Oración a Jesucristo, dime tu nombre

= Dedicado a cuantos preguntaron por Jesús de Nazaret. Quisieron saber quién fue y qué significó, cómo creer en él y cuál fue su mensaje.

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* Imagen: Santo Rostro, Georges Rouault (+1958). El Rostro de Cristo quiere manifestar amistad y cercanía, para los que lo escuchan y contemplan.

= El mismo Jesús también quiso saber y preguntó: ¿Qué dicen y piensan de mí? Dieron fe a mis palabras o planean dejarme? ¿Desean conocerme mejor? Vengan conmigo y serán mis discípulos.

Así como en otra ocasión cuando María Magdalena cantó sus versos al amado que halló en el camino, y quiso saber:

    «Pregunté quién tú eras
    dónde moras amigo
    a dónde tú vas
    y si me amas.

    Soñé tu llamado
    imaginé qué yo hago
    voy ahora contigo
    sé que te amo»

= Estando en esa búsqueda me llegaron unos versos, con ellos habló a su amigo Jesucristo mi amigo Vicente. Me gustó la súplica, y con su permiso quise ponerla aquí, prestarla a más gente. Unos y otros soñarán que Él los escucha y a todos comprende. Le rezarán así:

    Quiero conocerte como tú eres.
    Dime, Jesús, tu nombre verdadero.
    No he de buscarte, tú me buscas, tú no estás lejos.
    Tú tan grande y tan conmigo, tan Dios y tan humano.

    Tú, mi alegría, mi ansia sin descanso,
    mi llaga más íntima, mi destino inevitable y deseado,
    mi meta y fundamento;
    mi fe y mi confianza; mi fuerza, mi roca,
    mi refugio y mi defensa;
    mi verdad también, la clave de mi historia.

    Tú mi norma única y mi ley, el aire que respiro;
    la luz con la que mis ojos ven el mundo y su grandeza;
    el corazón con el que amo el mundo y su miseria.

    Dime tu nombre verdadero, ser de mi ser,
    para que yo se lo diga
    a los que buscan y no saben qué;
    a los que sienten la muerte en el corazón mismo de la vida y piden prodigios, demostraciones;
    a los que te arrinconan, pieza de museo
    o ilustre personaje histórico;
    a los que te reducen a una idea.
    Quiero conocerte como tú eres, Jesucristo,
    dime tu nombre.

    –Vicente Marqués SJ. (+2017)

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Vean también nuestro post «Quién fue Jesús de Nazaret».

La paz de Cristo

La PAZ fue su mensaje principal, el mejor deseo de Jesús de Nazaret. Aquí una pequeña meditación sobre la paz del Evangelio, la paz que Cristo quiso comunicar a los que creyeron en él de verdad:

– Al irme les dejo la paz, les doy mi paz, no como la da el mundo.
– No se angustien ni tengan temor. 

1 . La paz de Cristo será CONFIANZA, algo más que calma y tranquilidad, o una violencia controlada.

– La paz de Cristo es serenidad y armonía interior, aliento y brisa suave que sosiega y a la vez mueve.

2 . Su paz será BENDICIÓN, consuelo y salvación. Cuando Jesús se acercó a una población o a una casa, su saludo habitual fue:

– ¡Shalom! Paz a los de esta casa.
– Vengan a mí los cansados por tanta carga, yo les daré respiro.
– Yo soy paciente y de corazón humilde, en mí encontrarán descanso.

3 . Una paz que será PERDÓN,  acogida sincera, sin crítica ni exclusión, una paz generosa:

– Yo no te condeno, vete en paz.
– Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.

4 . La paz de Cristo es EVANGELIO, Buena Noticia para sanar el desánimo y liberar de la culpa. El temor encierra, la paz de Cristo abre y libera:

– Estando los discípulos con temor y encerrados, Jesús se presentó: ¡Paz a ustedes!
– No teman, sepan que yo he vencido al mundo.

5 . Todos sus seguidores tomarán caminos de NO VIOLENCIA, colaboradores en causas de paz y justicia en los pueblos de la tierra.

– Vayan y anuncien la paz y la reconciliación a todas las naciones.
– ¡Bienaventurados, dichosos los que trabajan por la paz!

6 . Oración de la SERENIDAD de Reinhold Niebuhr, por la paz y la fortaleza en tiempo de agitación y de prueba:

– Señor, concédeme Serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, Valor para cambiar lo que sí puedo y Sabiduría para reconocer la diferencia.

Esta fue mi súplica de ayuda, deseando recibir la gracia de la Paz que Jesucristo resucitado compartió con sus discípulos:

    + SEÑOR JESÚS, tú eres mi paz, tu amistad y compañía mi descanso.
    Si tengo tu paz, si te tengo a ti, confío y nada temo, porque tú vas conmigo.
    Eres brisa ligera y agua fresca que calma mi sed, voz que apacigua las tormentas.
    Tu paz es amor que abraza y siempre disculpa. Ven Señor Jesús, ven Espíritu santo dador de vida y de paz +

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Imagen: Cristo Salvador, José de Ribera. «Reciban mi paz. Vayan y anuncien la Buena noticia».

Recordarán la oración franciscana «Instrumentos de paz», por el grupo chileno «Canto católico»:


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Qué es el cristianismo / puntos clave

    «La fe cristiana no consiste en cumplir un código de prácticas y normas. La identidad cristiana está en vivir un estilo de vida desde la relación con Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, amar, trabajar y vivir como Jesús» (J.A.Pagola).

Buscando sus puntos clave, lo propio, lo que más le caracteriza, pude ofrecerles este resumen de rasgos sobre el cristianismo.

Es una síntesis para los que buscan saber, conocer mejor. No dice tanto lo que es, sino lo que debiera ser. Una apuesta y tarea para los que ya saben y creen.

    a = El cristianismo es una religión encarnada en la HISTORIA, no es una religión espiritualista.

    b = El cristianismo es UTOPÍA y PROFECÍA: los cristianos viven con espíritu crítico, comprometidos en lo social y lo político.

    c = Ser cristiano supone AMAR este mundo y vivir para que sea cada vez más libre y pacífico, más fraterno.

    d = La no violencia, la misericordia, la búsqueda de la JUSTICIA, son esenciales al cristianismo.

    e = La raíz del cristianismo es JESÚS DE NAZARET, bueno, pobre, acogedor, amigo para siempre.

El cristianismo surgió como un «nuevo camino», así lo llamaban los primeros cristianos, un camino en la escuela de Jesucristo.

Más que una doctrina, el cristianismo es las personas que viven, que deseamos vivir, ese camino ayudando a más gente a recorrerlo, renovando el mundo a su paso.

La fe cristiana nació del encuentro con Jesús de un grupo de hombres y mujeres. El maestro explicará lo difícil del camino, y el discípulo será testigo de lo visto y oído.

    Vimos romper el día
    sobre tu hermoso rostro
    y al sol abrirse paso por tu frente.

    Que el viento de la noche
    no apague el fuego vivo
    que nos dejó tu paso en la mañana.

– Vean también nuestro post «¿Quién fue Jesús de Nazaret?»

Bendición de Pascua / Aleluya

Para este tiempo de luna llena y primavera, una bendición en la alborada de la vida nueva, en las primeras luces de esta Pascua que comparte ya algo de lo mucho que esperamos.

Campanario 2Que esta oración de Sabine Naegeli nos recuerde tanto de bueno por sembrar y de humanidad por cosechar.

Pascua es bendición, nueva humanidad, resurrección, estreno de luz y de vida, frágil aún en los comienzos.
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. . Bendice, Señor, mis MANOS para que sean delicadas y sepan tomar sin jamás aprisionar.
. . Bendice mis OJOS, que vean la necesidad y no olviden nunca lo que a nadie deslumbra.
. . Bendice, Señor, mis OIDOS para que sepan oír tu voz y perciban el grito de los afligidos, las voces que llaman, aunque turben mi comodidad.
. . Señor, bendice mi BOCA para que dé testimonio de Ti y no diga nada que hiera o destruya, que sólo pronuncie palabras que alivian, que consiga despertar sonrisas.
. . Bendice mi CORAZON, templo vivo de tu espíritu, que sepa dar calor y refugio, que sea generoso en perdonar y comprender.
. . Dios mío, que puedas disponer de mí con TODO lo que soy, con todo lo que tengo; que mi vida sea de verdad como el pan y el vino, buenos para darse, agradables al compartir.
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Algo así debieron suplicar a Jesús de Nazaret, aquellos discípulos que caminaron desanimados hacia Emaús, mas luego regresaron alegres y bien dispuestos.

«LLegando al pueblo le rogaron: Quédate con nosotros, es tarde y el día se acaba. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista» (s Lucas c.24)

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La Pasión de Cristo

«UN SOLDADO LE ABRIÓ EL COSTADO CON LA LANZA»

– ¿Cómo podemos los seres humanos llegar a causar tanto dolor y sufrimiento en nuestros semejantes? ¿Cómo puede el odio aliado con el poder producir tanta destrucción y muerte?
– ¿Qué decir de las prisiones secretas, de la tortura y el desprecio de la vida del prisionero o del indefenso? ¿Qué utilidad redentora tendrá tanta injusticia y dolor?

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La Pasión de Cristo fue pasión de dolor por la gran crueldad, mas también pasión de amor por el gran amor que comunicó. Quedó de manifiesto que el odio y la envidia hieren y matan. Solo el amor y la compasión salvan de la muerte y resucitan.

Jesucristo reveló en su Pasión que Dios tiene corazón, que el Padre está cerca del abandonado y maltratado, que llegará pronto para limpiar su rostro y librarlo de la muerte, para restaurar su dignidad.

Algunos oyeron a Cristo rezar desde la cruz un murmullo con versos de salmos:

    – Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    – Te invoco de día y no respondes, de noche sin descanso, no hay nadie para socorrerme.
    – No despreció la miseria del pobre, no le ocultó su rostro, cuando pidió auxilio lo escuchó.
    – En tus manos encomiendo mi espíritu. Ten compasión de mí, mi vida está en tus manos.

La Pasión de Cristo duró toda su vida, cuando conoció el dolor o la ausencia de sus seres queridos, cuando vio llorar a los niños o penar a las madres, cuando oyó a lo lejos el lamento del leproso y el grito del hambriento.

Sus entrañas se conmovieron con frecuencia por el sufrimiento de sus semejantes, su corazón sangraba y sus labios callaban, sus ojos lloraban por la muerte de sus amigos, ante la mujer amenazada o el enfermo incurable.

La Pasión de Cristo continúa ahora en tantas personas maltratadas, excluidas o humilladas, en la pobreza y muerte indignas, en injustas condenas, en las ideas perseguidas.

La Pasión prosigue también en la fidelidad del amor solidario, en el perdón ofrecido, en la compasión sin condiciones, en el buen samaritano de cada día y de cada hora, en los via crucis sin fin de pueblos y barrios del mundo.

    «Fluye sangre de tus sienes
    hasta cegarte los ojos.
    Cubierto de hilillos rojos
    el morado rostro tienes.
    Y al contemplar cómo vienes
    una mujer se atraviesa,
    te enjuga el rostro y te besa.
    La llamaban la Verónica.
    Y exacta tu faz agónica
    en el lienzo queda impresa»

    (Via crucis VI, Gerardo Diego)

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* Imagen: Icono de la Santa Faz o «Acheropita», s.xvi, presentación del rostro de Jesucristo, la imagen desfigurada restablecida ya en su original dignidad y belleza.

(Podrán leer más temas de evangelio en «El Rostro de Cristo», pdf)

Bautismo de Espíritu, Nicodemo

«SERÁN BAUTIZADOS CON ESPÍRITU SANTO»

Conversar con Jesús de Nazaret en noche cerrada fue para el discípulo Nicodemo como un amanecer, un verdadero bautismo de luz y de vida.

Nicodemo preguntó a Jesús:
– ¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? ¿Entrará en el seno de su madre y volverá a nacer?
– Si no naces de nuevo del agua y del Espíritu, no entrarás en el Reino de Dios.
– Serán bautizados con Espíritu Santo, una fuerza para ser mis testigos, en todas las naciones. (san Juan c.3)

Pasados ya muchos inviernos, Nicodemo rezó así a cada una de las tres divinas personas:

+ PADRE, Creador y Señor nuestro, te hablaré como Jesús, con toda confianza. Eres Padre de todos, creación de vida. Gracias por llamarme a la existencia y por mis padres ya contigo en el cielo. Gracias por la belleza de la creación. Tus hijos preferidos serán el enfermo, la infancia y ancianos abandonados. Amarte y servirte será fuente de libertad y de alegría. Que yo conozca tu voluntad y te agrade en todo.

+ HIJO del Padre, Jesús mi Señor, deseo ser discípulo tuyo todos los días de mi vida. Necesito progresar en tu conocimiento y tu amistad. Que tu corazón y tus sentimientos sean ya los míos. Maestro, que yo prefiera como tú encarnación y cruz, pobreza y humildad. Que mi mayor alegría y mejor alimento sea llevar adelante el Reino. Toma, Señor, y recibe mi afecto y mi libertad, no permitas que nunca me separe de ti.

+ ESPIRITU SANTO, Luz y aliento interior, necesito nacer de nuevo. Configúrame con Cristo Jesús, cambia mi mente y mi corazón, ordena mi vida. Hazme dócil a tus inspiraciones y valiente en el testimonio. Que yo camine en la verdad, y no caiga en la tentación del orgullo ni adulación. Dame amor confianza con vosotros, amor fraterno entre nosotros, amor compasión con el que sufre. Quiero ser instrumento de paz, trabajador de comunión y de consuelo. Amén.

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* Imagen: “Icono de la Trinidad», Andrei Rublev, también llamado «La hospitalidad de Abraham». Data del siglo xv, ahora en la Galería Tetriakov de Moscú. Representa la visita a Abraham de los tres ángeles al encinar de Mambré (Génesis c.18). La mesa del patriarca se vuelve altar que une a las personas sagradas: el ángel del centro Cristo, los que lo rodean, dibujando la forma de un cáliz, el Padre y el Espíritu Santo. El icono recordará también los dos discípulos de Emaús a la mesa con Jesús, reconocido al partir el pan (Lucas c.24). No tanto un icono para ver como espectador, sino para contemplar y entrar, reposando uno mismo en la vida trinitaria que reposará en nosotros.

– Podrán ver aquí en pdf una recopilación de oraciones de Nicodemo a Jesús resucitado, «Orar con Nicodemo».

Los milagros de Cristo / la compasión

    «En las aldeas o pueblos donde Jesús llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban» (s Marcos c.6).

# Jesús de Nazaret encontró mucha gente enferma y desanimada. Los milagros alientan la esperanza, fueron señales de un cambio. La presencia y gestos de Jesús cambiaron la historia de mucha gente.

    «Estas son las señales: los ciegos ven, los cojos andan y los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados» (s Lucas c.7).

# Las atenciones de Jesús con un paralítico en Jerusalén cambiaron la vida de ese hombre. No sabía para qué seguir viviendo, hasta que alguien se interesó.

    – ¿Quieres curarte?
    – No tengo a nadie, Señor.
    – Toma tu camilla y regresa a tu casa.

# Como lo ocurrido con aquella mujer, la hemorroísa, se acercó a Jesús y tocó el borde de su capa. Cuenta Nicodemo en su evangelio (apócrifo) que ella limpiará en la Vía Dolorosa el rostro ensangrentado del Maestro.

    – Pensó, si tan sólo llegare a tocar su manto.
    – Al instante sintió que ya estaba curada.
    – Vete en paz, tu fe te ha salvado, estás curada.

# El milagro sucederá en un encuentro, por una necesidad, un diálogo entre Jesús y la persona. La súplica, la fe de la gente, la palabra y el gesto de Jesús lo hicieron posible.

– A la niña que pensaban muerta ¡Muchacha, levántate!
– Al paralítico recostado ¡Toma tu camilla y anda!
– Al ciego del camino ¡Recobra la vista, tu fe te ha curado!
– A Lázaro en el sepulcro ¡Sal de ahí!

# La Compasión será un amor que comparte el sufrimiento y no pasa de largo, acude, acaricia, sana. Rebrota la vida, asoma la alegría. ¿Cuál será la condición para que todo eso suceda?

Para algunos se les preguntará si tienen fe. Para otras personas el dolor bastará, Jesús toma la iniciativa, puro regalo y gracia de Dios.

Yo rezaré: ‘Señor, déjame tocar tan solo el borde de tu manto y quedaré sano’…

    Tú desataste la lengua del mudo,
    – enséñanos a cantar tus alabanzas.
    Tú has abierto los oídos del sordo,
    – que permanezcamos atentos a tus palabras.
    Tú curaste al paralítico,
    – haz que corramos por los caminos de tu amor.

    Te compadeciste del hombre de la mano seca,
    – que sepamos realizar buenas obras.
    Tú sanaste a la suegra de Pedro,
    – haz que nunca dejemos de estar a tu servicio.

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* Imagen: «Cristo y la mujer adúltera», fragmento, Lucas Cranach. El Rostro de Cristo explica con satisfacción la buena noticia: la mujer pecadora ha sido salvada de la muerte, cf.  san Juan c.8.

(Vean más temas de evangelio en «El Rostro de Cristo», y también en «Jesucristo», eBook, pdf)
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La navidad de Cristo | Lope de Vega

«Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa»

Salmo 79.
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+ La navidad de Cristo tuvo lugar en la Palestina del siglo 1º, razón de ser de toda navidad. En contraste con nuestro afán de protagonismo, Jesús de Nazaret nació en pobreza y soledad, rechazado y perseguido.

– La luz brilló en las tinieblas, vino a los suyos y no lo recibieron.
– María dio a luz y recostó al niño en un pesebre, sin lugar en el albergue.
– José tomó a los dos y huyó a Egipto, Herodes buscará matar al niño.

+ La encarnación de Dios será decir ‘no’ a un dios en las alturas, insolidario y desinteresado. Todo comenzó viendo la situación difícil y escuchando la súplica de ayuda, tanta gente desesperada.

– Pastor de Israel, muestra tu gran poder y ven pronto a salvarnos.
– Restáuranos, Dios nuestro, que brille tu rostro y seremos salvados.

+ Imaginen la mirada compasiva y el acuerdo divino: el Hijo eterno de Dios se ofreció para venir a salvar, temerá ser rechazado, mas se dejó convencer por los ruegos.

SEÑOR, si tú no vienes,
¿Quién nos mostrará el camino de retorno a la Casa del Padre?
¿Quién nos abrirá la puerta y dispondrá la mesa para la fiesta?
SEÑOR, si tú no vienes,
¿Quién saldrá a la búsqueda de la oveja perdida, quién la tomará en brazos y devolverá al redil? ¿Quién vendará sus heridas y perdonará sus culpas?
SEÑOR, si tú no vienes,
¿Quién devolverá la vista a los ciegos y la esperanza a quienes la han perdido?
¿Quién vencerá la muerte?
¿Quién dará la vida por sus amigos, y enseñará el amor a los enemigos?

+ Desconcierta ver tanta generosidad en la navidad primera ¿Qué interés pudiera tener el grande en hacerse pequeño, el eterno en venir a mortal, el rico en hacerse pobre?

Esa extrañeza quiso tal vez expresar el poeta español Félix Lope de Vega (+1635) cuando escribió a Jesús de Nazaret este cariñoso soneto:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
Mañana le abriremos, respondía,
para lo mismo responder mañana!
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Bendición para una mujer fiel

Llegó a mis manos esta bendición, una cascada de buenos deseos inspirada en personajes bíblicos femeninos. Fue escrita para una amiga cooperante, mujer fiel, en sus bodas de oro como misionera. En estos días, para este tiempo de ahora, pienso en la dignidad de la mujer, en la fidelidad de cada día.

    «Que el Señor te conceda
    la audacia de Débora
    y la valentía de Ester y de Judit.
    Que te colme de alegría como a Ana,
    de lealtad y de amor fiel como a Rut.

    – Que puedas cantar y danzar junto al mar,
    como María la profetisa.
    Que con María de Nazaret
    proclames la grandeza del Señor,
    en el triunfo de los hambrientos
    y de los humildes.

    – Que llegues a encontrarte
    con Jesús, el Señor,
    como lo encontraron María Magdalena y la Samaritana;
    Él les devolvió la dignidad, la libertad
    y les dio un nombre nuevo.

    Y que como aquella mujer encorvada a la que Él se acercó y enderezó,
    puedas tú vivir erguida y ayudar a enderezarse a otros.
    Que sigas tendiendo la mano, manteniendo la llama,
    sirviendo de una manera nueva.
    Que tú, nosotros y todos, mujeres y hombres,
    estamos llamados a ponernos en pie y glorificar a nuestro Dios».

    (Cf. “Mujeres en la hora undécima”, Dolores Aleixandre)

* Imagen: ‘En el mercado’, José Luis Fuentetaja, Madrid. 
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María de Nazaret agradece los favores y proclama la grandeza del Señor…

La fe de Cristo

¿Cómo fue la fe de Cristo? Él no necesitó la fe como nosotros. No creía, propiamente él sabía. Jesús de Nazaret ‘hijo del hombre’ fue ante todo el ‘Hijo de Dios’. La fe de Cristo es su sabiduría: Él conoce por sí mismo, de primera mano.

    – El que viene del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído.
    – Hablamos de lo que sabemos y de lo que hemos visto.

Nosotros nos fiamos de la palabra de otros, de una experiencia religiosa subjetiva o de la Biblia, pero no vemos claro del todo. La fe es nuestro modo de conocer lo divino y lo humano que se nos escapa, la razón y el sentido de todo. Creemos saber, mas entre sombras y sospechas.

    ¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!
    – Confíen en Dios, confíen también en mí.


La fe es relación, confianza, pero también es un conocer limitado. Son muy expresivas estas palabras de Saulo de Tarso, San Pablo, dirigidas a los cristianos de Corinto:

    “Nuestra conocimiento es imperfecto y nuestras profecías limitadas. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios conoce.”

¿En qué creyó Jesús de Nazaret? La fe de Jesús fueron sus propias opciones y convicciones:

    . . No dudó jamás del amor del PADRE. Amarlo y complacerlo en todo, aun en medio de la contrariedad.
    . . Creyó y apostó por el AMOR hasta el final, con todas sus consecuencias, en la compasión y el perdón sin límites.
    . . La fe de Cristo en el REINO DE DIOS, su plan de redención y restauración de las personas y de la humanidad.
    . . Creyó en las PERSONAS y en su mejora. El proyecto del Reino le costó la vida, fue la razón de su vida.

¿Qué es la fe? Poco importa especular sobre la fe de Cristo, interesa saber si nosotros tenemos fe en Él y en sus palabras. Muerto en Betania su amigo Lázaro, Jesús dirá a los discípulos: ‘Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque muera, vivirá, ¿creen esto?’

Miguel de Unamuno, a raíz de su crisis religiosa, escribió «Nicodemo el fariseo» (1899), donde hizo esta reflexión sobre la fe:

    «¡Qué poco se medita con el corazón y no con la cabeza tan sólo, en lo que la fe sea e importe! No una mera adhesión del intelecto a un principio abstracto, a una fórmula sin contenido; no la afirmación de principios metafísicos o teológicos; no, sino un acto de abandono y de entrega cordial de la voluntad, una serena confianza. Una confianza firme en que habita la verdad dentro de nosotros, en que la verdad es consuelo»

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  • Imagen: «Jesucristo Salvador», Cristo Pantocrator, icono servio s. XIII. El Rostro de Cristo, maestro y pastor bueno, que guía y bendice.

Colección de posts sobre el tema en «Creer», pdf.