Ignacio de Loyola, la gloria de Dios

# Homenaje y simpatía por Ignacio de Loyola (1491-1556), celebrando el 31 de julio la fiesta aniversario de su muerte en la ciudad de Roma.

Afán de gloria, la gloria de Dios, Lutero, Loyola… Cada uno buscó la gloria, sus sueños, o bien solo «la mayor gloria de Dios».
– Difícil meta del señor de Loyola, convertido en servidor de su nuevo Rey, Jesucristo, fruto de los Ejercicios espirituales.

«Frente al individualismo de LUTERO, solo se salvarán los elegidos, IGNACIO creyó en un nuevo orden donde caben las metas de los excluidos. Loyola fue un soñador que chocó con la Inquisición, con la burocracia vaticana, librando duras batallas consigo mismo.» (Cf. Luis del Val, Afán de gloria)

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# Su contemporáneo y amigo Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), sentirá asimismo en propia carne las grandezas y miserias de la época. Al final de su vida, cansado y dolorido como Ignacio, nos dirá en confianza con estos versos lo que muy adentro sentía:

Llegado ha el curso de la vida mía,
con tempestuoso mar, en frágil barca,
al común puerto, donde se va a rendir
cuenta y razón de obras tristes o piadosas.
.. Así la apasionada fantasía
que del arte hizo mi ídolo y monarca
conozco ahora estar de error cargada
y lo que, mal su grado, el hombre busca.
.. Los amorosos pensamientos, vanos y alegres,
¿qué harán si a dos muertes me aproximo?
De una estoy cierto, la otra me amenaza.
.. Ni pintar ni esculpir me dan sosiego
al alma, vuelta a aquel amor divino
que en la cruz a todos nos abraza.

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-Parece que Miguel Ángel, también Ignacio de Loyola, pudieron identificarse con el Pablo caído y deslumbrado, detalle del fresco del artista en la Capilla Paulina de Roma.

-Los días previos a su muerte, se dice que Miguel Ángel pidió leerle pasajes de la pasión de Cristo del Evangelio.
-Se le atribuyeron estos pensamientos: ‘Desde mi nacimiento me vi destinado a representar la belleza… Consideré la belleza humana cono la imagen de la perfección divina’

Los justos, la justicia y el amor

«Todo esto se me ocurrió -cuenta Martín Garzo- al visitar en mi ciudad un centro para niños con parálisis cerebral.»

Resumiré algunas ideas que reflejan un modo de vivir y de valorar las personas que nos acerca a la soñada bondad original y nos humaniza.

«Cuando hay que elegir entre la justicia y el amor,  yo elijo las dos cosas, dijo Elías Canetti. Hablo de esa justicia que no sabe vivir a espaldas del amor.»

José Luis Borges, en su poema «Los justos» nombró acciones humildes de personas anónimas, acciones que sostienen el mundo:

«Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire,
El que agradece que en la tierra haya música,
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez,
El ceramista que premedita un color y una forma,
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada,
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto,
El que acaricia a un animal dormido,
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho,
El que prefiere que los otros tengan razón,
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.»

-Como la madre que esperando encontrar en su cuna a un niño normal, encuentra un ser desfigurado y se ocupa de él como si recibiera en su regazo el cuerpo de un dios diminuto.
-Las pobres criaturas para los que el más elemental de los gestos, tomar una cuchara, por ejemplo, es comparable a la conquista por parte de los alpinistas de la cumbre del Everest.
-Los educadores que escriben para sus alumnos cuentos en que las palabras se confunden con los objetos del mundo.

Cada uno de ellos nos entrega su propia historia. Serán ‘los nuevos justos’ que, sin darse cuenta, sin pretenderlo, hacen que «El halcón y la paloma» puedan volar juntos sin hacerse daño, según cuenta la leyenda oriental del «Mahabharata».

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Cf. Gustavo Martín Garzo, “El halcón y la paloma” (ElPais.com, 20/07/2009).

Imagen: «El joven flautista», Edouard Manet.

Creer, tres preguntas a Dios / Cardenal Martini

Testimonios del Cardenal Carlos María Martini, ex arzobispo de Milán, ilustre biblista. Buscamos hoy sus palabras sinceras, la verdad comunicada desde el corazón, una fe que nos abraza y reconforta.
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¿Por qué cree usted personalmente en Dios? ¿Cómo experimenta a Dios?

-Mis padres me regalaron la fe en Dios, mi madre me enseñó a rezar. Dificultades que tuve en mi vida me mostraron que puedo confiar, que Dios es bueno.
-Mi tarea fue hablar sobre la fe. Los jóvenes me ayudaron a buscar respuestas a preguntas nuevas. Cuando más aprendes a creer es cuando explicas la fe a otras personas.
-Experimentar a Dios es importante, en la naturaleza, en el amor, en la Biblia. Es el arte de la vigilancia interior, que tienes que aprender igual que el arte de amar o el arte del buen trabajo.

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¿Qué preguntaría usted hoy a Jesús, si tuviese la posibilidad?

-Le preguntaría si me ama a pesar de que soy débil y he fallado. Yo sé que me ama, pero aun así quisiera escucharlo de sus propios labios.
-También le preguntaría si en la muerte me vendrá a buscar, si me recibe. Que en las horas difíciles o en la muerte, me envíe ángeles y santos que me tengan de la mano y me ayuden a superar mi temor.
-Antes tenía otras preguntas, hoy pido que me acepte y no me deje solo.

Los cristianos creemos que todo ha sido creado por amor, ¿de dónde el mal? ¿cómo hay tanto sufrimiento?

-Cuando contemplo el mal en el mundo me quedo sin aliento. Entiendo a las personas que concluyen que Dios no existe. Si miramos el mundo con los ojos de la fe, con esperanza, despertará el amor y el compromiso.
-Somos personas libres, que aman, que pueden decir sí o no, no somos robots ni esclavos. Tenemos que trabajar duro en nuestra respuesta al amor de Dios.
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* Textos en C. Martini, “Coloquios nocturnos en Jerusalén”, 2008.

El Cardenal Martini, símbolo de renovación católica, falleció en Roma en agosto de 2012 a los 85 años.