El silencio de Jesús

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En las fiestas ya pasadas de la Semana santa, leyendo la Pasión de San Mateo, rechinaron en nuestro interior esas piezas que parecen no ajustar bien en la vida de Jesús de Nazaret:

– ¿Por qué no huyó ante la muerte inminente? “Después del beso de Judas, Jesús dijo: Amigo, lo que has de hacer, hazlo pronto”.
– ¿Por qué no se defendió con la fuerza? “Uno estando con Jesús sacó su espada y cortó una oreja al criado; Jesús le dijo: Guarda tu espada”.
– ¿No se defendió ante Caifás y Pilato? “Los jefes y los ancianos acusaron. Pilato preguntó: ¿No oyes lo que dicen contra ti? Jesús guardó silencio”.

El silencio de Jesús, su actitud paciente frente a la burla, todavía hoy nos interpela. Con razón él dijo: “Todos perderán su fe en mí esta noche… Los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron”.

Mejor no escandalizarnos de la Pasión del Señor, ni de tanto dolor injusto en nuestro mundo. Ojalá pudiéramos con fe mirar y decir, como aquel testigo: ¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!

– ¿No será el silencio de Jesús su modo de disculpar tanta ofensa? ¿Será el silencio su más íntima oración, la palabra elocuente que nos salva? El silencio de Jesús de Nazaret fue entrega y perdón, misterio de amor.