Conócete a ti mismo

“Conócete a ti mismo”, fue una invitación a peregrinar por el mundo interior de la persona, como en algunas corrientes filosóficas griegas y también en grandes religiones orientales.

giacometti_1901-1966_cabeza_hombre_peana-2 A / En el pórtico del templo de Delfos se hallaba la inscripción “Conócete a ti mismo”. Su objeto fue llevar al hombre a reconocer los límites de su propia naturaleza y a no aspirar a lo que pertenece a los dioses.

Sócrates se sirvió del tema en sus enseñanzas, en el reconocimiento de nuestra ignorancia, poniendo la virtud mayor en el conocer. Proclamó que la sabiduría estará en saber que no se sabe, frente a los que dicen saber lo que no saben.

B / “Que yo me conozca y que yo te conozca”, así lo expresó San Agustín, filósofo y obispo católico, como introspección e interioridad. Fue un buscador de la verdad desde su juventud, inquieto por conocer. La interioridad referida al mundo personal, al psiquismo, a la propia vida del espíritu.

El joven Agustín, en su peregrinación intelectual y en sus análisis, consideró que el conocimiento de sí mismo y de Dios será la tarea más importante del hombre:

He rogado a Dios.
– ¿Qué quieres, pues, saber?
Quiero conocer a Dios y al alma.
– ¿Nada más?
Nada más.

Una vez hallada la verdad como persona, pudo exclamar:

– Tarde te amé, tarde te conocí.
– Tú estabas dentro de mí, yo te andaba buscando fuera.
– Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

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C / En el salmo 139 el poeta bíblico cantó la mutua intimidad y confianza entre la persona creyente y el Dios que se da a conocer. La fe no debiera ser estorbo para conocerse, sino ayuda y estímulo:

“Señor, tú estás siempre conmigo, tú me conoces como nadie. Tú sabes mis dudas y conoces mi oscuridad. Tú me conoces y me respetas, me acompañas y estás presente en todos mis pensamientos y mis acciones, en lo más adentro de mí mismo estás tú, nada habré de temer porque tú vas conmigo.”

En los evangelios Jesús de Nazaret se presentó a sus discípulos como un pastor que conoce bien a cada una de sus ovejas y desea que lo conozcan, sus ovejas adivinan su voz y conocen sus pasos.

D / El conocimiento propio vendrá también de lo que otras personas, las que me quieren bien, sientan y piensen de mí.

Oí días pasados a un predicador hablar así de la oración, como un diálogo entre dos, Dios/ Jesucristo y nosotros, interesados en conocerse, que se preguntarán en actitud sincera y de escucha:

– Dime en verdad, ¿qué piensas de mí? ¿qué sientes por mí? ¿qué esperas de mí?

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-Imagen: Cabeza de hombre, Albert Giacometti, 1901-1966. Para J.P. Sartre el autor fue un ‘artista existencial’, los seres representados en sus esculturas estaban ‘a mitad camino entre la nada y el ser’.
-Vean nuestro post “El amor a sí mismo”.

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