Confiar es amar

De nuevo en el blog unos pensamientos sobre la confianza. No basta creer, necesitamos también confiar, siempre pero mucho más en momentos difíciles. Si uno recibe malos tratos de la vida o se oscurece la fe, pedirá por favor que no se agote nunca el amor ni la confianza ni se pierda la paz.

Confiar en uno mismo, confiar en los demás y confiar en Dios. Así será el sentir recíproco para el creyente: yo sé que Dios mi señor confía en mí porque me ama, yo puedo confiar en él porque sé que soy suyo y no me soltará de su mano.

rosales_tobiasyelangel

Muchas oraciones de todos los tiempos así lo expresaron, pero especialmente los Salmos de la Biblia son frecuentes en ruegos de ayuda y expresiones de confianza:

– “Nada temo porque tú vas conmigo”
– “Protégeme, Dios mío, yo me refugio en tí”
– “Mi suerte está en tu mano”
– “Como un niño en brazos de su madre”

De todo esto me hizo caer en la cuenta la lectura del Salmo 121 presentado como canto de peregrinación, tal vez en el destierro. Jesús de Nazaret debió rezar este salmo con frecuencia en el peligro y la tentación, o al verse incomprendido y acosado por sus enemigos. Es un canto al centinela divino, que vigila sin cesar por sus criaturas. Bien pudiera ser la súplica confiada del hijo pródigo o de la oveja perdida…

Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

– Él no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
No duerme ni dormita
el guardián de Israel.

El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
de día no te dañará el sol,
ni la luna de noche.

– El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
Él te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

__ __

* Imagen: Tobías y el Ángel, fragmento, Eduardo Rosales, 1860, Museo del Prado (Madrid).