Navidad, la espera

Pensar, meditar, orar. Lo llamaron ADVIENTO, lo que viene y está llegando. Será tiempo de oscuridad, en el cielo anochece pronto, y en la tierra deseando la luz de cada día. El oscurecer será como la muerte, el pecado o la desesperanza, mas poco a poco amanece, si se mantiene la espera: renace la vida, llegará la Luz, la NAVIDAD de Jesús.

JESÚS dirá ‘Yo soy Luz de Dios’. Nuestro Dios se acerca cada día, en tantas miradas, limpias, divinas, como las suyas, de extraños, de ancianos, de niñas sin hogar, en tanta soledad, de noche en la ciudad. Se presenta, comparte y acompaña, CON NOSOTROS siempre.

Al final vendrá, al final de la noche y del día, al final de la propia vida, vendrá el Señor. La poesía nos dirá tanto asombro y alegría.

El adviento es larga espera
de un Dios que se va gestando
y en su seno revelando,
la gracia y la humanidad entera.

Por vericuetos sin nombre,
–incansable peregrino–
Dios siempre está de camino
viniendo en busca del hombre.

¿Hay alguien que no se asombre de ver
a Dios empeñado en llegar
apresurado al encuentro con el hombre?

El Dios que a nosotros viene
en advientos cotidianos,
transita con pies y manos;
los que Jesús tuvo y tiene
en los hombres sus hermanos.

(Cf. J.L. Martínez González)

+ MARÍA, madre de Dios, cuéntanos los secretos de Jesús tu hijo, su corazón divino, su palabra, su alma eterna, su cálida mirada, sus manos adorables, su luminosa presencia. Ponnos junto a él. Comparte con nosotros el deleite de su amistad y la grandeza de su llamado, ‘ven conmigo’. Cuéntanos tu abrazo en la mañana, tu alegría y gratitud, tu ‘magníficat’ cada día. Cuéntanos, María, madre nuestra.

__ __

Recordarán este bello canto ‘Madre del Silencio’, del grupo chileno “Canto Católico”: