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«Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también sus cuerpos mortales» (Romanos c.8)
Hoy es domingo, día de resurrección y de esperanza para los cristianos.
Vuelve al blog el tema del ahora y el después, de cómo termina o recomienza todo, de la muerte y de la vida.
– Jesús dice: ‘Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes’ (san Juan c.14)
– Si la muerte fuera puerta de la vida, la fe llama y espera. Lo prometido, luminoso y veraz, nos llenará de dicha para siempre
– Será al atardecer de nuestra vida. Hoy en el recuerdo de un amigo, creyente de verdad y generoso. Descanse en paz.
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Cuando la muerte sea vencida
y estemos libres en el reino,
cuando la nueva tierra nazca
en la gloria del nuevo cielo,
cuando tengamos la alegría
con un seguro entendimiento
y el aire sea como una luz
para las almas y los cuerpos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando veamos cara a cara
lo que hemos visto en un espejo
y sepamos que la bondad
y la belleza están de acuerdo,
cuando, al mirar lo que quisimos,
lo veamos claro y perfecto
y sepamos que ha de durar,
sin pasión, sin aburrimiento,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando vivamos en la plena
satisfacción de los deseos,
cuando el Rey nos ame y nos mire,
para que nosotros le amemos,
y podamos hablar con él
sin palabras, cuando gocemos
de la compañía feliz
de los que aquí tuvimos lejos,
entonces, sólo entonces, estaremos contentos.
Cuando un suspiro de alegría
nos llene, sin cesar, el pecho,
entonces -siempre, siempre-, entonces
seremos bien lo que seremos.
* Himno litúrgico. Escuchen cantado por Tony Rubi:
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(Toni Rubi was born in Güines, Cuba. He is now working in the Jackson Memorial Hospital in Miami, Florida and is also music minister for St. Lazarus Church in Hialeah, Florida)
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Sobre el tema de la esperanza, el teólogo José Antonio Pagola escribió a propósito del lento florecer del Reino de Dios:
“Jesús invita a vivir esta vida como una primavera. La vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos Dios.”
– La muerte como puerta para la vida, vean en comentario este testimonio de San Efrén siglo IV.
– También en comentario un texto de san Pablo realista, cargado de fe y esperanza.

«Así la muerte es para los hombres una especie de nacimiento. Los que nacen lloran al dejar el universo, madre de dolores, para entrar en el paraíso de delicias. ¡Oh tú, Señor del paraíso, ten piedad de mí! Si no es posible entrar en tu paraíso, al menos hazme digno de los pastos de su entrada. En el centro del paraíso está la mesa de los santos, pero en el exterior los frutos de su cercado caen como migajas para los pecadores que, incluso allí, vivirán gracias a tu bondad.»
San Efrén. Himno sobre el paraíso, n. 5. Diácono y maestro en la escuela de Edesa, Mesopotamia, escribe sus obras para la liturgia y la catequesis de lengua siríaca.
Doctor de la Iglesia (306?-373).
«Nosotros creemos sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él. Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno. Porque sabemos que si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas, es eterna y está en los cielos.»
–San Pablo, 2a. Carta a los Corintios cap. 4°