El Rostro de Cristo

-Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. (Salmo 26)
-Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos blancos como la luz. (Mateo c.17)

+ La tradición occidental identifica como verdadero Rostro la huella de Cristo en la tela que secó su cara camino del Calvario. En el evangelio apócrifo de Nicodemo, Verónica, la mujer sanada del flujo de sangre, lo atestiguó ante Pilato.

Varias Iglesias dijeron poseer la imagen del Rostro de Cristo. Cuenta la ‘Leyenda Aurea’ que el emperador Tiberio se curó al ver la imagen que llevó a Roma la Verónica. Verán detalles en comentario.

+ Según el Oriente cristiano, la auténtica Santa Faz es el ‘Mandylion’ de Edesa, retrato enviado para curar al rey Abgar. Podría corresponder a la «Sábana santa» de Turín. La Santa Faz de Yaroslavl, aquí en la imagen.

+ Himnos primitivos dirán que Jesucristo es el «icono» perfecto, la mejor «imagen del Dios invisible», identificado también con nosotros, con las personas que sufren. El arte consideró rostros diversos de Cristo:

El apacible rostro de Jesús en el monte de las Bienaventuranzas.
-Su rostro transfigurado que «brillaba como el sol».
-El rostro desfigurado por el dolor, recién bajado de la cruz.
-Su rostro de hombre nuevo resucitado reconocido «al partir el pan».
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Rembrandt, Rostro de Cristo, 1650. «Un fondo marrón oscuro recubre todo el lienzo: las tinieblas del pecado abruman a toda la humanidad. Del seno de ese abismo emerge una luz dulce que calienta sin quemar, que ilumina sin deslumbrar, que consuela sin condenar» (Pierre-M Dumont).

La Santa Faz, Icono ruso, s xiii, Yaroslavl (Rusia). Los ojos grandes confieren magnetismo al rostro. La nariz, larga y estrecha, la boca pequeña y cerrada, indican silencio y fuerza interior.

-Podrán leer más temas sobre Jesucristo en «El Rostro de Cristo», pdf.