Ejercicios espirituales -4 / los deseos

    «Todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios spirituales» (Ejercicios esp. 1)

# ¿A dónde me llevará este tiempo de oración, soledad y silencio? Los buenos deseos, como oración de petición, marcarán el itinerario de los Ejercicios espirituales del santo de Loyola.

Proyectos, ilusiones y propias carencias precisarán alianzas y complicidades para alcanzar lo que quiero y deseo ¡Pidan, y recibirán!

Hoy les ofreceré finalmente las peticiones principales del libro espiritual. Al repetir lo que busco, daré valor a lo que pido y crecerá en mí el deseo, con la necesaria ayuda divina, reconociendo mi impotencia.

‘DEMANDAR A DIOS N. SEÑOR LO QUE YO QUIERO Y DESEO…’

    : Que mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ORDENADAS en su servicio y alabanza.
    : Pediré el CONOCIMIENTO interno de mis pecados y el desorden de mis operaciones, que me enmiende y ordene.
    : Que no sea sordo a SU LLAMADO, mas presto y diligente en cumplir su voluntad.

    : El CONOCIMIENTO interno del Señor, que por mí se hizo hombre, para más amarlo y seguirlo.
    : CONOCIMIENTO de los engaños del mal espíritu, y de la Vida verdadera del Rey eterno, y gracia para imitarlo.
    : Pediré CONOCIMIENTO interno de tanto bien recibido, así pueda en todo amar y servir a su Divina Majestad.

# El conocimiento será lucidez, un saber no superficial que favorezca el ejercicio de la propia libertad: conocer en verdad lo que yo quiero, qué quiere Dios, y querer lo mismo.

    «Tenemos que volver a aprender que no es sólo el corazón el que debe rezar, sino también la mente. El mismo conocimiento ha de convertirse en oración, en cuanto la verdad se hace amor» (Romano Guardini)

Será la sabiduría del bien y del mal perdida en su divina simplicidad. Pediremos recuperarla tras haberla malversado allá en el origen, también ahora, engañados con malas artes, junto al árbol de la vida.

# Terminando el repaso de textos de los Ejercicios ignacianos, unos versos de Miguel de Unamuno, gran buscador de Dios, donde suplicó humildad, sencillez en el desear, la infancia espiritual (!). Parece que cuando Unamuno murió, encontraron cerca esta oración:

    «Agranda la puerta, Padre,
    porque no puedo pasar.
    La hiciste para los niños,
    y yo he crecido a mi pesar.
    Si no me agrandas la puerta,
    achícame por piedad;
    vuélveme a la edad bendita
    en que vivir es soñar.»

Su oración nos recordó los sentimientos del pequeño salmo 130, el abandono confiado en los brazos de Dios:

– Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas;
yo acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

# Finalmente san Ignacio expresó así al final de su libro el deseo que más importa:

«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer;
Vos me lo disteis; a Vos Señor lo torno; todo es vuestro disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta.»


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Verán más temas de Ejercicios en «10 MEDITACIONES», eBook, pdf.

Las manos atadas de Cristo

Fue un tema de espiritualidad para la fe y un tema de arte para la contemplación, invitando a considerar el interior de Cristo al verlo así cruelmente tratado como un malhechor, habiendo pasado su vida en hacer el bien.

Un Cristo que en Semana santa veremos pasar por nuestras calles, malherido y maniatado, en los tronos del desfile.

Jesús de Nazaret trabajó con sus manos de carpintero hasta los treinta años, que fue al Jordán y Juan lo bautizó.
Al final de su vida, en su condena, fue hecho preso y sus manos atadas, más tarde crucificadas.
También imaginamos a Cristo orando al Padre, juntas sus manos, temblorosas, suplicantes.
Privado de libertad, cesará su tarea humanitaria de bendecir y curar.

    – Extendió la mano y tocó al leproso, ¡queda limpio!
    – Tomó de la mano a la niña muerta, ella se puso en pie.
    – Jesús metió sus dedos en los oídos y tocó la lengua del sordomudo.
    – Jesús tomó de la mano al ciego, le aplicó las manos y lo curó.
    – Él tomó los cinco panes y los peces, los bendijo y los repartió.
    – Jesús extendió la mano y sacó a Pedro del agua.
    – Le acercaron unos niños para que les impusiera las manos.
    – Los guardias de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron.
    – Les enseñó las manos y el costado, los discípulos se alegraron.
    – Levantando las manos, los bendijo y se alejó de ellos.

(Ecce Homo, Jan Provost, c.1490. ‘Pilato mandó azotar a Jesús, lo sacó fuera y les dijo: Aquí tienen al hombre. Todos gritaron: ¡A la cruz!’)

Tal vez los lectores quedaron a la espera de percibir también la caricia sanadora de las manos del Señor. Será buena ocasión para recordar a sus seguidores la misión que traerá de redimir y humanizar.

    – El Padre me envió para liberar a los prisioneros, que los ciegos recuperen la vista y para dar de comer al hambriento, consolar a los tristes y dar cobijo a los sin techo. (Lucas c.4)

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Vean estos versos de Miguel de Unamuno, los gestos del Evangelio:

    «Tus manos, las que abrieron a los ciegos
    los ojos, los oídos a los sordos;
    las que a la hija de Jairo levantaron;
    las que en toque de amor como una brisa
    de los niños las sueltas cabelleras
    acariciaron; las que repartieron
    en tu cena nupcial al despedirte
    tu pan que era tu cuerpo, hoy son dos fuentes
    que manan sangre. Cae sobre los ojos
    de los que ven; cae sobre los oídos
    de los que oyen; sobre los cabellos
    de los niños también. Y llueve sangre
    de las manos del Cristo taladradas
    a tierra que fue manos pedigüeñas
    antaño y aún a Dios se alzan pidiendo
    que les devuelva pordiosera vida.
    ¡Y con ellas apuñas sendos clavos
    manejando los remos de tu cruz!»

    (El Cristo de Velázquez, III,20)

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Palabras del Papa Francisco sobre las manos llagadas de Cristo, el pasado 31 de diciembre de 2022 en la Homilía funeral por Joseph Ratzinger, el Papa emérito Benedicto xvi:

«Jesús cargó sobre sus hombros todas las consecuencias y dificultades del Evangelio, hasta ver sus manos llagadas por amor: ‘Aquí están mis manos’, le dijo a Tomás, y a cada uno de nosotros: ‘Aquí están mis manos’. Manos llagadas que salen al encuentro y no cesan de ofrecerse para que conozcamos el amor que Dios nos tiene y creamos en él».

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En la ofrenda de sí mismo al Padre y de nosotros mismos al Cristo, esta conocida oración:

«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis; a Vos Señor lo torno; todo es vuestro disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta.»

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= Podrán leer más temas sobre Jesucristo en «El Rostro de Cristo», y también en «Jesucristo», eBook, pdf.

= Sus manos crucificadas,. Vean aquí este post con «Las 7 palabras desde la cruz»

Amor eterno / el precio de la vida

# Para el creyente se tratará de una inacabada historia de amor. No recuerdo bien dónde leí este cuentecito. No dejará de impactarme al releerlo, entre ingenuidad y ficción. El Señor prosigue su tarea de rescatarnos de las poderosas garras del mal y de la muerte.

    «Un día Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de ir al Jardín del Edén, y estaba mofándose y riéndose diciendo:

    – Sí, Señor, acabo de apoderarme del mundo lleno de gente de allá abajo. Les tendí una trampa, usé cebo que sabía que no podrían resistir ¡Cayeron todos!
    – ¿Qué vas a hacer con ellos? Preguntó Jesús.
    – Ah, me voy a divertir con ellos. Respondió Satanás. Les enseñaré cómo casarse y divorciarse, cómo odiar y abusar uno del otro, y les enseñaré a inventar armas y bombas para que se destruyan entre sí.
    – ¿Y qué harás cuando te canses de ellos? Le preguntó Jesús.
    – Ah, los mataré. Dijo Satanás con la mirada llena de odio y orgullo.

    – ¿Cuánto quieres por ellos? Preguntó Jesús.
    – Tú no quieres a esa gente. Ellos no son buenos ¿Por qué los querrías tomar? Tú los tomas y ellos te odian. Escupirán a tu rostro, te maldecirán y te matarán ¡Tú no quieres a esa gente!
    – ¿Cuánto? Preguntó nuevamente Jesús.
    Satanás miró a Jesús y sarcásticamente respondió:
    – Toda tu sangre, tus lágrimas, y tu vida.
    – Jesús dijo: ¡HECHO!
    Y así fue como pagó el precio»

Es el amor eterno, el amor de Dios que no falla nunca, que ama siempre, que disculpa y abraza sin cesar a sus hijos, al que marchó y al que se quedó, es el amor extremo del Padre que nos contó el Hijo.

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# Añadiré unos versos de Miguel de Unamuno, de su gran poema «El Cristo de Velázquez», confesión amorosa ante la figura crucificada tan llena de dolor y de misterio.

    «Con tu visión de amor a cuyo atisbo
    nada se escapa, envuelves al pecado,
    y al perdonar al hombre de su culpa
    no te perdonas a Ti mismo, el único
    hijo de Hombre de pecado libre,
    mas el único Tú que lo comprende.
    Y así tomaste sobre Ti el pecado,
    del bien y el mal la triste ciencia amarga,
    la que te hace ser Dios siendo al par hombre,
    pues te has hecho pecado por nosotros,
    y el cielo pueblas de almas que le arrancas
    al mundo, de energías al ladrón.»

    (III, 3)

* Imagen: Rostro de Cristo, K Argüello.
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# Vean también este Soneto anónimo «A Cristo crucificado», cantado por Ximena Gray.

La fe de Cristo

¿Cómo fue la fe de Cristo? Él no necesitó la fe como nosotros. No creía, propiamente él sabía. Jesús de Nazaret ‘hijo del hombre’ fue ante todo el ‘Hijo de Dios’. La fe de Cristo es su sabiduría: Él conoce por sí mismo, de primera mano.

    – El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído.
    – Hablamos de lo que sabemos y de lo que hemos visto.

Nosotros nos fiamos de la palabra de otros, de una experiencia religiosa subjetiva o de la Biblia, pero no vemos claro del todo. La fe es nuestro modo de conocer lo divino y lo humano que se nos escapa, la razón y el sentido de todo. Creemos saber, mas entre sombras y sospechas.

    ¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!
    – Confíen en Dios, confíen también en mí.


La fe es relación, confianza, pero también es un conocer limitado. Son muy expresivas estas palabras de Saulo de Tarso, San Pablo, dirigidas a los cristianos de Corinto:

    “Nuestra conocimiento es imperfecto y nuestras profecías limitadas. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios conoce.”

¿En qué creyó Jesús de Nazaret? La fe de Jesús fueron sus propias opciones y convicciones:

    . . No dudó jamás del amor del PADRE. Amarlo y complacerlo en todo, aun en medio de la contrariedad.
    . . Creyó y apostó por el AMOR hasta el final, con todas sus consecuencias, en la compasión y el perdón sin límites.
    . . La fe de Cristo en el REINO DE DIOS, su plan de redención y restauración de las personas y de la humanidad.
    . . Creyó en las PERSONAS y en su mejora. El proyecto del Reino le costó la vida, fue la razón de su vida.

¿Qué es la fe? Poco importa especular sobre la fe de Cristo, interesa saber si nosotros tenemos fe en Él y en sus palabras. Muerto en Betania su amigo Lázaro, Jesús dirá a los discípulos: ‘Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque muera, vivirá, ¿creen esto?’

Miguel de Unamuno, a raíz de su crisis religiosa, escribió «Nicodemo el fariseo» (1899), donde hizo esta reflexión sobre la fe:

    «¡Qué poco se medita con el corazón y no con la cabeza tan sólo, en lo que la fe sea e importe! No una mera adhesión del intelecto a un principio abstracto, a una fórmula sin contenido; no la afirmación de principios metafísicos o teológicos; no, sino un acto de abandono y de entrega cordial de la voluntad, una serena confianza. Una confianza firme en que habita la verdad dentro de nosotros, en que la verdad es consuelo»

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  • Imagen: «Jesucristo Salvador», Cristo Pantocrator, icono servio s. XIII. El Rostro de Cristo, maestro y pastor bueno, que guía y bendice.

Colección de posts sobre el tema en «Creer», pdf.

La cruz de Cristo

:: La fiesta de la Santa Cruz de septiembre tuvo un origen histórico: conmemorar el día en que la reliquia de la cruz de Cristo fue recuperada y devuelta a Jerusalén.

En el año 614 Copsroes II rey de los persas conquistó Damasco y Jerusalén, causó graves daños a la Iglesia del Santo Sepulcro y se apoderó de la ‘Vera Cruz’.

El emperador Heraclio desplegó una campaña contra los persas recuperando la reliquia. Años después Heraclio marchó triunfalmente hasta Jerusalén donde repuso la ‘Vera Cruz’.

Para evitar nuevos robos, la Santa cruz fue repartida: una parte se llevó a Roma, otra a Constantinopla, una tercera se guardó en Jerusalén, y otra en pequeñas astillas por diversas iglesias del mundo entero.

    ¿Quién encontró la verdadera cruz de Cristo? La fiesta de la Cruz en mayo hará referencia al hallazgo de la cruz en Jerusalén en el siglo 4°. Verán detalles del tema en Comentario.

:: La fiesta de la Cruz recordará desde tiempo muy antiguo la importancia de la muerte en cruz de Jesús de Nazaret para la fe de los cristianos. Jesús le dijo a Nicodemo:

    «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que los que creen en él tengan vida eterna»
    «Moisés levantó la serpiente en el desierto y todos fueron curados, así mismo tiene que ser levantado en alto el Hijo del hombre»
    (cf. s Juan c.3)

Las razones que crucificaron a Jesús, el afán de poder, las envidias y violencia, los rencores y avaricias, causarán todavía la muerte injusta de muchos inocentes a lo largo de los siglos.

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= Imagen: Cristo Crucificado, 1632, detalle, Diego Velázquez.

= Poema del libro de Miguel de Unamuno «El Cristo de Velázquez», III, 17, 1920:

    «Con esos brazos a la cruz clavados
    has hecho, Maestro carpintero, casa
    de Dios a nuestra pobre tierra, dándole
    morada en nuestro suelo. Cuatro clavos,
    hijos del arte humano, te enclavijan
    al árbol de la muerte y vida nuestra,
    formándole a tu Padre en nuestro suelo
    solar de amor. Y aquí sueña y descansa
    su celeste cabeza, en la que el Verbo
    mora increado, como en almohada
    recostando en tu pecho, y a tu toque
    siéntese hombre, que es del todo el fin»

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= También sobre el tema el post «La crucifixión de Cristo». Y este comentario las palabras de Cristo desde la Cruz, «Las 7 palabras».

= En comentarios el poema de León Felipe «Hazme una cruz sencilla, carpintero», los dos mandamientos, el principal y el nuevo, significados en los dos maderos de la cruz.