El perdón de Cristo

JESÚS AMA Y PERDONA SIEMPRE

En cierta ocasión el apóstol Pedro dirigió al Maestro una pregunta difícil que mereció una buena respuesta por parte de Jesús de Nazaret. Pedro supo la disposición de Jesús a perdonar siempre:

“Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?”.
– Jesús le contestó: “No te digo siete, sino setenta y siete veces”.

iconocopto

# Más tarde el apóstol negará tres veces, dirá que no conoce a Jesús, que no tiene que ver con él. Pedro se acobardó y traicionó la amistad del Maestro tanto o más que Judas. Pedro lloró amargamente y se avergonzó de sí mismo.

Jesús dijo: “No he venido para juzgar y condenar, sino para salvar”.
– Pedro tuvo su oportunidad junto al lago: “Señor, tú sabes que te quiero”.
– Judas desesperó, Pedro confió, no quiso morir de tanto dolor.

# Pedro recordó la escena con la mujer adúltera, maltratada, a punto de ser apedreada. Vio cómo Jesús la protegió y defendió, se interesó por ella y la invitó a marchar en paz: “Aunque todos te condenan, yo no te condeno, no temas, no peques más”.

– El apóstol supo luego que Jesús desde la cruz pidió perdón para los soldados que lo crucificaron, disculpándolos: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.

# Pedro comprendió que nada estaba perdido, que Jesús ama y perdona siempre, pensó: ‘Jesús tiene un gran corazón, no me rechazará, mas ¿qué me pedirá?’

“Pedro, ¿Tú me amas? ¿Me amas más que los otros? ¿De verdad tú me quieres?
– Señor, tú conoces todo, tú sabes bien que yo te quiero”.

Así fue como Pedro aprendió a perdonar como había sido perdonado, generosamente. El perdón de Jesús de Nazaret lo curó y rehabilitó, le enseñó a ser misericordioso con todos.

# Cuentan que Nicodemo, un discípulo de última hora, al enterarse de lo sucedido, rezó así:

– Tú no quieres, Señor, la culpa ni el abismo del resentido, no quieres ver rechazado a Pedro ni malherido; tú quieres el abrazo y la fiesta del perdón.
– Jesús, háblame y viviré, será como nacer de nuevo; mírame y sanaré, tu mirada me basta, tú sabes que yo también te quiero.

En sintonía esta vez con el apóstol Pedro, así fue mi súplica deseando recibir la gracia de la paz que solo Cristo puede dar:

“Dame Señor Jesús la paz, tu paz será mi descanso. Tú eres mi paz, tu amistad y compañía. Si tengo tu paz confío y nada temo, porque tú vas conmigo. Eres brisa ligera que serena, agua fresca que calma mi sed y voz que apacigua las tormentas. Tu paz es amor que abraza y reconforta, amor que perdona y siempre disculpa. Ven Señor Jesús, ven Espíritu santo, ven señor y dador de paz.”

* Imagen: “Cristo y Menas”, Icono bizantino, siglo VI (Egipto), ‘Jesús y su amigo’, Jesús con el Abad Menas. El Rostro de Cristo expresa la satisfacción y la alegría por la fiesta del reencuentro.

Un pensamiento en “El perdón de Cristo

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