La cruz de Cristo | los santos y difuntos

– El Hijo del hombre sufrirá, será humillado y rechazado … Si quieren seguirme, renunciarán a sí mismos y tomarán cada día su cruz. Si pierden su vida por mi causa, la salvarán.

Enfermedad, muerte, sufrimiento. A la vista de lo que vivimos en seres queridos y en otros de lejos, quise traerles unos deseos sinceros, por la celebración de los Santos y difuntos.

La ocasión llegó tiempo atrás al escuchar aquel evangelio difícil. Alguien imaginó esas palabras duras de Jesús de Nazaret dirigidas a un discípulo indeciso, o a cualquiera de nosotros:

. . Mira, yo padecí y fui rechazado, por mostrar el rostro del Dios vivo, por plantar cara a los maestros de la ley, por tirar muros de egoísmo. Acusado por sumos sacerdotes y ejecutado en una cruz, al tercer día resucité.

. . ¿Tú, qué vas a hacer con tu vida? Si quieres ser mi discípulo, si quieres compartir mi vida y mi pasión, no te pongas en el centro de todo. Pon en el centro a Dios y a tu prójimo, y verás como cambian las cosas.

. . Carga con tu cruz de cada día, ven conmigo. Si quieres guardar tu vida, verás que no tienes nada. Si la regalas, verás que está llena. ¿Para qué ganar el mundo, si te sientes vacío?

– Sí, es verdad. Mi vida podré vivirla con amor o con rabia, viendo tanto sufrimiento, con rechazo o con deseos de ayudar, aun con sacrificio.
– Entonces me sentiré bien, se encenderá mi luz, la paz que Jesús nos prometió: ‘Reciban mi paz, no teman. Yo venceré al mundo’.

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Vean unos sentimientos de simpatía y complicidad entre el Cristo de la cruz y quien lo contempla con afecto y reconocimiento:

Él sufre con nuestros sufrimientos
Está triste por mis tristezas
Se siente solo con mi soledad
Abandonado por nuestros abandonos
Rechazado en nuestros rechazos
Se siente agredido si agredimos
Injuriado cuando injuriamos
Despreciado con nuestros desprecios
Herido con mis heridas
Aliviado con nuestras caricias
Consolado con mi amistad y compañía.

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Recordaré este lindo poema de Antonio Machado, «La Saeta», con letra y música de Joan M. Serrat.

¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar! / ¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz! / ¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores! / ¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar!

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* Vía Crucis, Cristo bajado de la cruz, El Cirineo, Marko Rupnik.
‘Detuvieron a un tal Simón de Cirene y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús’.

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