Dios está en el silencio

«Sal y ponte en el monte ante Yahvé, que el Señor va a pasar. . . Un fuerte viento desgajó la montaña, pero Él no estaba en el viento; después hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en él; hubo un fuego, pero no estaba Yahvé el Señor en el fuego; tras el fuego, el susurro de una brisa suave. . . Elías cubrió su rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva», 1Reyes c.19.

:: Con ese texto en la pantalla comienza “El Gran silencio” (Philip Gröning, 2006), la película que muestra por vez primera el día a día dentro de la Gran Cartuja en los Alpes franceses. Una cinta austera, cercana a la meditación y al silencio, presenta la vida en estado puro y la presencia absoluta, unos hombres que entregaron su vida a Dios en la contemplación, “Señor, me sedujiste y yo me dejé seducir” (Jeremías).

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¿Nos convendrá a todos recuperar el silencio en nuestros corazones? En un tiempo tan lleno de ruidos y de prisas, urge asegurar la respiración interior. Nuestros deseos y pensamientos, nuestros fantasmas personales, suplican sosiego.

:: También sobre el silencio traigo aquí estas lindas palabras, dirigidas por un amigo sabio a gente que necesitará permanecer despierta y con sus lámparas encendidas. Ha comenzado en Roma el llamado “Año de la Fe”. El silencio, la oración y la fe están emparentados.

«Estamos necesitados de un lugar en nuestro interior donde no haya ruidos, donde nos pueda hablar la voz del Espíritu de Dios. Necesitamos convertirnos nosotros mismos en silencio, un espacio abierto que la Palabra de Dios pueda llenar y el Espíritu de Dios pueda inflamar para bien de otros… Para oír al Espíritu hay que afinar el instrumento y dar importancia al silencio»

:: ¿Cómo explicar esa rica interioridad? ¿Cómo trabaja el divino Espíritu en nuestro espíritu personal? Esto leí citando al monje Isaac de Nínive (+700), también llamado Isaac de Siria:

«Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede ya dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerma o vele, coma, beba o trabaje, la oración no cesa en él, el perfume de la oración exhala espontáneamente de su corazón»