El amor de verdad, no falla

Algunos preguntaron por el amor de verdad, si es posible o si existe en algún lugar. Un amor del que dicen los libros, «que nunca falla, ama siempre y espera siempre».

Amores impersonales, genéricos, reflejo de una necesidad o deseo, fueron efímeros y razonables. Habrá sin embargo amores únicos, personales y perdurables, sin fácil explicación.

Pues bien, leí estas noticias que les resumiré. Pensé luego que sí es posible, que ese amor sin límites al modo divino está activo, el amor que no se cansa nunca de amar, y que por eso mismo será un amor que resucita. Vengan y vean.

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«Un hombre de nacionalidad china recuperó la conciencia tras un coma de cinco años».

Según Daily Mail, Li Zhihua fue atropellado en Hubei por una motocicleta en 2013, sufrió serias lesiones cerebrales que lo dejaron en estado vegetativo.

Su esposa no se separó, día y noche junto a él más de 2.000 días. Zhang Guihuan al lado de su esposo para conversar, tocar las canciones preferidas, esperando una pronta mejora.

Todo eso fue muy útil para estimular su sistema nervioso, según los doctores, movimientos, gestos, sonidos, palabras, caricias. El hombre supo cuanto ocurrió a su alrededor, sin poder responder.

Guihuan se negó a aceptar el diagnóstico de un estado vegetativo permanente, sumado al profundo amor hacia él, lo primero que dirá al despertar tras 5 años en coma: ¡Esposa, te amo!

* Se hizo arriba alusión a un texto bíblico que habló de un amor excepcional, de san Pablo el llamado ‘Himno de la caridad’.

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«Un pingüino nadará 8.000 km cada año para encontrarse con su salvador».

En otro orden de cosas diferente. Toda la naturaleza pareció sonreír llevando impreso el afán de amar y corresponder (?) como algo vital.

Joao Pereira de Souza salvó al animal de la muerte. Desde entonces son amigos. Dindim el pingüino fue rescatado en una playa cercana a Rio de Janeiro. Souza lo encontró cubierto de alquitrán y moribundo. Lo limpió, lo alimentó durante una semana, ya sano lo devolvió al mar.

Desde entonces el viaje desde las Malvinas hasta la playa donde fue salvado, será una historia de lealtad: ocho meses en Brasil y cuatro en la Patagonia, por su incondicional afecto por Souza, que dirá: «Lo quiero como si fuera mi hijo».

(Imagen: Atardecer, Formentera)

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