La casa de Zaqueo

Un día Jesús entró en Jericó. Allí vivía Zaqueo, un hombre muy rico que era jefe de los cobradores de impuestos, los publicanos. Quiso conocer a Jesús, pero no podía porque era muy bajito.

Algunos textos del evangelio serán recordados como si fueran parábolas o relatos ejemplares. Hablan sin embargo de encuentros reales, impresos en la mente y el corazón de las personas, lo contaron y acabó escrito. Será el testimonio de un rato inolvidable pasado con Jesús de Nazaret.

Pensé todo esto cuando escuché leer de nuevo el episodio evangélico del personaje Zaqueo. La descripción de lo ocurrido será sencilla y verosímil.

Para Zaqueo la puerta del Templo se cerró. No practicará la religión en público. Se enriqueció a costa de impuestos recaudados a sus conciudadanos y entregados a los romanos, ocupantes del país. Será criticado, aislado y excluido.

Mostró mucho interés en ver a Jesús, pero la gente se lo impidió. Zaqueo subió a un árbol y puso toda su esperanza en el Maestro de Nazaret, confió que algo bueno pudiera ocurrir, tal vez Jesús no me juzgue ni me desprecie, pensó.

Cuando Jesús pasó por allí, lo vio y le dijo: Zaqueo, baja ahora mismo, hoy quiero hospedarme en tu casa. Zaqueo recibió a Jesús en su casa con mucha alegría.

Sorpresa grande. El Maestro se interesó en conocer a Zaqueo. Jesús tomó la iniciativa, la casa de Zaqueo convertida en templo y santuario. Los dos conversaron como viejos amigos, haciendo planes.

A partir de ese día Zaqueo fue discípulo de Cristo, tomará decisiones difíciles, su vida dio un vuelco. Feliz, generoso, arrepentido, él será buena noticia para muchos, en especial para los más pobres. Un ejemplo para corruptos y defraudadores.

Señor, daré a los pobres la mitad de todo lo que tengo. Y si robé algo, devolveré cuatro veces la cantidad. Hoy en mi casa es día de fiesta y salvación.

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-Texto Zaqueo en San Lucas c.19.
-Imagen: Rembrandt, Autorretrato, aguafuerte.

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Pasados los meses, al releer la entrada, vinieron a la memoria unos versos que fueron ‘Oración de juventud’, atardecer de amistad, pensados ahora para Zaqueo, su casa y sus nuevos amigos:

Junto a ti al caer la tarde
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos con todos los hombres
el trabajo, el descanso, el amor.

Con la noche las sombras nos cercan,
y tu rostro nos da nueva luz,
alumbrados en nuestro camino
hasta ti correremos, Señor.

Cuando al fin nos recoja tu mano
para hacernos gozar de tu paz,
y reunidos en torno a tu mesa,
nos darás la perfecta hermandad.

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