La confesión

Fue tiempo de confesión y de cambio… Repasando el modo de hacer de Jesús de Nazaret, les ofrezco este apunte de evangelio. Saben que fue una sana costumbre conservada por los católicos la práctica de la confesión. Con una serie de condiciones el sacerdote perdonará en nombre de Dios, solo si hay arrepentimiento y se dice de palabra la verdad, “A quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados”.

rembrandt_elregresodelhijorpodigo-72cLa costumbre muy antigua, aunque no siempre fue así, fue de disponer de unas como madrigueras en madera, algo tenebrosas, donde asegurar el anonimato y el secreto. A estos lugares se les llamó confesonario. Es cierto que en caso de necesidad, cualquier lugar será válido.

La tradición quiso justificar y remontar el tema al mismo Jesús de Nazaret, con el que la gente gustó conversar en privado y contar sus males, suplicó curación y consejo al buen Maestro, recibiendo su bendición e incluso su caricia, tomando sus manos u otros gestos que devolvían la paz a la persona que sentíase curada, como nueva.

Así fue como un amigo mío recordó, puso por escrito y envió al blog las diversas situaciones en las que Jesús perdonó o curó a la gente, diferentes modos y lugares, a personas muy diversas, como supiera o le fuera posible; todas ellas sin duda confesiones muy dignas y muy válidas!

Diferentes lugares donde Jesús confiesa, cura y perdona:

– Sentado en el pozo, a la mujer samaritana
– Recostado a la mesa, a una pecadora en casa Simón
– Bajo la higuera y en su casa, a Zaqueo
– Desde lejos, a diez leprosos
– Al borde del camino, a un ciego
– De pie, al joven rico
– En la puerta de la casa, al hijo pródigo
– Sentado, escribiendo en la arena, a la mujer adúltera
– De noche en secreto, a Nicodemo
– Junto a una piscina, al paralítico
– Rodeado de gente, a la mujer hemorroísa
– Transfigurado en la montaña, a 3 discípulos
– Navegando en el lago, a los discípulos
– En una sinagoga, a la mujer encorvada
– Cenando, a Judas
– Desde la cruz, a sus verdugos
– En la cruz, a los 2 ladrones
– Junto al lago después de almorzar, a Simón Pedro
– Caminando, a los 2 de Emaús

Ustedes podrán continuar si recuerdan otras situaciones. Si fueran madre de familia, maestro o catequista, harán hacer el ejercicio de buscar los lugares y capítulos de los varios personajes que aparecieron citados, y otros más que encontrarán. Paz a todos.

– Pasadas unas semanas encontré este pensamiento reconfortante que seguro les agrada y recordarán: “Errar es humano; perdonar, divino”.

* Imagen: El retorno del hijo pródigo (detalle), 1662, Rembrandt.

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