María Magdalena #18

Entre los recuerdos de la Magdalena están los encuentros y las conversaciones amistosas entre Jesús ya resucitado y sus discípulos. Ellos no salen de su asombro, junto a todos los presentes, en la misteriosa cita de Galilea. Tras las últimas recomendaciones ocurre el relato de la escena final de Jesús en el teatro de este mundo, su misteriosa ‘ascensión a los cielos’, alejándose de la vista de los discípulos por el camino del sol poniente, dejando a todos sorprendidos y en una pasajera oscuridad, “ustedes son la luz de este mundo, una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse”.

“MARIA MAGDALENA”

18.- ENTRE LA LUZ Y LAS SOMBRAS

+ En este relato regresaré a Galilea en aquella luminosa mañana, cuando Jesús nos recordó estas palabras que todos pudimos oír:

– Sigan conmigo, que yo seguiré siempre con ustedes.
– Serán mis amigos, si hacen lo que les he encomendado.

Su mensaje se trasmitía a través de los diferentes círculos de amigos y discípulos. El joven discípulo amado y Juan Marcos, el hijo pequeño de Simón, nos contaron sus conversaciones con el maestro las semanas siguientes en nuestra asamblea.

Esa mañana los discípulos no oyeron del maestro de Galilea un mensaje nuevo. Notaron la preocupación de Jesús por el desconcierto y la poca fe en sus seguidores. En los rostros de unos veía desánimo y extrañeza, en otros temor e incertidumbre.

– Maestro, a dónde iremos si tú nos dejas. Quédate con nosotros.
– Mira que el día se aleja y está llegando la noche.
– No teman, yo estaré con ustedes siempre, cada día, cada atardecer.

+ Jesús comunicó a todos los presentes que no debieran vivir preocupados por él, que la vida suya estaba ahora en las manos del Padre. Nos encomendó que cuidáramos los unos de los otros como él había cuidado de cada uno.

El nos buscó y curó nuestras heridas, confió en nosotros y nos dio su amistad. El contó con nosotros para realizar sus planes, en su trabajo pidió nuestra ayuda. Nosotros debíamos continuar y hacer el bien a todos cada día de nuestra vida.

El maestro Jesús nos suplicó que siguiéramos unidos, prometió que el consuelo y la salvación irán extendiéndose por todos los pueblos y regiones, también por otras naciones y hasta en tierras lejanas y desconocidas.

Nos pidió un esfuerzo y nos aseguró su ayuda, “será necesario vencer cada día el peor enemigo, el egoísmo y la inmisericordia”. Sólo así el nuevo árbol del Reino que él plantó con tanto sudor y trabajo, crecerá y dará fruto sin cesar en los campos del mundo.

En memoria mía
haz tú lo mismo
mi amigo,
si ves malestar
acaricia y sana,
pon amistad
donde hay soledad,
si notas desaliento
mi paz y alegría,
amigo mío,
haz tú lo mismo
en memoria mía.

Nuestro señor Jesús nos invitó para realizar su proyecto, sin dejar fuera a nadie que deseara entrar en él. Unos discípulos comentaron:

– El maestro dice que todos notarán dentro de sí una fuerza de amor y un espíritu nuevo, una fe grande y una fortaleza para vivir su mensaje y llevarlo a otros.
– Todos juntos darán mucho fruto, nos dice el maestro, él recuperó la vida para comunicarla a todos en abundancia.

+ Poco más tarde, llegado el atardecer, Jesús de Nazaret se incorporó y se alejó de nuestra vista caminando hacia donde el sol resplandeciente se ocultará. Llevó consigo a Pedro, a Juan y a otros dos jóvenes discípulos. Todos lo recordamos así de camino conversando tranquilamente con ellos como en otras ocasiones.

Pasado un largo rato regresaron solos los discípulos, sin mirar siquiera hacia atrás. Nosotros, deslumbrados por la última luz del día, no percibimos bien el momento de su retorno, aunque a Jesús no le volvimos a ver. Cada uno de los testigos nos habló con estas o parecidas palabras, diciendo con insistencia:

– El maestro va de regreso a la casa del padre.
– Volverá pronto.
– No teman, él nos quiere y no nos abandonará del todo.
– Nosotros vámonos ya porque anochece.

A Jesús nadie más le vio otra vez de la misma manera como aquel día ni las semanas siguientes ni nunca más tampoco.

¿Amado mío dónde te escondiste
dejándonos tan sin aliento?
¿A dónde dirige tus huellas
tan imprevista huida?
¿Volverá a nacer el día
si tu claro semblante ya no vemos?

Espera paciente
que voy a ti con prisa,
me guía el resplandor de tus pisadas
buscando cada noche
en cada sombra tu figura.
__ __

* Imagen: En una escena del film “La Pasión de Cristo” (Mel Gibson, 2003), entre luces y sombras, Jesús conversa con Juan el joven discípulo, ante la atenta mirada de Pedro y del espectador.

Más tarde me llegó este poema de A.M. Primo, para acompañar el misterio:

Va cayendo la tarde mansamente 
como una flor callada que se cierra…
El viento juguetón viene a contarme 
la canción que aprendiera 
y el último secreto que le dijo 
aquella flor oculta entre unas hierbas.
Ya palidece el sol entre reflejos
de oro, rosa y carmín…
Me hace un guiño el lucero de la tarde
que vela frente a mí.
Y yo miro allá lejos, 
más allá de los montes, 
más lejos que las nubes 
y más lejos que el sol…
inquieta la mirada,
va preguntando 
al viento al lucero y la flor. 
Nadie supo decirme…
Le pregunté al silencio…
Calló el viento y el agua 
y la estrella y el sol. 
Se había hecho la noche 
y el eco del silencio 
murmuró en su misterio: ¡DIOS!
 

Martin Luther King, sueños de igualdad

Los precandidatos demócratas en USA se ven estos días enfrentados por las declaraciones que hizo uno de ellos refiriéndose a los ‘sueños de igualdad’ de M. Luther King y la firma del Acta de Decrechos Civiles en 1964… Cada uno buscó el favor electoral decisivo de los votantes de color.

Recordamos con esta ocasión la gran personalidad pacifista del Dr. Martin Luther King, Jr. (1929-1968), premio Nobel de la Paz (1964), pastor de la Iglesia Baptista, que fue asesinado en Memphis (Tennessee, USA) el 4 de abril de 1968 poco antes de encabezar una marcha en defensa de los derechos de la minoría negra en su país.

“Tengo un sueño”, es el título dado al Discurso de Martin Luther King el año 1963 en las gradas del ‘Lincoln Memorial’. Vale la pena leer íntegras sus palabras.

He aquí algunas de sus ideas:

– Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: ‘que todos los hombres son creados iguales’.
– Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
– Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
– ¡Hoy tengo un sueño! Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
– Sueño en un día donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

* Leer su Biografía y Discurso, leído durante la histórica Marcha sobre Washington el 28 de agosto del año 1963.
* Más sobre Luther King en ‘M.L.King, 40º aniversario’.

María Magdalena #17

María Magdalena nos acerca a escenas y personajes de la Pasión de Cristo en Jerusalén, su rechazo y muerte: “La luz vino al mundo y todos prefirieron la oscuridad a la luz”. Ella desea destacar que entre Jesús y sus discípulos creció una amistad y una fidelidad mutuas a toda prueba, como pudo comprobarse en los momentos más difíciles. Sus más incondicionales discípulos y seguidoras no abandonarán nunca del todo al Maestro, a pesar de las apariencias, dando la cara y exponiendo su vida por él.

“MARIA MAGDALENA”

17.- CERCA DEL CRUCIFICADO

+ Unos vecinos de Jericó y de otras aldeas cercanas a Jerusalén estarán este día con nosotros, incluso en los círculos más próximos al gran maestro. Muchos subieron hasta Galilea buscando al maestro y para acompañarnos en nuestra pena y espera. Serán los que no olvidaron y creyeron viendo su cuerpo y su rostro ensangrentados, los discípulos de Jesús de la última hora, los que oyeron su voz y sus palabras al pie de la cruz.

Me refiero a aquellos mismos que fijaron atentamente la mirada en el corazón del Nazareno tan abierto que solo amaba y perdonaba, deslumbrados en verdad por ese manantial de salvación; fueron los que allí mismo al pie reconocieron sin temor que el hombre clavado en aquella cruz, Jesús de Nazaret, era en verdad hijo de Dios.

Alguno de los viajeros fue guardia de la milicia del gobernador romano, otros del cuerpo vigilante en lugares de tortura y ejecuciones. Nadie sabía con seguridad quiénes de ellos creyeron y confesaron que Jesús era el Justo de Dios. Era pronto para manifestar abiertamente la gran iluminación recibida en aquellas horas tan oscuras.

rubens112

+ En la mañana al amanecer encontré a José de Arimatea cerca de Jesús, uno de los amigos de nuestro señor que conocí en Jerusalén junto a la cruz. De gran altura y fortaleza, creímos soñar viéndole como un ángel por su figura y juventud, un príncipe por sus ricas y luminosas vestiduras.

Parece que aún le vea en aquel atardecer de tinieblas, contorsionado y largo rato encaramado al madero, con aquel cuerpo tan llagado pegado al suyo, desclavando con gran cuidado sus manos santas, abrazado sin temor al ajusticiado, entornando los ojos abatidos del gran maestro mientras acariciaba con amor su rostro ya apagado. Yo misma al pie de la cruz contemplaba y asentía, mientras la dolorosa madre con los brazos abiertos hacia el cielo esperaba.

En pie
abrazados junto a la cruz abrazando
el madero, sus llagas y sus pies custodiando
los amigos en pie
allí clavados amando
en sangre purificados perdonados perdonando.

Este joven rico y valiente discípulo será conocido entre nosotros como José el de la cruz. Todos sentíamos por él un gran aprecio y veneración, yo especialmente. Se contó que el de Arimatea había conocido a Jesús un día en el camino ofreciéndose como discípulo, pero que atemorizado en aquel entonces por los riesgos y la exigencia del mensaje, no le siguió aún abiertamente.

Aseguraron haberles visto conversar con cierta frecuencia. Entre discípulo anónimo y maestro galileo debió crecer una inolvidable amistad, desconocida para muchos, bien visible para todos aquel día junto a la cruz.

Cuentan que José fue uno de los primeros en conocer la gran noticia, recibiendo al maestro recién transfigurado en su propia casa de Arimatea. Sin duda nuestro señor quiso consolar y corresponder tanto desvelo junto a la cruz y en el sepulcro.

+ También quiero contarles lo que ocurrió en Jerusalén con Simón, el joven campesino de Cirene, que fue obligado por los guardias a llevar la cruz con Jesús, ayudando al Galileo a caminar con una carga tan pesada.

M.Rupnik | VCrucis, Cireneo

Este hombre bueno no pudo recuperarse ya del impacto tan fuerte que allí sufrió. Yo mismo fui testigo de lo que digo. Después de su obligado trabajo, Simón no consintió en dejar solo a Jesús sin ayuda y compañía. Debió ser empujado a retirarse amenazado por la milicia, que quiso golpearle también a él si no desapareciera.

El joven Cireneo sintió muy dentro de sí la mirada amiga del maestro agradecido, fue tan grande el estremecimiento que padeció al presenciar tanto tormento, que en adelante le vieron como trastornado. Pocos años más tarde enfermó agonizando él mismo entre súplicas, sollozos y pesadillas. Según cuentan murió en paz abrazado con todas sus fuerzas a unos pequeños maderos en forma de cruz que encargaron hacer para ver de consolarle.

Parece cierto por lo que sé que una de las hermanas del de Cirene, la que cuidó de él y acompañó en su enfermedad y agonía, se unió pronto a las mujeres que servían en el grupo de creyentes de Jerusalén. En su nuevo oficio se ocupaba de consolar a los enfermos y los atormentados, también de acompañar a los sentenciados a muerte y los ajusticiados.

+ Imagen: “Descendimiento de la Cruz”, de Peter P. Rubens (1577-1640). El grupo de discípulos, lleno de fuerza y piedad, hombres y mujeres cargados de dolor y de afecto, desclavan y retiran de la cruz el cuerpo ya muerto del Cristo. Vemos al discípulo amado y a Nicodemo, al de Arimatea y la Magdalena, que reciben el cuerpo junto a la madre de Jesús y la hermana de su madre.
– Y también: Via crucis, Marko Rupnik, “Detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús”, san Lucas c.23.

Traeré aquí unos versos de Dened Casañas, buena amiga fallecida meses atrás en La Habana. Descanse en Paz. Sus versos bien pudieran expresar los sentimientos y la oración de María Magdalena junto a la cruz.

Hoy quiero ser la cruz que abraza tu cuerpo
o abrazada por ti llegar a ser trono de salvación.
Hoy quiero ser la gota de sangre que de tu costado sale
y mañana ser el vino que a todos alimente en la comunión.
Hoy quiero ser el agua que brota de tu costado
y dar de beber a todo el que tenga sed de ti.
Hoy quiero ser el suspiro en la cruz
para mañana ser tu primera palabra.
Hoy quiero ser el perfume que embalsame tu cuerpo,
para ser la fragancia que despierte contigo
el día de la resurrección
.

María Magdalena #16

María Magdalena, enamorada y creyente, no llegará a ser testigo creíble de la resurrección para sus contemporáneos, en tanto su propia manera de entender la persona y la misión de Jesús no entre en crisis. Dejando atrás su propio interés y consuelo, Magdalena será una mujer nueva, apóstol y testigo privilegiado para muchos creyentes de su tiempo. Se dice que ‘la percepción amorosa genera formas de conocimiento inaccesibles para quienes no aman’, y también ‘lo que les digo en la oscuridad díganlo a plena luz, lo que oyen al oído predíquenlo desde las terrazas’.

“MARIA MAGDALENA”

16.- ME MIRÓ SONRIENTE

— Todavía he de hacerles por mi parte una confesión. Ocurrió aquella mañana soleada en Galilea al servir la jarra con el vino a los presentes, me hallé de pronto ante el mismo Jesús allí recostado. Quise llevarle primero el agua para lavar sus manos y más tarde acercarle el vino hasta sus labios, cuando allí me detuve, acaricié y besé con cariño las manos del nazareno.

El maestro Jesús me dejó hacer, me miró sonriente y me llamó por mi nombre, al tiempo que me dirigió un suave reproche, una vez más:

– ‘Déjame ahora, he de ir a nuestro padre’
– ‘La carne es débil y comprende mal. El espíritu está fuerte y nos lo dará a entender pronto’
– ‘Les quiero, volveré más tarde y me quedaré con ustedes para siempre’

Mis propios labios acercándose a su bendita carne en aquel momento sólo querían expresar mi estrecha comunión con él, también mi dolor y mi contento, mi deseo de no perderle más.

De repente algo ocurrió en mi interior. Su rostro verdadero pareció desvanecerse ante mis ojos y por un instante le contemplé desfigurado aún y malherido, recién descolgado del madero, entre los brazos y rodillas de su bendita madre dolorosa.

Confusa y avergonzada regresé con lágrimas al lugar donde me encontraba. Algunos notaron lo ocurrido, pero esta vez no comentaron ni me reprocharon nada porque comprendían.

¿Qué había sucedido? ¿Mis prisas e impaciencias por verle y abrazarle? Más que creer, yo sólo amaba, creía porque amaba, mas buscando sólo mi bien. Aprendí que mi fe deberá purificarse, pasará por noches oscuras de soledad y de muerte.

— Jesús continuó ese día un tiempo allí recostado, alternando su mirada entre el cielo y la tierra, conversando pausadamente con sus más próximos. Quiso animarles para que no abandonaran el camino, que siguieran juntos unas semanas más. A algunos los llamó para que se acercaran y él habló personalmente con cada uno.

Quedó claro que Jesús era de todos y para todos, que teníamos un lugar propio y privilegiado en el corazón grande de nuestro señor Galileo.

El día fue avanzando, finalmente fuimos numerosos los recostados en círculos alrededor de Jesús como en tantas otras ocasiones. Yo misma, acompañada por Leví Mateo y por otros discípulos, conversé y serví a ratos el vino entre los invitados, sintiendo en mí una gran alegría y claridad por su presencia.

Así nos quería Jesús, en pequeños grupos con la gente entremezclada, hombres y mujeres, niños, servidores y servidos, conocidos y desconocidos, pequeños y grandes, judíos y galileos, de los valles y de las montañas, discípulos y gente recién llegada, todos unidos cerca de él, compartiendo la vida, el pan y la palabra.

— Recuerdo que la más pequeña de las hermanas de María de Nazaret se encontraba allí esa mañana con nosotros. Una hija suya aún muy niña quedó huérfana meses después y yo la recibí en mi casa. En mi huida y exilio atravesamos arroyos y colinas hasta llegar a esta región más al norte donde nos refugiamos.

Las dos vivimos juntas muchos inviernos, hasta que ella ya joven mujer formó familia. Como una hija mía muy querida, su juventud me recordó la mía tan desgraciada, pero su ánimo y su alegría evocan la nueva vida que Jesús prometió, ofrecida ya a todos sin cesar.

Aquella mañana de sol en Galilea pudimos ver gentes de Judea que se acercaron al grupo buscando a Jesús. Algunas madres vinieron hasta nosotros con sus hijos más pequeños en brazos o enfermos en camillas. Con ellos fueron llegando también inválidos, leprosos y mendigos de la región. Llenos de esperanza hicieron largas jornadas de camino, porque se había extendido esta buena noticia: que nuestro señor Jesús de Nazaret está curando y resucitando en los alrededores del gran lago de Galilea.

* Imagen: “Noli me tangere”, A. Correggio (1489-1534). Dice el 4º evangelio que María Magdalena al oir su propio nombre reconoció a Jesús que le dijo “suéltame, aún he de subir al Padre”. El discípulo deberá comprender que todo ha cambiado desde la muerte y a partir de la resurrección, que todo será diferente después de la ascensión de Jesús a la derecha del Padre.