Mª Magdalena -9 / Crecí en Magdala

En este relato más autobiográfico Magdalena nos explicará de dónde viene y cómo ha llegado hasta aquí. Es muy crítica con el afán por fabular propio de los primeros tiempos, publicando relatos falsos e interesados sobre Jesús de Nazaret y sobre ella misma. Parece claro que María Magdalena fue salvada de la muerte gracias a la intervención decisiva de sus mejores amigos, ‘Mujer ¿nadie te condenó? Yo tampoco, vete en paz y en adelante no peques más’.

«MARÍA MAGDALENA»

9.- CRECI EN MAGDALA

+ Escribo estas líneas por encargo, para explicarme sobre el gran maestro de Nazaret, para contar mi gran amor y mi pasión infinita por Jesús de Galilea.

Sé que habrán oído hablar y habrán leído cosas sobre María la pecadora o sobre la hermana de Marta, de María la de los siete demonios y otras María, mujeres que aparecen en varios escritos conocidos. Yo no soy más que María de Magdala, la Magdalena. En algunos textos escritos por los discípulos de Leví Mateo, leídos desde el comienzo en las asambleas, se habló de la Magdalena, como en otros relatos más recientes redactados por gente desconocida con otras intenciones y falseando nombre y contenido.

Era previsible que así ocurriera porque hemos pasado de los recuerdos vivos a los recuerdos escritos. El deseo de no olvidar lleva a algunos a contar muchas historias, pero no todas son igualmente ciertas. Dos vidas enteras no bastaran para contar lo que vieron y oyeron aquellos hombres y mujeres que convivieron los primeros años con el Jesús de Nazaret.

+ En verdad no creo que algunos últimos relatos perduren ni sean útiles para la enseñanza ni para la fe. El tiempo y nuestros grandes maestros sentenciarán. Escritos muy recientes sólo buscan conseguir gloria propia y recompensa o, lo que es más triste, descalificar a nuestro Cristo y a sus seguidores, propósito repetido con frecuencia por gente que no sabe de lo que habla ni cree en lo que dice que cree ni tiene pensado creer en nada que le incomode.

Estos creadores de fábulas piadosas, a merced de los intereses de influyentes comerciantes, les aseguro que autores y manuscritos bien pronto serán olvidados, tal vez alguno quedará en la parte más alta de viejas bibliotecas o en sus cuartos más oscuros.

Me dicen que sólo los discípulos griegos del joven Juan, el discípulo amado de nuestro Señor, sólo ellos parecen acertar en lo que cuentan sobre mí.

+ Desde muy niña habité en Magdala, muy cerca de Cafarnaúm, a orillas del gran lago de Galilea. Los primeros discípulos me llamaron la Magdalena, para distinguirme de las otras mujeres que acompañaron a Jesús en Galilea y en su largo camino hacia Jerusalén.

En Magdala crecí y tuve mi casa. Allí sigue viviendo, dicen, un hijo de la mujer que me alimentó. Ella me educó al principio por encargo y con esmero, pero sin cariño. Hasta que un día, por celos y calumnias, siendo yo todavía muy joven casi una niña aunque no doncella, una fría y oscura noche de invierno fui maltratada y echada fuera a los caminos con esta condena escrita colgada fuertemente y a mi cuello encadenada que decía así, ‘Si regresa será apedreada y despeñada’.

Mucho más sobre mí nadie supo, tampoco nadie preguntó. Pero en verdad ni yo misma sé ni sabré nunca dónde nací ni quién me trajo al mundo ni para qué. A veces gustaba pensar que alguien en algún lugar había soñado conmigo, me echó en falta y esperaba, pero nunca lo supe ni ya más nunca lo sabré.

+ Ahora mismo sólo me importa saber que alguien me abrió las puertas de su casa y me cobijó bajo su manto, que el buen pastor me amó y me rescató de las fauces amenazadoras de lobos feroces, que me libró de la noche oscura de la muerte muriendo conmigo, por mí y por todas las ovejas perdidas de Israel.

Pastor de verdad
pastor de mi vida,
ven hasta mí perdida
llévame hasta ti rendida.

Estas historias mías explican la amargura que habitaba en mi corazón huidizo, inquieto y temeroso. Porque en verdad hasta que conocí a Jesús mis días y mis noches los vivía sin vivir, sintiendo mi carne, mi alma y mi ser entero dolorido, penetrado de disgusto y envuelto en oscuridad.

La historia de mi pasado y mi situación respecto al sol, por el hecho de ser mujer, sirvió a otros muchos para dejarme fuera entre sombras de muerte, en el silencio de la exclusión.

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– Imagen: María Magdalena, José de Ribera, 1641, Madrid. Presenta la mujer en actitud orante en una cueva, elegante cortesana y joven penitente, con su frasco de perfumes.
– Imagen: Verónica, Via crucis.
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(I’ll never be) María Magdalena – Sandra – 1985


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Mª Magdalena -8 / Esperando su regreso

«Él es la luz verdadera que ilumina a todo hombre». La aventura interior de la fe será descrita por María Magdalena como una victoria de la luz, un doloroso nacer de nuevo y un pasar de la muerte a la vida; la conversión personal como una aventura tan impredecible como la vida misma. Ella pudo finalmente confesar su fe total en Jesús de Nazaret, además de su loco amor por él. Mujer muy anciana, viendo ya acercarse el final, traerá a la memoria palabras y sentimientos que iluminen el último tramo de su vida.

“MARIA MAGDALENA”

8.- ESPERANDO SU REGRESO

+ Tras la muerte en cruz del maestro, el sendero hacia la iluminación fue para mí largo y doloroso. Al fin creí en él con todo mi ser y le confesé como mi cristo y mi señor, como el viviente y la fuente de vida para siempre.

En efecto, los inviernos en los que la luz y las sombras se alternaron en mi alma, fueron largos y angustiosos. Ahora sé bien que Jesús nazareno es mi señor y mi libertad verdadera, mi esposo, mi único amor, mi vida y mi todo. De verdad lo siento y lo vivo así.

Es como quien tiene la certeza misteriosa de una nueva vida que lo habita y palpita en su interior. El mismo Jesús utilizó la imagen de la vida en el vientre de la madre para hablar de su proyecto de reino de Dios: una vida nueva en nuestro interior, que crece y va madurando. Será necesario esperar pacientemente su misterioso curso natural en cada uno.

– Miren, cuando una mujer dio a luz a su niño, no se acuerda ya más de la angustia, es tanta la alegría por la nueva criatura.
– He venido para que todos vivan, que no perezca ninguno que crea en mí.

+ Yo sé que Jesús nuestro señor volverá para ultimar mi historia personal. Culminará así un costoso trabajo compartido de amor y de sufrimiento. Al final quedará el amor, sólo el amor.

Nuestra vida no es como una historia interminable que da vueltas sin fin o se desvanece sin futuro en la nada y el vacío. El punto final, la muerte, será el principio de lo nuevo, el triunfo de la misericordia y el amor. Así ocurrió en el propio Jesús, pionero de la nueva criatura nacida tras tanto dolor y sangre en la cruz.

+ Ahora yo solo espero su regreso, su último llamado. Creo saber que, al verme penando por su ausencia, también esta vez se dirigirá a mí y pronunciará con determinación mi propio nombre:

– ¡María!
– Maestro, busco tu rostro.
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Mi respuesta quisiera ser tan decidida como la del apóstol Tomás. De él cuentan que reconoció vivo a su Cristo amigo, cayó a sus pies rendido, y apesadumbrado entre sollozos le dijo:

– ¡Mi señor y mi dios! Yo creo en ti, mi rey y señor.
– Tomás, has visto y has creído, dichoso tú.

Siempre contigo
ante tus pies heridos
ante ti contigo
mi señor y mi todo
mi amigo,
te adoro y te amo
todo tuyo
todo en tus manos heridas
siempre contigo siempre.

Con el paso de los años mi espíritu está en calma. La paz ha regresado a mi alma que vigila día y noche y ahuyenta todo temor. La luz se hizo paso entre las sombras. He llegado a esta íntima convicción, creo y espero firmemente que la muerte ya no es derrota sino victoria.

* Imagen: «Llanto por la muerte de Cristo con santos», Sandro Botticelli (+1510), fragmento. Vemos a la Magdalena (?) abrazando con gran cuidado y cariño el rostro de Cristo muerto, el cuerpo recién desclavado y bajado de la cruz por los discípulos.

Conversaciones en el Templo, Nicodemo

– Nicodemo dio su nombre a este blog, referido al personaje del 4º evangelio con quien Jesús de Nazaret conversó en la noche y fue su discípulo de última hora. Coincidirá luego con la Magdalena al pie de la cruz, con María la madre del Señor y con el discípulo amado.

Aquí Nicodemo quiso hacernos llegar alguna conversación con el Maestro galileo. El fariseo tenía en verdad muchas preguntas: ¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿Quién es tu padre? ¿Qué planes tienes? ¿Qué esperas de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

Nicodemo conoció a JESÚS en el gran Templo entre mucho alboroto. El maestro de Nazaret protestó en la nave donde el pueblo hacía sus rezos. No era posible ya hacerlo con el griterío de los vendedores y sus mercancías, negociando con la religión y los sacrificios.

JESÚS no lo soportó. El templo fue para buscar y hallar al Dios vivo, y ahora es mercado y banco de negocios. Si no hay silencio y paz, cómo conversar con el Dios escondido. Mejor salir afuera para encontrarlo.

El Maestro se lamentó con energía, muy crítico con los dirigentes. Una comisión de fariseos vino a interrogarlo, entre ellos Nicodemo que escuchó y asintió atemorizado las quejas del nazareno: ¡Raza de víboras, hipócritas, han convertido la casa de mi Padre en un mercado!

JESÚS salió del Templo a toda prisa hacia un descampado donde aguardaron discípulos y multitudes abandonadas por sus pastores desde hace mucho.
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El fariseo guardó la impresión que JESÚS le causó en el Templo, lo buscó en otra ocasión al terminar el día para conversar con más calma sobre Dios, el templo y los preceptos.

– Maestro JESÚS, mis mejores deseos para ti, que Dios te guarde y te bendiga. Quiero conocerte, saber quién eres y de dónde vienes. Aseguran que no eres Galileo, que naciste en Judea. Dicen que tu verdadero padre no es conocido, otros que vienes de muy lejos.

– Maestro JESÚS, cuentan que hablas de nuestro Dios como padre tuyo y padre de todos. Dime si tú lo conoces bien y si nos lo darás a conocer. Tus discípulos cuentan que te vieron hablar con Él con gran familiaridad, como nadie nunca antes. Crees que nosotros debiéramos hablarle así a nuestro Dios.

+ Amigo Nicodemo, acércate a Dios Padre, no temas. Él está cerca de ti y te habla al corazón, te dice: ‘Escucha Nicodemo, JESÚS es mi hijo querido, él te mostrará el camino, préstale atención’. Deberás cambiar tus ideas y tu corazón, como nacer de nuevo.

– Maestro JESÚS, alguno de nuestros sabios y profetas hablaron del Dios de nuestros padres como de un padre bueno que nos dio la vida, el mundo y cuanto existe, que cuida de nosotros. ¿Tú crees que nuestro Dios nos quiere como un padre y una madre quieren a su hijo pequeño más querido? En verdad muchos de nosotros ya no creemos en esa antigua tradición.

+ Amigo Nicodemo, cierto hemos roto nuestro pacto de fidelidad, pacto de justicia y misericordia. El dios de la alianza está descontento. Dios es padre mío y es padre nuestro. No debes temer, él te lleva en sus brazos y cuida de ti, él te hablará al corazón. El te acompaña en la vida y te recibirá en su casa en la hora de la muerte.

– Maestro JESÚS, tú eres un maestro en el que tengo fe. Sé que no buscas tu gloria ni tu propio interés, tu mirada está limpia y en tu corazón sólo adivino amor. En verdad nos alejamos del Dios verdadero, nos hemos hecho un dios de barro a nuestra conveniencia. Cambiaré mi manera de pensar y aprenderé de ti. Ahora debo irme, hasta otro día.
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* Retrato de Cristo, Rembrandt (+1669).

Podrán ver aquí esta colección de oraciones, «Orar con Nicodemo», pdf.

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Claribel Alegría, María Magdalena

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Será oportuno traer al blog ‘nicodemo’ este bello poema de Claribel Alegría que lleva por título ‘María Magdalena’, en el libro “Soltando amarras” (2005), de la poeta nicaragüense.

– Descubriremos rasgos de su obra: el intimismo, la soledad, la complejidad de la vida, descripción delicada de los sentimientos de Mª Magdalena por Jesús de Nazaret.

    Te amé, Jesús
    te amé
    y tú también me amaste
    entre todos los rostros
    me buscabas
    y me querías cerca.
    Me sedujo tu voz
    la serena pasión
    de tu palabra.
    Sentí temblar tu carne
    sentí temblar al hombre
    cuando ungí tu cuerpo
    con perfumes
    y enjugué tus pies
    con mis cabellos.
    Pude haberte hechizado
    y no lo hice
    me frenó tu mirada
    tu renuncia
    entre todos los hombres
    fuiste el hombre
    y no quiero curarme
    de este amor.

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(1) Imagen: «La Madeleine», 1644, Georges de La Tour.

(2) Les recordaré otros versos de Claribel, su reacción ante la muerte de seres queridos. La poesía vino en su ayuda.

    – «Me di cuenta de que uno tiene que quererse primero para luego sufrir con los otros»

    Porque aprendí a quererme
    puedo sangrar
    con tus heridas
    .

    –Querencias, A Juan Gelman

N .- La poeta nicaragüense Claribel Alegría, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2017, falleció en la mañana del 25 de enero del 2018 en Managua a los 93 años de edad. En sus versos el influjo de la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez, y el compromiso de Benedetti. Dijo de ella Diego Doncel: «Su poesía es como un susurro, como una confidencia, como un secreto importante contado al oído; tiene por ello un tono sencillo, esencial». Descanse en paz.

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Podrán leer en el blog los relatos ‘Mª Magdalena y Jesús de Nazaret’, aquí verán la entrada «Ma. Magdalena. Índice» .

Mª Magdalena -7 / Mi fe inmadura

Conocemos las historias escritas o contadas, en códigos antiguos y en libros modernos, sobre los amores ocultos e inconfesables entre Jesús el gran maestro de Nazaret y María la Magdalena. Me temo que no sean más que fábulas, historias bien contadas, incluso supuestamente bien documentadas.

En esta SEGUNDA PARTE, María prosigue el relato prometido de sus recuerdos, situada ahora en el entorno de Mateo el publicano su principal protector. Nos contará sus primeros pasos de acercamiento a Jesús de Nazaret. Resulta fácil descubrir que los dos se necesitan. En momentos de crisis tanto Magdalena como Jesús buscaron el uno en el otro la acogida, el afecto y la comprensión que muchos otros les negaron.

«MARIA MAGDALENA»

7 . MI FE INMADURA

A mis jóvenes amigos yo les hablaba de Jesús Galileo, lo que sabía de él por mí misma, lo que me había contado alguno de los primeros discípulos, como Juan el apóstol o más tarde Leví Mateo y sus discípulos, cuando coincidimos en nuestro obligado éxodo.

Porque en las semanas posteriores a la puesta en cruz y la marcha definitiva del maestro, muchos seguidores del Galileo tuvimos que escapar y salir del país. Yo me uní al grupo de discípulos de Leví huyendo hacia las montañas del norte camino de Siria.

Nos desperdigamos como pudimos en las aldeas de agricultores y de extranjeros a pocos días de camino de Antioquia la Grande. Aquella región fue nuestro refugio ante el continuo acoso de nuestros perseguidores, ahí donde desde entonces tengo la casa y mis cosas.

En mi huida desesperada mis mejores maestros y compañeros fueron los discípulos de Leví Mateo el publicano. Ellos fueron instruidos por el propio Leví y por algunos escribas convertidos que creyeron a última hora en Jesús nazareno. Estos discípulos fueron muy amables y respetuosos conmigo, con ellos me familiaricé y ayudaron para no desesperar en la larga y oscura noche de la ausencia mientras duraba mi fe inmadura. Les deberé mucho.

En verdad yo misma hablé pocas veces, no muchas palabras, con el gran maestro Jesús. Lo escuché con atención y admiré, pero sin acertar del todo con la hondura de su mensaje ni vislumbrar de lejos el gran misterio escondido de su persona.

Lo seguí algún tiempo después junto al gran lago por los caminos de Galilea, buscando en el buen maestro la paz y el perdón a todos prometida. El ambiente que lo rodeaba me complacía y el tono de sus palabras me tranquilizaba. No quise dejarlo ya ni escuchar otras promesas.

    Buscando la luz y la vida mía
    te encontré mi amor y mi vida,
    palabra de paz y presencia
    peregrino de amor sin respiro.
    Pienso y descanso contigo
    sueña y descansa conmigo,
    ya no señor sino amigo.

En aquel entonces yo me sentí perdida, extraña ante Dios y la religión, mas ante la persona de Jesús atraída por su persona y su bondad, por las propuestas que a todos hacía.

Sentí vergüenza de mí misma y gran confusión al verme en ocasiones despreciada y excluida, también por parte de alguno de los discípulos.

Yo notaba en cambio sobre mí la limpia mirada de Jesús nazareno que no me rechazaba, el calor de su cercanía, agradecida sin fin por su interés y su acogida, sus palabras amables y su escucha.

    – María, ven a mí si estás abatida. No temas, descansa.
    – Maestro, te seguiré vayas donde vayas.
    – No tengo donde reclinar mi cabeza.
    – Estaré junto a ti, perfumaré tus cabellos y besaré los pies del mensajero que trajo la paz.
    – Ven conmigo, si me sigues no andarás entre sombras, tendrás la luz de la vida.

Como en tantas otras ocasiones, él continuó su camino al amanecer del día siguiente, buscando sin pausa otras ovejas perdidas de Israel, como él decía. Yo deseé con toda mi alma respetar su trabajo, sus promesas y renuncias. La misión a él encomendada fue su principal alimento, toda su vida y su gran pasión.

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-Imagen: Magdalena penitente, Guido Reni (1575-1642), mirando suplicante al Cristo de la cruz.
-Imagen: El Salvador, icono siglo xiv.
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La fe y la esperanza pasarán, lo que queda es el amor . .

Mariah Carey – Without You – (No puedo vivir sin ti)

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Mª Magdalena -5 / Cansado y sediento

Estoy presentando en este blog unos relatos que ideé para rehabilitar el buen nombre de María Magdalena y de Jesús de Nazaret. Con un mínimo de ficción, María Magdalena, desterrada y ya muy anciana, hace público su testimonio personal sobre el maestro de Nazaret. Más allá de sus sentimientos y nostalgias, el mensaje mismo de Jesús, sus propuestas de nueva religión, la oferta de nuevo camino. Como veremos en este nuevo episodio, sus discípulos y la misma Magdalena no quisieran abandonar nunca al Galileo, ni en situaciones de crisis y peligro.

«MARIA MAGDALENA»

5.- CANSADO Y SEDIENTO

+ Estos jóvenes discípulos al visitarme, contribuyeron los que más a mantener frescos algunos detalles del maestro, aparentemente insignificantes aunque para mí entrañables. Detalles no imaginados pero sí con el paso del tiempo recordados, soñando sin cesar y sin malicia por mi propia locura de amor y más tarde por mi fe ciega en aquel hombre.

Lo ocurrido en aquel entonces viviendo el Nazareno me parecía ahora más lleno de vida que nunca. Con la distancia de tantas Pascuas transcurridas, aquellos antiguos sucesos crecían sin cesar de tamaño y los vivíamos de nuevo en la casa mientras ardía nuestro corazón por el ambiente de búsqueda amorosa. No sólo recuerdos sino presencias, miradas y palabras entre Galileo nuestro señor y los discípulos que creen en él. Por eso entre nosotros escuchábamos y repetíamos una y otra vez sus preguntas y las nuestras:

– ¿A quién buscan?
– ¿Eres tú el que ha de venir?
– Vengan a mí, el Reino de Dios llegará pronto
– Vayan también ustedes a trabajar a mi viña
– ¿Quieres curarte?
– Maestro, señor, quiero verte y seguirte siempre
– Ven conmigo que soy la verdad y el camino
– Señor ¿dónde vives?
– Nuestro padre ya les quiere como a mí, no teman
– Anuncien estas buenas noticias a todas las personas
– ¿Quieren marcharse de mi lado y dejarme para siempre?
– Yo nunca les dejaré solos
– Manténganse siempre alerta, no se echen atrás en tiempos duros
– ¿A dónde vas ahora, señor?
– Confien en mí, vengan a mí, yo les mostraré el camino
– Ámense unos a otros, y amen a los que no les aman.

+ Recordaré un día de verano al atardecer, el mismo Jesús cansado y sediento esperando en el patio de la casa junto al viejo pozo. Se dirigió a mí diciendo con voz cálida y apagada:

– María, quería verte, tengo sed ¿puedes darme un poco de agua de tu pozo?

Sorprendida al verle y escuchar la súplica, le di a beber de mi jarra agua fresca recién pozada:

– Me alegro que estés aquí conmigo, me verás triste y perdida, porque la paz se ha alejado de mí, también yo te necesito ¿me darás a gustar, señor, tu amistad? ¿recuperaré la paz y la alegría?

Como era un día muy caluroso, nuestro señor Galileo quedó pronto dormido en la sombra junto al pozo sin apenas decir más. Yo mirando de cerca cantaba.

Siento la caricia de tu mano
el calor de tu mirada
que sana y reconforta
en el caer de la tarde
quédate hoy conmigo
abrazo de paz infinito
que acaba la luz y anochece.

+ Al día siguiente sus discípulos asustados llegaron en su búsqueda recién amanecido, le hablaron con preocupación y se alejaron con él a toda prisa.

– Las autoridades del Templo te buscan y te acusan de menospreciar su autoridad, de creerte un profeta y un mesías, tú ¿qué dices?
– Ustedes ¿qué piensan de mí? ¿quién dicen que soy? ¿Desean marchar de mi lado?
– Peligra nuestra vida, pero no te dejaremos.
– Sean valientes, recorramos juntos el sendero estrecho y escarpado que lleva a la luz, la verdad y el amor. No me dejen.
– Tú eres nuestro señor, el Cristo de Dios.

Sus seguidores más incondicionales lo aman, lo siguen y adoran como su rey y señor. Así ocurre con los grandes maestros y profetas, cuánto más tratándose de nuestro adorable y buen maestro Jesús Galileo. Tan grande era nuestra locura por él y por su mensaje, que estábamos dispuestos a entregar nuestra vida entera, hasta morir con él si fuera necesario.

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* En la imagen «Cristo y la Samaritana», Bernardo Strozzi (1581-1644). Encuentro y conversación junto al pozo, que sacia la sed de ambos de conocerse mejor y el deseo de ayudarse en sus dificultades. El resultado de ese primer acercamiento será una relación de amistad para siempre.

Una composición similar expresó el poeta español Gerardo Diego (1896-1987) en estos versos:

Apoya en mí la cabeza,
si tienes sueño.
Apoya en mí la cabeza,
aquí, en mi pecho.
Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo.
Levanta hacia mí tus ojos,
tus ojos lentos,
y ciérralos poco a poco
conmigo dentro;
ciérralos, aunque no quieras,
muertos de sueño.

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Encontrarnos con Jesucristo también ahora nos cambia e ilumina. Escuchen si gustan esta melodía, llena de afecto y buenos deseos, ‘Encontrarme contigo’, grupo evangélico Satelite, México, 2012.

Mª Magdalena -4 / Frescos recuerdos

«Les escribimos lo que hemos oído y hemos visto con nuestros propios ojos, les anunciamos lo que hemos contemplado y tocado con nuestras manos, para que estén unidos con nosotros» (1ª carta S Juan). Las visitas y conversaciones que María Magdalena mantiene con unos jóvenes discípulos, hacen que recupere la alegría y crea rejuvenecer. Desde su gran fascinación por la personalidad de Jesús de Galilea, María quiere comunicarnos su experiencia. Llena de amor y nostalgia, sueña con nosotros por regresar en el tiempo y verse de nuevo junto al maestro de Galilea.

«MARIA MAGDALENA»

4.- FRESCOS RECUERDOS

— Los jóvenes de los que les hablé venían a mi casa algún atardecer en el último invierno. Me buscaban con interés, buscaban luz y calor, también el calor de mi hogar y de mi propia hoguera. Me contaban que los rabinos hablaron de mí en sus comentarios al nuevo camino que Jesús Galileo propuso. También escucharon los pareceres de algunos vecinos ya ancianos y de su propia familia. Muchos hablaron de la Magdalena, pero estos jóvenes quisieran oír y conocer por su cuenta para tener su propia versión y opinión.

Alguno de ellos ya fue bautizado en secreto, otros no manifestaron la intención de hacerlo, al menos por el momento. Todos comunicaron su interés por conocer más detalles sobre Jesús de Nazaret. Conversando discutieron entre ellos y preguntaron abiertamente sobre él, a pesar de que durante mucho tiempo, y aun ahora mismo, solo nombrarlo fue arriesgado.

Jóvenes y fuertes como eran viniendo a la casa ayudaron a esta mujer, que cada día amaneció un poco más torpe y con menos fuerzas. Las muchachas ponían a menudo cantando un poco de alegría, orden y limpieza en los rincones de mi pequeño hogar. Todos ellos pusieron también orden aun sin saberlo en mis recuerdos y sentimientos con las muchas preguntas que allí me hicieron.

— Mi alma entera y también mi cuerpo se alegraron al observar y escuchar, todo mi ser rejuveneciendo. Siempre a la búsqueda del verdadero amor, su afecto y simpatía me conmovieron íntimamente, lo confieso ahora sin reparo. Siendo el rostro de mi alma mucho más trasparente de lo que yo quisiera, los visitantes advirtieron pronto lo que en mí sucedía. Sonreían con bondad al notar tan a flor de piel mi sentir y mi necesidad, hambre de buen amor y satisfacción por su presencia y juventud.

Esta gente amiga llegó hasta mi puerta con pequeñas excusas, acercándose pronto al fuego que nos calentaba. Juntos soñábamos abrazando nuestras manos, al poco despertábamos sintiéndonos personajes que vivieran en otro tiempo con el Galileo y sus discípulos, en un mundo que nos encantaba a todos, un mundo de ensueño y bienestar.

Eran muy jóvenes y no me resultó difícil poner en marcha sus sentidos de dentro, imaginando y contemplando para que vieran y tocasen, que oyeran y hasta notasen aromas y sabores, ‘Ven, amigo mío, acércate, cuéntame’. Yo los fui llevando de la mano poco a poco hacia el Nazareno que los atraía con fuerza, familiarizando con sus bellos ojos y su semblante agradable.

Sin haberlo visto ya lo amaban, como si en verdad lo hubieran conocido. Las palabras y hasta los gestos del gran maestro les hablaron a ellos mismos directamente. Siguieron paso a paso el camino que marcaba mi discurso, con frecuencia entrecortado por el recuerdo y la emoción, ‘Señor mío, amor mío’.

Junto a ti
amor
todo es belleza,
tras de ti
mi vida
vuelo sin tregua,
sin ti
bondad suma
sólo tristeza.

— Al contemplarlo con detalle y ahí detenernos quedábamos fascinados. Nuevas curiosidades venían a nuestro espíritu. El rostro de Jesús, toda su figura, apareció ante nosotros limpia y luminosa, resplandeciente. Una delicada melodía de paz, una armonía interior desconocida, brotó en cada uno contagiándonos sin saberlo nuestras propias sensaciones.

También ellos asombrados descubrirán mis sentimientos personales, mi íntima ansiedad enamorada. En nuestro espíritu, y también en nuestro cuerpo, recibimos una suave conmoción, afectuosa y honda, que estrechó la comunión entre nosotros.

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La Ultima Cena, fragmento, Leonardo Da Vinci (+1519), donde grupos de discípulos reunidos a la mesa con Jesús discuten entre sí y preguntan al Maestro, inquietos y asombrados por lo que está sucediendo. Algunos han creído ver a la joven Magdalena entre los discípulos presentes, cerca del discípulo amado.

Mª Magdalena -2 / Jóvenes discípulos

Las habladurías sobre la Magdalena, su relación afectiva con Jesús de Nazaret y con algún otro de los discípulos, debieron existir «discretamente» desde los primeros tiempos. En este segundo relato aparece gente joven, sin prejuicios, que quiere conocer mejor y averiguar por su cuenta.

Jóvenes simpatizantes que no conocieron directamente al Maestro. Ellos buscarán testigos directos, quieren saber y María Magdalena se ofrecerá a explicarles. Ella será su instructora de palabra y también por escrito.

«MARIA MAGDALENA»

2.- JOVENES DISCÍPULOS

— Los jóvenes que acudían con cierta frecuencia a mi casa querían preguntar algunos detalles sobre Jesús para conocerlo mejor. Querían mostrarme también su limpio interés por la persona del gran maestro desaparecido, como alguno de ellos lo llamaba.

Sus deseos parecían sinceros, pero tal vez se equivocaban al sospechar que como mujer debía tener muchos secretos guardados sobre el nazareno. Por las preguntas que me hacían veía que deseaban entrar en los rasgos más personales y menos conocidos del maestro Galileo.

En previsión de que esos recuerdos míos pudieran desaparecer de mi vacilante memoria, no sólo querían oírme sino que me preguntaban si les permitía o si yo misma podía escribir lo que había visto y oído, anotando fielmente mi experiencia y mis reflexiones sobre el personaje.

Estos jóvenes quisieron convencerme, me aseguraban que otros escribieron transmitiendo noticias, hechos y palabras del gran maestro. Me explicaban con todo detalle que esos escritos iban extendiéndose rápidamente entre los seguidores, dándose a conocer también en mercados y sinagogas por ciudades y comarcas hasta lejanas provincias.

— Me sorprendió y también me asustó esa súplica y urgencia para que yo les contara o incluso pusiera en letras escritas mis recuerdos personales. Probablemente temían que en cualquier momento el sonido de mi voz y la luz de mi rostro se apagasen para siempre. También yo misma lo presentía, pero sin temor.

Ellos me argumentaban que les parecía siempre iluminador lo que les contaba, que al oírme hablar sobre aquel hombre sentían como si él mismo en persona se les acercara y les hablase. Lo notaban muy vivo en mis palabras, en el tono y en la mirada que las acompañaba y nos acariciaba. Que veían mis ojos iluminados y todo mi rostro transfigurado al evocarle junto a nosotros por el recuerdo. Tenían muchas preguntas que querían hacerme.

– ¿Qué opinaba la gente sobre Jesús? ¿Verdad que algunos lo consideraban como un antiguo profeta que había vuelto a la vida?

– Todos dijeron que amaste con locura al maestro Jesús, que te vieron hundida en un pozo muy oscuro y profundo cuando él murió en cruz, que te costó mucho superar tanta dolor.

– ¿Por qué crees que los discípulos no comprendieron lo ocurrido contigo? ¿Por qué te reprocharon tanto tiempo esa relación afectiva tan privilegiada con el maestro?

— Quedó claro que estos jóvenes sospechaban, así lo confesaron, lo mucho que el Nazareno significó y también ahora significa para mí, aunque sin acertar ellos a entender el alcance ni la trascendencia de estos hechos. Al decírmelo yo misma me ruborizaba y durante unos segundos callé confundida ocultándome de sus miradas. Me defendí así de sus comentarios y súplicas que a veces pensé maliciosos.

Les dije que difícilmente mis sentimientos personales más íntimos podían contarse ni mucho menos ponerse por escrito. Que correspondía hacerlo a gentes mejor informadas que yo, con más grande autoridad y capacidad. En verdad no acabé yo de entender muy bien por qué su insistencia, sin duda creo ahora que bien intencionada, pero yo crecí de natural desconfiada y retraída. En un momento dado debí suplicarles por favor:

– ¿Respetarán mis silencios y mi propia intimidad?’

Con los años que pasaron y van pesando cada día más sobre mis frágiles espaldas, viendo acercarse mucho el final de esta vida mía, tal vez podría hacer un esfuerzo y atender los buenos deseos e ilusiones de estos jóvenes discípulos.

– María, ¿tú crees que nosotros llegaremos a conocer a Jesús, a querer y seguirlo tanto como tú?

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Cristo en casa de Marta y María, Jan Vermeer (+1675). San Lucas c.10, Jesús conversa en la sobremesa con sus amigos, dándose a conocer a los que escuchan con afecto y paciencia. A sus pies acude María atenta al invitado. Ella tomó según el evangelio la mejor parte, olvidada por unos instantes de todo lo demás.

Mª Magdalena -1 / ¿Quién es Jesús?

Encontrarán aquí unos relatos y leyendas que la Magdalena desea contarnos. Nada espectacular, solo quiere explicarse en sus sentimientos más personales. Es una mujer ya muy anciana que pide tomar la palabra. Las historias, junto con las imágenes de arte, nos acercarán y harán ver, escuchar y tocar el misterio de dentro de aquellos personajes tan excepcionales.

El primer relato ofrecerá una aproximación al actor principal y su entorno, dando algunas pinceladas sobre su manera de ser y el porqué de estos relatos rellenos de recuerdos y sentimientos. Magdalena quiere explicarse y está deseosa de llevarnos ahora hasta el Maestro de Nazaret, el amor de su vida.

«MARIA MAGDALENA»

1 . ¿QUIÉN ES JESÚS?

Muchas primaveras quedaron ya atrás desde el día en que por vez primera pregunté y me respondieron que aquel hombre allá recostado era Jesús Galileo, el gran maestro de Nazaret.

Esto ocurrió en Cafarnaúm en casa de Leví el publicano, en el patio grande donde solía dar sus fiestas. Eran frecuentes y las hacía preparar con sumo cuidado.

Leví Mateo gustó obsequiar a sus huéspedes con generosidad, también a sus muchos amigos entre los que se encontraban hombres y mujeres de toda condición y edad, en su mayoría jóvenes, con una gran diversidad en el origen y creencias, también en sus gustos e intereses.

Aquel día señalado había acudido a nuestra fiesta el maestro Galileo, aparentemente como uno más entre los otros invitados, rodeado de discípulos y muchos curiosos. Yo estaba allá para atenderlos y servirlos, debiendo corresponder con mi trabajo al cobijo amistoso que tiempo atrás Leví me ofreció.

Ahora que presiento acercarse el final de mi vida, noto en mí la necesidad de recordarlo vivo y de explicarme sobre Jesús Galileo al que conocí aquel luminoso día, al que en verdad ya nunca abandoné del todo.

Pregunté quién tú eras
dónde moras
a dónde tú vas
y si me amas.
Soñé tu llamado
imaginé qué yo hago
voy contigo
sé que te amo.

Quise contarles algo de lo mucho que voy reencontrando escondido en los rincones de mi memoria, bien guardado en mi corazón. Porque he de decirles que yo soy María, llamada la Magdalena.

No pocas veces me descubrí dando vueltas a mis recuerdos mientras trabajaba en las labores caseras o giraba lentamente mi vieja rueca. En los fríos pasados cuando noté mis brazos tan pesados que se entretenían poco en pequeñas cosas, siempre las mismas, sintiendo mi corazón iluminado pero mi mente fría y medio adormecida.

Algo imprevisto me hizo de repente despertar. Creyéndome oculta entre mis velos, me vi un día sorprendida y descubierta, como observada. Me ocurrió en este último invierno. Se interesó por mí un grupo de jóvenes palestinos, galileos y samaritanos, con los que me crucé por los caminos, y recientemente llamaron a mi puerta. Unos nacieron aquí tras las guerras, otros emigraron desde Judea, también algunos originarios de estas tierras y pueblos del norte.

Ellos se fijaron en mí, en mis entradas y salidas. Me observaron y, como puestos de acuerdo, me suplican que les hablara de Jesús, quisieran conocer mi opinión sobre el Galileo.

Me preguntaron por mi manera de entenderlo entonces en mi juventud y también ahora pasados ya tantos años. Esperaban de mí ayuda y compañía para conocer al gran maestro de Nazareth. Ellos quisieran comprobar si sus inquietudes e ilusiones, también sus muchas dudas y sombras, si recibirán por fin la luz esperada que la fe les prometía.

    – María, queremos ver de cerca a Jesús, saber cómo pensaba, qué sentía, qué nos querrá decir ahora.
    – Vengan a mi casa un día y conversamos. Yo los llevaré junto a él, y ustedes mismos podrán observar, escuchar.

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-Rembrandt, Rostro de Cristo.
-Camille Corot, Gitana con Mandolina.

Verán los capítulos siguientes más adelante, y aquí el ÍNDICE de relatos y temas.