Dijeron que en el cuadro ‘El buen samaritano’ de van Gogh hubo algo de autobiográfico: su identificación con el malherido, la ayuda inestimable de su hermano Théo, sus deseos y fracasos reflejados entre líneas y sombras.
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– Uno de los pintores que mejor trasmitió el drama de su vida con los pinceles fue Vincent van Gogh (1853-1890), para quien el color se convirtió en expresión de su soledad y sus miedos.
En uno de los ingresos hospitalarios, a dos meses de su muerte, pudo van Gogh realizar el deseo de copiar la litografía de Eugène Delacroix ‘El buen samaritano’, un hombre abandonado al que alguien auxilia, un ejemplo de misericordia.
El pintor quiso reflejar y agradecer el esfuerzo grande de su hermano en atenderle, en ‘curar sus heridas’. Su situación anímica de rechazado buscó en la parábola del evangelio donde identificarse y salvarse.
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– No soy indiferente, y a veces los pensamientos religiosos me traen gran consuelo.
– La necesidad de Dios me impulsó a salir de noche para pintar las estrellas, dirá a su hermano.
En estas obras de carácter religioso, como en la ‘Piedad’ y ‘La resurrección de Lázaro’, realizadas al salir de sus ingresos hospitalarios, Vincent van Gogh encontró alivio tras sus recaídas, viéndose reflejado en los protagonistas de los cuadros.
(Parábola del Buen samaritano en san Lucas c.10)
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