Qué es morir

# Poco tiempo antes de morir, como su testamento espiritual, José L. Martín Descalzo (+1991) nos dejó su testimonio:

“Soñé, a lo largo de mi vida, muchas cosas. Ahora sé que solo salvaré mi existencia amando; que los únicos trozos de mi alma que habrán estado verdaderamente vivos serán aquellos que invertí en querer y ayudar a alguien. ¡Y he tardado cincuenta años en descubrirlo!”

Él mismo confesó también con estos versos:

Morir sólo es morir. Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas;
ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntas
y hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.


# Jean Pierre Schumacher, monje superviviente de la matanza de Tibhirine (Argelia) en mayo 1996, recuerda la razón de aquellos hechos:

– Ninguno de mis hermanos deseaba morir mártir. En cada uno se libró una batalla interna para vencer el miedo natural de ser víctima de una agresión violenta o de ser tomado como rehén por los islamistas.
– Su fidelidad a la decisión de no abandonar a la gente de su entorno, fue la causa de su secuestro y de su muerte, fue por amor.
– “No me asusta la muerte, soy un hombre libre”, dirá Luc el anciano monje médico.

# Vean la propia confesión de enigmas y certezas:

Si la vida es vida,
razones, besos
emociones y sueños,
cuántos!

Si la muerte es muerte
razones, besos
emociones y sueños,
dónde!

La vida muerte,
es eternidad menuda.
La muerte vida
será eternidad divina.

# Pasados los meses encontré este poema de la querida Claribel Alegría, poeta nicaragüense:

«Quiero entrar a la muerte
con los ojos abiertos
abiertos los oídos
sin máscaras
sin miedo
sabiendo y no sabiendo
enfrentarme serena
a otras voces
a otros aires
a otros cauces
olvidar mis recuerdos
desprenderme
nacer de nuevo
intacta.»

# Este fue el soneto que buscaban de Francisco de Quevedo (+1645), cuyo título dice todo:

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

# Para terminar con estos versos del Salmo 27, confianza sin fisuras:

“El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.”