Estoy a la puerta y llamo / Que no falte el amor

    «Miren que yo estoy a la puerta y llamo, si oyeran mi voz y me abren, entraré y cenaremos juntos» /Apocalipsis c.3

Inspirado en su meditación asidua de la vida de Cristo, un misionero de Madagascar ya fallecido escribió tiempo atrás el poema oración que les pondré hoy en el blog.

El autor tomará el punto de vista del mismo Jesús, que expresó con frecuencia su pena ante la multitud abandonada. El Señor conoció nuestra indolencia y se identificó con el malherido, también con quien tuvo misericordia.

    «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o te vimos forastero y te recibimos? Cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de mis hermanos, me lo hicieron a mí» /San Mateo c.25

Jesús de Nazaret nos estará invitando a mirar hoy con sus ojos la pobreza y el dolor de muchas personas, las vemos cada día en nuestras plazas y nuestra pantallas, rostros tristes y doloridos, interpelantes, víctimas de pobrezas y violencias.

    El Dios que conozco
    permanece a la sombra de mi casa.

    Cada día pide un poco de arroz,
    más aún, una mirada de cariño, un rostro acogedor.

    El Dios que conozco nació en un pesebre
    y murió en un leño
    .
    Y desde una cierta mañana de Pascua,
    va de acá para allá por el mundo,
    se confunde entre la muchedumbre anónima,
    entre los olvidados, los rechazados,
    y nueve de cada diez veces no es reconocido.

    El Dios que conozco no tiene poder.
    Me dice que tiene hambre, que tiene sed, que está desnudo,
    que es extranjero, que está preso.
    Creí entender su voz el otro día:

    Estoy siempre con vosotros, nunca os he abandonado.
    No me dejéis morir de hambre,
    no me dejéis una noche más sin techo, sin calor.
    No me dejéis en tanta aflicción.
    Llamo a la puerta, pero nadie me responde.
    Hace frío, estoy solo, nadie viene en mi ayuda.

    El Dios que yo conozco se llama Jesucristo,
    permanece a la sombra de mi casa.

    –Jacques Couture SJ (+1995)

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La cruz de Cristo | La Saeta

    – El Hijo del hombre sufrirá, será humillado y rechazado.
    – Si quieren seguirme, renunciarán a sí mismos y tomarán cada día su cruz.
    /san Lucas c.9

Enfermedad, muerte, sufrimiento. A la vista de lo que vivimos en seres queridos y en otros de lejos, quise traerles unos deseos sinceros, por la celebración de los Santos y difuntos.

La ocasión llegó tiempo atrás al escuchar aquel evangelio difícil. Alguien imaginó esas palabras duras de Jesús de Nazaret dirigidas a un discípulo indeciso, o a cualquiera de nosotros:

. . Mira, yo padecí y fui rechazado, por mostrar el rostro del Dios vivo, por plantar cara a los maestros de la ley, por tirar muros de egoísmo. Acusado por sumos sacerdotes y ejecutado en una cruz, al tercer día resucité.
. . ¿Tú, qué vas a hacer con tu vida? Si quieres ser mi discípulo, si quieres compartir mi vida y mi pasión, no te pongas en el centro de todo. Pon en el centro a Dios y a tu prójimo, y verás como cambian las cosas.

. . Carga con tu cruz de cada día, ven conmigo. Si quieres guardar tu vida, verás que no tienes nada. Si la regalas, verás que está llena. ¿Para qué ganar el mundo, si te sientes vacío?

    – Cierto, mi vida podré vivirla con amor o con rabia, viendo tanto sufrimiento, con rechazo o con deseo de ayudar, aun con sacrificio.
    – Así me sentiré bien, se encenderá mi luz, la paz que Jesús nos prometió: ‘Reciban mi paz, no teman. Yo vencí al mundo’.

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Vean unos sentimientos de simpatía y complicidad entre el Cristo de la cruz y quien lo contempla con afecto y reconocimiento:

    Él sufre con nuestros sufrimientos
    Está triste por mis tristezas
    Se siente solo con mi soledad
    Abandonado por nuestros abandonos
    Rechazado en nuestros rechazos
    Se siente agredido si agredimos
    Injuriado cuando injuriamos
    Despreciado con nuestros desprecios
    Herido con mis heridas
    Aliviado con nuestras caricias
    Consolado con mi amistad y compañía.

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Recordaré este lindo poema de Antonio Machado, «La Saeta», con letra y música de Joan M. Serrat:

¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar!

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(1) Vía Crucis, Cristo bajado de la cruz (13ª) y El Cirineo (5ª), M.Rupnik. ‘Detuvieron a un tal Simón de Cirene y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús’. -s Marcos c.15

(2) Aquí verán reflexión de las «Siete Palabras» de Jesús desde la cruz.

(3) En comentario las 15 estaciones del ‘Via Crucis’ católico.

(4) En comentario el poema «Yo quisiera Señor en tu agonía», meditación de las heridas de Cristo y nuestra respuesta.

Orar con Nicodemo -7 / Nacer de nuevo

Los discípulos recibieron una fuerza divina, el Espíritu Santo, que les dió confianza y los puso en marcha para la misión. Deberán salir del Templo y de las casas. Es hora ya de dar a conocer el nuevo Camino de Jesús. La víspera de cada domingo al anochecer, los primeros cristianos se reunirán en la casa de uno de ellos. Temen las denuncias y se ocultan. Las autoridades políticas y religiosas los amenazan y obligan al silencio, les impondrán penas de cárcel y demás.

hom_intimior-intimo-meo-bNicodemo pudo encontrarse en aquella reunión de apóstoles y discípulos. Su presencia les dió ánimo a todos. Él mismo amenazado e inseguro pedirá fortaleza y más decisión por el Reino de Dios. Recordó la recomendación de Jesús: “Nicodemo, deberás nacer de nuevo, del agua y del Espíritu que el Padre enviará”. El discípulo de los últimos días rezó así:

NACER DE NUEVO DEL ESPIRITU

«Envía, Señor, tu Espíritu que sustente y refuerce nuestro propio espíritu que es de natural frágil y cobarde. Que el Espíritu de Dios encienda en nosotros una LUZ interior suave pero firme, que quite las sombras de la duda y las tinieblas de la desesperanza. Que nos ilumine cuando en verdad no sabemos qué hacer. Espíritu Santo, amor infinito e increado, manantial inagotable de amor, derrama en el corazón de tus discípulos el amor que todo lo puede, que todo lo disculpa, que siempre ama, que ama sin ser amado, que comprende aunque sea incomprendido. Que por tu gracia, el nombre y el rostro de nuestro amado JESUCRISTO queden imborrables en nuestra mente, que sus palabras y modo de ser permanezcan por siempre impresos en nuestro corazón. Soñamos que nuestra fe en Jesús sea amistad, nunca olvidar su vida y su muerte por nosotros. Envía, Señor, tu Espíritu que renueve la vida de las personas y de los grupos que habitan nuestra tierra, por el final de toda violencia, exclusión y malos tratos, que no veamos niños abandonados o explotados, ojalá desaparezca ya el sufrimiento injusto de tanta gente. Espíritu Santo, danos valentía para anunciar la buena noticia, y para denunciar los males que rebrotan sin cesar en tu Iglesia, la tentación de la soberbia, la falsa apariencia y las envidias, la avaricia de honores y riquezas. Señor, que sienta amor confianza con el Padre, dame amor fraternidad con mis hermanos, te pido por favor la gracia del amor compasión con los que sufren desaliento y rechazo. Haz de mí un instrumento de paz, trabajador de comunión y buena noticia de consolación en el mundo, en mi familia y en la comunidad. Con el ‘Padrenuestro’ los discípulos comunicaron los temas clave de la oración de Jesús. Yo diré así: Padre nuestro, padre de todos, padre del cielo, tú quieres sólo nuestro bien; cúmplase tu voluntad, tus mejores deseos, tu reino; que todos te conozcan, te quieran y bendigan. Que de la casa no me aleje ni me pierda; sálvame señor, no dejes que de tu bondad dude ni desconfíe, que no caiga en la red del tentador. Da a todos cada día su alimento, que perdonemos siempre como tú nos perdonas; de la noche del mal líbranos y de la muerte en sombras, danos de tu vida cada día y de tu aliento. Ahora te pediré por los nuevos cristianos, la nueva Iglesia, por los que buscan algo diferente, por los jóvenes que en la noche impacientan cansados de esperar un amanecer que no llega. Que veamos pronto signos de un mundo nuevo en paz lleno de humanidad y bendiciones para todos. Siendo ya anciano descansaré viendo de lejos el Reino prometido en marcha y creciendo. Estoy recordando señor tus palabras, El que no nace del agua y del Espíritu no entrará en el Reino de Dios. Yo esperaré en paz tu llegada y tu llamada para ‘nacer de nuevo’, y pondré todo, mi vida y mi muerte, mi pasado y mi futuro, en tus manos benditas con infinita confianza. Adiós, Señor, hasta otro día.»

cenefa-e

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Podrán ver aquí recopilados «Orar con Nicodemo», pdf.

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La vida eterna, una promesa

– Como el esposo se retrasó, todas quedaron dormidas. A medianoche se oyó: Ya viene el esposo, salgan a su encuentro.
– Jesús añadió: Estén prevenidos, pues no saben el día ni la hora
.

A . Pidieron una reflexión sobre la vida eterna. Creyentes y no creyentes utilizarán un lenguaje oscuro: el más allá, la ciudad futura, el cielo o el paraíso, la vida eterna.

Será tiempo de paradojas y relatos fragmentarios, apenas nada del después. El creyente sí sabe, porque cree y espera, será su apuesta. Si solo buscó comprender pudo perderse, bastará tener fe y amar:

– Yo vine a este mundo para que todo el que crea en mí tenga vida eterna.

B . Importará vivir el presente en justicia y en verdad, dejando el después al Señor de la Casa. Le gustará saber cómo traté los asuntos y las personas, pues en el aquí y ahora se ocultó el tesoro del después.

El pan de la misericordia, Safet Zec, 1943

. . La Vida eterna no será una conquista por méritos ni un derecho a exigir, ni una quimera.
. . La Vida eterna fue promesa, ‘Hoy estarás conmigo en el paraíso’, un regalo a agradecer, invitación a una fiesta.
. . Por la fe, Abraham salió sin saber a dónde iba.
. . Conduciré a los ciegos por un camino que desconocen.
. . A lo lejos la Tierra prometida, peregrinos a un territorio desconocido.

C . El misterio último de la vida es Alguien que nos espera, acoge y perdona. La Vida eterna es Dios mismo, su Vida compartida desde la fuente de donde mana el Amor que no se agota. Morir será nacer de nuevo.

Será regresar al fin a la Casa del Padre, calmar la propia sed y enjugar las lágrimas, calmar también del Padre su espera y abrazarse fuerte, pasar al banquete preparado, vestir el mejor traje, recibir todo de su mano, caliente el pan y el mejor vino.

– Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada, sus lámparas encendidas. Él mismo los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles.

Esta fue en síntesis la promesa y su fundamento divino:

– Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. (san Juan c.17)

– Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. (Romanos c.10)
– Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales. (Romanos c.8)

Verán en comentario un texto hermoso de San Agustín, el Señor nos invita a su mesa.

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Les recordaré las palabras del Cardenal Carlos Martini meses antes de morir:

«La edad y la enfermedad me envían una clara señal de que es hora de apartarse de las cosas de la Tierra para prepararme a la próxima llegada del Reino».

Y unos versos, propia confesión de enigmas y certezas:

SUEÑOS

Si la vida es vida
razones, besos
emociones, sueños
cuántos…

Si la muerte es muerte
razones, besos
sueños y emociones
dónde…

La vida muerte
es eternidad menuda
la muerte vida
será eternidad divina.

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Tal vez una notas musicales nos ayuden a esperar y adorar el Misterio: «Largo» from the opera Xerxes by G.F. Handel.

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Les invito a releer la Homilía del Papa Francisco en la Misa exequial por el Papa emérito Benedicto, el día 5 de Enero de 2023 en la Plaza de san Pedro. El Papa Francisco nos exhorta a creer en la misericordia y esperar siempre en Dios Padre nuestro.

La esperanza / Pentecostés

Corresponde hoy ofrecernos un mensaje de esperanza. El Pentecostés, envío del Espíritu santo, fue promesa de futuro que Jesús de Nazaret hizo a sus discípulos y seguidoras con estas o parecidas palabras:

-De regreso a la casa de Dios yo les enviaré mi Espíritu, él habitará íntimo en su corazón, será Alma de su alma, los iluminará para que conozcan mis preferencias, dará paz y confianza a su vida, y les pondrá en camino.

Con la ocasión me pasaron esta invocación, donde el Espíritu divino se manifestó como brisa y fuerza, dando vida y libertad, el buen amor lo resumirá todo.

Espíritu Santo,
eres viento: llévame donde quieras;
eres brisa: déjame respirar lo nuevo;
eres fuerza: levántame del suelo;
eres vida: dame pasión por la vida;
eres alimento: nútreme de tu savia;
eres luz: ilumíname con tus rayos;
eres calor: aviva mi ser;
eres libertad: hazme libre;
eres fecundidad: cúbreme con tu sombra;
eres agua viva: dame de beber;
eres respuesta: dame fuerza para decirte sí.

Nuestra​ ​vida​ ​es​ ​frágil,​ ​llena​ ​de​ ​contradicciones​e​ ​incertidumbres. La​ presencia e inspiración del​ ​Espíritu​ nos hará confiar ​en​ ​el​ ​Amor divino ilimitado, misterio​ último de​ ​todo.

Para amar como el Padre, el Hijo y el Espíritu, deberemos cantar a la vida y la belleza, pacificando, consolando y, en la espera, curando heridas.

Santo Tomás de Aquino rezaba así ante lo desconocido:

«Espíritu Santo, Dios de amor,
concédeme una inteligencia que te conozca;
una angustia que te busque;
una sabiduría que te encuentre;
una vida que te agrade;
una perseverancia que, al fin, te posea».

Verán en comentario examen de conciencia del Papa Francisco sobre nuestra docilidad al Espíritu, en la Homilía día de Pentecostés, mayo 2023.

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Podrán escuchar aquí esta versión de «Ven, Espíritu divino«, del grupo chileno ‘Canto católico’.

Orar con Nicodemo -6 / Quédate, Señor

De nuevo podrán leer aquí unos papeles de oración de Nicodemo, el discípulo de última hora que de noche se interesó por Jesús de Nazaret. Esta vez recordando y celebrando la Ascensión del Señor, Nicodemo rezó en su nueva comunidad. Sintiéndose unido al resto de los creyentes, pedirá con insistencia ‘Quédate con nosotros’. Fue cierto, Jesús dejó el lugar de Dios para hacerse hombre y siervo de todos; ahora tras su muerte y resurrección se le confiesa “sentado a la derecha del Padre”, su nueva situación, su señorío y relación privilegiada con Dios nuestro Padre. Desplazamiento que no es alejamiento, sino presencia y trabajo de fondo por nosotros y con nosotros.

Los discípulos pudieron quedar mirando al cielo, pero son invitados a mirar a la tierra, mirar al futuro y salir en misión. En esa cita misteriosa de Galilea, la principal tras la resurrección, imaginaremos con el grupo de los apóstoles a otros muchos, a José de Arimatea, a la Magdalena, a María de Nazaret y Nicodemo, a los amigos de Emaús. En la montaña de Galilea vieron a Jesús resucitado resplandeciente por su bondad y belleza, mas al punto de ocultarse, como el sol, deslumbrando la última vez. Así oró Nicodemo esta vez, adivinando ya un amanecer:

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QUÉDATE CON NOSOTROS, PORQUE OSCURECE

«Inspirado en aquellos discípulos temerosos de la noche pero ávidos de tu presencia, quiero rezar contigo por todos los pueblos de donde llega a nosotros la presencia de mucha tiniebla de muerte y violencia, pueblos lejanos con gran necesidad todavía hoy de evangelio. Yo pediré con fe: Quédate con nosotros, SEÑOR, acompáñanos porque no siempre supimos comprender y reconocerte. Quédate con nosotros, Jesús amigo, porque nos rodean densas sombras que nos impiden ver bien. Tú eres la Luz, en nuestros corazones se insinúa la desesperanza. Cuesta reconocerte en el pan partido y en el hermano de cerca, resulta difícil amar al enemigo como tú nos mandaste. Cansados del camino, sabemos que tú nos reconfortarás. Deberemos ser testigos de la vida resucitada, nueva vida, amanecer de una humanidad nueva. Quédate con nosotros, Señor, cuando surge la niebla de la duda o el peso del cansancio; cuando la fe se oscurece y cuesta adivinar el horizonte. Tú nos explicarás paciente también ahora el sentido de cuanto sucede. Quédate en nuestras comunidades, sostenlas en sus dificultades, dales consuelo en su cruz y penalidades, en su fatiga de cada día. Fortalece nuestra natural debilidad, engrandece nuestra humillación. Tú que eres la VIDA, quédate en nuestros hogares, que se ame y respete siempre con generosidad la vida de todos. Quédate, Señor, con nosotros presente entre los más vulnerables, en los más pobres y los enfermos incurables, entre los emigrantes y refugiados, en las mujeres maltratadas y en los ancianos abandonados, en los que perdieron la esperanza. g-artur-24Quédate, Señor, con nuestros niños y nuestros jóvenes, bendícelos con tu luz, ellos serán la esperanza del Reino para el mundo. Fortalece en todos nosotros la fe en ti.

    Todo mi corazón, ascua de hombre,
    inútil sin tu amor, sin ti vacío,
    en la noche te busca;
    le siento que te busca, como un ciego
    que extiende, al caminar, las manos llenas
    de anchura y de alegría.

Queremos ser ahora tus amigos y discípulos incondicionales. Con la experiencia de encontrarte en nuestro camino y en el partir el pan, seremos gracias a tí misioneros valientes, testigos que anuncian la buena noticia con obras y de verdad. Tú eres la Buena noticia, ¡Jesús vive, es el Señor, él será nuestra paz y alegría para siempre! Tú nos llamas de nuevo y nos envías. Gracias. Adiós, Señor, hasta otro día.»
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En comentario verán la linda y sencilla poesía ‘Quédate’ de Rodríguez Olaizola.
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Reconciliación : el hijo pródigo


Reconciliación, perdón, curación
… Una ocasión para superar distancias y enfrentamientos. No por escapar del conflicto, sino para vencerlo en paz, sin herir, sin revolver en el pasado.

– Reconciliar será escuchar, comprender, olvidar, disculpar.
– Caminar para el encuentro, donde estar a gusto y sin recelos.
– No al camino de pedir cuentas, juicio, condena y venganza.
– El mandato de reconciliación marcó el Evangelio de Jesucristo.

«Si al presentar tu ofrenda recuerdas que tu hermano tiene queja de ti, deja la ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda», s Mateo c.5.

¿Justicia humana? ¿Justicia divina?
El Papa Francisco recordó: «La omnipotencia de Dios no es la de la fuerza, sino la del amor y del perdón». La justicia humana será superada al activar un amor que disculpa siempre, un juicio divino donde la compasión será la clave.

. . Yo no vine para juzgar y condenar, sino para salvar.
. . No juzguen, no condenen, y no serán condenados.
. . Amen a sus enemigos, rueguen por ellos.
. . Sean misericordiosos, como el Padre es misericordioso.
. . Si no perdonan de corazón, el Padre no los perdonará.

¿Cómo explicar la decisión divina de hacerse hombre? Al ver pueblos en guerra, tanto sufrimiento, un mundo necesitado de reparación, se dijeron: ‘Haremos redención, reconciliación’.

No vendrá buscando culpables, sino para abrir a todos la puerta. Pondrá amor si hubiera odio, dará vida donde vea muerte, misericordia donde encuentre rechazo, aceite y vino para curar nuestras heridas.

Para terminar verán unos versos del «Canto del siervo» de Isaías. Jesús de Nazaret se ofrecerá solidario y compasivo. como tantos que cargaron sobre sí  el pecado y sufrimiento de otros.

«Despreciado por todos, hombre de dolores, ante quien se vuelve el rostro, no contaba ni hicimos caso de él… Nuestras dolencias y dolores le pesaron, lo creímos castigado y fue por nuestras faltas, por sus llagas fuimos sanados.»
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-Imagen: MVC, Perú.
-Podrán retomar la experiencia del Pródigo en nuestra entrada «El hombre y Dios».

El Dios en el que creo / Pagola

    – Si yo escucho, Dios me habla
    Si yo confío, él me acoge
    Si yo me entrego, él me sostiene
    Si yo me hundo, él me levanta.

Resumiré testimonios del teólogo vasco José Antonio Pagola, puntos clave de su ‘credo’, agradecer así su ayuda para profundizar la fe.

Nuestra fe quisiera ser la misma fe de Jesús de Nazaret, su Dios sea nuestro Dios, y nuestra esperanza la suya.

a . Jesús invitó a vivir la vida como un regalo, el amor misterio último de todo. No sentirme perdido en la existencia en manos del destino. Tengo a Alguien a quien puedo agradecer la vida.

b . Los Evangelios animan a no desentendernos de los demás, por una vida más digna y más dichosa para todos. Fue bueno creer en un Dios que me pregunta qué hago por mis hermanos.

c . El mal y la injusticia, la muerte, no tienen en el Evangelio la última palabra. Los mejores deseos, lo que aquí no pudo ser, llegará en Dios a plenitud. Viviré y esperaré mi muerte confiando.

d . Cada uno de nosotros decidirá cómo quiere vivir y morir. No es lo mismo creer en Dios que no creer. Me hará bien vivir sintiéndome acogido y salvado por el Dios Amor que Jesús reveló.

    – Jesús, muéstranos al Padre.
    – Felipe, quien me ve a mí verá al Padre.

    – Si creen en Dios, crean también en mí.
    – Creo Señor, pero aumenta mi fe.

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Recordarles el buen libro de José A. Pagola «Jesús. Aproximación histórica», y nuestra entrada sobre el tema «Quien fue Jesús de Nazaret».

Podrán descargar aquí esta colección de posts «Creer», eBook, pdf.

Las heridas / Miguel Hernández

Apuntes de evangelio sobre curaciones de Jesús de Nazaret. Las personas se acercaron pidiendo su ayuda por sufrir males que siempre aquejaron a la humanidad, males físicos y de todo tipo.

picasso_femmeauxbrascroisesTal vez el peor mal de todos ellos sea el desespero, o el rechazo del incurable, ‘Nada que hacer, Dios te castigó’.

Una desagradable maldición que nunca deberemos decir ni pensar. Lo incurable fue cambiando en cada época. ¿Qué hacer? Acompañar, aliviar, esperar.

    – Jesús se sintió llamado por Dios a defender y acoger a los que viven excluidos y humillados. Su fama despertó la esperanza. Todo pareció de pronto posible, la gente sencilla confió.

Me referiré al caso de la mujer del evangelio con una carga imposible, la llamada ‘Hemorroísa’, que no dudó en tocar el manto de Jesús y quedó al instante curada. Sus heridas recibieron el bálsamo del amor de Dios, tuvo fe y recuperó la dignidad perdida.

– El texto que verán será invitación para acercarnos, deseando que la palabra y caricia del Señor curen nuestras heridas interiores y rehabiliten la esperanza. Nos pedirá imitarlo, que seamos sanadores, apoyo y compañía si nos necesitan.

    Cosas que duelen

    «Duelen las heridas que no dejan de sangrar.
    Duelen las vidas arrebatadas por egoísmo o ceguera.
    Duele la falta de preguntas de quien no busca nada.
    Y la falta de respuestas de quien se estrella contra el muro de la duda.

    . . Duele la soledad, a tantas personas que solo tienen sed de amor.
    Duele el hambre, que a muchos estremece.
    Duele la fe, cuando es batalla sin tregua.

    . . Duelen los insultos de quienes son incapaces de dialogar.
    Duelen las palabras dichas desde la distancia, la frialdad o el desprecio.
    Duelen los muros que rompen la tierra.

    Y ante todo eso, nos volvemos a ti Jesús para que toques nuestro dolor»

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-Imagen: Picasso, Femme aux bras croisés, 1902.
-Evangelio de La hemorroísa, san Marcos c.5
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Serrat canta «Las tres heridas», poema de Miguel Hernández

    Llegó con tres heridas:
    la del amor,
    la de la muerte,
    la de la vida.

    Con tres heridas viene:
    la de la vida,
    la del amor,
    la de la muerte.

    Con tres heridas yo:
    la de la vida,
    la de la muerte,
    la del amor.

Será uno de los poemas más reconocidos de su composición ‘Cancionero y romancero de ausencias’ (1941), que Miguel Hernández escribió en la cárcel.
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Orar con Nicodemo -5 / El amor venció

Nicodemo explicó el secreto del gran amor de Jesús por todos: es el Padre Dios quien nos ama así con un amor eterno, desde siempre y para siempre, como de grande es el corazón del hijo Jesús. La preocupación del viejo discípulo será esta vez que no queden archivados el mensaje y la persona del Salvador. Recordará con emoción su primer encuentro con el Cristo ya resucitado, pero teme asimismo olvidar y perder ánimo.

A Nicodemo le preocupa proceder con sinceridad, ‘en espíritu y en verdad’, que su fe sea honda y personal. Recupera confianza cuando piensa en la promesa de Jesús a los discípulos: ‘El Padre y yo viviremos cada día con ustedes, hasta el final’. Serán impresiones de un discípulo en otro tiempo fariseo, ahora decidido por el nuevo camino.

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EL AMOR VENCIÓ AL ODIO

«Señor, gracias por tu repetida invitación a que tengamos paz, tu primer regalo tras la resurrección, la paz que tú nos das vale más que un tesoro. Cada día al levantarme, cuando amanece el Sol luminoso, te recuerdo. Temo olvidar tu aspecto y tus palabras cuando te dirigiste a mí viéndome triste por tu ausencia: ‘Nicodemo, anímate, la Paz contigo. No olvido tu presencia y ayuda junto a la cruz y en el sepulcro. No temas, amigo, la Vida ha superado a la Muerte, el Amor al Odio. Sé feliz, sé valiente, que mi amistad y mi Paz te acompañen siempre. Nicodemo, no me olvides, cuento contigo’. La Paz, el AMOR, la Esperanza, la Vida, cuatro fuertes columnas para reconstruir mi vida, la vida, y mantenerla firme. Al recordar tu rostro transfigurado, confieso que tú eres la fuente de toda consolación, tú curas mi pena y desespero junto a tu cruz, como en la cruz de cada día. Señor, yo creo en ti, quiero vivir de ti, vivir de tu vida. Pasaré de la muerte a la vida si amo de verdad, más con las obras que solo de palabra. ¿Amar? Amor es generosidad, paz, sacrificio, confianza, libertad, alegría y bondad.

Tus discípulos trabajaremos juntos día y noche en lo que tú quieres: un mundo recuperado, justo, pacífico y fraterno, sin odios ni violencia. La fuerza de tu Espíritu que nos prometiste, que sin cesar nos ofreces, vencerá en nosotros cualquier miedo y natural egoísmo, amansará el afán de poseer y de dominar que continúan tentadores y vivos también en tu comunidad. Según tu deseo y tu promesa, queremos vivir libres, unidos, el Espíritu, el Padre, contigo y nosotros, en una casa común, plural y universal, donde todos sin faltar ninguno tendremos un lugar, y el calor y alimento necesarios. La casa donde habitaremos Dios y nosotros es el mundo, este mundo, cada día más un cielo con tu ayuda, el Reino de Dios, el sueño del Creador por fin realizado, la nueva creación, la humanidad al fin restaurada. Contigo será posible, porque has vencido a la muerte, sin ti no podemos nada. No olvidaré que a tus discípulos llamaste, y ahora nos llamas, amigos. No nos dejes solos, estate siempre con nosotros, según tu promesa. Adiós, Señor, hasta otro día.»