Las preguntas a Jesucristo

El tema quedó pendiente desde el post «Las preguntas de Cristo», las que él dirigió a sus discípulos y también a la gente. Verán ahora las dudas que sus seguidores y demás personas le plantearon a lo largo de los evangelios.

Sabemos por el redactor que algunas preguntas llevaron trampa, «para ponerlo a prueba», otras fueron inquietudes sinceras, cuestiones sobre la actividad de Jesús de Nazaret y su identidad.

Cristo | Bradi Barth

1 –Juan Bautista preguntó: ¿Eres tú el que vendrá o esperamos a otro?
2 –Los discípulos buscaron conocerlo mejor: Maestro, ¿dónde vives?
3 –Nicodemo de noche preguntó: ¿Cómo podrá uno nacer de nuevo?
4 –Al oirlo y ver sus milagros: ¿No es este el hijo del carpintero?

5 –Los fariseos preguntaron: ¿Comes con publicanos y pecadores?
6 –Los letrados: ¿Cuál es el mandamiento principal? ¿y mi prójimo?
7 –En casa de Simón el fariseo: ¿Quién será este que perdona pecados?
8 –Los discípulos: ¿Quién será, da órdenes al viento y lo obedece?

9 –Discípulos discuten: Quién será más importante en el Reino de Dios.
10 –El sumo sacerdote preguntó: ¿Eres tú el Mesías, Hijo de Dios?
11 –Pilato quiso saber: ¿Eres tú el rey de los judíos?
12 –El día final: ¿Cuándo te vimos hambriento, desnudo o enfermo?

Ahí quedaron algunas preguntas a Cristo. Sus respuestas formarán los evangelios, la novedad de sus propuestas y el misterio de su persona. Buena noticia que cambió los corazones de cuantos creyeron en él. Jesús inspiró confianza, aportará esperanza.

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Recordarán las preguntas que el Cardenal Carlos Martini deseó hacer a Jesucristo:

-Quiero saber si me ama a pesar de que he cometido tantas faltas. Yo sé que me ama, pero aun así quisiera escucharlo de nuevo de sus propios labios.
-Le preguntaré si en la muerte me vendrá a buscar, y me recibe. Le pediré que en las horas difíciles, en la despedida o en la muerte, me envíe ángeles, santos o amigos que me tengan de la mano y me ayuden a superar mi temor.
-Antes tenía otras preguntas, hoy le pido que me acepte y no me deje solo.

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Ante los temores de los discípulos en medio de la tempestad: ¿No te importa Señor que nos hundamos? ¿Quién será este si el viento y el mar lo obedecen?, esta bella oración de confianza que san Agustín ofreció pidiendo auxilio en medio de su propia tempestad:

¡Señor, sálvanos!

«Dios mío, mi corazón es como un ancho mar, siempre agitado por las tempestades: que en ti encuentre la paz y el descanso. Tú mandaste al viento y al mar que se calmaran, y, al oír tu voz, se apaciguaron; ven ahora a apaciguar las agitaciones de mi corazón a fin de que en mí todo sea pacífico y tranquilo y pueda yo poseerte a ti, mi único bien, y contemplarte, dulce luz de mis ojos, sin confusión ni oscuridad.
– Oh Dios mío, que mi alma, liberada de los pensamientos tumultuosos de este mundo se esconda a la sombra de tus alas. Que encuentre en ti un lugar de refrigerio y de paz; que, exultante de gozo, pueda cantar: En paz me acuesto y enseguida me duermo junto a ti.
– Que mi alma descanse, te pido, Dios mío, que descanse de todo lo que hay bajo el cielo y permanezca despierta solo para ti, como está escrito: Duermo, pero mi corazón está en vela. Mi alma solo puede estar en paz y seguridad, Dios mío, bajo la protección de tus alas.» (Meditaciones c.37)

Un pensamiento en “Las preguntas a Jesucristo

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