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«Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá, y todo lo que vive y cree en mí, no morirá para siempre, ¿crees esto?», le dijo Jesús a Marta de Betania (san Juan c.11)
Por este día, ‘Día de las Ánimas’, y por el problema de los migrantes, me pasaron una oración: la precariedad de nuestra vida y la injusticia de situaciones, también la esperada cercanía de Dios Padre a nuestros problemas. Mientras tanto quedará el compromiso de mutua hospitalidad, pues pronto o tarde todos seremos ‘migrantes’, nuestro último viaje.
VIAJAR ES VIVIR, PARTIR ES MORIR
Viajar hacia Ti, eso es vivir;
partir es un poco morir;
llegar nunca es llegar definitivo hasta descansar en Ti.
Tú, Señor, conociste la migración,
y la hiciste presente a todo hombre que comprende qué es vivir
y quiere llegar seguro al puerto de la vida.
Tú sacaste de su tierra a Abraham, padre de todos los creyentes.
Tú recordaste cuáles eran los caminos para llegar a Ti,
por los profetas y los apóstoles.
Tú mismo te hiciste migrante del cielo a la tierra en el seno de tu Madre,
apenas concebido, en tu precipitada fuga a Egipto,
por los caminos sembrando el Evangelio,
multiplicando el pan, sanando a los enfermos
y regresando al Padre en tu ascensión.
Concédenos fe inconmovible, esperanza confiada y alegre,
caridad ardiente y generosa, para emigrar con paz en el alma
y llegar hasta Ti cada día, y el último día. Amén
(D. Francisco Valdés, Obispo de Osorno, Chile)
Les recordaré esta explicación de san Pablo:
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– Sabrán que si esta tienda de campaña, nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada para siempre, no hecha por mano humana, que está en los cielos. (2Corintios c.5)
* Imagen: Palmira – Siria
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Ven amado mío – el Evangelio desde Sión
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