Qué buscan

Siempre habrá un primer encuentro, una primera vez: ¿Qué le diré? ¿gustará que hablemos? Ocurrió en el 4° evangelio, el del discípulo amado. Jesús de Nazaret notó que unos jóvenes quisieran hablarle:

– Jesús rompió el silencio: ¿Qué buscan?
– Maestro, ¿dónde vives?
– Él respondió: Vengan conmigo y lo verán.

La cuestión nos interpeló a todos nosotros: ¿Qué buscamos en verdad cada uno? ¿Qué busco en mi vida, en mis relaciones o actividad?

:: la vida como un gran supermercado, cosas para llenar su existencia;
:: o bien escapar de la soledad, los conflictos o el miedo;
:: que se les deje en paz y olvidar, no preocuparse por nada;
:: o bien ocupados en lo diario, pequeños deseos, los seres queridos.

Algunos dirán que la gente de hoy se olvidó de Dios, que ya no lo buscan ni necesitan. Mas no fue fácil borrar de su corazón la nostalgia de infinito…

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?
(Salmo 41)

-¿Quién soy yo? ¿un ser surgido por azar? ¿arrojado a la vida para desaparecer en la nada, sin razón alguna?
-¡Buscaré a Dios, con todas mis fuerzas! ¡Dios no se esconderá de quien lo busca con sinceridad!
-Él está ya en el interior de cada uno: ‘Si buscan, encontrarán; si llaman, se les abrirá’, nos dijo Jesús de Nazaret.

Vean esta oración de san Anselmo (+1109):

«Nunca te vi, Dios mío, no conozco tu rostro. Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca. No puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no te encontraré si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, te desearé buscando, amando te hallaré, y encontrándote te amaré».

___

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

–Antonio Machado–
Soledades (1907)

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