La silla vacía

= Pensé reproducir aquí lo más esencial de esta emotiva historia, con temas de nuestro blog: el final de la vida, la fe y la oración. Semanas atrás saltó a las redes sociales con algún eco, así me llegó. No la olvidé fácilmente.

La chambre d’Arlés, Vincent van Gogh, 1889.

EL MISTERIO DE LA SILLA VACÍA

Una joven acudió al sacerdote para pedirle que fuera a rezar junto a su padre, que estaba gravemente enfermo. El enfermo estaba en cama apoyado en un par de almohadas. Junto a su cama había una silla vacía.
– Veo que usted me esperaba -dijo el sacerdote.
– No. ¿Quién es usted? -replicó el enfermo.
El cura le dijo quién era y preguntó por la silla vacía junto a su cama.
– ¡Ah, ya! -dijo el hombre e hizo una señal al sacerdote para que se acercara.
– Le contaré. Muchos años no supe cómo hacer oración. Un día un buen amigo me dijo: “Johnny, la oración es algo tan sencillo como tener una conversación con Jesús. Te recomiendo que te sientes y coloques una silla vacía delante de ti… Mira a Jesús sentado frente a ti, háblale como lo haces conmigo ahora”. Probé y me gustó. Así lo hago desde entonces. El sacerdote, conmovido, le animó a continuar.
– La hija lo visitó para comunicarle que su padre falleció en paz: “Lo encontré muerto… Al parecer antes de morir papá se incorporó y reclinó su cabeza sobre la silla junto a la cama. ¿Qué le parece esto?” El sacerdote se enjugó una lágrima y respondió: ¡Ojalá todos pudiéramos irnos así!

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