El beso de Jesús, parábola

Contaron años atrás, de nuevo estos días, la anécdota que vivió un sacerdote en su trabajo. Varias redes sociales se hicieron eco del testimonio lleno de afecto y de fe entrañable.

Así lo titularon: ‘El beso de Jesús’, que presentaré en el blog como una parábola, pensando les gustará si no conocieran. Dice así:

“A los 6 meses de ordenado sacerdote, mi Obispo me envió a una Parroquia para suplir al Párroco. No fue fácil, pero mi tarea mejoró gracias al pequeño Gabriel, protagonista de este relato.

Al poco de llegar recibí un matrimonio joven con su pequeño hijo síndrome de Down. Me pidieron que lo aceptara como monaguillo. No pude decir que no, le pregunté si quería ser mi monaguillo, no me respondió sino que se me abrazó a la cintura. Así me convenció.

Muchos vinieron a la Iglesia para verlo de monaguillo. Antes de la Misa pensé que Gabriel nada sabía de cómo ayudar la Misa; se me ocurrió decirle: ‘Gabriel, tienes que hacer todo lo que yo haga, ¿vale?’

Gabriel es el niño más obediente del mundo, y al besar el altar, el pequeño se quedó prendido a él. Gabriel continuó tratando de imitar mis movimientos. Al terminar le dije que el altar solo lo besaré yo. Le expliqué cómo el sacerdote se une a Cristo en este beso. Él me dice: ¡Anda, yo también quiero besarlo! Le dije que yo lo haría por los dos, ¿conforme?

Pero al siguiente domingo, al iniciar la Celebración y besar el altar, Gabriel puso su mejilla en él y no se despegaba del altar con una gran sonrisa en su pequeño rostro. Al terminar hablamos.

– Gabriel, te dije que yo lo besaré por los dos.
– Padre, yo no lo besé, Él me besó a mí, ¡de verdad, me llenó de besos!

La forma en que me lo dijo, me llenó de santa envidia. Al cerrar el templo y despedir a mis feligreses me acerqué al altar y puse mi mejilla en él: ‘Señor, bésame como a Gabriel’.

Aquel niño me recordó que ganar el corazón de aquel pueblo solo podía ser desde esa dulce intimidad con el único Sacerdote, Cristo. Desde entonces mi beso al altar es doble pues pongo mi mejilla para recibir su beso. ¡Gracias, Gabriel!”