Mª Magdalena -8 / Esperando su regreso

«Él es la luz verdadera que ilumina a todo hombre». La aventura interior de la fe será descrita por María Magdalena como una victoria de la luz, un doloroso nacer de nuevo y un pasar de la muerte a la vida; la conversión personal como una aventura tan impredecible como la vida misma. Ella pudo finalmente confesar su fe total en Jesús de Nazaret, además de su loco amor por él. Mujer muy anciana, viendo ya acercarse el final, traerá a la memoria palabras y sentimientos que iluminen el último tramo de su vida.

“MARIA MAGDALENA”

8.- ESPERANDO SU REGRESO

+ Tras la muerte en cruz del maestro, el sendero hacia la iluminación fue para mí largo y doloroso. Al fin creí en él con todo mi ser y le confesé como mi cristo y mi señor, como el viviente y la fuente de vida para siempre.

En efecto, los inviernos en los que la luz y las sombras se alternaron en mi alma, fueron largos y angustiosos. Ahora sé bien que Jesús nazareno es mi señor y mi libertad verdadera, mi esposo, mi único amor, mi vida y mi todo. De verdad lo siento y lo vivo así.

Es como quien tiene la certeza misteriosa de una nueva vida que lo habita y palpita en su interior. El mismo Jesús utilizó la imagen de la vida en el vientre de la madre para hablar de su proyecto de reino de Dios: una vida nueva en nuestro interior, que crece y va madurando. Será necesario esperar pacientemente su misterioso curso natural en cada uno.

– Miren, cuando una mujer dio a luz a su niño, no se acuerda ya más de la angustia, es tanta la alegría por la nueva criatura.
– He venido para que todos vivan, que no perezca ninguno que crea en mí.

+ Yo sé que Jesús nuestro señor volverá para ultimar mi historia personal. Culminará así un costoso trabajo compartido de amor y de sufrimiento. Al final quedará el amor, sólo el amor.

Nuestra vida no es como una historia interminable que da vueltas sin fin o se desvanece sin futuro en la nada y el vacío. El punto final, la muerte, será el principio de lo nuevo, el triunfo de la misericordia y el amor. Así ocurrió en el propio Jesús, pionero de la nueva criatura nacida tras tanto dolor y sangre en la cruz.

+ Ahora yo solo espero su regreso, su último llamado. Creo saber que, al verme penando por su ausencia, también esta vez se dirigirá a mí y pronunciará con determinación mi propio nombre:

– ¡María!
– Maestro, busco tu rostro.
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Mi respuesta quisiera ser tan decidida como la del apóstol Tomás. De él cuentan que reconoció vivo a su Cristo amigo, cayó a sus pies rendido, y apesadumbrado entre sollozos le dijo:

– ¡Mi señor y mi dios! Yo creo en ti, mi rey y señor.
– Tomás, has visto y has creído, dichoso tú.

Siempre contigo
ante tus pies heridos
ante ti contigo
mi señor y mi todo
mi amigo,
te adoro y te amo
todo tuyo
todo en tus manos heridas
siempre contigo siempre.

Con el paso de los años mi espíritu está en calma. La paz ha regresado a mi alma que vigila día y noche y ahuyenta todo temor. La luz se hizo paso entre las sombras. He llegado a esta íntima convicción, creo y espero firmemente que la muerte ya no es derrota sino victoria.

* Imagen: «Llanto por la muerte de Cristo con santos», Sandro Botticelli (+1510), fragmento. Vemos a la Magdalena (?) abrazando con gran cuidado y cariño el rostro de Cristo muerto, el cuerpo recién desclavado y bajado de la cruz por los discípulos.

Conversaciones en el Templo, Nicodemo

– Nicodemo dio su nombre a este blog, referido al personaje del 4º evangelio con quien Jesús de Nazaret conversó en la noche y fue su discípulo de última hora. Coincidirá luego con la Magdalena al pie de la cruz, con María la madre del Señor y con el discípulo amado.

Aquí Nicodemo quiso hacernos llegar alguna conversación con el Maestro galileo. El fariseo tenía en verdad muchas preguntas: ¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿Quién es tu padre? ¿Qué planes tienes? ¿Qué esperas de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

Nicodemo conoció a JESÚS en el gran Templo entre mucho alboroto. El maestro de Nazaret protestó en la nave donde el pueblo hacía sus rezos. No era posible ya hacerlo con el griterío de los vendedores y sus mercancías, negociando con la religión y los sacrificios.

JESÚS no lo soportó. El templo fue para buscar y hallar al Dios vivo, y ahora es mercado y banco de negocios. Si no hay silencio y paz, cómo conversar con el Dios escondido. Mejor salir afuera para encontrarlo.

El Maestro se lamentó con energía, muy crítico con los dirigentes. Una comisión de fariseos vino a interrogarlo, entre ellos Nicodemo que escuchó y asintió atemorizado las quejas del nazareno: ¡Raza de víboras, hipócritas, han convertido la casa de mi Padre en un mercado!

JESÚS salió del Templo a toda prisa hacia un descampado donde aguardaron discípulos y multitudes abandonadas por sus pastores desde hace mucho.
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El fariseo guardó la impresión que JESÚS le causó en el Templo, lo buscó en otra ocasión al terminar el día para conversar con más calma sobre Dios, el templo y los preceptos.

– Maestro JESÚS, mis mejores deseos para ti, que Dios te guarde y te bendiga. Quiero conocerte, saber quién eres y de dónde vienes. Aseguran que no eres Galileo, que naciste en Judea. Dicen que tu verdadero padre no es conocido, otros que vienes de muy lejos.

– Maestro JESÚS, cuentan que hablas de nuestro Dios como padre tuyo y padre de todos. Dime si tú lo conoces bien y si nos lo darás a conocer. Tus discípulos cuentan que te vieron hablar con Él con gran familiaridad, como nadie nunca antes. Crees que nosotros debiéramos hablarle así a nuestro Dios.

+ Amigo Nicodemo, acércate a Dios Padre, no temas. Él está cerca de ti y te habla al corazón, te dice: ‘Escucha Nicodemo, JESÚS es mi hijo querido, él te mostrará el camino, préstale atención’. Deberás cambiar tus ideas y tu corazón, como nacer de nuevo.

– Maestro JESÚS, alguno de nuestros sabios y profetas hablaron del Dios de nuestros padres como de un padre bueno que nos dio la vida, el mundo y cuanto existe, que cuida de nosotros. ¿Tú crees que nuestro Dios nos quiere como un padre y una madre quieren a su hijo pequeño más querido? En verdad muchos de nosotros ya no creemos en esa antigua tradición.

+ Amigo Nicodemo, cierto hemos roto nuestro pacto de fidelidad, pacto de justicia y misericordia. El dios de la alianza está descontento. Dios es padre mío y es padre nuestro. No debes temer, él te lleva en sus brazos y cuida de ti, él te hablará al corazón. El te acompaña en la vida y te recibirá en su casa en la hora de la muerte.

– Maestro JESÚS, tú eres un maestro en el que tengo fe. Sé que no buscas tu gloria ni tu propio interés, tu mirada está limpia y en tu corazón sólo adivino amor. En verdad nos alejamos del Dios verdadero, nos hemos hecho un dios de barro a nuestra conveniencia. Cambiaré mi manera de pensar y aprenderé de ti. Ahora debo irme, hasta otro día.
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* Retrato de Cristo, Rembrandt (+1669).

Podrán ver aquí esta colección de oraciones, «Orar con Nicodemo», pdf.

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Claribel Alegría, María Magdalena

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Será oportuno traer al blog ‘nicodemo’ este bello poema de Claribel Alegría que lleva por título ‘María Magdalena’, en el libro “Soltando amarras” (2005), de la poeta nicaragüense.

– Descubriremos rasgos de su obra: el intimismo, la soledad, la complejidad de la vida, descripción delicada de los sentimientos de Mª Magdalena por Jesús de Nazaret.

    Te amé, Jesús
    te amé
    y tú también me amaste
    entre todos los rostros
    me buscabas
    y me querías cerca.
    Me sedujo tu voz
    la serena pasión
    de tu palabra.
    Sentí temblar tu carne
    sentí temblar al hombre
    cuando ungí tu cuerpo
    con perfumes
    y enjugué tus pies
    con mis cabellos.
    Pude haberte hechizado
    y no lo hice
    me frenó tu mirada
    tu renuncia
    entre todos los hombres
    fuiste el hombre
    y no quiero curarme
    de este amor.

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(1) Imagen: «La Madeleine», 1644, Georges de La Tour.

(2) Les recordaré otros versos de Claribel, su reacción ante la muerte de seres queridos. La poesía vino en su ayuda.

    – «Me di cuenta de que uno tiene que quererse primero para luego sufrir con los otros»

    Porque aprendí a quererme
    puedo sangrar
    con tus heridas
    .

    –Querencias, A Juan Gelman

N .- La poeta nicaragüense Claribel Alegría, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2017, falleció en la mañana del 25 de enero del 2018 en Managua a los 93 años de edad. En sus versos el influjo de la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez, y el compromiso de Benedetti. Dijo de ella Diego Doncel: «Su poesía es como un susurro, como una confidencia, como un secreto importante contado al oído; tiene por ello un tono sencillo, esencial». Descanse en paz.

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Podrán leer en el blog los relatos ‘Mª Magdalena y Jesús de Nazaret’, aquí verán la entrada «Ma. Magdalena. Índice» .

Mª Magdalena -3 / Mi alma en sombras

En estos relatos cortos María Magdalena quiso contarnos sus recuerdos. Hoy nos confesará su oscura soledad. Los primeros discípulos y amigos del maestro de Nazaret ya desaparecieron. Sospecha que únicamente Juan el discípulo amado vivirá todavía, viejo, ciego y desterrado.

Nostalgia y melancolía expresarán en este tercer relato la tristeza de vivir propia de un alma en sombras. ¿Qué le está ocurriendo a María Magdalena, anciana ya y enferma, que nos habla tan dolorida? Se le hace larga la espera y ya sólo desea reunirse finalmente con su señor muy amado: «Mira que peno por verte / y mi mal es tan entero / que muero porque no muero».

«MARIA MAGDALENA»

3 . MI ALMA EN SOMBRAS

+ Les diré que la propuesta de estos jóvenes me agradó, y a la vez me inquietó el regresar a aquellos años primeros ya tan lejanos. Preocupada en acertar con lo que ellos buscaban, yo quise ofrecerles lo mejor de cuanto esperaban de mí. Ellos me vieron como compañera de camino con una experiencia que les atraía, y también les pudiera ser útil, por no andar solos en su decisión de acercarse al maestro Jesús.

Estos jóvenes no supieron, ni tampoco adivinar, que aun siendo mujer aprendí algo a escondidas. Desde muy niña me aficioné a dibujar y escribir como podía los contornos y colores de mi alma solitaria, dolorida y ensimismada. Los paisajes de dentro y también los de fuera que pude observar. En tiempos pasados este monólogo conmigo misma me alivió algo del peso del silencio, haciendo más llevadero el misterio del mal de mis adentros. Quise dispersar así las sombras que siempre me acompañaron, adentrándome más en ellas por este camino.

También gusté cantar antiguos poemas y hasta inventarlos y escribirlos yo misma, porque hay momentos en los que el corazón sintiéndose libre consigue del modo expresar mejor sus enigmas, sus más íntimos sentimientos.

+ Ahora que me encuentro más conmigo y más quieta, por esta ancianidad mía tan larga, creo entender mejor las razones que estos jóvenes trajeron para convencerme, porque en buena parte serán también las mías.

Ocurrió que no todos piensan ni hablan igual del gran maestro de Galilea. Con el paso de los años se oyeron decir de él y también de mí misma y de otros discípulos cosas que no pude entender, que me duelen ahora y poco tendrán que ver con la historia verdadera de lo ocurrido.

+ En verdad apenas quedan ya testigos de aquellos primeros años. Ya desaparecieron discípulos y seguidoras primeras, hombres y mujeres que conservaron impreso en su alma el mensaje tan atractivo, la figura tan amable de Jesús el Nazareno.

Supe que el apóstol Juan aún vive, aquel joven y muy amado discípulo, siendo poco más anciano que yo. Se dijo que en su destierro va pasando los días y las noches casi sin ver buscando su rostro, el rostro de su maestro amado.

Los últimos días del más joven de los apóstoles pasarán mirando hacia ese cielo azul infinito que un limpio atardecer abrió a Jesús de par en par sus altas y estrechas puertas.

Ven ya nuestro señor,
mira mi corazón que abierto espera
vacío sin ti viviendo en sombras,
mira no me canse de esperar
que tan larga espera enferma,
no se borre tu imagen y figura
no tardes más enamorado,
ven ya nuestro señor.

+ Los dos fuimos testigos en Galilea de su partida y ausencia para siempre. Ahora los dos esperanzados aguardamos su regreso. El mismo maestro lo anunció:

– No teman, voy a nuestro padre, tengan paz y esperen.
– Volveré pronto para llevarlos conmigo, confíen en mí.

Vivo cada anochecer en espera del regreso de aquel lucero luminoso que aun alejándose, no llegó a apagarse del todo. Me dispongo pues para ese misterioso reencuentro, busco su rostro sabiendo bien que la ilusión por verlo de nuevo dispersará las sombras y amainará cualquier zozobra.

En lo humano y lo divino, entre luces y sombras, la unión sufre mal el misterio y la distancia.

Te adoro y te amo, mi señor,
íntima presencia, abrazo infinito
y mi todo, nada más.
Estar contigo, amigo del alma,
recostado en tu regazo,
señor y dios mío, mi único amor.

Decir mi sentir, llorar contigo
amor, soledad y pena,
tú me quedas, nada más.
Vivir para ti esperando tu venir
y al caer de la tarde descansar,
amor de mi vida, solo en ti, nada más.

Lo adivino llegar entre aquellas lejanas colinas por donde cada mañana regresa el sol. Entristecida a veces por tanta tiniebla, no veo las colinas ni el nuevo sol oculto entre oscuros nubarrones. Es a él a quien busco y llamo con todo mi ser, así cuando cantamos en nuestras asambleas y canto también para mí por mi propio consuelo en muchos anocheceres, buscando restañar con mi lamento la herida de tan larga ausencia:

– Ven ya nuestro señor
– Vivo sin ti viviendo en sombras
– Ven ya, no tardes más

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  • Imagen: Juan apóstol y evangelista, icono moderno. Según la tradición, Juan el más joven apóstol, el discípulo amado, murió en Éfeso muy anciano. En la imagen descansando sobre el costado del maestro, horas después con Nicodemo y Magdalena acompañando al Cristo crucificado. Su fiesta los 27 de diciembre.

La fiesta en memoria de Santa María Magdalena el 22 de julio desde el siglo X en el Monasterio de San Lorenzo de Constantinopla, donde se creyeron depositadas sus reliquias desde el año 899 provenientes de Éfeso. A partir del s. XIII el Misal de Letrán aceptó la tradición que reunía en una persona a María de Betania y a la pecadora anónima.

Vean aquí los primeros versos del poema de la carmelita española santa Teresa de Jesús (+1582), «Vivo sin vivir en mí», sugerido al entrar en el post:

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

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* Si lo desean, podrán escuchar el poema «Veante mis ojos» de santa Teresa en esta versión: