No violencia, decálogo / Daniel Berrigan

«El 6 de agosto de 1945, un avión estadounidense se acercó a la ciudad japonesa de Hiroshima. 75 años después del bombardeo, el mundo teme las armas nucleares, los pactos no funcionan. En el recuerdo las víctimas y la destrucción».

La violencia se oculta en el interior de uno mismo, para defenderse o para atacar, siempre encuentra razones. De la noche a la mañana uno no se pacifica ni se hace pacifista, deberá vigilar.

– Al terminar el día limpiarás restos de agresividad en los rincones del alma. Al despertar apostarás por medios no violentos, en palabras y hechos, curando heridas, reconciliador. Que sea opción de vida, honda convicción.

– Dichosos los pacíficos, si trabajan por la paz, heredarán la tierra.
– No hay misericordia sin justicia, la máxima injusticia será la guerra.

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Inspirados en la obra de Daniel Berrigan, verán unos reclamos a modo de decálogo. Este religioso estadounidense, en tiempo de guerras crueles e inútiles, fue valiente apóstol de la no violencia activa: hacer algo, no quedar de brazos cruzados.

Picasso, El rostro de la paz, 1950

1. Acude a JESÚS cuando todo falle, cuando todo lo demás tenga éxito.
2. No tengas miedo de tener MIEDO ni te horrorices de estar horrorizado.
3. Mantén tu ALMA para ti, una posesión que merece la pena pagar.
4. ¿Nada que puedas HACER? Sí podrás hacer algo, de buen corazón.
5. NO VAYAS con alguien que espera de ti que seas interesante todo el rato.
6. Casi nadie va a QUERERTE, si no te quieres a ti mismo.
7. SANAR fue especialidad de Jesús: ¡Toma tu camilla y echa a andar!
8. Mira la PELÍCULA sin auriculares. Verás sin entender lo que ocurre.
9. A veces tu único MATERIAL para escribir será tu propia sangre.
10. Comienza con lo imposible, sigue hacia lo improbable. Hay SALIDA.

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6 de agosto de 2020: «Pasaron 75 años desde que dos bombas atómicas arrasaran Hiroshima y Nagasaki. Los supervivientes reclamaron ayer aprender de la historia ante las amenazas todavía del armamento nuclear»

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Completando este camino pondré aquí la súplica del Maestro Gandhi, pacifico y pacificador, voz silenciada, voz que prosigue en tantas y tantos que luchan con las armas de la palabra, del silencio y con su propia vida.

-Señor ayúdame a decir la VERDAD delante de los fuertes, a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
-Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites HUMILDAD. Si me das humildad, no me quites dignidad.
-Ayúdame siempre a ver el otro lado de la moneda. No INCULPAR de traición a los demás por no pensar igual que yo.
-Enséñame a QUERER a la gente como a mí mismo, y a no juzgarme como a los demás.
-Enséñame que PERDONAR es lo más grande del fuerte, y que la venganza es la señal más primitiva del débil.
-Si yo faltara a la gente, dame valor para disculparme. Y si la gente faltara conmigo, dame valor para perdonar.
-Señor, si yo me olvido de ti, NO TE OLVIDES NUNCA DE MÍ.

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