Mª Magdalena -12 / Nuevos seguidores

Prosigue María Magdalena en este relato con sus opiniones sobre algunas personas influyentes de su tiempo, San Pedro, San Pablo, San Juan Bautista, sus diferentes maneras de pensar y sobre el lugar de la mujer en los primeros grupos cristianos, según el modelo de la sinagoga, viéndose excluida de funciones y espacios reservados sólo a los discípulos varones.

«MARIA MAGDALENA»

12.- NUEVOS SEGUIDORES

— Lo ocurrido aquellos años, primeramente con Mateo el publicano que acabó discípulo tan incondicional, y poco después con Saulo el de Tarso al convertirse de perseguidor en predicador, fueron dos noticias que según mi recuerdo impactaron mucho en la sociedad de esos primeros tiempos.

Pero la noticia que más sobresaltó, extendiéndose rápida por los pueblos y regiones, fue la detención y ejecución en cruz del Nazareno, la desaparición de su cuerpo del sepulcro y lo que ocurrió después en Galilea, cuando mostrándose vivo ante muchos se alejó de nuestra vista, aunque ante muy pocos testigos.

Esto último es lo que más exasperó a las autoridades religiosas de Judea, el testimonio que dieron los primeros discípulos del Nazareno. Ellos dijeron que tras la muerte en cruz vieron su figura y oyeron su voz en el camino, en casa de Tomás, cerca del sepulcro y también junto al lago.

— El cambio tan brusco que dio Saulo de Tarso extrañó y dolió mucho en primer lugar a los que gobernaban la religión y el Templo, porque se sintieron grandemente burlados y humillados. El de Tarso era un joven rabino y fariseo muy distinguido, fanático de la ley rabínica y con mucha autoridad entre los altos dirigentes políticos y religiosos.

Todos recordarán que Saulo despreció a Jesús Galileo tratándole al principio de apóstata e impostor. Después acosó a sus discípulos hombres y mujeres cuanto pudo y le dejaron. Él fue el causante principal de nuestra ruina, huída y primer destierro. Se decía que era enemigo de cualquier diálogo, siempre opuesto a un acuerdo de paz con los discípulos mayores de nuestro señor.

Dios lo ha perdonado, yo también. Respeto su memoria aunque él no respetó la nuestra. Muy violento e intransigente se creaba problemas por todas partes. Cuentan que explicaba muy bien, aunque sólo unos pocos le entendían, por qué el Nazareno tuvo que morir en la Cruz.

Tras su conversión y larga estancia en el desierto, es verdad que Pablo amó y siguió finalmente con toda su alma al Galileo crucificado, hasta morir como él, por él y por su causa.

Muchos no entendieron el poco aprecio e interés que Saulo mostró en conocer el detalle de cuanto sucedió en Galilea y en Jerusalen. No valoró en su predicación el mensaje ni el testimonio de lo que Jesús hizo durante el tiempo de su misión entre nosotros, cuando recorrió cada uno de los pueblos de nuestra querida Palestina y de otras regiones y naciones cercanas.

Yo conocí a Saulo el fariseo antes de hacerse discípulo, pero no llegué a escucharlo después del cambio. A pesar de sus muchos viajes y estancias en el contorno de Antioquia nunca manifestó a nadie el deseo de conocerme ni la intención de hablarme.

— Era sabido, se comentó aquellos años primeros, que ni Pablo ni el Bautista hicieron nada con su autoridad e influencia para comprender y aliviar la situación tan penosa e injusta que las mujeres habíamos de soportar.

El buen maestro de Galilea se mostró en desacuerdo, y su modo de hacer era contrario a cualquier desprecio o exclusión.

La historia de los rechazos ha continuado entre los nuevos discípulos en algunos grupos y asambleas. He conocido mucha diversidad en la manera de vivir la vida, en las opiniones y ante las diferentes situaciones. Esto mismo ya ocurría entre Jesús de Nazaret y el Bautista, como en la distinta opinión de Leví o del apóstol Pedro sobre las mujeres que seguíamos a Jesús y lo que nos estaba permitido hacer o decir.

El grupo de Pedro siempre fue contrario a encomendar a mujeres convertidas la misión de evangelizar ni de palabra ni por escrito. También era diferente lo que explicaban sobre el amor y la compasión Saulo el fariseo convertido o Juan el muy amado discípulo. Mentalidades diversas, dentro de una nueva corriente de vida que irrumpió con Jesús el Galileo en cuanto el Bautista fue encarcelado y más tarde decapitado por el infame y cruel Herodes.

Tampoco Leví Mateo pensaba ni actuaba como era habitual en su entorno, no menospreciaba a la mujer por el hecho de serlo, sino todo lo contrario. Soy testigo en mi propia vida de estas notables excepciones que eran de alta consideración y respeto por los menospreciados y maltratados fuesen hombres o mujeres, pequeños o grandes.

— He de recordarles que el apóstol fariseo Saulo de Tarso tenía la misma edad que Jesús Nazareno, que vivió justo el doble de años que el gran maestro. Así como cuentan y está escrito, Pablo fue torturado y decapitado, a la vez que otros muchos seguidores, en la gran calzada que acerca a la capital del Imperio en un lugar muy próximo a Roma.

Todos ellos murieron por mandato expreso de Nerón, en aquel tiempo jefe máximo de los ejércitos que ocupaban nuestros pueblos, señor de todas las tierras y gentes conocidas, endiosado emperador de los romanos, loco y sanguinario tanto como puedan imaginar.

Por todas partes persecución, muerte y cruz. Lo de Jesús pareció tener un rápido final, sin embargo no fue así: la vida y la verdad fueron abriéndose paso entre tanta amenaza y contradicción, Jesús acompañó nuestro camino cada día con el renacer de la esperanza, hasta hoy mismo que yo les escribo muy anciana, pasadas ya muchas Pascuas.

Nos dió confianza y fortaleza recordar algunas promesas atribuidas al entorno mismo del maestro de Galilea:

– ‘Los rechazados por ser mis seguidores serán como faros de luz encendidos en la noche cerrada del mundo’
– ‘Reinarán rebosando felicidad los que ahora lloran humillados y cargados de temor’
– ‘Yo estaré con ustedes cada día hasta el final de este mundo. Si se mantienen fieles yo seré fiel, no les dejaré solos y haré todo nuevo’

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San Pedro y San Pablo», El Greco (+1614), presenta a los dos grandes apóstoles con sus rasgos propios. En san Pablo, la dureza de rostro del sagaz intelectual, orador brillante y escritor apasionado; en san Pedro, apacible y manso, dispuesto a comprender y perdonar, que lleva en su mano izquierda las llaves que abren y cierran la Iglesia.

El Rostro de Cristo

    «El aspecto de su rostro cambió, y sus vestidos se volvieron resplandecientes» (san Marcos c.9)

    – En el rostro transfigurado de Jesús brilló un rayo de la luz divina de su interior. Esa misma luz resplandecerá en el rostro de Cristo el día de su Resurrección. La Transfiguración anticipó el misterio Pascual. (Benedicto xvi)

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* La Transfiguración, Fra Angelico

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La tradición occidental identifica como verdadero Rostro la huella de Cristo en la tela que secó su cara camino del Calvario; en el evangelio apócrifo de Nicodemo fue Verónica, la mujer del flujo de sangre.

Varias Iglesias dijeron poseer la imagen del Rostro de Cristo. Cuenta la ‘Leyenda Aurea’ que el emperador Tiberio se curó al ver la imagen que llevó a Roma la Verónica. Verán detalles en comentario.

Según el Oriente cristiano, la auténtica Santa Faz es el ‘Mandylion’ de Edesa, retrato enviado para curar al rey Abgar. La Santa Faz de Yaroslavl, aquí en la imagen.

Jesucristo es el icono, la imagen del Dios invisible, que presentó rostros diversos:

    . . El apacible rostro de Jesús,
    en el monte de Bienaventuranzas.
    . . Su rostro transfigurado,
    que brillaba como el sol.
    . . El rostro desfigurado por el dolor,
    bajado de la cruz.
    . . Su rostro de hombre nuevo resucitado,
    reconocido «al partir el pan».

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* La Santa Faz, Icono ruso, s xiii, Yaroslavl (Rusia). Los ojos grandes darán magnetismo al rostro; la nariz, la boca pequeña y cerrada, silencio y fuerza interior.

= En Comentarios verán más detalles y antiguas tradiciones.

= Más sobre el tema en eBook, pdf, «El Rostro de Cristo», y en «Jesucristo».
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El canto acompañará nuestra meditación, atentos a la grandeza de la persona y el mensaje de Cristo:

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En la fiesta de la Transfiguración del Señor, vean aquí la Homilía del Papa Francisco en Lisboa, con nuestro subrayado, en la Misa final de la Jornada Mundial de la Juventud, agosto 2023: HOMILIA_JMJ.

Mª Magdalena -11 / La luz del profeta

«El que enciende una luz no la oculta o la pone debajo de la cama, la coloca en un candelabro para que todos vean la luz». En este y en el siguiente capítulo María Magdalena nos ofrece su parecer sobre algunos personajes de su tiempo: Juan el Bautista, Pablo (Saulo) de Tarso, el apóstol Mateo (Leví) el publicano, Pedro el apóstol.

En aquellos años, desprestigiadas las religiones tradicionales, nuevos caminos y otras mentalidades van entrando en escena. En esa diversidad de maneras de pensar, a la Magdalena le preocupa la marginación tradicional que sufre la mujer de su tiempo, también por parte de alguno de los discípulos y en algunas asambleas cristianas. Siguiendo gustosa las sugerencias y cuestiones de aquellos jóvenes palestinos, la Magdalena anciana y desterrada prosigue la búsqueda entre sus recuerdos, agradables o no tanto.

“MARIA MAGDALENA”

11.- LA LUZ DEL PROFETA

+ Mi recuerdo de Leví Mateo el discípulo publicano está lleno de amistad y gratitud. El me acogió en su casa cuando abandoné Magdala y me refugié en Cafarnaúm. Él me quiso, me ayudó y respetó siempre, quien algún tiempo después me presentó a Jesús y me explicó su fe loca y su admiración por el gran maestro de Galilea, reacción que yo entonces creí excesiva y pasajera. Sus discípulos acompañarán años más tarde mis noches oscuras y mi desconsuelo en los primeros tiempos de este largo destierro. Comprenderán que también a él le deba la vida.

Leví fue siempre fiel a sus amigos, a sus creencias y convicciones. Por eso su total cambio de vida en cuanto decidió finalmente seguir al Maestro me impactó largo tiempo. El recordarlo y el traer aquí su decisión irrevocable, me animará en este momento difícil a seguir adelante.

Estoy convencida que la ‘derrota’ de Leví Mateo fue un triunfo importante para la causa de Jesús. La decisión que tomó mi amigo publicano de seguir sin condiciones al de Nazaret interpeló a muchos, porque Mateo era una personalidad relevante y prestigiosa, influyente incluso en los ambientes más ortodoxos de la capital.

+ Muchos notables y gente de bien en la Galilea, sintiéndose distanciados de aquella religión hueca y sectaria, se interesaron por las propuestas nuevas que el Nazareno hacía, como antes aprobaron la oferta penitente del profeta Bautista en el Jordán.

Los niños de la concha, B.Murillo, 1675

De Juan el Bautista les diré que yo no simpaticé con él ni con sus seguidores, a causa de la dureza de su mensaje, su estilo atemorizador. Aun así este controvertido profeta reunía junto al gran río a multitudes que caminaban perdidas en el frío desierto de la religión de su tiempo, calentaba los ánimos y curaba los males de su tiempo, la desesperanza.

– Vendan sus bienes, que el reino de Dios se acerca y su vida no depende de los bienes que tengan, si no todos igualmente perecerán.
– Repartan sus ropas y su comida con el desnudo y el hambriento, porque ellos les juzgarán, les salvarán o condenarán eternamente.
– Los que ahora sufren y están tristes serán pronto consolados.

Nuestro gran maestro Jesús, que en un primer momento se presentó como bautista, alabó en gran medida y públicamente al predicador del Jordán, tanto como si tuviera contraída con él una deuda personal.

Algunos piensan con razón que de no haber sido pronto encarcelado y ejecutado, la estrella del Bautista del Jordán se hubiera ido ocultando y apagando ante el sol resplandeciente que era Jesús de Nazaret, ante la personalidad y las nuevas enseñanzas que difundía el joven maestro de Galilea.

+ Los discípulos bautistas explicaban que Juan en su predicación bautismal según parece anunciaba ya abiertamente lo que estaba por venir:

– Saben, ocurrirá necesariamente que Jesús de Nazaret, su persona y su gran mensaje, avanzará y yo me detendré.
– Conviene a todos que yo me aparte para dar paso al que es Cristo de Dios y viene de parte suya, al que muchos esperamos y buscamos. El sanará nuestras heridas y perdonará nuestros pecados.
– Una gran mayoría del pueblo y los principales dirigentes religiosos lo rechazarán con abierta hostilidad hasta el final.
– Créanme, lo seguirán unos pocos pastores y agricultores, algunas mujeres y un grupo de pescadores, sus discípulos. Estos se mantendrán fieles al Cristo hasta el final, incluso en la persecución, y hasta morir por él.

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* Imagen: San Juan Bautista, Juan de Juanes (+1579). Concluida su tarea, el Bautista señalará al que llamó «Ecce Agnus Dei», el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, manso y humilde, continuador de la propuesta de cambio del Jordán, uno y otro portadores de la cruz de rechazo y muerte.

El Cristo de San Damiano, Francisco de Asís

Crucifijo de San Damiano / franciscanos.org

:: Quise contarles aquí una vieja historia medieval. Un día Francisco entró en la pequeña Ermita dedicada a San Damián, recostada en una loma cerca de Asís. La hiedra trepaba hasta cubrir los muros laterales, en ellos se veían hendiduras que ponían en peligro el lugar.

En su interior había un sencillo altar de madera y, a modo de retablo, un Crucifijo bizantino. La imagen del Crucificado penetró en el alma de Francisco, que con los ojos elevados oró así:

    «¡Glorioso y gran Dios, mi Señor Jesucristo! Tú eres la luz del mundo,
    pon claridad en los abismos oscuros de mi espíritu.
    Dame tres regalos: la fe, firme como una espada;
    la esperanza, ancha como el mundo; el amor, profundo como el mar.
    Mi querido Señor, te pido un favor más:
    que todas las mañanas al rayar el alba,
    amanezca como un sol ante mi vista tu santísima voluntad
    para que yo camine siempre a su luz. Y ten piedad de mí, Jesús.»

:: De pronto se oyó una voz que al parecer procedía del Cristo: «Francisco, ¿no ves que mi Casa amenaza ruina? ¡corre y trata de repararla!»

Francisco observó la ermita por fuera, el mal estado de la construcción. Se acercó al anciano capellán, le dio dinero y pidió que comprara lámparas de aceite, que las encendiera en su nombre frente al Crucificado.

:: No bastó. Se le estará pidiendo algo más, su ayuda para reparar la gran Iglesia, la Iglesia romana, la religión y el Papado de entonces, la sociedad y sus gobernantes, todo necesitado de cambio urgente y reforma, amenazados de ruina por la corrupción generalizada.

El joven Francisco de Asís decidirá finalmente contribuir él mismo al cambio y la mejora con su renuncia a todo, su amor a la verdad, su opción por la pobreza y su dedicación a los más pobres.

«La forma más elevada de la pobreza evangélica es también la más realista: aquella en que el hombre reconoce y acepta la realidad humana y divina en toda su dimensión.» (Sabiduría de un pobre, E. Leclerc)

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Mª Magdalena -10 / Un rescoldo encendido

«Quien tenga sed que se acerque a mí, quien crea en mí que beba, de sus entrañas manarán ríos de agua viva». Magdalena nos explicará el manantial y la fuente de donde brota fresca como agua viva su fe. Lo que nosotros llamaremos fe, ella la describe como un encuentro y una relación que dejan huella, una íntima entrega que transforma e ilumina, será una experiencia de mutuo amor y compromiso.

«MARIA MAGDALENA»

10.- UN RESCOLDO ENCENDIDO

+ Jesús el maestro debió notar en mí un gran desarraigo y dolor cuando me miró compasivo aquella vez primera. Se fijó en mí y yo en él, porque las heridas del alma dejan huella en el rostro y él siempre acertaba a encontrar la más pequeña y la más dolida de entre todas las ovejas.

Los enfermos y los abandonados buscando cobijo se acercaban a él y él a ellos. Siempre era así. Y el encuentro se convertía poco a poco en una fiesta íntima y restauradora, que permanecía después imborrable.

¿Qué creen que es la fe sino un vivir enamorada de esa primera llama encendida y de su rescoldo nunca del todo apagado? Rescoldo que de pronto se convierte en hoguera de paz y de amor, regalo por la espera.

Es la fe de los comienzos, la que desencadenó todo, aunque más tarde cargada también de incertidumbres. La huella que dejó ese primer encuentro será la luz que nos acompaña en la búsqueda y en la duda, nos guiará entre cañadas oscuras y va madurando y dando sabroso fruto cuando está limpia de amores propios, vanos temores e intereses. El amor primero celosamente guardado y cultivado, ese primer encuentro que lo es todo, fiesta, luz, melodía, manantial, hoguera…

Es cuanto quiere expresar esta súplica entrañable tantas veces repetida que resume bien mi mayor deseo.

– Señor, quiero amarte siempre, no dejarte nunca.

+ Siento que es arriesgado pensar o decir ‘Tengo fe’. Será un modo de hablar. Vamos creyendo día a día pero de diferente manera, esperando y amando cada vez más de otro modo. La vida de nuestros verdes campos es así en primavera, que siendo la misma es siempre nueva. La experiencia de la fe es también como un manantial oculto de donde surge en ocasiones una insospechada fuente de agua limpia y transparente que refresca y restaura todo.

    «No vieron a Jesucristo y lo aman; no lo ven, y creen en él; y se alegran con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de su fe: su propia salvación» (1 Pedro c.1)

Esto mismo sucedió en mí cuando estos jóvenes discípulos me acercaron hasta las esquinas más difíciles de mi propia alma, me llevaron a descansar allí curando y a veces recuperando sin dolor cicatrices de mi pequeña historia personal.

Los abrumados por un mal incurable fuimos llamados y sanados por el mismo Jesús para consolar a los que sufren y lloran. Nos encomendó acoger y curar heridas, llevar a todos hasta la luz de la verdad que no juzga ni castiga, solo libera e ilumina.

Sólo los misericordiosos recibirán la misericordia.

+ Habíamos aprendido que creer en aquel hombre justo era amarlo y seguirlo de corazón, en espíritu y en verdad, no sólo con los labios. Seguirlo será vivir con una mente y un corazón iluminados, haciendo realidad sus palabras.

– Yo soy la luz del mundo.
– Acérquense a la luz, no teman, vivan como hijos de la luz.

También ahora queremos seguirle sin dejarle nunca, pecadores aún y suplicantes. El nos libró de nuestra ceguera, nos devolvió la confianza y nos puso en camino. Así como cuentan de aquel mendigo ciego que en las puertas de Jericó oyó pasar a Jesús de camino, y al oír que le hablaba enloqueció de alegría, pareció olvidar su ceguera y puso ya todo su empeño en sólo amar y seguir al Nazareno.

Seguir tus huellas
como ciego curado en el camino
sin manto ni sandalias
cantando por valles y colinas,
sin monedas ni pan ni vino
solo contigo
al calor de tu figura amiga
que sientes y adivinas.

Jesús ponía cada día ante nuestros ojos la nueva realidad. Todo seguía igual y sin embargo nos pareció diferente, porque la noche, la enfermedad y la muerte perdían ante él poder y vigencia. La vida rebrotaba nueva en los desanimados y los abandonados, pues el buen Galileo los acogía con respeto y cariño viéndolos tan rechazados y excluidos. A todos inspiraba confianza y los resucitaba.
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Más vale amar que solo creer, se establece una relación de dependencia, de necesidad, como del aire y el agua, la vida y la luz… Lo mejor de lo humano vale también para lo divino.

Canta la banda mexicana de rock Maná, ‘Vivir sin aire’.

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Mª Magdalena -9 / Crecí en Magdala

En este relato más autobiográfico Magdalena nos explicará de dónde viene y cómo ha llegado hasta aquí. Es muy crítica con el afán por fabular propio de los primeros tiempos, publicando relatos falsos e interesados sobre Jesús de Nazaret y sobre ella misma. Parece claro que María Magdalena fue salvada de la muerte gracias a la intervención decisiva de sus mejores amigos, ‘Mujer ¿nadie te condenó? Yo tampoco, vete en paz y en adelante no peques más’.

«MARÍA MAGDALENA»

9.- CRECI EN MAGDALA

+ Escribo estas líneas por encargo, para explicarme sobre el gran maestro de Nazaret, para contar mi gran amor y mi pasión infinita por Jesús de Galilea.

Sé que habrán oído hablar y habrán leído cosas sobre María la pecadora o sobre la hermana de Marta, de María la de los siete demonios y otras María, mujeres que aparecen en varios escritos conocidos. Yo no soy más que María de Magdala, la Magdalena. En algunos textos escritos por los discípulos de Leví Mateo, leídos desde el comienzo en las asambleas, se habló de la Magdalena, como en otros relatos más recientes redactados por gente desconocida con otras intenciones y falseando nombre y contenido.

Era previsible que así ocurriera porque hemos pasado de los recuerdos vivos a los recuerdos escritos. El deseo de no olvidar lleva a algunos a contar muchas historias, pero no todas son igualmente ciertas. Dos vidas enteras no bastaran para contar lo que vieron y oyeron aquellos hombres y mujeres que convivieron los primeros años con el Jesús de Nazaret.

+ En verdad no creo que algunos últimos relatos perduren ni sean útiles para la enseñanza ni para la fe. El tiempo y nuestros grandes maestros sentenciarán. Escritos muy recientes sólo buscan conseguir gloria propia y recompensa o, lo que es más triste, descalificar a nuestro Cristo y a sus seguidores, propósito repetido con frecuencia por gente que no sabe de lo que habla ni cree en lo que dice que cree ni tiene pensado creer en nada que le incomode.

Estos creadores de fábulas piadosas, a merced de los intereses de influyentes comerciantes, les aseguro que autores y manuscritos bien pronto serán olvidados, tal vez alguno quedará en la parte más alta de viejas bibliotecas o en sus cuartos más oscuros.

Me dicen que sólo los discípulos griegos del joven Juan, el discípulo amado de nuestro Señor, sólo ellos parecen acertar en lo que cuentan sobre mí.

+ Desde muy niña habité en Magdala, muy cerca de Cafarnaúm, a orillas del gran lago de Galilea. Los primeros discípulos me llamaron la Magdalena, para distinguirme de las otras mujeres que acompañaron a Jesús en Galilea y en su largo camino hacia Jerusalén.

En Magdala crecí y tuve mi casa. Allí sigue viviendo, dicen, un hijo de la mujer que me alimentó. Ella me educó al principio por encargo y con esmero, pero sin cariño. Hasta que un día, por celos y calumnias, siendo yo todavía muy joven casi una niña aunque no doncella, una fría y oscura noche de invierno fui maltratada y echada fuera a los caminos con esta condena escrita colgada fuertemente y a mi cuello encadenada que decía así, ‘Si regresa será apedreada y despeñada’.

Mucho más sobre mí nadie supo, tampoco nadie preguntó. Pero en verdad ni yo misma sé ni sabré nunca dónde nací ni quién me trajo al mundo ni para qué. A veces gustaba pensar que alguien en algún lugar había soñado conmigo, me echó en falta y esperaba, pero nunca lo supe ni ya más nunca lo sabré.

+ Ahora mismo sólo me importa saber que alguien me abrió las puertas de su casa y me cobijó bajo su manto, que el buen pastor me amó y me rescató de las fauces amenazadoras de lobos feroces, que me libró de la noche oscura de la muerte muriendo conmigo, por mí y por todas las ovejas perdidas de Israel.

Pastor de verdad
pastor de mi vida,
ven hasta mí perdida
llévame hasta ti rendida.

Estas historias mías explican la amargura que habitaba en mi corazón huidizo, inquieto y temeroso. Porque en verdad hasta que conocí a Jesús mis días y mis noches los vivía sin vivir, sintiendo mi carne, mi alma y mi ser entero dolorido, penetrado de disgusto y envuelto en oscuridad.

La historia de mi pasado y mi situación respecto al sol, por el hecho de ser mujer, sirvió a otros muchos para dejarme fuera entre sombras de muerte, en el silencio de la exclusión.

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– Imagen: María Magdalena, José de Ribera, 1641, Madrid. Presenta la mujer en actitud orante en una cueva, elegante cortesana y joven penitente, con su frasco de perfumes.
– Imagen: Verónica, Via crucis.
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(I’ll never be) María Magdalena – Sandra – 1985


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Mª Magdalena -8 / Esperando su regreso

«Él es la luz verdadera que ilumina a todo hombre». La aventura interior de la fe será descrita por María Magdalena como una victoria de la luz, un doloroso nacer de nuevo y un pasar de la muerte a la vida; la conversión personal como una aventura tan impredecible como la vida misma. Ella pudo finalmente confesar su fe total en Jesús de Nazaret, además de su loco amor por él. Mujer muy anciana, viendo ya acercarse el final, traerá a la memoria palabras y sentimientos que iluminen el último tramo de su vida.

“MARIA MAGDALENA”

8.- ESPERANDO SU REGRESO

+ Tras la muerte en cruz del maestro, el sendero hacia la iluminación fue para mí largo y doloroso. Al fin creí en él con todo mi ser y le confesé como mi cristo y mi señor, como el viviente y la fuente de vida para siempre.

En efecto, los inviernos en los que la luz y las sombras se alternaron en mi alma, fueron largos y angustiosos. Ahora sé bien que Jesús nazareno es mi señor y mi libertad verdadera, mi esposo, mi único amor, mi vida y mi todo. De verdad lo siento y lo vivo así.

Es como quien tiene la certeza misteriosa de una nueva vida que lo habita y palpita en su interior. El mismo Jesús utilizó la imagen de la vida en el vientre de la madre para hablar de su proyecto de reino de Dios: una vida nueva en nuestro interior, que crece y va madurando. Será necesario esperar pacientemente su misterioso curso natural en cada uno.

– Miren, cuando una mujer dio a luz a su niño, no se acuerda ya más de la angustia, es tanta la alegría por la nueva criatura.
– He venido para que todos vivan, que no perezca ninguno que crea en mí.

+ Yo sé que Jesús nuestro señor volverá para ultimar mi historia personal. Culminará así un costoso trabajo compartido de amor y de sufrimiento. Al final quedará el amor, sólo el amor.

Nuestra vida no es como una historia interminable que da vueltas sin fin o se desvanece sin futuro en la nada y el vacío. El punto final, la muerte, será el principio de lo nuevo, el triunfo de la misericordia y el amor. Así ocurrió en el propio Jesús, pionero de la nueva criatura nacida tras tanto dolor y sangre en la cruz.

+ Ahora yo solo espero su regreso, su último llamado. Creo saber que, al verme penando por su ausencia, también esta vez se dirigirá a mí y pronunciará con determinación mi propio nombre:

– ¡María!
– Maestro, busco tu rostro.
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Mi respuesta quisiera ser tan decidida como la del apóstol Tomás. De él cuentan que reconoció vivo a su Cristo amigo, cayó a sus pies rendido, y apesadumbrado entre sollozos le dijo:

– ¡Mi señor y mi dios! Yo creo en ti, mi rey y señor.
– Tomás, has visto y has creído, dichoso tú.

Siempre contigo
ante tus pies heridos
ante ti contigo
mi señor y mi todo
mi amigo,
te adoro y te amo
todo tuyo
todo en tus manos heridas
siempre contigo siempre.

Con el paso de los años mi espíritu está en calma. La paz ha regresado a mi alma que vigila día y noche y ahuyenta todo temor. La luz se hizo paso entre las sombras. He llegado a esta íntima convicción, creo y espero firmemente que la muerte ya no es derrota sino victoria.

* Imagen: «Llanto por la muerte de Cristo con santos», Sandro Botticelli (+1510), fragmento. Vemos a la Magdalena (?) abrazando con gran cuidado y cariño el rostro de Cristo muerto, el cuerpo recién desclavado y bajado de la cruz por los discípulos.

Conversaciones en el Templo, Nicodemo

– Nicodemo dio su nombre a este blog, referido al personaje del 4º evangelio con quien Jesús de Nazaret conversó en la noche y fue su discípulo de última hora. Coincidirá luego con la Magdalena al pie de la cruz, con María la madre del Señor y con el discípulo amado.

Aquí Nicodemo quiso hacernos llegar alguna conversación con el Maestro galileo. El fariseo tenía en verdad muchas preguntas: ¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿Quién es tu padre? ¿Qué planes tienes? ¿Qué esperas de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

Nicodemo conoció a JESÚS en el gran Templo entre mucho alboroto. El maestro de Nazaret protestó en la nave donde el pueblo hacía sus rezos. No era posible ya hacerlo con el griterío de los vendedores y sus mercancías, negociando con la religión y los sacrificios.

JESÚS no lo soportó. El templo fue para buscar y hallar al Dios vivo, y ahora es mercado y banco de negocios. Si no hay silencio y paz, cómo conversar con el Dios escondido. Mejor salir afuera para encontrarlo.

El Maestro se lamentó con energía, muy crítico con los dirigentes. Una comisión de fariseos vino a interrogarlo, entre ellos Nicodemo que escuchó y asintió atemorizado las quejas del nazareno: ¡Raza de víboras, hipócritas, han convertido la casa de mi Padre en un mercado!

JESÚS salió del Templo a toda prisa hacia un descampado donde aguardaron discípulos y multitudes abandonadas por sus pastores desde hace mucho.
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El fariseo guardó la impresión que JESÚS le causó en el Templo, lo buscó en otra ocasión al terminar el día para conversar con más calma sobre Dios, el templo y los preceptos.

– Maestro JESÚS, mis mejores deseos para ti, que Dios te guarde y te bendiga. Quiero conocerte, saber quién eres y de dónde vienes. Aseguran que no eres Galileo, que naciste en Judea. Dicen que tu verdadero padre no es conocido, otros que vienes de muy lejos.

– Maestro JESÚS, cuentan que hablas de nuestro Dios como padre tuyo y padre de todos. Dime si tú lo conoces bien y si nos lo darás a conocer. Tus discípulos cuentan que te vieron hablar con Él con gran familiaridad, como nadie nunca antes. Crees que nosotros debiéramos hablarle así a nuestro Dios.

+ Amigo Nicodemo, acércate a Dios Padre, no temas. Él está cerca de ti y te habla al corazón, te dice: ‘Escucha Nicodemo, JESÚS es mi hijo querido, él te mostrará el camino, préstale atención’. Deberás cambiar tus ideas y tu corazón, como nacer de nuevo.

– Maestro JESÚS, alguno de nuestros sabios y profetas hablaron del Dios de nuestros padres como de un padre bueno que nos dio la vida, el mundo y cuanto existe, que cuida de nosotros. ¿Tú crees que nuestro Dios nos quiere como un padre y una madre quieren a su hijo pequeño más querido? En verdad muchos de nosotros ya no creemos en esa antigua tradición.

+ Amigo Nicodemo, cierto hemos roto nuestro pacto de fidelidad, pacto de justicia y misericordia. El dios de la alianza está descontento. Dios es padre mío y es padre nuestro. No debes temer, él te lleva en sus brazos y cuida de ti, él te hablará al corazón. El te acompaña en la vida y te recibirá en su casa en la hora de la muerte.

– Maestro JESÚS, tú eres un maestro en el que tengo fe. Sé que no buscas tu gloria ni tu propio interés, tu mirada está limpia y en tu corazón sólo adivino amor. En verdad nos alejamos del Dios verdadero, nos hemos hecho un dios de barro a nuestra conveniencia. Cambiaré mi manera de pensar y aprenderé de ti. Ahora debo irme, hasta otro día.
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* Retrato de Cristo, Rembrandt (+1669).

Podrán ver aquí esta colección de oraciones, «Orar con Nicodemo», pdf.

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Mª Magdalena -7 / Mi fe inmadura

Conocemos las historias escritas o contadas, en códigos antiguos y en libros modernos, sobre los amores ocultos e inconfesables entre Jesús el gran maestro de Nazaret y María la Magdalena. Me temo que no sean más que fábulas, historias bien contadas, incluso supuestamente bien documentadas.

En esta SEGUNDA PARTE, María prosigue el relato prometido de sus recuerdos, situada ahora en el entorno de Mateo el publicano su principal protector. Nos contará sus primeros pasos de acercamiento a Jesús de Nazaret. Resulta fácil descubrir que los dos se necesitan. En momentos de crisis tanto Magdalena como Jesús buscaron el uno en el otro la acogida, el afecto y la comprensión que muchos otros les negaron.

«MARIA MAGDALENA»

7 . MI FE INMADURA

A mis jóvenes amigos yo les hablaba de Jesús Galileo, lo que sabía de él por mí misma, lo que me había contado alguno de los primeros discípulos, como Juan el apóstol o más tarde Leví Mateo y sus discípulos, cuando coincidimos en nuestro obligado éxodo.

Porque en las semanas posteriores a la puesta en cruz y la marcha definitiva del maestro, muchos seguidores del Galileo tuvimos que escapar y salir del país. Yo me uní al grupo de discípulos de Leví huyendo hacia las montañas del norte camino de Siria.

Nos desperdigamos como pudimos en las aldeas de agricultores y de extranjeros a pocos días de camino de Antioquia la Grande. Aquella región fue nuestro refugio ante el continuo acoso de nuestros perseguidores, ahí donde desde entonces tengo la casa y mis cosas.

En mi huida desesperada mis mejores maestros y compañeros fueron los discípulos de Leví Mateo el publicano. Ellos fueron instruidos por el propio Leví y por algunos escribas convertidos que creyeron a última hora en Jesús nazareno. Estos discípulos fueron muy amables y respetuosos conmigo, con ellos me familiaricé y ayudaron para no desesperar en la larga y oscura noche de la ausencia mientras duraba mi fe inmadura. Les deberé mucho.

En verdad yo misma hablé pocas veces, no muchas palabras, con el gran maestro Jesús. Lo escuché con atención y admiré, pero sin acertar del todo con la hondura de su mensaje ni vislumbrar de lejos el gran misterio escondido de su persona.

Lo seguí algún tiempo después junto al gran lago por los caminos de Galilea, buscando en el buen maestro la paz y el perdón a todos prometida. El ambiente que lo rodeaba me complacía y el tono de sus palabras me tranquilizaba. No quise dejarlo ya ni escuchar otras promesas.

    Buscando la luz y la vida mía
    te encontré mi amor y mi vida,
    palabra de paz y presencia
    peregrino de amor sin respiro.
    Pienso y descanso contigo
    sueña y descansa conmigo,
    ya no señor sino amigo.

En aquel entonces yo me sentí perdida, extraña ante Dios y la religión, mas ante la persona de Jesús atraída por su persona y su bondad, por las propuestas que a todos hacía.

Sentí vergüenza de mí misma y gran confusión al verme en ocasiones despreciada y excluida, también por parte de alguno de los discípulos.

Yo notaba en cambio sobre mí la limpia mirada de Jesús nazareno que no me rechazaba, el calor de su cercanía, agradecida sin fin por su interés y su acogida, sus palabras amables y su escucha.

    – María, ven a mí si estás abatida. No temas, descansa.
    – Maestro, te seguiré vayas donde vayas.
    – No tengo donde reclinar mi cabeza.
    – Estaré junto a ti, perfumaré tus cabellos y besaré los pies del mensajero que trajo la paz.
    – Ven conmigo, si me sigues no andarás entre sombras, tendrás la luz de la vida.

Como en tantas otras ocasiones, él continuó su camino al amanecer del día siguiente, buscando sin pausa otras ovejas perdidas de Israel, como él decía. Yo deseé con toda mi alma respetar su trabajo, sus promesas y renuncias. La misión a él encomendada fue su principal alimento, toda su vida y su gran pasión.

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-Imagen: Magdalena penitente, Guido Reni (1575-1642), mirando suplicante al Cristo de la cruz.
-Imagen: El Salvador, icono siglo xiv.
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La fe y la esperanza pasarán, lo que queda es el amor . .

Mariah Carey – Without You – (No puedo vivir sin ti)

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Mª Magdalena -6 / Él vive y reina

Con este sexto relato termina en nuestro blog la primera parte de las conversaciones y reflexiones de Magdalena con unos jóvenes discípulos que quisieron saber. María, explicando sus propias dificultades para creer, se muestra muy crítica con los que no creyeron. Lo que está en cuestión será la “resurrección” del crucificado Jesús de Nazaret, la realidad del sepulcro vacío y el encuentro de los discípulos con el maestro que vive de nuevo.

A pesar de las descalificaciones que su testimonio soportó por el hecho de ser mujer, no cabe duda de que María Magdalena fue testigo indiscutible y desinteresado de una y otra realidad, del nazareno muerto en cruz y del nazareno que vive, come y conversa. Fue el contenido fundamental del testimonio de los discípulos.

«MARIA MAGDALENA»

6.- ÉL VIVE Y REINA

Debo confesarles que, al recordar la larga espera de mi propia iluminación, mi cerrazón para entender, y cuánto costó abrir mis ojos ciegos y los de otros discípulos, reconociendo qué duras fueron mis entrañas hasta adorarlo vivo, no entiendo cómo algunos sabios de Israel y también fieles creyentes que luego abandonaron, cómo pudieron pensar que todo fue una leyenda imaginada por una alocada mujer y unos discípulos atemorizados.

No fue posible que tanta luz y tanta vida comunicada, con tanto sufrimiento, pudiera brotar de unas mentes iluminadas y desconcertadas, tan impotentes para imaginar y soñar, solo capaces de penar y desesperar.

Algunos malintencionados y obcecados debieron querer justificar así su propia negativa a creer, culpándonos de dar cuerpo a una maravilla inimaginable para nosotros mismos, hombres y mujeres simples como los demás, mortales y frágiles como todos.

frangelico_tangere-3Esta fue la maravilla, que Jesús muerto no quedó en el sepulcro nuevo del huerto de fuera para siempre, sino que comenzó muy pronto a vivir con cada uno de nosotros una vida que ya no muere, que él era todo vida, solo vida.

– Yo soy la resurrección, yo soy la vida, crean en mí.
– No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida.

# Yo lo creo ahora firmemente y en verdad es así. Porque no se engañen, no fueron tanto los días de su vida tan breve entre nosotros ni las enseñanzas del Nazareno lo que en definitiva importaba, sino su vida nueva, la vida que nos prometió a todos y que él adquirió tras su muerte en la cruz. Ante el acontecimiento de su puesta en el sepulcro y posterior desaparición, unos discípulos continuaron y otros marcharon regresando decepcionados a sus aldeas y ocupaciones habituales.

Después de tan horrible suplicio y muerte, si nuestro Cristo no hubiera resucitado, entenderán que la fe de los discípulos quedara vacía de sentido y sin futuro. ¿Quién va a declararse seguidor y apostar fuerte por un gran maestro de Israel que fue públicamente declarado infiel y blasfemo, maltratado y crucificado por malhechor y traidor?

# Esos mismos sentimientos y reflexiones ocurrieron cuando yo conversé con los jóvenes que me visitaron e hicieron tantas preguntas. Al oírme hablar de él como de alguien que vive, ¿no confundieron al resucitado con un fantasma o un sueño que aparece y desaparece, que vive al margen de nuestra vida real?

No fue así. Jesús vivo convivió y convive aún hoy como uno más, su presencia reconocida iluminó y transformó todo sin violentar nada, la certeza de su cercanía da sentido y trascendencia a una pequeña conversación o una comida fraterna, confundido entremezclado con lo de cada día. En esos instantes ya nadie preguntó, todos sabían, cada uno en su momento, que era él, que es nuestro señor.

El espacio y el tiempo se dilataban y a la vez se recogían para acoger la maravilla y facilitar su percepción en los que esperan y creen ¿cómo explicarlo sin romper el encanto de la nueva realidad? Aun con incertidumbres, debía cada uno hacer la experiencia y escuchar nuevamente su palabra:

– Soy yo, no teman, tengan paz.

# Mis jóvenes amigos se demoraron en ocasiones en pequeños detalles sin importancia, historias del pasado que yo misma les había contado. Entonces yo detuve mi relato, les miré a los ojos y les hablé con fuerza, como queriendo sobresaltarles y despertarles de sus sueños.

– Eso ya pasó ¿saben?
– Él vive y reina, volverá.
– Tengan la seguridad, créanme, yo lo vi y pude oír y tocar.
– ¡El es nuestro señor!

Ellos protestaron a mis palabras, y me urgían a continuar con mis historias y comentarios, yo respondí cada rato como supe a sus ansias de conocer lo sucedido. Cada uno quería llegar por sí mismo a mi fe de ahora, la que todo ilumina, la que yo tanto tardé en sentir, cuando finalmente se me abrieron los ojos del alma no pudiendo ya contemplarle de carne y hueso como antes.

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* Imagen: ‘Noli me tangere’: Jesús aparece a la Magdalena, 1441, Fra Angélico, Florencia. En un paradisíaco jardín junto al sepulcro vacío, vemos a la Magdalena conversando con el jardinero. Ella busca el cadáver desaparecido, el jardinero es para el pintor y el espectador el mismo Jesús resucitado. El estilo hace ver la ingenuidad de los personajes y sus pretensiones. María al reconocerle quiere comprobar lo ocurrido con sus propias manos; Jesús hace ademán de alejarse, pero encarga a la mujer que comunique cuanto ha visto. Según el evangelio del discípulo amado, la Magdalena será la primera que vio el sepulcro vacío y al Nazareno vivo y hablándole.