María Magdalena #13

María nos cuenta en este capítulo los planes y las alianzas entre Jesús y Mateo para proponer un nuevo camino a sus contemporáneos, un camino lleno de contrariedades. Es evidente que la Magdalena debe sentir por ambos un gran aprecio y veneración, si de un modo o de otro parece deberles la vida. Jesús, Mateo, la Magdalena, los tres son contemporáneos de unos sucesos por los que ellos mismos y sus propios seguidores se vieron acosados hasta la muerte y excluidos en toda la región y en otras provincias, ‘saben bien que si me siguen deberán olvidarse de sí mismos y cargar con su cruz cada día’.

13.- EN CASA DE LEVÍ

+ Había comenzado a hablarles de Leví que aun siendo publicano fue honrado y hasta generoso en sus ofrendas al Templo. Gustaba de ayudar a los que se le acercaban y pasaban necesidad de pan o de protección. Acogía en su casa y sentaba a su mesa a gente de mala reputación, los excluidos de la sinagoga y del Templo. Tenía su propio manera de ver las cosas y de vivir la vida. En verdad era muy respetado por todos, no parecía tener más que amigos. Conocerle fue para mí una gran fortuna.

Leví Mateo no era un judío ortodoxo ni legalista estricto, como tampoco lo era Jesús Galileo. Por su oficio de publicano y por su reputación, Leví vivía una situación de excepción en la obediencia a normas y autoridades religiosas.

Mi amigo publicano y el maestro de Nazaret se entendían bien en sus frecuentes conversaciones, los dos coincidieron en lo que convenía hacer para renovar lo que ellos mismos llamaban la ‘antigua alianza’. En más de una ocasión oí a Leví reflexiones como éstas:

– ‘Es necesario caminar en la verdad y en el espíritu, sin tanto ritual y tanta palabrería. La gente reclama más compasión y más misericordia, menos sacrificios estériles’
– ‘Nuestro Dios nos ha abandonado, todos sienten gran desespero y decepción. El Dios de nuestros padres los amaba, acompañaba y protegía siempre’
– ‘El pueblo está buscando pan y libertad, sólo unos pocos tienen alimento en abundancia’
– ‘El romano orgulloso que ocupa nuestros pueblos busca sólo su propio interés, menosprecia nuestra tradición y empeora la situación sembrando violencia’
– ‘Las plazas y los caminos se llenan día y noche de gente abandonada, enferma, sin techo, hambrienta, moribunda, clamando al cielo sin descanso’
– ‘¿Qué podemos hacer?’

+ Estando muy al comienzo de su predicación, el maestro de Galilea buscaba gente inquieta y generosa. Bastaría un gesto del gran maestro para que Mateo se embarcara en la aventura de seguirle incondicionalmente. Para Mateo se trataba de realizar por fin un sueño suyo muy querido:

-‘Maestro Jesús, quiero seguirte siempre, acompañarte en tu trabajo, vivir contigo y como tú para siempre’
-‘Ven conmigo, Mateo, déjalo todo ahora mismo y sígueme’

Los dos querían renovar la vida y purificar ese aire mortal que se respiraba, pero ¿cómo hacerlo? ¿qué planes tenía Jesús? Los dos temían el rechazo de las autoridades religiosas y la exclusión. Podían ver ya a lo lejos aproximándose la sombra del fracaso, pero también sentían con fuerza que una luz nueva clareaba en sus corazones y lo iluminaba todo.

+ ‘Y tú, joven Magdalena ¿cómo te encontraste entre estos grandes personajes de tu tiempo?’

Yo preferí mirar en silencio sin perder detalle, escuchar y aprender, pero sobre todo amé. Me junté cuanto pude a cuantos me abrían desinteresadamente las puertas de su vida y de su corazón, los que no me dejaron fuera a la intemperie. Como siempre, ahora más que nunca, mendigo del buen amor, ya cansada de tantos rechazos y menosprecios.

Mientras habité en la casa de Leví me ocupé de las muchas necesidades que allí había, tareas propias de una casa con tanto movimiento de gente, negocios e invitados. A veces el mismo Leví me pedía trabajar sobre sus pergaminos, debía cambiar en letras y números de Roma algunos escritos y documentos propios de su oficio. Los signos y dibujos que utilizan los romanos en sus documentos eran muy distintos a los nuestros y yo había aprendido desde muy niña a dibujarlos.

* Imagen: “La vocación de san Mateo”, M.C. Reymerswaele (c.1530), expresa la sorpresa y la satisfacción del encuentro decisivo entre maestro y discípulo.

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