esta vida mía, tal vez podría hacer un esfuerzo y atender los buenos deseos e ilusiones de estos jóvenes discípulos.
– María, ¿tú crees que nosotros llegaremos a conocer a Jesús, a querer y seguirlo tanto como tú?
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Cristo en casa de Marta y María, Jan Vermeer (+1675). San Lucas c.10, Jesús conversa en la sobremesa con sus amigos, dándose a conocer a los que escuchan con afecto y paciencia. A sus pies acude María atenta al invitado. Ella tomó según el evangelio la mejor parte, olvidada por unos instantes de todo lo demás.